20 feb. 2012

Feminismo contra fantasía masculina: Terminal Island de Stephanie Rothman


Creo que el cine es un tipo de arte corrupto y comprometido, una combinación de negocio y arte. Y creo que los cineastas que lo tratan simplemente como un negocio fallan. Una película orientada exclusivamente al negocio es demasiado vulgar. Tiene que tener algo más. Para mí, las películas exitosas son aquellas que son ligeramente corruptas, que intentan ser a la vez negocio y arte, sabiendo que no pueden ser completamente artísticas y que nunca deben ser sólo negocio.
Roger Corman.

Terminal Island (Stephanie Rothman, 1973) es Battle Royale (Batoru rowaiaru, Kinji Fukasaku, 2000) antes de Battle Royale y 1997: Rescate en Nueva York (Escape from New York, John Carpenter, 1981) antes de 1997: Rescate en Nueva York. Stephanie Rothman combina tópicos carcelarios y sátira en una entretenida exploitation con saludables dosis de desnudos y violencia.

Stephanie Rothman fue de las primeras directoras (y durante un tiempo casi la única) en trabajar dirigiendo películas exploitation, mientras en Hollywood las puertas seguían firmemente cerradas a las directoras, oportunidad que le fue dada por Roger Corman. La corta carrera de Rothman se caracteriza por dirigir películas dentro de géneros bien específicos pero a los cuáles les añadió un toque personal, que introducía en los guiones que coescribía, consistente en tratar temas de importancia social y añadir ciertas dosis de feminismo a los personajes y las historias. Ejemplos de este particular estilo de Rothman sería la anteriormente comentada aquí The Velvet Vampire (1971) o la primera película que estrenó la New World de Roger Corman (y primer gran éxito de la compañía) The Student Nurses (1970), en la cual trata el tema del aborto, entonces ilegal en Estados Unidos, el tipo de tema social que Hollywood, que avanza junto a los cambios sociales con la rapidez de un abuelo al que le han quitado su andador, no tocaba ni refería.

Terminal Island es la película más interesante de Rothman en este aspecto. Henry Jenkins, en su libro The Wow Climax: Tracing the emotional impact of popular culture, le dedica un capítulo a esta directora (Exploiting Feminism in Stephanie Rothman's Terminal Island)  y trata, de forma más elocuente y articulada de lo que haré yo aquí, las contradicciones que presenta este film cuando comparmos la forma en que fue promocionado (ved el póster y el tráiler que tenéis abajo) con la película que el espectador se encuentra realmente. Tanto el póster como el tráiler enfatizan los aspectos más comerciales del film, la violencia y los desnudos, de un modo que atraiga al potencial espectador masculino, incidiendo no sólo en la "explotación femenina", también en la curiosa mezcla de racismo y exaltación racial que se daba en la blaxploitation. De hecho, durante décadas las mujeres y los afroamericanos fueron representados -cuando lo eran- desde la misma perspectiva: la del hombre blanco. Esta representación tópica fue progresivamente cambiando gracias a profundos cambios sociales y a las películas independientes y de bajo presupuesto, de nuevo: Hollywood no se adapta con la rapidez deseada a los cambios que se producen en la sociedad.

Sin embargo, el espectador que se adentra en Terminal Island se encuentra algo más interesante de lo que puede a parecer a simple vista desde el mismo momento que arranca la película. El argumento del film gira en torno a una supuesta abolición de la pena de muerte. En California, para ahorrar los costes que representaría mantener a un montón de presos y presas condenados a cadena perpetua, deciden crear una ley según la cual los condenados a la pena de muerte son exiliados y enviados a una isla, abandonados a su suerte y considerados legalmente muertos, en la cual de vez en cuando envían provisiones. En lugar de recurrir a un texto explicativo, la película, de forma bastante interesante y curiosa, nos pone en antecedentes utilizando un imaginado documental que están haciendo en una cadena de televisión sobre la isla. Las opiniones de los entrevistados, así como las actitudes de los periodistas y su jefe, nos ofrecen una divertida sátira de la televisión basura y el amarillismo periodístico, que sigue siendo bastante actual, a la vez que de forma rápida y atípica se nos presentan a los que serán los protagonistas de la película. Jenkins, en el artículo mencionado anteriormente, señala algo que no se me había ocurrido: este prólogo de la película sirve también como parodia de la propia creación del tipo de películas que se hacía en la factoría Corman, con el jefe haciendo de Roger Corman -aunque por entonces Rothman ya no trabajaba en la New World- y una periodista muy parecida a la propia Rothman encarnando a la directora.

Tras este prólogo arranca la historia con Carmen (Ena Hartman), una nueva prisionera abandonada en la isla. Carmen representaría al personaje tipo que Pam Grier encarnó en diversas películas de cárcel de mujeres. Muy pronto se encuentra con el doctor Milford (Tom Selleck) que le pone en antecedentes sobre la situación en la isla. Existen dos grupos: uno bien organizado y preparado, otro que sobrevive como puede. Carmen opta por ir al bien preparado, claro está.

Este grupo bien preparado es uno de los elementos más cargados de simbolismo y sátira, al tiempo que es el lugar en el cual las peores fantasías masculinas se representan, aunque retorcidas y deformadas. El campamento está dirigido por Bobby (Sean Kennedy), un psicópata sanguinario con una curiosa debilidad: le tiene miedo a la oscuridad. La mano derecha de Bobby y subordinado es Monk (Roger E. Mosley). Carmen se dirige a Monk esperando cierta simpatía al ser ambos afroamericanos, sin embargo Monk, por orden de Bobby, rápidamente somete físicamente a Carmen y establece su posición de dominio.

Carmen descubre entonces que las mujeres del campamento son encerradas en una porqueriza y sometidas a una doble esclavitud: por la mañana trabajando y encargándose de cocinar, por la noche obligadas a mantener relaciones sexuales con los prisioneros. Una situación que no hace muy feliz a Carmen, la cual enseguida se pone a idear planes para escapar.

No hay que ser un genio del subtexto para ver que este campamento brutal "de los malos" es una versión caricaturizada de la sociedad contemporánea.  Bobby encarna al patriarca, el macho dominante por antonomasia, que en ocasiones actúa como un niño asustado.

Las cosas cambian cuando las mujeres, al estilo Rapto de las Sabinas, son liberadas y se unen al grupo más "desorganizado", a los débiles. Este grupo más igualitario, en el cual actúa como lider A. J. (Don Marshall), permitirá a las mujeres establecer relaciones de igualdad y también que se desarrollen sus habilidades e intelectos. Carmen fabrica veneno para usarlo como arma contra el grupo de Bobby y Lee (Marta Kristen) descubre la manera de hacer pólvora y comanda a los hombres de manera que consiguen varias armas explosivas. Por otro lado, Joy (Phyllis Davis) decide con libertad que hacer con su cuerpo y con quién hacerlo, en lugar de verse sometida al capricho de los hombres.

La película pasa a centrarse entonces al enfrentamiento entre ambos grupos, o lo que es lo mismo: el enfrentamiento simbólico entre la sociedad tradicional patriarcal y una nueva sociedad ideal sin prejuicios raciales o sexuales. Todo esto se hace dentro de los confines del estilo exploitation de puro entretenimiento, manteniendo entretenido al espectador con diversas escenas de acción y desnudos.

Terminal Island es un ejemplo de arte subversivo, o cine "corrupto" como diría Roger Corman, por la manera en que utiliza los tópicos para atraer a los espectadores, al tiempo que subvierte y desmonta esos mismos tópicos. Lo hace, además, sin olvidar que el objetivo principal del film es entrener, algo que consigue de principio a fin. Edición en DVD de Code Red.

2 comentarios:

Einer dijo...

Joder, parece buenísima. Según iba leyendo es verdad que recuerda a Battle Royale y Rescate en Nueva York. Habrá que pillarla.

Raül Calvo dijo...

Yo no me esperaba gran cosa y me divirtió bastante.

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