8 abr 2013

Dance of the Dead: El baile de los muertos (Dance of the Dead)

 
Leyendo simplemente su sinopsis, Dance of the Dead: El baile de los muertos (Dance of the Dead, Gregg Bishop, 2008) no parece muy interesante. Desde que empezó la fiebre zombi, cada vez es más difícil encontrar una película de este subgénero que no sea la enésima repetición de lo que los aficionados hemos visto ya cientos de veces. Y gracias a la serie The Walking Dead, lo cierto es que estoy ya bastante aburrido de los zombis actuales. Pero mi sentido arácnido me avisó sobre Dance of the Dead, así que le hice caso, de lo cual me alegro.

Como si se tratara de una película de la Troma, la proximidad de un cementerio a una central nuclear hace que los muertos salgan de sus tumbas con ganas de comerse a los vivos. Por desgracia, esta resurrección coincide con la celebración del baile de graduación, así que cae en los hombros de los perdedores que se han quedado sin cita salvar a la ciudad del ataque de los muertos vivientes.

Este film no reinventa la rueda y no es la "perfecta mezcla de Resident Evil y Zombis Party" que su carátula anuncia pero hace bastantes cosas bien. Para empezar, los adolescentes protagonistas son adolescentes, no muchachotes y muchachotas de 25 años pretendiendo ser adolescentes. Los personajes son lo bastante simpáticos y divertidos como para que te importe lo que les pase, incluso que te sepa mal cuando alguno de ellos muerde el polvo. Que los personajes estén bien cuidados para mí es algo importante a la hora de disfrutar de una película, por ello me gustó que las escenas en el instituto fueran divertidas y te ayudaran a conocer a los protagonistas, de modo que no estas simplemente esperando que aparezcan los muertos vivientes.

El guion es bastante divertido, y en algunas ocasiones me hizo reír bastante. Me gustó mucho el gag previo a los títulos de crédito, con el que el film se ganó mi simpatía, pero en su mayor parte la comedia se basa en las reacciones de los personajes ante lo absurdo de la situación en la que se encuentran. Otro detalle que me gustó mucho es que se ve a los zombis salir de sus tumbas, en lugar de simplemente hacer que aparezcan deambulando como hacen la mayoría de las películas actuales. Además, esta escena de resurrección es de las mejores de la película.

Dance of the Dead no es la película más original de zombis que se ha hecho, pero la prefiero antes que aguantar otro insoportable episodio de The Walking Dead. Es divertida, ingeniosa y gore, ideal para los fans que quieran disfrutar de una buena entrada en el subgénero. Y además se hacen un par de versiones del Shadows of the Night de Pat Benatar.


4 abr 2013

Trouble Every Day

Este es un film que podría atraer a los aficionados al cine de terror por su argumento y por algunas de sus sangrientas escenas, pero alejarlos por el implacable estilo propio del cine de autor con que se presenta. Al mismo tiempo, es un film que por su directora y estilo podría atraer a los aficionados al cine de autor, pero alejarlos por la brutalidad y la abundante hemoglobina de algunas de sus escenas. De ahí, supongo, la curiosa amalgama de espectadores que tuvo el film cuando fue proyectado en la Filmoteca de Catalunya hará unos meses.

Trouble Every Day (2001) de Claire Denis gira en torno a los problemas de dos parejas. Una de ellas la forma el doctor Léo Sémenau (Alex Descas) y su esposa Coré (Béatrice Dalle), una pareja que sería muy feliz si no fuera porque Léo intenta mantener encerrada a Coré ya que esta es una peligrosa asesina caníbal que mata a todo aquel que se le ponga por delante debido a una misteriosa enfermedad. Y Coré encuentra siempre la manera de alimentarse. La otra pareja protagonista es la que forman los recién casados Shane y June Brown (Vincent Gallo y Tricia Vessey, respectivamente), los cuales llegan a París de luna de miel. O eso cree June. Lo cierto es que Shane trabajó en el pasado con Léo y Coré y es terriblemente consciente de que empieza a desarrollar los síntomas de la misma enfermedad que sufre Coré, de modo que intenta encontrar a Léo antes de que sea demasiado tarde.

Me gustaría empezar mis impresiones sobre este peculiar film hablando de su título. Podemos traducir Trouble Every Day como "problemas cada día" o "dificultades cada día". Lo cual parece una queja sobre los rutinarios problemas a los que uno se enfrenta cada día: que se te pinche la rueda del coche, llegar tarde al trabajo, que se te queme la comida, etc. Teniendo en cuenta que los problemas a los que se enfrentan los protagonista tienen muy poco de rutinario y mucho de homicida, me pregunto si se trata de un toque de ironía por parte de la directora, aunque no lo sugiera ningún momento del film. Por otro lado, la canción de Tindersticks, grupo encargado de la banda sonora, tiene un claro tono triste y melancólico que marca bastante bien el tono del film, nada que ver con la canción de Frank Zappa de igual título.


Es posible que el título sea una pista por parte de la directora de cómo interpretar la película. Lo cual sería algo extraño teniendo en cuenta que durante el film parece decidida a no dar ninguna explicación al espectador, simplemente vagas alusiones a través de las cuales se puede interpretar, más o menos, el origen de los problemas de estas parejas. Pero puede tratarse de una pista en el sentido de que, en el fondo, los problemas que atraviesan Léo y Coré y Shane y June son los mismos problemas que atraviesan muchas parejas, si bien estos problemas aparecen cubiertos de sangre.

La enfermedad de Coré hace que se vea dominada por homicidas, sensuales y animalísticos impulsos. Léo intenta continuamente suprimir los impulsos de Coré, intenta curarla para que vuelva a ser la de antes. Shane teme la enfermedad que poco a poco lo va dominando y que guarda en secreto. June sufre porque sabe que algo le sucede a Shane pero este no le dice nada.

Estos problemas, aquí llevados a la exageración y el extremo, pueden ser tomados como problemas habituales en las relaciones amorosas. Querer transformar a la pareja en algo que no es, no querer aceptar que ha cambiado o la falta de comunicación son conflictos tratados infinidad de veces en infinidad de dramas. Es tal vez por ello que la directora decidió añadirle canibalismo y furia asesina, para darle un toque distintivo a su film.

A pesar de la violencia y la sangre que salpica el film, en el fondo es un drama sobre la inhabilidad de amar, amar en exceso y no saber amar. Los que busquen algo al estilo de Frontière(s) (Xavier Gens, 2007) puede que se lleven una decepción (o una agradable sorpresa, quién sabe), pero si os gustan las películas que van más allá de lo que muestran en su superficie, este film puede que os resulte muy interesante. No ofrece respuestas pero sí "comida para la cabeza".


3 abr 2013

En la cuerda floja (Tightrope)


He aquí un ejemplo de película esquizofrénica. Una película que es parte típico thriller policial, parte sórdida exploitation con toques de slasher.

Si leéis otros artículos sobre En la cuerda floja (Tightrope, Richard Tuggle, 1984), seguramente justificarán la extraña naturaleza de este film con el publicitado conflicto tras las cámaras que tuvo lugar al empezar el rodaje. A Clint Eastwood no le gustaba nada la manera en que Tuggle estaba llevando la filmación, así que lo despidió y se puso a dirigirla él mismo (la película estaba producida por la productora de Eastwood, Malpaso). Sin embargo, eso para mí no explica en absoluto el conflicto del film. Para mí, la cuerda floja por la que camina el policía Wes Block, el personaje que interpreta Eastwood, se hace paralela a la que caminaba el propio Eastwood.

Como muchos ya sabréis, Pier Paolo Pasolini dividió los directores en dos categorías: prosa y poesía. Los directores de poesía serían gente como Brian De Palma o Dario Argento, los cuales tienen una manera de dirigir muy estilizada. Clint Eastwood es definitivamente un director de prosa, la cámara nunca llama la atención, es invisible, buscando la manera más directa y sencilla de contar una historia. Sin embargo, en esta película sí que nos encontramos aquí y allá algunos planos y secuencias bastante estilizados. Esto sí que puede justificarse por la sustitución del director, pero no algo que afecta a toda la película.

A lo largo de finales de los 70 y 80, Eastwood intentó distanciarse de Harry, el sucio. Por ejemplo, en la fantástica Ruta suicida (The Gauntlet, Clint Eastwood, 1977) interpreta a un policía alcohólico en las últimas, muy alejado del expeditivo Harry Callahan. En la cuerda floja parece otro intento de hacer eso mismo, aunque al ir viendo la película uno tiene la sensación de que Eastwood no estaba muy seguro de lo que estaba haciendo.

Las partes menos interesantes de la película son aquellas en las que Eastwood es el típico poli-Eastwood. El estoico tipo duro con una respuesta ingeniosa siempre a mano. No es que sea un mal thriller, simplemente es algo que ya hemos visto antes.

Los momentos que hacen destacar esta película y que provocan que hoy esté aquí escribiendo sobre ella, son aquellos que muestran un tipo de thriller mucho más interesante. Filmada en plena fiebre slasher, en el film se muestra la influencia del género en algunas escenas propias del cine de terror, con un asesino enmascarado acechando mujeres de buen ver. Block es un policía al borde del alcoholismo, que empieza a adentrarse en la vida nocturna de la ciudad, momento en que el film adquiere un tono más sórdido y oscuro, entablando relación con diversas señoritas de esas que fuman, te hablan de tú y te cogen de la mano. Es entonces que el asesino se queda "prendado" de Block y empieza a matar a las mujeres con las que Block entabla relaciones sexuales.

Por desgracia, la parte más interesante del film, que parece una reinterpretación de algunos de los temas de la estupenda A la caza (Cruising, William Friedkin, 1980), acaba siendo aplastada por su lado de thriller más convencional, culminando en un algo precipitado clímax.

Es un film curioso dentro de la filmografía de Clint Eastwood, con buenos momentos a pesar de su esquizofrenia. Sin embargo, no me importaría que David Fincher hiciera un remake de esta película centrándose en su trama más oscura y perversa.


2 abr 2013

Contrafabulario ilustrado

 
Normalmente, cuando se quiere hacer arte con mensaje acaba siendo más "arte con Mensaje" que "Arte con mensaje". Por ejemplo, en el film Los edukadores (Die fetten Jahre sind vorbei, Hans Weingartner, 2004) el director estaba más preocupado por transmitir sus ideas políticas al espectador que crear una historia interesante o unos personajes reales, con lo que nos acaba ofreciendo un film aburrido y tópico. En otras palabras, muchas veces cuando se quiere hacer arte con mensaje se acaba haciendo simple propaganda.
 
Por suerte, para todo hay excepciones. En este caso, Contrafabulario ilustrado nace con la voluntad de ser una protesta, un grito de furia, ante la situación actual pero, también, nos ofrece una buena dosis de arte. Maribel Carod crea una serie de "ilustrafábulas" que de modo alegórico nos habla desde el futuro sobre nuestro presente. Acompañando a las ilustraciones (o son las ilustraciones las que sirven de acompañamiento), una serie de microrelatos cuyo nexo común es, al igual que las ilustraciones, reflexionar sobre el presente usando la ciencia ficción, la fantasía y el realismo mágico.
 
Como suele ser habitual en las antologías, hay algunos relatos muy buenos y otros un poco más flojos. Los flojos son aquellos que, como decía al principio, enfatizan más el mensaje que la historia. Pero el ocasional microrelato flojo queda de sobras compensado por contribuciones muy sólidas, como Pervirtiendo a Asimov de Sergi G. Oset, El casco de Marta Valsecchi o El peso de la resignación de Isabel Baeza Varela, por citar unos ejemplos.
 
Sin embargo, por buenos que son los relatos, realmente recomiendo este libro por sus ilustraciones. Carod suma Art Spiegelman y George Orwell para ofrecernos una serie de ilustraciones alegóricas de gran impacto. Sus personajes, en ocasiones patéticos en su crueldad, parecen escapados de un mundo apocalíptico perverso, como si Terry Gilliam hubiera hecho Brazil (1985) con los animales de los cuentos de La Fontaine. La conjunción de relato e ilustración tiene mucha fuerza y, en ocasiones, la ilustración transmite de forma más fuerte y directa la idea del microrelato. Aunque están pensados para funcionar juntos, no uno como soporte del otro (o tal vez sí, pero no es la impresión que tuve al leerlo).
 
En definitiva, una lectura muy interesante que podéis encontrar en: www.underbrain.com/books  
 
 

1 abr 2013

La hija de Drácula (Dracula's Daughter)


No soy muy fan del Drácula (Dracula, 1931) de Tod Browning, por eso me parece superior la versión que se hizo para el mercado de habla hispana que dirigió George Melford. Es también por ello que me parece mejor esta primera secuela que el film de Browning (aunque la secuela no es tan buena como la versión hispana).

La hija de Drácula (Dracula's Daughter, Lambert Hillyer, 1936) arranca en el mismo momento que acaba el film de Browning. Un par de policías se encuentran con el profesor Von Helsing (de nuevo interpretado por Edward Van Sloan [en la película escriben y pronuncian de esta manera el nombre de la nemésis de Drácula, no es que yo me haya equivocado y escriba "Von Helsing" en lugar de "Van Helsing"]) justo cuando le acaba de dar el pasaporte al conde Drácula. Los policías se llevan al profesor detenido (lo cual no es de extrañar ya que parece un loco incluso para los que sabemos que dice la verdad). El profesor espera que su antiguo alumno, el psiquiatra Jeffrey Garth (Otto Kruger), le ayude a salir de la cárcel. El hecho de que pida la ayuda de un psiquiatra y no de un abogado para salir del apuro tampoco le hace parecer muy cuerdo. Paralelamente a estos acontecimientos, la condesa Marya Zeleska (Gloria Holden), la hija de Drácula, roba el cadáver de su padre y lo destruye con la esperanza de dejar de ser vampira. Como sus impulsos sangrientos no cesan, buscará la ayuda de un psiquiatra para que la devuelva a la normalidad. Casualmente, el mismo doctor Garth que busca ayudar a Von Helsing.

Desde el punto de vista actual, esta película resulta bastante interesante en como prefigura algunos temas que serán luego ampliamente desarrollados en el cine moderno de vampiros. En este film, la vampiresa Zeleska se nos presenta como una criatura torturada, que desea deshacerse de la maldición vampírica y volver a la luz. Esta representación del vampiro como personaje trágico y triste es hoy día un cliché, gracias principalmente a las novelas de Anne Rice, pero entonces era algo realmente nuevo, que no se había hecho con anterioridad, en lo que se refiere a los vampiros (podemos ver algo parecido hecho con hombres lobo en El lobo humano [Werewolf of London, Stuart Walker, 1935], por citar un ejemplo).

Pero los aspectos más interesantes de La hija de Drácula son aquellos que tienen que ver con algo que en este blog nos gusta mucho: el subtexto. En este film, como en la mayoría de filmes vampíricos, el subtexto es (muy) sexual. En cierto modo prefigura la historia de represión sexual que es la base de la clásica La mujer pantera (Cat People, Jacques Tourneur, 1942), solo que, mientras los problemas de la pantera que interpretó Simone Simon provienen de su frigidez y la supresión de sus instintos sexuales, la vampiresa que encarna Gloria Holden desea encontrar alguna manera de poder resistir los oscuros impulsos que la convierten en una criatura de la noche.

Los ataques de la condesa vampira tienen un fuerte carácter sexual, obviamente en clave alegórica. Pero el subtexto queda claramente definido en una escena en la cual la vampira ataca a una víctima femenina. Este es un punto interesante, ya que en el Drácula de Browning la censura dejó muy claro que no podía mostrarse ningún ataque de Drácula sobre víctimas masculinas. Incluso para los obtusos censores estaba claro que el ataque del vampiro tenía un indudable aire erótico y sexual. En La hija de Drácula, curiosamente, los censores sí permitieron un poco de acción girl on girl. Con la promesa de comida y dinero (que en un principio rechaza por pensarse que se trata de una oferta para que se prostituya), la joven Lili (Nan Grey) acepta posar como modelo para la condesa Zeleska. El posterior intento de seducción por parte de la vampira sobre su joven víctima tiene unas obvias connotaciones lésbicas, como destaca un artículo sobre la representación de las minorías sexuales en el blog Lez-Movies: Films-Lesbiens (leer aquí, está en francés). Podéis verlo vosotros mismos en este fragmento de la escena:



Me cuesta creer que la misma censura que prohibió que se viera a Drácula atacar víctimas masculinas no viera la ambigüedad de la escena. Tal vez por el obvio carácter conservador y la fuerte moralidad de la película lo dejaron pasar. Posteriormente, se ve a la condesa muy arrepentida por haber sucumbido a los "oscuros impulsos" que la dominaron y de nuevo le ruega al doctor Garth que ayude a convertirse en una "mujer normal".

Dejando de lado alegorías y metáforas, La hija de Drácula es un film bastante entretenido y dinámico, sin ese aspecto de obra de teatro filmada que tiene la película de Browning, cuya intriga avanza rápidamente (apenas dura una hora y diez minutos). La única pega son los algo pasados toques de humor de la época, pero es una pega menor. Las interpretaciones son bastantes sólidas, especialmente me gustó Marguerite Churchill como Janet, igual que el guion (algo sorprendente teniendo en cuenta la cantidad de gente que participó, acreditada o no). Un buen film para los amantes del género.