4 may. 2012

El quimérico inquilino (Le locataire)


Ah, Polanski y los espacios cerrados. Hay pocos directores que se manejen tan bien dentro de un espacio cerrado como Roman Polanski, capaz de ambientar una película en una sola localización y que no parezca una obra de teatro. Esta habilidad ya la mostró en su debut en el largometraje El cuchillo en el agua (Nóz w wodzie, 1962), en la cual narra el tenso triángulo que se establece entre un matrimonio y joven desconocido a bordo de un pequeño barco. Luego llegaría Repulsión (Repulsion, 1965) donde acaba centrando la acción en un pequeño piso londinense. ¿Y qué decir del estupendo apartamento que resultará ser una maldición para Rosemary y Guy en La semilla del diablo (Rosemary's Baby, 1968)? ¿O el apartamento en el cual se encierran los autodestructivos amantes de Lunas de hiel (Bitter Moon, 1992)? ¿O la agradable casa que se convierte en sala de interrogatorio y tortura en la tensa La muerte y la doncella (Death and the Maiden, 1994)? ¿O la mansión de El escritor (The Ghost Writer) (The Ghost Writer, 2010)? ¿O el pijo apartamento en el cuál dos matrimonios se destrozan en Un dios salvaje (Carnage, 2011)?

Todo esto nos lleva a El quimérico inquilino (Le locataire, 1976), en la cual el propio Polanski, además de dirigir y escribir el guion junto a Gérard Brach, interpreta a un apocado sujeto que poco a poco se empezará a obsesionar con la anterior ocupante del piso que ha alquilado y con la comunidad de vecinos que lo rodea. En un principio podría parecer una versión masculina de Repulsión, sin embargo el tono y el tipo de historia hace que se aleje del clásico de 1965, aunque está claro que ambas tienen puntos en común y son buenas compañeras. El quimérico inquilino también se diferencia de Repulsión en que no es un film tan redondo, tal vez por la interpretación que se le da a la novela original de Roland Topor.

Topor formó junto a Alejandro Jorodowsky y Fernando Arrabal el Grupo Pánico, cuyas características se ven representadas a la perfección en la novela El quimérico inquilino, editada por Valdemar, donde se mezclan humor, terror y la confusión existencial. La novela trata su argumento con mucha ambigüedad, de modo que tanto lector como protagonista se hayan sometidos a un inquietante desconcierto. Esta ambigüedad fue eliminada por Polanski que trata la historia como la de alguien que se vuelve loco, algo que Topor lamentó. He de decir que mientras simpatizo con lo que dice Topor, creo que como la novela está abierta a la interpretación, esta fue la interpretación que le dio Polanski, que, por otro lado, se mantiene bastante fiel a la novela.

Polanski utiliza el humor negro combinado con la inquietud y la angustia para narraros la pesadilla que vive su protagonista, con el cual no dejo de identificarme ya que muchas actitudes y haceres habituales y comunes de las personas que me rodean en lo que llamamos "sociedad occidental" me parecen igualmente esotéricas y cargadas de misterio. El pobre Trelkovsky ve además su paranoia alimentada no sólo por su imaginación desbocada, también por los extraños detalles y sucesos que le rodean, demostrando que la realidad puede ser más extraña que cualquier fantasía paranoide. La conclusión, más acorde con la atmósfera y tono de la novela, no deja de ser un brillante punto final para lo que resulta una eterna pesadilla circular.

He dicho antes que El quimérico inquilino no es un film tan redondo como Repulsión, pero eso no quiere decir que no me parezca un film brillante. Lo es, Polasnki mantiene el pulso firme durante toda la cinta resultando en un film absorbente y fascinante. Por cierto, en la edición en DVD española venía incluido un pequeño libreto sobre la película que está lleno de errores argumentales, como si su autor hiciera tiempo que hubiese visto el film y hablara de memoria (yo lo leí justo después de haber visto la película). Librillos aparte, recomiendo a todo el mundo este film, así como la novela en que se basa.

5 comentarios:

Dr. Gonzo dijo...

A mí sí que me pareció una película redonda, maravillosamente ambientada y llena de locura.
Me encantan esas historias de lugares en los que "algo no va bien", como Twin Peaks. Esos lugares a primera vista normales que se tornan aterradores y extraños cuando escarbamos un poco.

El final también me gustó muchísimo, aunque me recordó en parte un chiste de chiquito de la calzada jaja

Lo que no sabía es que la novela estaba editada por nuestras tierras. Me haré con ella.

Raül Calvo dijo...

Quería decir que es buena, pero no tanto como Repulsión. La novela ya verás que es muy cortita y en una tarde te la lees (o un par de día si estas muy liado)

Einer dijo...

A mí me gustó más por cómo lo cuenta que por lo que cuenta.

Lo del libreto o carátulas mal escritas es, lamentablemente, bastante habitual. Ahora mismo recuerdo la edición de Manga Films de El luchador invisible que trae una sinopsis que nada tiene que ver con la película y una vez que en el ECI vi una peli protagonizada por Gary Grant.

Javier Simpson dijo...

Muy buena la reflexión del cine de Polanski y los espacios limitados, sí señor.
Esta peli me parece increíble. Podría ser una versión masculina de otra maravillosa peli del director polaco, Repulsión (aún tengo la imagen de Deneuve con la cara en la pared y esa mirada fría). A mí me encantó su ambiente, la evolución de Polanski, actor, que por cierto me parece muy bueno su trabajo, y su guión, como bien dices, circular, como pesadillesco. Un alucine de peli contada con una sencillez y elegancia muy propias del director.

Estupenda entrada, Raül.

Raül Calvo dijo...

Einer, la gracia de la historia creo que radica precisamente en cómo se cuenta más que lo que cuenta. De ahí que prefiera la ambigüedad de la novela ya que le añade un componente "lúdico" (intentar discernir si lo que sucede es real o no) del que carece la película.

Javi, los aciertos del guion no es que sean mérito de Polanski y Brach, o no sólo, ya que están todos sacados de la novela.

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