7 may. 2012

Las diabólicas (Les diaboliques)


(no leer si no se ha visto la película)

Henri-Georges Clouzot pasó de ser un director casi proscrito, acusado de colaboricionista durante la ocupación alemana de Francia por el film El cuervo (Le corbeau, 1943), un cínico retrato de la sociedad que difícilmente se puede casar con ningún bando político, a encadenar éxitos de taquilla. Despreciado por la nouvelle vague, que en su momento fueron también bastante miopes, Clouzot retrata en sus películas una sociedad cínica, sin valores y vulgar utilizando técnicas de cine casi naturalista, de manera que, mirando en perspectiva, resulta más moderno y anticipado a su tiempo que muchos de los jóvenes rebeldes cineastas que lo criticaron.

Las diabólicas (Les diaboliques, 1955) es hoy día uno de sus films más recordados, considerado su cima artística. Lo rodó después de rodar otro gran éxito: El salario del miedo (Le salaire de la peur, 1953), un tenso clásico protagonizado por unos camioneros que han de transportar cajas de nitroglicerina a través de peligrosas carreteras. Es de notar el contraste entre ambos films, El salario del miedo está filmado de forma casi documental, ya que Clouzot era un apasionado del realismo, para contar sin adornos las mortales peripecias de unos hombres dispuestos a arriesgar su vida por poco dinero; Las diabólicas, aunque participa del naturalismo habitual y el uso de localizaciones reales, es un film más elaborado visualmente, explotando las convenciones estéticas del cine negro de forma brillante.

Por cierto, resulta también curioso que dos géneros aparentemente muy americanos como son el criminal o cine negro y el western fuesen elevados a la categoría de arte por europeos: el film noir los franceses con películas como El silencio de un hombre (Le samouraï, Jean-Pierre Melville, 1967), el western los italianos con las épicas de Sergio Leone.

Las diabólicas parte de la novela escrita por Pierre Boileau y Thomas Narcejac La que no existía. Novela que estuvo a punto de ser adquirida por Alfred Hitchcock (la leyenda cuenta que por cuestión de horas Clouzot compró los derechos antes que Hitchcock), el cual luego adaptaría otra novela de la pareja de escritores en De entre los muertos (Vértigo) (Vertigo, 1958), con una historia que guarda varios puntos en común con Las diabólicas: en ambas se usan motivos sobrenaturales para ocultar crímenes muy naturales.

Clouzot se mantiene bastante fiel a la trama de la novela, salvo por dos cambios muy importantes. En la novela, Ravinel y su amante, la doctora Lucienne, parecen planear el asesinato de Murielle, esposa de Ravinel. Todo parece salir bien, hasta que el cadáver de Murielle desaparece y empieza a dar señales de misteriosa vida, lo que llena Ravinel de angustia y paranoia, hasta que llevado por la locura se suicida. Luego se descubre que todo formaba parte de un plan elaborado por Lucienne y Murielle, que mantienen una relación lésbica, para librarse de Ravinel. En la película, son la amante, Nicole Horner (Simone Signoret), y el marido, Michel Delassalle (Paul Meurisse) los que conspiran para crear un elaborado plan para eliminar a la esposa, Christina (Véra Clouzot), provocándole un ataque al corazón (cinco años más tarde, Véra Clouzot moriría de un ataque al corazón como el personaje que interpretó en esta película). El otro cambio importante es que mientras que en la novela la pareja tiene éxito en su macabra empresa, en el film los conspiradores son atrapados por la policía y condenados.

Boileau y Narcejac no tuvieron ningún problema con estos cambios, como explican en una introducción añadida a la novela tras el estreno de la adaptación cinematográfica, de la que he seleccionado unos fragmentos:

(...) En realidad, ambas desarrollan la misma idea con métodos diferentes, y puede incluso decirse que cuanto más la película se esforzase en mantenerse fiel a la novela, más obligada estaría a apartarse de ella. En este sentido, la película de Clouzot es mucho menos una adaptación que una nueva creación de la que es oportuno subrayar la originalidad. (...)

(...) Así, pues, es cierto que Clouzot se ha apartado deliberadamente de nuestra novela. Como todos los grandes creadores, ha hecho gala de una gran independencia. Pero es igualmente cierto que no nos ha traicionado, pues lo que nosotros tratábamos de aportar como novedad es exactamente lo que él ha desarrollado, profundizado, ilustrado con esa fuerza, ese punch que caracterizan su estilo. (...)

(extraídos de la edición traducida por Alfredo Crespo)

Los cambios que introdujo Clouzot, sin embargo, no fueron hechos por razones artísticas o por la dificultad de trasladar el monólogo interior de un personaje (la novela se cuenta desde la perspectiva de Ravinel). La principal razón para el cambio entre el sexo de los culpables fue para darle un papel más importante a su esposa, Véra. De ahí que la víctima pase a ser la esposa en lugar del marido. Los otros cambios, la relación lésbica entre las "diabólicas" y el final en el cual las asesinas ven cumplido su plan con éxito, fueron hechos por cuestiones de censura y de la moralidad de la época (aunque Clouzot añadió varios guiños en el film a la relación de las asesinas de la novela).

No deja de ser curioso ver como algo era aceptable en literatura y no lo era en cambio en el cine en la misma época.

Estos cambios hicieron también que la novela resulte más original, por como se aleja de los lugares comunes y los tópicos de la novela criminal de entonces, y la película de Clouzot más convencional, aunque la culpa no sea, realmente, de Clouzot. Eso no quiere decir que el film sea convencional, es una obra maestra del suspense y crea grandes momentos de tensión. Además, como es habitual en el género, Clouzot utiliza la intriga para introducir la critica social y hacer un retrato no muy positivo de la sociedad francesa, factores que elevan la película por encima de otras simples intrigas.

Es oportuno señalar que el éxito de Clouzot hizo que su argumento fuera imitado varias veces en Estados Unidos en películas como Canción de cuna para un cadáver (Hush... Hush, Sweet Charlotte, Robert Aldrich, 1964), realizadas después de que el éxito de ¿Qué fue de Baby Jane? (What Ever Happened to Baby Jane?, Robert Aldrich, 1962) pusiera de moda el melodrama gótico criminal. En estas historias, dos personajes malvados y corruptos quieren llevar a la locura a otro inocente (en diversos grados) para hacerse con una fortuna. Este esquema en manos de la EC introducía siempre al final un elemento sobrenatural o grotesco que proporcionaba el irónico y/o sorprendente final marca de la casa.

En su momento, la recepción crítica de la película fue algo cruel con Véra Clouzot, cuyas habilidades artísticas empalidecían al lado de la estrella de entonces Simone Signoret, acusando al director de mantener a la Signoret permanentemente en la sombra mientras su esposa estaba siempre bien iluminada en un intento de robarle protagonismo a Signoret. Hoy día, con la perspectiva del tiempo, podemos interpretar mejor las intenciones de Clouzot, el cual utiliza las sombras para indicar el hecho de que el personaje que interpreta Signoret es corrupto, haciendo lo mismo con Paul Meurisse. Siguiendo este estilo, Clouzot llena la película de pistas e indicaciones sobre la naturaleza de los personajes, usando también los encuadres además de la luz. Detalles que se hacen obvios una vez se ve el film en repetidas ocasiones.

Y hay motivo para ver el film en repetidas ocasiones, además de para ver los detalles que añadió Clouzot, ya que es un gran clásico del suspense. Un soberbio film en el cual nada es lo que parece, donde las sombras y el gris no son sólo producto de la fotografía en blanco y negro.

3 comentarios:

Roy D. Mustang dijo...

Buen artículo para tan grande película. Hace poco que me la volví a ver, y no me importaría volver a vérmela de nuevo. Un film muy "hitchconiano" que vale la pena.

Roy Bean dijo...

ay!! Les diaboliques, cuanto tiempo sin ver las piernas de Vera y los ojos de la Signorette. Para mi es un clásico no pierde un ápice de su fuerza cada vez que la vuelvo a ver. Aunque Cluzot quizás tenga cosas mejores, como El salario del miedo, Les spions y sobre todo esa otra maravila, El cuervo.

Saludos y pedazo de entrada que te has marcado.
Roy

Raül Calvo dijo...

Roy, sólo que Hitchcock, como siempre, se habría inclinado a poner una "diabólica" inocente.

Roy, con el tiempo la obra de Clouzot se ha podido juzgar mejor, sin ingerencias ajenas al arte. Su filmo es corta pero intensa. Y en la edición en Blu-ray de Les Diaboliques podrás ver cosas gracias a la alta definición bastante reveladoras.

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