19 oct. 2015

Asesino inocente (Nightmares)

 
Se ha de reconocer el mérito de una película que convierte en virtudes lo que en otras serían defectos. Asesino inocente (Nightmares aka Stage Fright, John D. Lamond, 1980) carece de muchas cosas, pero, desde luego, aburrida no es.

La pequeña Cathy (Jennie Lamond) provoca un accidente en el que muere su madre. Traumatizada, Cathy pasa su infancia en un hospital. Años más tarde, convertida en una joven adulta, se ha cambiado el nombre por el de Helen Selleck (Jenny Neumann) e intenta triunfar como actriz. Consigue un papel en una obra de teatro y todo parece fantástico, hasta que los relacionados con la obra empiezan a morir.

Desde el principio, la película deja bien claro quién es la asesina, así que en ese sentido no hay mucho suspense ni intriga. Argumento, lo que se dice argumento, tampoco tiene mucho. Básicamente, los asesinatos se suceden hasta que la película termina. Pero, a pesar de todo, Asesino inocente (bizarro título castellano) resulta tremendamente entretenida gracias al estilo con el que John D. Lamond la dirige. Esta producción australiana se ideó al calor de la fiebre slasher en Estados Unidos, pero el fuerte de Lamond era la comedia y el erotismo, así que mientras los elementos  terroríficos no resultan particularmente convincentes, sí que funciona la comedia, usada para conocer a los personajes, y nos ofrece, además, generosas dosis de desnudos. El resultado es, posiblemente, uno de los filmes de terror australianos más sórdidos y delirantes que se produjeron en la época esplendorosa de la ozploitation. El gran Brian -no el guitarrista de Queen- May acompaña las imágenes que construye Lamond de una gran partitura, muy herrmanniana, lo que eleva la película en muchas ocasiones.

Si esta película hoy día es muy fácil de encontrar, es gracias al documental Not Quite Hollywood: The Wild, Untold Story of Ozploitation! (Mark Hartley, 2008), donde muchos la descubrimos. De hecho, en la edición en DVD hay un comentario de Lamond acompañado de Mark Hartley, con lo cual resulta obvio que si el film no hubiera aparecido en este documental, seguiría en la oscuridad. No es un film sofisticado, ni original, ni inteligente, pero ofrece una visceral y divertida experiencia.


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