El gran éxito de Dioses contra demonios (Hung cheuk wong ji, Ngai Choi Lam, 1988) hizo que rápidamente se pusiera en marcha una secuela. Tal vez demasiado rápidamente, Saga of the Phoenix (A Xiu Luo, Ngai Choi Lam, Sze-Yu Lau, 1989) no funciona tan bien en su mezcla de géneros, pero no deja de tener sus puntos de interés.
Ashura (Gloria Yip) disfruta de su vida en la Tierra, intentando dejar atrás su faceta como la Virgen del Infierno, aunque haya demonios que intenten frustrar su felicidad. Por suerte, siempre andan cerca Peacock/Kôngquè (Yuen Biao) y Lucky Fruit/Kujaku (Hiroshi Abe) para luchar contra los demonios y protegerla. El maestro budista Jiku Ajari (Shintarô Katsu) cree que el riesgo de que las puertas del infierno se abran debido a la presencia de Ashura es demasiado grande y decide, junto a la gran abadesa (Yûko Natori), encerrar a Ashura para evitarlo. Ashura, Peacock y Lucky Fruit imploran al maestro buda que le de otra oportunidad a Ashura para disfrutar de la luz y evitar una existencia en la oscuridad. Ajari le ofrece una semana de gracia, momento en que la malvada Concubina del Infierno (Ngai Suet) intenta robar la esencia vital de Ashura para abrir las puertas del infierno y desencadenar el fin del mundo.
Saga of the Phoenix se puso en marcha bastante rápido, provocando algunos cambios que influyeron en que el resultado final no fuera tan bueno como el de la primera entrega. El primer cambio que llama la atención sí que fue positivo: Lucky Fruit está interpretado por Hiroshi Abe, un actor japonés que tenía bastante más carisma y estaba más implicado en la película que su predecesor Hiroshi Mikami. Lo cual es bastante afortunado, ya que Yuen Biao tiene un papel bastante reducido en el film, es posible que coincidiera con el rodaje de Espadas a través del tiempo (Gap tung kei hap aka The Iceman Cometh, Clarence Fok, 1989) que se estrenó el mismo año que Saga of the Phoenix, y aparece solo al inicio y en la parte final, uno de los factores que hizo que esta secuela no brillara como la primera entrega. Pero el principal cambio resulta en el tono del film. Se quiso ampliar la audiencia y hacerla más accesible al público juvenil, por eso se incluye una criatura amiga de Ashura pensada para atraer a ese público explotando el éxito de películas como Gremlins (Joe Dante, 1984). Y es aquí donde entra el segundo director Sze-Yu Lau.
La urgencia para estrenar la película, y esto es pura especulación, es posible que influyera en la decisión de que se añadiera otro director para repartirse el trabajo y terminar más rápido la producción. Así, además de Ngai Choi Lam, Sze-Yu Lau trabajó también como director. Esto le da una cualidad esquizofrénica a la película. Por un lado, tenemos las partes dirigidas por Ngai Choi Lam que encajan perfectamente con el estilo de la primera entrega, más trepidantes y oscuras. Por otro lado, las partes dirigidas por Sze-Yu Lau son más cómicas y ligeras, centradas en las travesuras de la criatura y las payasadas de Tan (Shek-Yin Lau), el recurso cómico de la película. Son estas secciones más cómicas e infantiles las que hacen que la película no funcione tan bien como la primera, dando a veces la sensación de estar viendo dos películas al mismo tiempo.
Dicho esto, Saga of the Phoenix puede que no esté tan lograda y no sea tan fantásticamente alocada como la primera entrega, pero eso no impide que sea un film entretenido, con sus momentos brillantes. Especialmente en las escenas de acción y en la batalla final en la Choi Lam puede desmelenarse como lo hizo en la primera. Y eso es lo que debía querer la mayoría ya que, como suele pasar en estos casos, querer ampliar el público hizo que esta entrega no recaudara tanto como la primera, si bien el personaje continuó en mangas y anime. Lo que nos queda hoy día es una película curiosa, con puntos de locura fantástica, pero que no llega a las cimas de la primera entrega.

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