9 may 2012

Calígula (No, no la película)

Oh. Cthulhu. Mío.

En toda mi corta y relativamente joven existencia pocas veces he contemplado tamaño cúmulo de perversiones, muerte y horror como el que contiene Calígula, tomo que recopila una miniserie escrita por David Lapham e ilustrada por German Nobile editado por Editores de Tebeos (antigua Glénat) dentro de su colección Avatar.

Cuando vi el cómic anunciado entre las diversas novedades del mes pensé que se trataría de un cómic histórico, una recreación de la historia del emperador loco Calígula, tal vez tomándose alguna licencia artística. Algo que normalmente no me atraería, pero al recordar el film de Tinto Brass pensé que puede que fuera una lectura interesante. Al fin y al cabo, Calígula (Caligula, Tinto Brass, 1979) puede que no sea una buena película pero es tremendamente entretenida y divertida gracias a sus irrefrenables excesos.

No se trata de un cómic histórico, en eso me equivoqué. Pero que sería una lectura interesante, en eso acerté pleno.

La historia se nos narra desde el punto de vista de Junio, un joven que va a vender aceite a Roma y cuando vuelve se encuentra su familia vejada, violada, asesinada y masacrada (y no necesariamente en ese orden) por Calígula y unos amigos suyos. Junio planea entonces vengarse y decide ir a Roma en busca de Calígula para asesinarlo.



Muy bien, hasta aquí pensaba que sería una historia de venganza al estilo Charles Bronson, muy sangrienta y perversa, pero una habitual historia de venganza ambientada en la decadente Roma del 37 a.C. en la cual Calígula llevó a cabo sus desmanes.

Y entonces, cuando creía que ya sabía como avanzaría la trama, sucede algo al final del primer capítulo que me hizo caer de culo (figurativamente). Fue así como descubrí que este Calígula de David Lapham y German Nobile no se trata de un cómic histórico o una historia de venganza, es una historia de Terror (así, en mayúsculas).

Lo extraño es que en el tomo no se hace ninguna mención de ello, la contraportada lo trata como si fuera un cómic histórico, lo que me hace preguntarme si los editores de este cómic lo han leído o creen que esto es lo que realmente sucedió.

Este Calígula es una historia de terror en la cual seguimos la terrible historia de Junio y vemos como se hunde en un pozo de perversiones y horrores que no lo dejarán indemne. Imaginad el infierno de los cenobitas de Clive Barker trasladado a la antigua Roma con un toque de H. P. Lovecraft y os podréis hacer una idea de lo que os aguarda entre las páginas de esta increíble historia.

Lo que la hace tan absorbente es el implacable estilo de Lapham, que a través de la narración nos sumerge en una terrible historia de manera que, acumulando brutalidad tras brutalidad y horror tras horror, consigue impactar al lector de una forma que otros cómics brutales como Crossed de Garth Ennis y Jacen Burrows no consigue. Y con esto no quiero criticar Crossed, pero lo cierto es que no consiguió impresionarme como sí lo ha hecho este Calígula, ya que este último cuenta una historia que consiguió sorprenderme e interesarme, por lo tanto me impliqué mucho más, mientras que Crossed contaba una historia demasiado familiar para que sus brutalidades me afectaran aunque resultara una lectura entretenida.

Sólo apto para los estómagos más fuertes, Calígula es sangrienta y brutal y cruel, pero además cuenta una historia que seguiría siendo igualmente interesante y absorbente sin los gráficos horrores que la acompañan.

7 may 2012

Las diabólicas (Les diaboliques)


(no leer si no se ha visto la película)

Henri-Georges Clouzot pasó de ser un director casi proscrito, acusado de colaboricionista durante la ocupación alemana de Francia por el film El cuervo (Le corbeau, 1943), un cínico retrato de la sociedad que difícilmente se puede casar con ningún bando político, a encadenar éxitos de taquilla. Despreciado por la nouvelle vague, que en su momento fueron también bastante miopes, Clouzot retrata en sus películas una sociedad cínica, sin valores y vulgar utilizando técnicas de cine casi naturalista, de manera que, mirando en perspectiva, resulta más moderno y anticipado a su tiempo que muchos de los jóvenes rebeldes cineastas que lo criticaron.

Las diabólicas (Les diaboliques, 1955) es hoy día uno de sus films más recordados, considerado su cima artística. Lo rodó después de rodar otro gran éxito: El salario del miedo (Le salaire de la peur, 1953), un tenso clásico protagonizado por unos camioneros que han de transportar cajas de nitroglicerina a través de peligrosas carreteras. Es de notar el contraste entre ambos films, El salario del miedo está filmado de forma casi documental, ya que Clouzot era un apasionado del realismo, para contar sin adornos las mortales peripecias de unos hombres dispuestos a arriesgar su vida por poco dinero; Las diabólicas, aunque participa del naturalismo habitual y el uso de localizaciones reales, es un film más elaborado visualmente, explotando las convenciones estéticas del cine negro de forma brillante.

Por cierto, resulta también curioso que dos géneros aparentemente muy americanos como son el criminal o cine negro y el western fuesen elevados a la categoría de arte por europeos: el film noir los franceses con películas como El silencio de un hombre (Le samouraï, Jean-Pierre Melville, 1967), el western los italianos con las épicas de Sergio Leone.

Las diabólicas parte de la novela escrita por Pierre Boileau y Thomas Narcejac La que no existía. Novela que estuvo a punto de ser adquirida por Alfred Hitchcock (la leyenda cuenta que por cuestión de horas Clouzot compró los derechos antes que Hitchcock), el cual luego adaptaría otra novela de la pareja de escritores en De entre los muertos (Vértigo) (Vertigo, 1958), con una historia que guarda varios puntos en común con Las diabólicas: en ambas se usan motivos sobrenaturales para ocultar crímenes muy naturales.

Clouzot se mantiene bastante fiel a la trama de la novela, salvo por dos cambios muy importantes. En la novela, Ravinel y su amante, la doctora Lucienne, parecen planear el asesinato de Murielle, esposa de Ravinel. Todo parece salir bien, hasta que el cadáver de Murielle desaparece y empieza a dar señales de misteriosa vida, lo que llena Ravinel de angustia y paranoia, hasta que llevado por la locura se suicida. Luego se descubre que todo formaba parte de un plan elaborado por Lucienne y Murielle, que mantienen una relación lésbica, para librarse de Ravinel. En la película, son la amante, Nicole Horner (Simone Signoret), y el marido, Michel Delassalle (Paul Meurisse) los que conspiran para crear un elaborado plan para eliminar a la esposa, Christina (Véra Clouzot), provocándole un ataque al corazón (cinco años más tarde, Véra Clouzot moriría de un ataque al corazón como el personaje que interpretó en esta película). El otro cambio importante es que mientras que en la novela la pareja tiene éxito en su macabra empresa, en el film los conspiradores son atrapados por la policía y condenados.

Boileau y Narcejac no tuvieron ningún problema con estos cambios, como explican en una introducción añadida a la novela tras el estreno de la adaptación cinematográfica, de la que he seleccionado unos fragmentos:

(...) En realidad, ambas desarrollan la misma idea con métodos diferentes, y puede incluso decirse que cuanto más la película se esforzase en mantenerse fiel a la novela, más obligada estaría a apartarse de ella. En este sentido, la película de Clouzot es mucho menos una adaptación que una nueva creación de la que es oportuno subrayar la originalidad. (...)

(...) Así, pues, es cierto que Clouzot se ha apartado deliberadamente de nuestra novela. Como todos los grandes creadores, ha hecho gala de una gran independencia. Pero es igualmente cierto que no nos ha traicionado, pues lo que nosotros tratábamos de aportar como novedad es exactamente lo que él ha desarrollado, profundizado, ilustrado con esa fuerza, ese punch que caracterizan su estilo. (...)

(extraídos de la edición traducida por Alfredo Crespo)

Los cambios que introdujo Clouzot, sin embargo, no fueron hechos por razones artísticas o por la dificultad de trasladar el monólogo interior de un personaje (la novela se cuenta desde la perspectiva de Ravinel). La principal razón para el cambio entre el sexo de los culpables fue para darle un papel más importante a su esposa, Véra. De ahí que la víctima pase a ser la esposa en lugar del marido. Los otros cambios, la relación lésbica entre las "diabólicas" y el final en el cual las asesinas ven cumplido su plan con éxito, fueron hechos por cuestiones de censura y de la moralidad de la época (aunque Clouzot añadió varios guiños en el film a la relación de las asesinas de la novela).

No deja de ser curioso ver como algo era aceptable en literatura y no lo era en cambio en el cine en la misma época.

Estos cambios hicieron también que la novela resulte más original, por como se aleja de los lugares comunes y los tópicos de la novela criminal de entonces, y la película de Clouzot más convencional, aunque la culpa no sea, realmente, de Clouzot. Eso no quiere decir que el film sea convencional, es una obra maestra del suspense y crea grandes momentos de tensión. Además, como es habitual en el género, Clouzot utiliza la intriga para introducir la critica social y hacer un retrato no muy positivo de la sociedad francesa, factores que elevan la película por encima de otras simples intrigas.

Es oportuno señalar que el éxito de Clouzot hizo que su argumento fuera imitado varias veces en Estados Unidos en películas como Canción de cuna para un cadáver (Hush... Hush, Sweet Charlotte, Robert Aldrich, 1964), realizadas después de que el éxito de ¿Qué fue de Baby Jane? (What Ever Happened to Baby Jane?, Robert Aldrich, 1962) pusiera de moda el melodrama gótico criminal. En estas historias, dos personajes malvados y corruptos quieren llevar a la locura a otro inocente (en diversos grados) para hacerse con una fortuna. Este esquema en manos de la EC introducía siempre al final un elemento sobrenatural o grotesco que proporcionaba el irónico y/o sorprendente final marca de la casa.

En su momento, la recepción crítica de la película fue algo cruel con Véra Clouzot, cuyas habilidades artísticas empalidecían al lado de la estrella de entonces Simone Signoret, acusando al director de mantener a la Signoret permanentemente en la sombra mientras su esposa estaba siempre bien iluminada en un intento de robarle protagonismo a Signoret. Hoy día, con la perspectiva del tiempo, podemos interpretar mejor las intenciones de Clouzot, el cual utiliza las sombras para indicar el hecho de que el personaje que interpreta Signoret es corrupto, haciendo lo mismo con Paul Meurisse. Siguiendo este estilo, Clouzot llena la película de pistas e indicaciones sobre la naturaleza de los personajes, usando también los encuadres además de la luz. Detalles que se hacen obvios una vez se ve el film en repetidas ocasiones.

Y hay motivo para ver el film en repetidas ocasiones, además de para ver los detalles que añadió Clouzot, ya que es un gran clásico del suspense. Un soberbio film en el cual nada es lo que parece, donde las sombras y el gris no son sólo producto de la fotografía en blanco y negro.

4 may 2012

El quimérico inquilino (Le locataire)


Ah, Polanski y los espacios cerrados. Hay pocos directores que se manejen tan bien dentro de un espacio cerrado como Roman Polanski, capaz de ambientar una película en una sola localización y que no parezca una obra de teatro. Esta habilidad ya la mostró en su debut en el largometraje El cuchillo en el agua (Nóz w wodzie, 1962), en la cual narra el tenso triángulo que se establece entre un matrimonio y joven desconocido a bordo de un pequeño barco. Luego llegaría Repulsión (Repulsion, 1965) donde acaba centrando la acción en un pequeño piso londinense. ¿Y qué decir del estupendo apartamento que resultará ser una maldición para Rosemary y Guy en La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968)? ¿O el apartamento en el cual se encierran los autodestructivos amantes de Lunas de hiel (Bitter Moon, 1992)? ¿O la agradable casa que se convierte en sala de interrogatorio y tortura en la tensa La muerte y la doncella (Death and the Maiden, 1994)? ¿O la mansión de El escritor (The Ghost Writer) (The Ghost Writer, 2010)? ¿O el pijo apartamento en el cuál dos matrimonios se destrozan en Un dios salvaje (Carnage, 2011)?

Todo esto nos lleva a El quimérico inquilino (Le locataire, 1976), en la cual el propio Polanski, además de dirigir y escribir el guion junto a Gérard Brach, interpreta a un apocado sujeto que poco a poco se empezará a obsesionar con la anterior ocupante del piso que ha alquilado y con la comunidad de vecinos que lo rodea. En un principio podría parecer una versión masculina de Repulsión, sin embargo el tono y el tipo de historia hace que se aleje del clásico de 1965, aunque está claro que ambas tienen puntos en común y son buenas compañeras. El quimérico inquilino también se diferencia de Repulsión en que no es un film tan redondo, tal vez por la interpretación que se le da a la novela original de Roland Topor.

Topor formó junto a Alejandro Jorodowsky y Fernando Arrabal el Grupo Pánico, cuyas características se ven representadas a la perfección en la novela El quimérico inquilino, editada por Valdemar, donde se mezclan humor, terror y la confusión existencial. La novela trata su argumento con mucha ambigüedad, de modo que tanto lector como protagonista se hayan sometidos a un inquietante desconcierto. Esta ambigüedad fue eliminada por Polanski que trata la historia como la de alguien que se vuelve loco, algo que Topor lamentó. He de decir que mientras simpatizo con lo que dice Topor, creo que como la novela está abierta a la interpretación, esta fue la interpretación que le dio Polanski, que, por otro lado, se mantiene bastante fiel a la novela.

Polanski utiliza el humor negro combinado con la inquietud y la angustia para narraros la pesadilla que vive su protagonista, con el cual no dejo de identificarme ya que muchas actitudes y haceres habituales y comunes de las personas que me rodean en lo que llamamos "sociedad occidental" me parecen igualmente esotéricas y cargadas de misterio. El pobre Trelkovsky ve además su paranoia alimentada no sólo por su imaginación desbocada, también por los extraños detalles y sucesos que le rodean, demostrando que la realidad puede ser más extraña que cualquier fantasía paranoide. La conclusión, más acorde con la atmósfera y tono de la novela, no deja de ser un brillante punto final para lo que resulta una eterna pesadilla circular.

He dicho antes que El quimérico inquilino no es un film tan redondo como Repulsión, pero eso no quiere decir que no me parezca un film brillante. Lo es, Polasnki mantiene el pulso firme durante toda la cinta resultando en un film absorbente y fascinante. Por cierto, en la edición en DVD española venía incluido un pequeño libreto sobre la película que está lleno de errores argumentales, como si su autor hiciera tiempo que hubiese visto el film y hablara de memoria (yo lo leí justo después de haber visto la película). Librillos aparte, recomiendo a todo el mundo este film, así como la novela en que se basa.

3 may 2012

¡Numeral, numeral! ¡Viva la numeración!


No acabaré de entender jamás la afición que tiene la gente por las listas. Las 100 mejores películas de terror, los 100 mejores films de gánsteres, los 100 bukkakkes más vistosos... ¿A qué viene esa pasión por los listados? ¿A qué viene esta obsesión clasificatoria? Hace poco en la página web Aullidos publicaron su lista de las mejores cintas de terror según sus participantes, en Dread Central tienen un link hacia lista con los ocho cyborgs más molones, una revista de cine acaba de poner en los quioscos un número en el que anuncia orgullosa su lista con las 200 mejores películas de la historia. La verdad, no lo entiendo. Tampoco lo critico porque son listas hechas de forma abiertamente subjetiva, que hablan de los gustos de aquellos que las han hecho.

Lo que sí critico y empiezo a odiar son esta serie de libros titulados Los 1001 lo que sea antes de morir. Más que nada porque son libros que se precian de establecer un cánon, una guía para aquellos que quieran ver/leer sólo lo mejor. Una herramienta que parece pensaba para (y espero no molestar a nadie) gente sin personalidad.

Mi padre tiene una librería y en la pasada edición de Sant Jordi, mis padres observaron por la tarde que se vendían y pedían más unos títulos en concreto: los que en las noticias del mediodía habían aparecido como los más vendidos. La gente lo ve y va a pedirlo, sin molestarse en buscar y remirar entre toda la oferta que hay. Son lo que mi madre llama "compradores sin criterio". Un amigo mío se entestó, hace unos cuantos años, en ver y tener todas las películas que el Festival de Sitges había incluido en su lista de las 100 mejores películas de cine fantástico. El resto le daba igual.

Estas actitudes las considero estúpidas (de nuevo, sin ánimo de ofender) porque creo que dañan el viaje personal de cada uno por algo que le apasiona. Es decir, si uno se va a dedicar profesionalmente a un arte, obviamente ha de conocer ese arte, ya sea escritor, pintor o cineasta. Ha de saber que obras cambiaron o afectaron a la manera en que ese arte se expresa para poder hacer algo original. Pero si uno no persigue ese objetivo profesional, se ha de dejar llevar por sus propio instinto. Por su intuición. E incluso si alguien se quiere dedicar de forma profesional, creo también que es importante guiarse por el propio instinto y dejarse de cursos y seminarios para hacer la obra maestra definitiva.

Hay dos cosas que repito a menudo. Una es que no existe una mejor o peor película de la historia, por el simple hecho de que todavía se siguen haciendo películas. Otra cosa que menciono a menudo se refiere a mi sexto sentido a la hora de detectar películas que me gustarán o que no me gustarán (notad que no digo buenas o malas). Es algo que puede ser interpretado como una broma pero no lo es. Realmente me suena en la cabeza una especie de alarma en lo que respecta que películas ver y cuáles no. Un instinto que me ha sido útil para descubrir rarezas y pequeñas joyas.

Es algo difícil de explicar sin parecer un demente, algo que va más allá de simplemente ver un tráiler y pensar "puede que esta peli esté bien". Algo que he desarrollado en parte a base de ver mucho y leer mucho, pero también en base a ignorar las críticas y comentarios de revistas, diarios y páginas profesionales, además de nunca perder el tiempo con libros del estilo 1001... Un instinto desarrollado también por la propia pasión por algo que adoro y la casi suicida carencia total de prejuicios e ideas preconcebidas sobre cómo es o se supone que es una película X (quiero decir de cualquier tipo).

Mi consejo es: olvídate del mapa y déjate llevar por tu instinto. Perderse por el camino puede ser mucho más interesante e instructivo que simplemente seguir un camino marcado.

2 may 2012

El ansia (The Hunger)


Susan Sarandon explica, en los audiocomentarios incluídos en las respectivas ediciones especiales de The Rocky Horror Picture Show (Jim Sharman, 1975) y El ansia (The Hunger, Tony Scott, 1983), que estas son dos películas de las que la gente le habla en ocasiones como si tuviera que avergonzarse de haber hecho pero ella no sólo no se avergüenza de ellas, sino que incluso está orgullosa de ellas.

El ansía fue tan negativamente recibida en su momento, tanto por la crítica como por el público, que Tony Scott no pudo firmar otra película como director hasta al cabo de tres años. Y, a pesar de todo, El ansía se ha acabado convirtiendo con el tiempo en un film de culto que hasta generó una serie de televisión, emitida de 1997 al 2000 (vista, por lo menos en Catalunya, a través de las cadenas autonómicas).

Aquellos que no la hayan visto tal vez se pregunten: ¿qué es El ansia? ¿Una buena película incomprendida en su momento? ¿Una horterada ridícula que ha encontrado al cabo de los años un grupo de fans que, de alguna manera, la aprecian? ¿Un bodrio patatero? ¿Una joya? Mi respuesta es: no tengo ni idea. Desde que la vi por primera vez a altas horas de la noche en un programa de TV3 dedicado al cine fantástico (Klaatu Barada Nikto, presentado por Àlex Gorina) llevo haciéndome esas mismas preguntas, unas veces pensando de una manera, otras veces todo lo contrario.

La película adapta la novela homónima escrita por Whitley "Soy un abducido" Strieber. Ha sido publicada por La Factoría de Ideas, dentro de la colección Solaris, y, como soy un enfermo, me puse a leerla enseguida que pude. Strieber no es que sea Clive Barker, precisamente, y aunque la historia tiene su interés, aparecen diversos toques bastante idiotas (que en la película se eliminan). Pero, siendo mala como es, no deja de resultar entretenida. La adaptación que llevaron a cabo Ivan Davis y Michael Thomas se traduce en un guion bastante interesante (ya sabéis lo que dicen: de una gran novela se hacen malas películas, de una mala novela se hacen grandes películas [aunque en lo que respecta a El ansia, eso está por ver]). Lo que hace que este film corriera la suerte que corrió en su momento y sea considerada como es hoy es la manera en que Tony Scott tradujo en imágenes ese guion (el cual es posible que, en manos de otro director, hubiese resultado en un film hoy olvidado).

Scott es un director amado por unos -que aseguran que es el hermano con auténtico talento, no Ridley- y odiado por otros -que no soportan la manera en que contínuamente cambia de plano y agita la cámara-. A favor o en contra, hay que reconocer que es un director que prima el continente por encima del contenido, el estilo por encima de la substancia. Personalmente, no tengo nada en contra o a favor suyo: hay algunas películas suyas que me han gustado, otras no. En todo caso, esta pasión por lo visual hace que, cuando la viera por primera vez, El ansia me pareciera una película muy de los 80. Una pieza arqueológica de estética videoclipera que reune todo aquello que se considera hoy día como hortera o kitsch. Sólo hay que fijarse en el principio, que parece un videoclip de Bauhaus (los cuales cantan al empezar el film Bela Lugosi's Dead, tema más que adecuado para un film de vampiros [canción que, por otro lado, me gusta bastante, no tengo quejas en lo que respecta a la música de esta película]). Lo curioso es que en su momento la película no se entendió, ya que estéticamente era muy avanzada, según Scott (en el ya mencionado audiocomentario).

Así, Scott consiguió hacer una película que en su momento estaba excesivamente avanzada, pero vista hoy día parece excesivamente representativa del momento en que se filmó. Como las sillas blancas futuristas de los 60 y primeros 70 que aparecen en films de ciencia ficción (ya sabéis cuales digo, esas que parecen huevos).

Por otro lado, la película no deja de tener un hipnótico atractivo, gracias también a las escenas de sáfica pasión entre Susan Sarandon y Catherine Deneuve. Es una visión bastante original del vampirismo, que consigue cogiendo elementos del pasado y mezclándolos con otros nuevos.

En definitiva, creo que cuánto más nos alejamos del momento en que fue hecha, más gracia tiene El ansia. No sé si existe el hortera chic, pero esta película lo es. Guste o no, desde luego es única.

ATENCIÓN, EL CINEFAGO RECOMIENDA: ver El ansia antes o después de ver Baba Yaga (Corrado Farina, 1973) y El rojo en los labios (Les lèvres rouge, 1971).