28 ene. 2010

El mensajero del miedo (The Manchurian Candidate)


Richard Condon escribió en 1959 The Manchurian Candidate, una excelente novela que con ciertos toques de sátira trataba un tema candente durante los tiempos de la Guerra Fría: la creación de asesinos mediante el lavado de cerebro. En Estados Unidos se creó el archiconocido proyecto MK-ULTRA y en los países  tras el Telón de Acero tuvieron sus equivalentes. En la novela los protagonistas son un grupo de soldados que son capturados durante la guerra de Corea y sometidos entonces a un lavado de cerebro. Unos años más tarde, los miembros de esta patrulla sufren continuas pesadillas. Uno de ellos, Raymond Shaw, empezará a cometer asesinatos sin recordar luego nada de lo que ha hecho.

La novela se puede leer y disfrutar hoy sobretodo gracias a la manera en que Condon escribe la historia, oscura y emocionante, pero sin dejar de satirizar todo aquello que los gobiernos se tomaban muy, muy en serio. (Es difícil, por no decir imposible, encontar actualmente una edición traducida al castellano. Sin embargo, encontrarla en inglés es bastante fácil por internet y a un buen precio).

En 1962 la novela fue llevada al cine por John Frankenheimer. El resultado fue una película que no es que sea solo una de mis favoritas, es que es uno de los grandes clásicos del cine. Por un lado tenemos un sólido guión muy fiel a la novela. Comparando ambas las diferencias son mínimas, consiguiendo también la película ofrecer una trama absorbente con sus toques de crítica y sátira. Por otro lado, la dirección de Frankenheimer roza la perfección. Proveniente de la televisión, incorporó algunas técnicas que había desarrollado cuando realizaba Studio One y Playhouse 90 a la hora de planear las escenas.  El resultado son diversas secuencias y escenas con resultados finales muy imaginativos que dan a la película un aspecto moderno. Y eso es un clásico, no importa cuánto tiempo pase, sigue resultando actual.

El reparto de la película también es un factor importante en su éxito final. Laurence Harvey interpreta a Raymond Shaw, es un rol difícil ya que ha de despertar compasión y simpatia con un personaje que se caracteriza precisamente por carecer de ambas cosas. Harvey refleja la tortura interior de Shaw de manera que sintamos pena por él a pesar de lo desagradable que puede ser. Janet Leigh está guapísima, como siempre, aunque su personaje es básicamente el interés romántico del protagonista. Protagonista que está interpretado por Frank Sinatra. La interpretación de Sinatra sorprende por lo buena que es. Él era el primero en reconocer sus carencias como actor, y en algunas películas como La cuadrilla de los once (Ocean's eleven, 1960, dir. Lewis Milestone) simplemente hacía de si mismo. Frankenheimer consiguió de alguna manera sacarle una buena interpretación a Sinatra, lo que tiene más mérito considerando la forma en que trabajaba éste. Sinatra solo funcionaba en la primera toma, a medida que se repetía iba empeorando. Aparentemente, Sinatra creía en la espontaneidad del momento, algo que no se podía repetir. Esto también lo hacía en sus discos: cantaba una primera toma y luego no repetía, tal como había salido iba al disco. Por eso en sus trabajos se encuentran un montón de errores, pero resulta un enfoque interesante aunque el tipo de música no me atraiga particularmente, teniendo en cuenta que hasta los grupos más alternativos e independientes repiten y repiten tomas hasta que queda perfecto.

Mención aparte en el reparto se merece Angela Lansbury como la madre de Raymond. Lansbury no solo crea uno de los personajes más fantásticamente hipócritas, mentirosos y corruptos de la historia del cine, lo hace teniendo la misma edad de Laurence Harvey, su hijo en la película. Lansbury consigue sin maquillaje apenas, hacerte creer que es una mujer el doble de mayor básicamente con su lenguaje corporal, la manera de hablar y como cambia su expresión facial.

En 2004 se hizo una nueva versión de este film, dirigida por Jonathan Demme y protagonizada por Denzel Washington, Liev Schreiber y Meryl Streep. El resultado es un film correcto sin llegar a igualarse con el original. Lo que resulta curioso es que ninguna de las dos versiones trata el incesto de la manera tan directa y abierta como en la novela, ambas lo hacen de forma muy sutil.

Ambas versiones se pueden encontrar fácilmente en DVD.


1 comentarios:

martinezeric dijo...
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