21 abr. 2017

La felicidad de los Katakuri (Katakuri-ke no kôfuku)

Si exceptuamos a unos cuantos fanáticos del cine asiático, la mayoría de espectadores occidentales descubrió al director Takashi Miike con la perturbadora Audition (Ôdishon, 1999). Popularidad que se cimentó con Dead or Alive (Dead or Alive: Hanzaisha, 1999), primera entrega de lo que se acabaría convirtiendo en una trilogía. Poco a poco, el intenso ritmo de trabajo de Miike, que ha llegado a dirigir cinco o más películas al año, y la dificultad para que el cine japonés llegue a nuestras pantallas ha hecho que gran parte de su obra quede inédita aquí.

Por suerte, dos de sus mejores películas rodadas en el 2001 llegaron sin dificultad hasta nuestras pantallas. La fantástica orgía de sangre y violencia Ichi the killer (Koroshiya 1) y el film que tratamos hoy La felicidad de los Katakuri (Katakuri-ke no kôfuku). Este segundo, a primera vista, podría parecer antagónico a Ichi the killer, pero lo cierto es que ambos comparten temas tratados a menudo por el director en sus films.

La felicidad de los Katakuri se inicia como un remake de la comedia negra coreana The Quiet family (Choyonghan kajok, 1998) de Jee-won Kim, conocido entre nosotros principalmente por su film Encontré al diablo (Ang-ma-reul bo-at-da, 2010). Del film de Kim se cogen personajes y la trama principal: una familia engañada para comprar un bed & breakfast con la promesa de muchos clientes, ve como nadie pasa para coger una de sus habitaciones. Cuando al fin aparece un cliente, este se suicida, así que la familia decide enterrarlo por miedo a la ruina si se sabe lo sucedido. Se inicia así una serie de macabras circunstancias protagonizadas por una familia que solo quiere disfrutar tranquilamente de su negocio.

Miike decidió, para hacer el film más original y personal y diferenciarlo así del film de Kim,  convertir su versión en un musical, logrando contratar populares estrellas de rock japonesas como actores. Un musical que combina diversos estilos y géneros, llegando incluso a parodiar los horteras videoclips de karaoke. Si esto por si solo ya hacía de este un film peculiar, Miike decidió utilizar claymation en algunas secuencias, pudiendo así realizar las complejas escenas que pedía el guion con el bajo presupuesto a su disposición. El uso de la animación le llevó a incluir al principio una escena que, aunque no parece tener nada que ver con la película ya que no implica a ninguno de sus protagonistas, resume las ideas que quería plasmar el director sobre el ciclo de la vida y la muerte.

Esta mezcla de elementos convierte La felicidad de los Katakuri en un film bizarro y tremendamente divertido. Muy, muy divertido, por lo menos para mí, que me crié con Dr. Slump. Es una lástima que no lleguen más musicales japoneses a nuestras pantallas, si hemos de juzgar por esta películas son psicotrónicos espectáculos llenos de momentos surrealistas. Miike ha dirigido algún musical más, como For Love's Sake (Ai to makoto, 2012), pero sin llegar a las cotas de absurdo de las que hace gala La felicidad de los Katakuri.


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