14 ene. 2013

Si no comentas este post mi constipado te atacará en 6 días

Para entender por qué esta película me resulta fascinante, es esencial conocer la historia de cómo se hizo. Esta historia y el resultado final que provocó puede que haga que os apartéis de la película como de un pesado borracho en una fiesta, y aquellos que como a mí os guste el cine peculiar definitivamente tenéis que apuntar esta película en vuestra lista de filmes a ver.

Los habituales puede que ya sepáis que en este blog somos mucho de Jack Hill (que hasta tiene su propia etiqueta) y Stephanie Rothman, directores que trabajaron realizando inolvidables exploitation movies que eran mejores de lo que se esperaba de este tipo de películas, convirtiéndose algunas en clásicos de culto y objeto de sesudos estudios. Cuando descubrí que ambos habían dirigido Blood Bath (1966) me lancé a buscar este título inmediatamente, llenó de curiosidad por ver cómo sería el producto resultante de la colaboración entre ambos.

Cuando terminé de ver la película me quedé perplejo y ojiplático. En seguida se me llenó la cabeza con las típicas estupideces que se nos ocurren a los que vemos demasiadas películas. Me había imaginado dos jóvenes directores experimentando con el lenguaje cinematográfico, explorando los límites de la narración convencional. Más tarde supe cómo se había hecho esta película y me tuve que comer todas estas ideas con patatas, ya que ni siquiera llegaron a coincidir Hill y Rothman durante la realización de la película.

Curiosamente, todo empezó con Francis Ford Coppola. Coppola fue enviado por Roger Corman (en aquella época Coppola, Hill y Rothman trabajaban a las órdenes del rey de la serie B) a la antigua Yugoslavia para supervisar la producción de una película de terror. Al parecer Coppola no hizo mucha supervisión porque volvió con una película de misterio y no de terror, que además no llegaba al mínimo de calidad exigido por Corman. Entonces Corman le pasó el material filmado a Hill para que creara una película de terror con la suficiente calidad como para poder estrenarla en cines.

Hill reconvirtió la historia en una cinta de terror protagonizada por un pintor que mata modelos y las sumerge en cera, presa de visiones de un antepasado, titulada Blood Bath. Contrató algunos actores habituales de sus filmes para filmar algunas nuevas escenas e integrarlas con el material ya existente. Antes de terminar del todo el proyecto, Hill lo abandonó por desconocidas circunstancias (vamos, que él no recuerda por qué). Corman entonces le encargó a Rothman terminar la película. La directora decidió convertirla en una historia de vampiros (algo que no le acabó de gustar a Hill, como podéis ver en el videocomentario que tenéis abajo), se añadieron nuevas escenas intercaladas con las escenas intercaladas con el material antiguo y finalmente se estrenó la película.

El resultado final es una película realmente extraña y rara. Hay personajes que cambian de una escena a otra, extrañas decisiones de montaje, escenas mundanas mezcladas con otras completamente surrealistas. En definitiva: ¡una maravilla!

Tomado de forma rutinaria, el argumento es predecible y no ofrece nada nuevo, pero la perspectiva de que alguna nueva escena onírica nos asalte hace que se vea con mucha intriga. Es una intriga que no está generada por la historia sino por la extraña manera en que se nos cuenta esta historia. Así, una escena tontorrona en la que unos beatnicks discuten de arte puede estar seguida de un paisaje alucinante que sirve de fondo a una escena delirante que a su vez puede estar seguida por un brutal asesinato en el cual puede o no que aparezca un vampiro.

Por tanto, vale la pena aguantar las mediocres interpretaciones de algunos actores y actrices (excepto Sid Haig, él siempre mola) para que nuestros ojos se vean regalados con alguna imagen asombrosa. Además, hay un momento en que me incorporé alucinado por la aparición (no acreditada) de ¡Patrick Magee! Nombre que de buenas a primeras puede que no os diga nada pero seguramente lo recordaréis por sus apariciones en los clásicos de Stanley Kubrick La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971) -es el escritor que se venga de Alex- y Barry Lyndon (1975), así como aparece en varias películas de terror de la Amicus y en el film de Lucio Fulci Black Cat (Gatto nero) (1981). Tampoco está acreditado el cameo que hace el propio Roger Corman.

Blood Bath proporciona grandes dosis de diversión si os gustan las películas más raras que un perro verde. La historia no tiene mucho sentido, pero está llena de momentos inolvidables (especialmente el grandioso clímax) y chicas en bikini bailando. Como era la costumbre de Corman, el film se reestrenó con otro título pasado un tiempo: Track of the Vampire. Con este título se puede encontrar en DVD junto a Nightmare Castle (Amanti d'oltretomba, Mario Caiano, 1965). La calidad no es la mejor que se podría esperar, pero esperemos que aparezca algún día alguna edición completa remasterizada.



6 comentarios:

Patricia dijo...

Tengo que verla :)

Roy D. Mustang dijo...

Me la apunto. Mejórate, Raül.

Jose Joaquin G.H dijo...

Tarde... ya tengo un resfriado de narices...

Raül Calvo dijo...

Patricia, más que verla se saborea, especialmente para quitarte el regusto de pelis como la última de Haneke.

Roy, espero que la disfrutes como se merece.

Jose Joaquin G. H, lo siento, no sabía que mis poderes eran tan grandes!

Einer dijo...

Uff, menos mal que me libro del ataque del constipado porque acabo de resucitar a unos zombis y sería ya demasiado combatir zombis y sonarme los mocos.

Sólo con el póster ya me habías convencido, sobre todo por la frase de arriba del todo, pero es que encima la historia es divertidísima. La buscaré aunque sólo sea por ver en que acabó una producción tan caótica.

Raül Calvo dijo...

Extraño, no recuerdo haber hecho ninguna invocación esta semana para levantar a los muertos.

Desde luego, el póster capta toda la sutileza y elegancia de la película. Nada como tres signos de exclamación y grandes mayúsculas para que un mensaje quede claro. Y a pesar de todo el caos, se entiende mejor Blood Bath que una escena de acción de Michael Bay.

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