15 jun. 2015

Drácula (Dracula, 1958)

 
La semana pasada Christopher Lee murió, pero su legado y su obra siguen muy vivos. Lee sigue siendo un mito, una leyenda, un icono del cine de terror, incluso desde más allá de la tumba. Nada mejor para rendirle homenaje que repasar la película que empezó a convertirlo en una estrella del terror junto al gran Peter Cushing, pero que también inició el momento álgido de la productora Hammer como creadora de clásicos del género. Me refiero, obviamente, a la clásica obra maestra Drácula (Dracula, Terence Fisher, 1958).

Desde finales de los años 40, Lee había estado trabajando como actor, principalmente en pequeños papeles, pero realmente no llama la atención hasta que se estrena La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein, Terence Fisher, 1957), interpretando a la criatura que crea Victor Frankenstein, al que daba vida Cushing. La primera de las películas de terror gótico inspiradas en las creaciones de la Universal de los años 30 que tanto éxito le traería a la Hammer. El mismo equipo (la pareja protagonista formada por Lee y Cushing, el director Fisher y el guionista Jimmy Sangster) se reuniría de nuevo para Drácula, un film en el que el estilo Hammer se afianzaría, consistente en mezclar terror con unas dosis de erotismo (en aquella época sugerido pero ya en los 70 mucho más explícito). Esta mezcla de Eros y Tánatos queda perfectamente plasmada en la publicidad inglesa que se ideó para el estreno de la película, como podéis ver en este póster en el que la víctima de Drácula no parece aterrada, precisamente:


El guion de Sangster condensa enormemente la acción de la clásica novela de Bram Stoker, lo que se traduce en un film de ritmo rápido en el que se conservan las escenas más recordadas de la novela (y que normalmente suelen aparecer en las adaptaciones de este clásico). Este ritmo casi frenético casa perfectamente con el Drácula de Lee; un Drácula energético, de imponente presencia y cargado de una soterrada energía sexual, muy evidente para sus más que dispuestas víctimas femeninas. De hecho, estoy convencido que es el Drácula de Lee el que inspiró el Drácula que protagonizó la fantástica colección de cómics de los 70 La tumba de Drácula de la Marvel. El Van Helsing de Cushing no se queda atrás, presentándose aquí como un hombre de acción, en boca del cual se relaciona por primera vez de forma explícita vampirismo con drogodependencia.

Por supuesto, en un primer momento la censura británica intentó eliminar muchos de estos elementos, aunque no pudo hacerlo del todo, lo que no impidió que hubiese cierta polémica en el estreno de la película en Inglaterra. Por suerte, recientemente se descubrió una copia japonesa de la película que incluía las escenas eliminadas por la censura. Esta versión sin censurar está incluida en la edición en Blu-ray de la película llevada a cabo por la filial británica de Lions Gate (no estoy seguro de que sea la versión de la pobre edición española, ya que la carátula no aclara nada, incluso indica que la película es en blanco y negro cuando en realidad es en fantástico color).

No cabe duda de que entre las muchas adaptaciones de Drácula, esta película está entre las mejores. Capta la esencia de la historia a la perfección y nos ofrece grandes momentos icónicos como la aparición de Drácula al principio del film o la primera vez que vemos a Cushing como Van Helsing atravesando con una estaca a una bella vampira (¿qué pensaría Freud de esto?). Un clásico indispensable.


2 comentarios:

Roy D. Mustang dijo...

¡Obra maestra! :D

Raúl Calvo dijo...

Poco más que añadir, está todo dicho!

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