10 dic. 2013

Baby Blood


La verdad es que me parece fantástica la comodidad de poder descubrir películas raras o desconocidas para mí visitando páginas por la red de redes, pero, de vez en cuando, hecho de menos aquellas tardes en las que cogía el walkman y un par de cintas de música y me disponía a buscar y explorar aquellos videoclubes que se cruzaran en mi camino. Fue de este modo que me encontré con la producción francesa Baby Blood (Alain Robak, 1989).

Baby Blood era una película que llevaba tiempo buscando en la sección "terror" de cualquier videoclub en el que entrara, desde que leí sobre ella en Sangre, sudor y vísceras: Historia del cine Gore de Manuel Valencia y Eduardo Guillot. Lo que me hizo buscarla fue no solo su argumento, también este párrafo en el que Valencia y Guillot escriben:

Robak se sirve del gore para subvertir el propio subgénero y alcanzar un público más amplio e intelectual. Algo encomiable, pero de dudoso resultado a posteriori, ya que los fans teenagers probablemente solo se quedarán con el mensaje hemoglobínico, y la audiencia más exigente ni tan siquiera se acercará a la sala de proyección asustada por un título que, a priori, solo ofrece vísceras y generosos chorros de sangre.

Siendo como era un adolescente en el momento de leer estas líneas me prometí demostrar a Valencia y Guillot que no me interesaban solo las vísceras y podía ser un adolescente tan exigente como el que más.  Aunque era una razón bastante idiota para querer ver una película, con el tiempo me alegré de haberlo hecho ya que es un film muy interesante y curioso, además de divertido y sangriento.

El film empieza por el principio: la creación de la Tierra. Una voz en off nos describe cómo sucedió ya que él/eso fue testimonio del evento. Al cabo de unos millones de años, esta misteriosa consciencia decide que ha llegado la hora de nacer. Su primer intento, usando un animal, no funciona demasiado bien, así que decide (comprensiblemente) introducirse en el voluptuoso cuerpo de Yanka (Emmanuelle Escourrou). Empieza entonces una terrible odisea para Yanka, ya que la criatura que está gestando en su interior exige ser alimentada con sangre humana.

La primera mitad de la película nos muestra los esfuerzos de Yanka por intentar comprender lo que le ha sucedido y luchar contra las exigencias de la criatura en su interior. La segunda mitad se centra en la relación entre Yanka y la criatura, una vez Yanka ha decidido colaborar con la criatura, aunque no es una relación muy fácil. Esta segunda parte es la más divertida e interesante, principalmente por la manera en que nos muestra la relación que se va desarrollando entre Yanka y el monstruo primigenio que espera nacer pronto.

La continua lucha de Yanka, entre aceptar su destino y rebelarse a él, es uno de los puntos fuertes del film, pero no funcionaría si no se le hubiese dotado a la criatura con una personalidad a medio camino entre lo irritante y lo puro malévolo que recuerda a la relación entre Brian y Aylmer en la obra maestra de Frank Henenlotter Brain Damage (1988). Esta relación es también lo que hace que este film no sea una típica producción de serie B, pero sin dejar de lado el humor negro y la sangre.

Al final resulta que Valencia y Guillot no estaban muy desencaminados. Baby Blood es un film que gustará al espectador que simplemente quiera pasar un buen rato con una película "monstruosa", pero que puede satisfacer también a los aficionados que busquen algo más que simplemente ver chorros de sangre llenar la pantalla o un film con un poco más de clase. Pero el público ideal de Baby Blood creo que es la gente como yo, que gusta y disfruta según el momento tanto las simples diversiones sangrientas como los filmes más exigentes, ya que este film es ambas cosas.

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