7 ene 2014

Cosecha maldita (The Vineyard)

 
Cosecha maldita (The Vineyard, James Hong, William Rice, 1989) es una curiosa película de serie B que en su día podía alegrar la tarde de cualquier adolescente que buscara algo curioso en el videoclub con su demencial mezcla de elementos bizarros.

El doctor Elson Po (Hong) es un prestigioso vinicultor, famoso por la excelente calidad de sus vinos. Lo que el público -obviamente- no sabe es que Po utiliza la sangre de inocentes víctimas (preferiblemente atractivas mujeres) para crear un brebaje que le proporciona vida eterna, mientras lo siga bebiendo. Una vez se les ha quitado toda esencia vital, sus víctimas permanecen enterradas en su viñedo, transformadas en zombis (curiosamente, mientras que la mayoría de víctimas que se nos presentan son atractivas féminas con poca ropa, la mayoría de los zombis son hombres). Para crear más pócima vital invita a un grupo de aspirantes a actores a su aislada isla con la promesa de participar en un casting para una película, sin saber que serán las próximas víctimas de los experimentos del malvado doctor Po.

El atractivo de este film reside no en su algo plana dirección, sino en su mezcla de folclore chino y elementos sacados de la literatura pulp. El origen de Po y sus prácticas se basan en leyendas orientales (Hong, además de codirigir e interpretar este film también fue uno de los guionistas y es muy conocido por interpretar al malvado Lo Pan en la clásica Golpe en la pequeña China [Big Trouble in Little China, John Carpenter, 1986]); mientras que la representación del resto de elementos terroríficos del film, como son los zombis, las mujeres encadenadas en un sótano y los malvados ayudantes de Po, parecen sacados de un relato de terror pulp, una mezcla de weird menace y las historias de Fu Manchú.

Es una lástima que este film se hiciera en el 89 en lugar de cuatro o cinco años antes, ya que se estrenó en una época en que la censura americana, ya muy harta de los excesos del género durante los 80, provocó/impuso una época de cine de terror poco o nada sangriento. En el caso de Cosecha maldita, esto se traduce en que a pesar de una decapitación, las muchas víctimas de Po y el ataque zombi que nos ofrece, es un film con casi nada de sangre.
 
A pesar de su limpieza hemoglobínica, el film se las arregla para resultar divertido. Las interpretaciones no son muy buenas y visualmente no es nada del otro mundo, pero entre leyendas chinas, zombis y ridículas peleas karatecas, el entretenimiento está asegurado.


6 ene 2014

The Flesh Eaters

 
A ratos genial, a ratos mediocre, The Flesh Eaters (Jack Curtis, 1964) es una psicotrónica película de terror popular por ser una especie de protogore, ya que es muy sangrienta y gráfica teniendo en cuenta la época en que fue filmada.

Un piloto con problemas financieros, Grant Murdoch (Byron Sanders), acepta llevar a una borrachina actriz, Laura Winters (Rita Morley) la Lindsay Lohan de los 60, y a su guapa ayudante, Jan Letterman (Barbara Wilkin), a pesar de los informes de mal tiempo. Una tormenta los obliga a aterrizar en una misteriosa isla. En esta isla se encontrarán con el profesor Peter Bartell (Martin Kosleck), que les ofrece su ayuda. Sin embargo, la ayuda del profesor Bartell no es del todo desinteresada: ha desarrollado unas bacterias carnívoras acuáticas que rodean la isla haciendo imposible su huida y espera ver como los tres visitantes son devorados por ellas.

Hay escenas y momentos de esta película que, si no fuese porque ya indico que es de los 60, podríais pensar que se trata de un film de los años 80. Por ejemplo, el prólogo: una joven pareja en un barco, jugueteando como hacen la jóvenes parejas. La chica pierde la parte de arriba del biquini y se lanza al agua, el chico la sigue pero no sale a la superficie. Ambos mueren horriblemente. En otra escena, el malvado Bartell hace que un beatnick (un protohippie) que ha llegado por accidente a la isla se beba un vaso lleno de bacterias carnívoras: los sangrientos resultados son inmediatos, culminando con un plano en el que el beatnick se aleja con su barca con un agujero en el cuerpo a través del cual podemos ver el mar.

Por supuesto, la cruda manera en que están hechas las escenas, junto al blanco y negro, le quitan impacto a estos momentos, pero no le restan diversión. Aunque para mí el momento álgido es cuando los protagonistas encuentran en la playa el esqueleto del chico que aparece en el prólogo. ¿Cómo sabemos que se trata del mismo chico? Porque el esqueleto todavía agarra el sujetador del biquini de la chica del prólogo. A eso lo llamo yo pasión. El film también nos ofrece toques de pura exploitation como es un flashback en un laboratorio nazi y una espectacular batalla con una infernal criatura, que el póster ya nos avisa que ningún humano normal podría concebir, afirmación con la que estoy completamente de acuerdo.

Toda esta locura hace que los momentos algo aburridos del film, en los que los personajes van de aquí para allá por la isla, y las no muy buenas interpretaciones queden en segundo plano. El resultado final es un film de serie B que en ocasiones parece adelantado a su tiempo, psicotrónico y bastante divertido.


3 ene 2014

Joe Leland contra John McClane

 
¿Quién demonios es Joe Leland? Leland es el protagonista de la novela de Roderick Thorp Nothing Lasts Forever en la que se basó la clásica La jungla de cristal (Die Hard, John McTiernan, 1988), en la cual Leland se transformaría en John McClane. Con este artículo me gustaría expandir y tratar algunos temas que tuve que eliminar de mi artículo sobre la saga La jungla de cristal para que no quedase demasiado largo.

Los más listos de la clase pensarán que se trata de una comparativa de novela versus adaptación cinematográfica, pero se equivocan. Obviamente hablaré de las diferencias entre ambas obras, pero no se trata de ver cuál de las dos es mejor, sino más bien ver qué las hace diferentes.

Las diferencias más interesantes para mí son las que tienen que ver con tono y temas tratados, unas diferencias que sirven para reflejar las distintas épocas en que fueron creadas novela y película. Pero lo que llama la atención a primera vista son las diferencias entre los personajes: Leland es un policía retirado (que más o menos tiene la edad que tiene ahora Bruce Willis) que va a visitar a su hija, Stephanie, a la fiesta de navidad que organiza Klaxon Oil, compañía petrolífera en la que trabaja su hija, en su rascacielos; McClane es un policía relativamente joven que va a ver a su mujer a Los Ángeles con la esperanza de arreglar las cosas entre ellos aprovechando las fiestas.

Pero, como decía, las diferencias que me interesan no son estas diferencias más obvias. Lo que me llamó la atención a la hora de leer Nothing Lasts Forever tras haber visto muchas veces La jungla de cristal, es el tono más serio de la novela. La novela es seria, oscura y culmina en un final nihilista que recuerda al estilo Snake Plissken de arreglar las cosas. Leland se enfrenta a los terroristas que han tomado posesión del edificio con la voluntad de rescatar a su hija, pero en el proceso empieza a juzgar también las políticas empresariales de Klaxon Oil. Leland se ve atrapado entre dos frentes: los terroristas y los poderes que lo quieren fuera del edificio, más preocupados por salvar sus intereses económicos que a los rehenes.

El tono oscuro de la novela resulta inesperado además porque en la contracubierta del libro se vende como una versión literaria de La jungla de cristal con el mismo tono de acción y aventura. Además en el interior, cuando se habla de otras novelas del autor, se indica erróneamente que The Detective es una precuela de Nothing Lasts Forever cuando en realidad Nothing es una continuación de The Detective (en el sentido de que están protagonizadas por el mismo personaje).

Otro de los aspectos que me llamó la atención es que Leland no mata con la alegría que lo hace John McClane. Es una situación de vida o muerte, así que Leland es consciente de que ha de eliminar a los terroristas si quiere salvar a su hija, pero el hecho de acabar con la vida de un ser humano le pesa y hace que se pregunte hasta que punto es diferente de los asesinos a los que se enfrenta. Lo cual es un fuerte contraste con la forma desenfadada en la que McClane despacha a los terroristas, soltando el ocasional one liner.

Publicada originalmente en 1979, Nothing Lasts Forever resume el sentimiento cínico y nihilista que abundaba en los 70 en Estados Unidos, provocado por la desconfianza del ciudadano hacia su gobierno. Esto es algo que también hace La jungla de cristal pero con el amor por el exceso de los 80. Resulta simbólico que en el film los terroristas finjan tener una ideología revolucionaria de cara a la policía pero en realidad estén interesados simplemente en robar montañas de dinero. Una pasión por lo materialista que reinó en los 80 y cuyas consecuencias sufrimos todos hoy día.

Dejando de lado las diferencias de tono y los cambios hechos al protagonista, lo cierto es que la película es bastante fiel a la novela, trasladando a la pantalla los momentos más impactantes como el ataque del helicóptero. Pero resulta interesante como tener tonos diferentes hace que la novela y la película resulten tan distintas aunque los hechos que narran sean más o menos los mismos.

En todo caso, a los que desconozcan esta novela les recomiendo su lectura.


2 ene 2014

Tromeo and Juliet

Hay gente que odia todo lo que hace Troma y hay gente que adora todo lo que hace Troma. En mi caso, depende de la película: algunas me han parecido geniales, otras me han parecido enormes truñacos. En el caso de Tromeo and Juliet (Lloyd Kaufman, 1996), me parece una película genial.

Para los que no lo sepan, Troma fue fundada a mediados de los 70 por Lloyd Kaufman y Michael Herz como compañía distribuidora de humildes filmes de terror, comedias sexuales, acción... Además del ocasional filme europeo de arte y ensayo. Poco a poco, también empezaron a producir sus propias películas, El vengador tóxico (The Toxic Avenger, Michael Herz, Lloyd Kaufman, 1984) probablemente sea de las más populares. Con el tiempo, estas producciones acabaron formando un universo propio, al estilo Marvel, centrado en la ciudad de Tromaville. Todas sus producciones se caracterizan por su abundancia de sangre, violencia, desnudos y humor grueso.

Tromeo and Juliet llegó con gran pompa al festival de Sitges cuando se estrenó, precedido por un inusitado éxito -para una película Troma- en festivales. Para mí fue el momento ideal, ya que hacía poco que me había empezado a aficionar a la Troma gracias a la edición en vídeo de sus películas más famosas por parte de Manga Films. Más tarde esta afición se enfrió debido a que algunas de sus películas me parecieron infumables y ahora, como he dicho, depende de la película pero ya no sigo todo lo que hacen. De todas formas, ya digo que Tromeo and Juliet llegó en un momento en que era particularmente receptivo a lo que hacía la Troma.

Punk, violenta, sangrienta, desagradable, obscena y muy divertida: Tromeo and Juliet es Troma en su mejor momento, cuando la mezcla de todos estos elementos funciona, creando un film provocador pero sin que parezca un niño de cinco años gritando "¡caca!" para escandalizar a sus padres. El guion de James Gunn (ver comentario de Kaufman abajo) transforma la clásica tragedia de Shakespeare en una épica llena de momentos surrealistas, fetichistas y demenciales, dando como resultado una de las versiones más originales que se han hecho nunca de una obra del clásico autor. No será tan buena como la versión de Franco Zeffirelli, pero desde luego le da un millón de vueltas a la versión de Baz Luhrmann (en algunos cines proyectaron Tromeo and Juliet pensando que era el film de Luhrmann, os remito de nuevo al comentario de Kaufman para más detalles).

Vista hoy día, la película se sigue manteniendo muy bien. Por lo menos, eso me parece a mí ya que sigue haciéndome reír. Pero si bien a mí me gusta mucho, me temo que no puedo recomendarla a todo el mundo, su naturaleza extrema la hace recomendable solamente a aquellos que les guste ver películas que no tienen miedo de ir demasiado lejos (aunque el tono de comedia pasada de vueltas suaviza los momentos más salvajes).



1 ene 2014

El día de la graduación (Graduation Day)

El día de la graduación (Graduation Day, Herb Freed, 1981) es un slasher estrenado en el momento álgido del género, que hoy día es solo disfrutable gracias a sus altas dosis de cutreochenterismo. Fue distribuido en 1981 por la Troma, en sus días en que la distribuidora de filmes de serie B y arte-y-ensayo empezaba a darse a conocer también como productora. En esta ocasión repito que simplemente ejerció tareas de distribución, El día de la graduación no tiene el toque tromático que caracteriza las producciones de la última auténtica productora independiente.

Como he dicho se estrenó en 1981, eso quiere decir que básicamente es una película que aprovechaba el éxito de La noche de Halloween (Halloween, John Carpenter, 1978) y copiaba el modelo Viernes 13 (Friday the 13th, Sean Cunningham, 1980); básicamente el film es un whodunnit: un asesino misterioso acaba con los personajes uno a uno, hasta que al final se revela su identidad en un enfrentamiento con el/la último/a superviviente.

El film empieza en la última carrera que hace Laura Ramstead (Ruth Ann Llorens): muere de un coágulo en el cerebro después de darle la victoria al equipo de su instituto. Dos meses después, la hermana de Laura, Anne (Patch Mackenzie), vuelve a casa para recoger el título y el trofeo de su hermana y hacerle un homenaje. Su regreso coincide con una serie de misteriosas muertes: alguien está asesinando al equipo de atletismo del instituo, y no se detendrá hasta que estén todos muertos.

Las interpretaciones que nos ofrece el reparto de Graduation Day no son nada del otro mundo. Christopher George interpreta al entrenador George Michaels, aunque al principio me costó reconocerlo ya que no aparece fumando su habitual cigarro, y es el único que destaca, así que ya os podéis imaginar el nivel del resto. Linnea Quigley aparece en un breve papel, esta fue una de sus primeras apariciones, pero tiene tiempo de hacer aquello por lo que se ha convertido en una Scream Queen.

El desarrollo del argumento tampoco es particularmente interesante, a pesar de la multitud de falsos sospechosos que nos presentan, el interés por averiguar la identidad del asesino mientras dura la película es más bien bajo por parte del espectador.

Pero, como he dicho al principio, lo que hace de Graduation Day un film entretenido son cualidades que poco tienen que ver con su calidad cinematográfica. Los asesinatos, aunque no muy espectaculares, están bien hechos y bien rodados, con algunos muy exagerados y divertidos. A lo largo de la película, el director Freed y el editor Martin Jay Sadoff deciden experimentar con la edición para transmitir emociones y sensaciones al espectador, lo que se traduce en un estilo epiléptico y videoclipero con momentos bastante tronchantes. La banda sonora es deliciosamente ochentera, llegando el clímax durante la fiesta de graduación en la que los estudiantes se montan una especie de disco de patines y ameniza la función una banda llamada Felony: malísimos y superkistch.

También destaca el muy logrado tramo final que le da a la película una muy buena conclusión. Por supuesto sin ninguna lógica ni sentido común, es lo que la hace buena.

Si os gustan los slashers y las películas malibuenas, echadle un vistazo a Graduation Day. Puede que os proporcione unas cuantas risas.