18 mar. 2015

Zardoz

 
No sé si a vosotros os pasó lo mismo, pero recuerdo que la primera vez que vi Zardoz (John Boorman, 1974) me quedé no poco estupefacto. Ya debería haber sospechado cuando el presentador que normalmente introducía las películas en el programa Cine Club (cuando La 2 era TVE2) no apareció, como si hasta ellos se hubieran dado por vencidos.

Al principio, la película ya anuncia que lo que vamos a ver tiene elementos satíricos. Nos lo anuncia la cabeza flotante de Arthur Frayn (Niall Buggy), que más tarde jugará un papel en la trama. Zardoz está ambientada en un lejano futuro, en el que la sociedad está divida entre unos bárbaros que se dedican a cazar, matar y controlar a hombres y mujeres en nombre del dios Zardoz; y una sociedad de privilegiados inmortales que se benefician del trabajo de los esclavos y bárbaros. Zed (Sean Connery) se cuela dentro de la cabeza flotante de Zardoz y se introduce en la sociedad de estos privilegiados humanos.

Hasta aquí, más o menos la película se entiende sin problemas. A medida que seguimos las peripecias de Zed en esta sociedad futura, los elementos satíricos y de crítica social son evidentes. Pero poco a poco, a medida que avanza la trama, la película se va haciendo cada vez más delirante. Elementos que hacen de ella una película inolvidable, aparte del hecho de que Connery se pasa toda la película medio desnudo (muchas gracias, señor Boorman. No podía ser Charlotte Rampling la que se pasara la peli así, no).

Por supuesto, el hecho de que sea inolvidable de tan peculiar forma puede hacer que para muchos Zardoz sea un truñaco de proporciones épicas. Pero para mí hace que sea una divertida experiencia, lo que algunos calificarán de puro masoquismo, sin duda. Es también una película de ciencia ficción que no tenía miedo de ser una auténtica película de ciencia ficción y no una cinta de aventuras y acción disfrazada con elementos futuristas. Una película que no ofrece respuestas al espectador, lo cual también hace que sea una película que se queda contigo aunque hace mucho que no se ve.
 

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