7 mar 2011

La locura se instala en la Fiscalía de Barcelona/Recordando Matrix

Tan tranquilo estaba este fin de semana preparando un post sobre la película Matrix (The Matrix, 1999) de Andy y Lana Wachowsky cuando leo en El País que la Fiscalía de Barcelona ha presentado una denuncia contra Ángel Sala, director del Festival de Sitges, acusado de exhibir pornografía infantil por proyectar la película A Serbian Film (Srpski film, Srdjan Spasojevic, 2010). La noticia (que podéis leer entera en la web de El País) coincidía con el premio especial que recibió la película en el festival portugués de cine fantástico Fantasporto.

¿Qué puede decir uno ante semejante despropósito? ¿Cómo expresar la vergüenza que siento ahora por tener una institución capaz de semejante estupidez en mi ciudad? ¿Acaso para que algo sea pornográfico en primer lugar no ha de ser real? La diferencia entre el cine erótico y el cine pornográfico es que en el segundo el sexo no es simulado. La conclusión a la que llega uno es bastante obvia: la Fiscalía de Barcelona no sabe distinguir entre realidad y ficción.

Ángel Sala puede que vaya a la cárcel por exhibir una película en la cual hay una escena en la que se simula (se-si-mu-la) la penetración anal en un muñeco de látex que pretende ser un bebé y una escena en la cual se simula la violación de un niño: escena en la cual el niño está oculto todo el tiempo bajo una sábana (con lo cual no se ve nada) y por la manera en que está editada es posible que ni siquiera estuvieran el hombre y el niño juntos en la misma habitación en el momento de filmarla.

En fin, solo cabe que la cordura regrese pronto a la Fiscalía y todo se solucione pronto para Ángel Sala.

Pasemos al tema original del cual yo quería hablar.


El verano de 1999 se estrenó Matrix iniciando toda una fiebre y un reguero de imitaciones y parodias que tardaron un tiempo en desaparecer. Tuve la suerte de ver la película en el momento de su estreno, antes de la oleada matrixera, ya que si no le habría cogido una manía a la película que habría sido injusta.

El problema es que vi la película, y me gustó ya que vi en ella un montón de cosas que había visto en otras películas de ciencia-ficción y anime, pero el entusiasmo exagerado de la gente que se pensaba que todo se lo habían inventado en Matrix hacía que me sintiese frustrado y que hasta me hicieran rabiar todos aquellos aquellos que se vestían como los personajes de la película, repitiendo diálogos de la misma sin saber que esas frases habían salido de otros libros y películas. Es como lo que pasó con la serie Perdidos (Lost), una serie de ciencia-ficción que fue vista por mucha gente que no conocía el género, ya que por ignorancia asocian la ciencia-ficción con naves espaciales, robots y extraterrestres. Por ello, una serie tan profunda, dramática y significativa como la nueva Battlestar Galactica no tiene el reconocimiento que se merece.

Pero, volviendo a Matrix, ahora que ya hace tiempo que se estrenó, uno puede a pararse a analizarla con un poquito más de perspectiva sin que la locura del momento afecte de manera injusta la apreciación de la película. También uno se da cuenta como en apenas un par de años, el cine de Hollywood convirtió en cansino cliché cosas que se llevaban haciendo en Japón y Hong Kong durante décadas.

Ya os he dicho que la película me gustó, y me sigue gustando, pero eso no hace que no sea consciente de los fallos que tiene. El principal es que es tremendamente pretenciosa. Los Wachowski intentan desesperadamente crear una película que sea profunda y por ello la llenan de referencias literarias y cinematográficas, además de crear unos diálogos tremendamente artificiales y rimbombantes en consonancia con las secas interpretaciones del reparto.

Pero cuando uno escava a través de las referencias y los diálogos artificiales y la innecesaria complicación de una trama bastante simple se encuentra con nada. El problema es que como los Wachowski pretenden que su película parezca profunda se acaba por hacer evidente que no lo es. Algo semejante sucedió con la adaptación que hicieron de la novela gráfica V de Vendetta de Alan Moore y David Lloyd, en la cual eliminaron todo aquello que hacía V de Vendetta original y diferente y la convirtieron en  una historia  típica de distopía llena de clichés.

Los Wachowski deberían haberse dado cuenta de que para hacer una película profunda o existencialista lo mejor es la sencillez y la simplicidad. Si habéis visto el documental Dangerous Days: Making Blade Runner (Charles de Lauizirika, 2007) recordaréis como los creadores de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) repiten que lo único que pretendían era hacer una simple película entretenida de ciencia-ficción. Al centrarse en contar una historia que parte de una premisa simple permitieron que los elementos más profundos de la historia fluyeran hacia la superficie. Del mismo modo, películas tremendamente profundas y existencialistas como las road movies Punto límite: cero (Vanishing Point, Richard C. Serafian, 1971) y Carretera asfaltada en dos direcciones (Two-Lane Blacktop, Monte Hellman, 1971) aprovechan al máximo el minimalismo y la sencillez de sus historias para llegar más allá y crear películas que son mucho más de lo que aparentan.

Incidentalmente, mencionar que Two-Lane Blacktop es una de mis películas favoritas, por ello me entristece que su post no tenga apenas visitantes. Id a echarle un vistazo al post y luego ved la película. Os sentiréis mejor por la mañana.

Matrix es como un hombre que se mete un calcetín en el paquete o una mujer que lleva wonderbra: promete más de lo que realmente ofrece. Pero cuando la película deja de lado la pedantería y las referencias y se dedica a ser sólo una película de acción de ciencia-ficción, es cuando alcanza altas cotas de brillantez, resultando tremendamente espectacular y excitante. Y el último tramo de la cinta, que narra el rescate de Morfeo (Laurence Fishburne), es el que hace la película inolvidable, igual que la secuencia en la cual conocemos a Trinity (Carrie-Anne Moss).


Robert Zemeckis y Bob Gale comentan en referencia a Regreso al futuro (Back to the Future, 1985) que el final en el cual el Delorean se va volando hacia el futuro no era más que un chiste y nunca pretendieron ni planearon hacer una continuación, mucho menos una trilogía. Si lo hubieran planeado no habrían puesto a la novia de Marty (Michael J. Fox) en el coche con ellos, ya que fue luego un problema con el que tuvieron que lidiar. En Matrix tuvieron un problema semejante al hacer que terminara con el personaje principal volando. Como señalan muy bien Edgar Wright y Quentin Tarantino, en el tremendamente interesante comentario conjunto que hacen en el DVD y Blu-ray de importación de Hot Fuzz (2007), terminar de ese modo la película planteó un serio problema para las continuaciones y fue una de las razones principales por las que las secuelas resultaron tan decepcionantes, ya que no pudieron cumplir las expectativas que habían creado.

Matrix Reloaded (The Matrix Reloaded, Andy y Lana Wachowski, 2003) es la continuación en la cual los errores cometidos por los Wachowski en el guion  de la primera se reproducen y aumentan. La parte negativa es que echa por tierra las grandes expectaciones creadas a raíz de la primera entrega, la parte positiva es que es muy disfrutable si la ves como una comedia. Los diálogos pedantes alcanzan unas sublimes cotas de ridículo, más cuando van acompañadas de unas interpretaciones envaradas en las cuales los actores se dedican a recitar el diálogo como si estuvieran haciendo Macbeth. La patillera recuperación del Agente Smith (Hugo Weaving), Neo (Keanu Reeves, más soso que nunca) vestido como un cura de la posguerra son otros elementos que sumados a la creencia por parte de los Wachowski de que estaban inventando la rueda crean una película que tomada en serio resulta ridícula.

Pero, como ya he dicho, lo mejor es no tomarse la película en serio y disfrutarla como una comedia. Una comedia involuntaria pero no por ello menos divertida.


Sin embargo, la decepción suma llegaría con la tercera entrega Matrix Revolutions (The Matrix Revolutions, Andy y Lana Wachowski, 2003), que ya venía precedida por uno de los peores tag-lines que he visto: Todo lo que tiene un principio tiene un final. De nuevo, un tag-line que encaja con la película, que está tan vacía de significado como la frase que la anuncia.

Los Wachowski fracasan en su intento de crear un gran épico final ya que son incapaces de que el espectador sienta nada por los personajes que pueblan la película. Un triste final para una trilogía que hubiera ganado más si se hubiera dejado en el final abierto y lleno de posibilidades de la primera entrega.

Y si antes de Matrix los Wachowski nos regalaron la genial Lazos ardientes (Bound, 1996), la carrera de los hermanos cineastas ha experimentado un bajón en cuanto a poder e influencia, especialmente cuando después de las decepcionantes continuaciones de Matrix estrenaron Speed Racer (2008), un monumental fracaso crítico y de taquilla. Sin embargo no pierdo la esperanza de que los hermanos Wachowski vuelvan a ofrecernos películas interesantes.

4 mar 2011

M.A.S.H. (MASH)



Como mucha gente de cierta edad, durante mucho tiempo el único M*A*S*H que conocí fue la serie de televisión que daban en TVE1, emitida en Estados Unidos desde 1972 hasta 1983. Desde aquella primera emisión no he vuelto a ver la serie, con la excepción de unos episodios de la primera temporada que le regalé a mi madre en DVD porque era su serie favorita, pero aún recuerdo claramente un episodio en el que los protagonistas se dedicaban a hacer una competición de bromas y que terminaba con Alan Alda cantando encima de una mesa con los pantalones bajados.

El estreno en 1992 de El juego de Hollywood (The Player) de Robert Altman hizo que me interesara por la carrera de este director, ya que era una película que me había gustado mucho. Fue así como descubrí su clásico M.A.S.H. (MASH, 1970), que sirvió de base para la serie de televisión.

MASH relata las vivencias en un campamento hospitalario durante la guerra de Corea (1950-1953). Aunque la película se centra en tres cirujanos: "Hawkeye" Pierce (Donald Sutherland), John McIntyre alias "Trampero" (Elliott Gould) y Duke Forrest (Tom Skerritt); el resultado final es un film coral.

La película se basa en una novela escrita bajo pseudónimo, Richard Hooker, que fue adaptada por Ring Lardner Jr. Tanto el guion como la novela se ambientaban en Corea, ya que el escritor que se escondía bajo ese nombre había sido un cirujano en una unidad hospitalaria semejante durante esa guerra y se suponía que contenía muchas vivencias autobiográficas. Pero Robert Altman hizo todo lo posible para que pareciera que la película tenía lugar en Vietnam. De hecho, la Twentieth Century Fox le obligó a poner una serie de rótulos al principio indicando que la película transcurría durante la guerra de Corea y no Vietnam. Esfuerzo inútil, ya que cualquiera que vea la película la identificará con Vietnam.

Altman se propuso hacer un alegato antibélico. Por ello, ignoró la novela original y prácticamente desechó el guion de Lardner, trabajando con los actores para que improvisaran sus diálogos con los chistes y las bromas más obscenas que pudiesen pensar, ya que no había nada más obsceno que la guerra que estaba teniendo lugar en Vietnam. Estas bromas se contrastaban con escenas que tenían lugar en los quirófanos cuando llegaban soldados heridos, ensangrentados y dolientes. Altman desarrolló también una manera de filmar casi documental, con diálogos solapados y cámara al hombro, jugando también con el lenguaje narrativo, ya que la película se desarrolla de forma libre, sin una trama o argumento, simplemente vemos como viven los personajes durante un periodo determinado de tiempo. El director también añadió toques satíricos y de humor negro; especialmente recordada es la escena en la que se organiza una última cena y suicidio a beneficio del capitán "Sin Dolor" Waldowski tras una fallida relación sexual. Escena para la cual el hijo de Altman, Mike, escribió las letras de una canción titulada Suicide Is Painless, con música de Johnny Mandel, que se convirtió en un éxito (recientemente Marilyn Manson hizo una versión) y como resultado el hijo de Altman ganó diez veces más dinero que su padre con la película.

Lardner se llevó un gran disgusto cuando vio MASH y comprobó que su guion había desaparecido de la película. Supongo que se le pasó el disgusto cuando le dieron el Oscar al mejor guion adaptado.

El resultado final fue una película anti-Vietnam y antibélica tremendamente divertida. Fue un grandioso éxito de taquilla, aunque a las autoridades militares no les gustó pero a los soldados sí, entre el gran público y la contracultura pacifista. La película funciona como comedia aún hoy, cuando también se ha de considerar como una de las primeras obras cinematográficas que marcarían la edad dorada del cine americano gracias a un grupo de directores, como Martin Scorsese, que cambiarían el cine americano y llevarían a cabo una revolución artística dentro de los grandes estudios que terminó o evolucionó (depende del punto de vista) cuando Steven Spielberg y George Lucas iniciaron la era de los blockbusters.

Dejando el mensaje de la película aparte, hay que destacar que MASH plantó las semillas para un estilo de comedia que luego floreció en la clásica Desmadre a la americana (Animal House, John Landis, 1978). Películas en las cuales está presente un fuerte espíritu anárquico y rebelde, en las cuales vemos como un grupo de personajes lleva a cabo una serie de bromas o trastadas cómicas cuyo objetivo son figuras autoritarias, represivas, conservadoras e hipócritas. Protagonizadas siempre por personajes que resultan simpáticos al espectador, personajes con los que te gustaría irte de fiesta. Sin embargo, las películas posteriores al éxito de Animal House se poblarían de adolescentes idiotas cuyas acciones son simplemente una celebración de la estupidez y la inmadurez, e irían progresivamente perdiendo calidad al recurrir en exceso al humor fácil.

Resumiendo, MASH es un clásico tanto por su contenido antibélico, su seminal estilo y porque te ríes mucho viéndola.

3 mar 2011

Ojos muertos que te observan



El museo de cera y la mística de sus figuras han sido temas habituales en el cine de terror. Ya sea como localización o tema central, las hieráticas figuras de cera han protagonizado diversas películas y relatos en las cuales ocultaban terribles secretos o volvían a la vida para atormentar a pobres e inocentes víctimas. Y no es de extrañar, ya que hay pocas cosas que resultan tan inquietantes como un museo de cera, lleno de figuras que parece que te siguen con la mirada.

Desde series como La dimensión desconocida (The Twilight Zone) y películas fantásticas como Waxwork: Museo de cera (Waxwork, Anthony Hickox, 1988) hasta antologías como La mansión de los crímenes (The House That Dripped Blood, Peter Duffell, 1971), hay muchas historias ambientadas en museos de cera o con figuras de cera para escoger, sin embargo me voy a centrar en una historia en particular que ha sido llevada cuatro veces al cine.

Los crímenes del museo (Mystery of the Wax Museum, Michael Curtiz, 1933): El director de Casablanca (1942) fue el primero en relatar la historia de un escultor de figuras de cera, Ivan Igor (Lionel Atwill), que tras sobrevivir un intento de asesinato se venga matando gente y usándola como base para sus figuras de cera. La reportera Charlotte Duncan (Fay Wray) será la encargada de investigar que sucede en el museo de cera de Ivan Igor.

Esta humilde producción de serie B se convirtió en un éxito. La película fue producida antes de la implantación de la censura en el cine americano, así que están presentes diversos elementos que luego serían desterrados de la pantalla durante un largo tiempo. La película no da miedo ni resulta particularmente inquietante actualmente, pero sí que es bastante entretenida gracias a los diálogos rápidos y los chistes incorrectos actualmente, ya que entonces no lo eran, como los comentarios que hacen dos encargados de la morgue sobre el cadáver de una mujer asesinada por su marido "porque no se callaba". También destacan los elementos de puro pulp presentes en la historia y la intrincada trama de intriga. La película fue filmada en un sistema llamado bi-color, que era uno de los primeros intentos de hacer cine en color. Debido al extraño aspecto que tenían las películas en ese formato fue abandonado rápidamente. Algunas escenas y motivos presentes en esta versión se mantendrían en futuras interpretaciones.

Los crímenes del museo de cera (House of Wax, André De Toth, 1953): Filmada en 3-D y con sonido estereofónico, la película se estrenó con los últimos avances tecnológicos que se habían dado en el cine, lo que resalta con el contenido clásico de la película. La película fue protagonizada por el gran Vincent Price como el profesor Henry Jarrod, cuyo museo de cera tiene figuras un poco demasiado reales.

La película tiene el mismo punto de partida que Los crímenes del museo, pero la trama es más sencilla y se centra en los asesinatos para crear las figuras de cera. La ambientación de principios del siglo XX le da un aire que recuerda un poco a las adaptaciones cinematográficas de Los crímenes de la Rue Morgue de Edgar Allan Poe. Sorprende que sea mucho más conservadora y correcta que la anterior realizada 20 años antes. Si en el título de 1933 había una mujer protagonista, aquí las mujeres son meras víctimas a la espera de ser rescatadas. Pero también conserva los toques pulp de la historia, y los ataques del desfigurado monstruo hacen que resulte un título entretenido para los aficionados. Fue uno de los primeros villanos memorables que interpretó el maestro Price. Y también una de las primeras apariciones de Charles Bronson.

Hay que destacar también que, aunque la película fue estrenada en 3-D, no está plagada de los gags fáciles y de personajes lanzando cosas a la pantalla que abundaban en aquel momento y que se puede disfrutar actualmente en 2-D sin que resulte molesto. La única escena parecida tiene lugar al principio, con un anunciante del museo lanzando pelotas hacia la audiencia.

En definitiva, es un título bastante simpático, del que guardo buenos recuerdos al verla cuando era pequeño en la televisión. De hecho, cuando era pequeño sí que daba miedo, pero ahora la disfruto más por su encanto inocente y el maestro Price.


La máscara de cera (M.D.C. Maschera di cera, Sergio Stivaletti, 1997): Siendo puristas, está película realmente no debería estar aquí. Sin embargo, aunque usaron como inspiración las novelas góticas de Gaston Leroux (ninguna en particular, sino la atmósfera de las mismas) del cual Dario Argento es un gran admirador, la película hace homenaje al cine gótico de terror y no faltan las referencias a Los crímenes del museo de cera, así que me he decidido a incluirla.

La película surgió como un proyecto ideado por Dario Argento como vehículo para devolver a Lucio Fulci a la actualidad y a la primera línea cinematográfica. Lucio Fulci fue un director italiano que poseía un gran ojo y era capaz de realizar películas cargadas de estilo y elegancia. Por desgracia, el gran éxito que tuvieron una serie de películas fantásticas llenas de escenas gore como la estupenda El más allá (E tu vivrai nel terrore - L'aldilà, 1981) provocaron que quedara encasillado en el género y que le fueran ofreciendo productos de cada vez peor calidad para dirigir. Así, mientras que durante toda su carrera había ido cultivando diversos géneros y mostrado una gran destreza a la hora de crear imágenes sublimes, a partir de mediados de los ochenta la carrera de Fulci entró en decadencia, filmando películas muy alejadas de su talento.

Pero a mediados de los 90, Argento le ofrece a Fulci la posibilidad de dirigir La máscara de cera. Fulci aceptó con entusiasmo el proyecto y se pusieron a trabajar ambos en el guion junto a Daniele Stroppa. Por desgracia, Fulci murió de manera inesperada poco antes de empezar a rodar. La silla del director la ocupó entonces Sergio Stivaletti, un maestro de los efectos especiales que llevaba mucho tiempo trabajando con Argento (desde Phenomena (1985) si no me equivoco). Aunque se dice que Argento codirigió la película, información que no he podido confirmar.

La película es un muy entretenido pastiche que recoge elementos de Edgar Allan Poe, Gaston Leroux, el cine gótico y el pulp, aderezado todo con unos estupendos efectos especiales sangrientos en su justa medida. Es de agradecer la abundancia de bellas actrices italianas y una ambientación a principios de siglo XX que le da un aire decadente estupendo.

La película se inicia con un asesinato llevado a cabo por una misteriosa figura del que es testigo una niña que se ha escondido evitando la muerte. Unos años más tarde, en Roma, se abre un nuevo museo de cera que se irá llenando de nuevas figuras a medida que la gente vaya desapareciendo.

Éste es el tráiler alemán
La casa de cera (House of Wax, Jaume Collet-Serra, 2005): He de admitir que esta película me gustó más de lo que pensaba que me iba a gustar a primera vista. La verdad es que la fui a ver sólo porque era un proyecto de Dark Castle Entertainment, la productora dedicada al cine de terror que iniciaron Joel Silver y Robert Zemeckis que en un principio se dedicó a hacer remakes de películas de William Castle como House on Haunted Hill (1959). Curiosamente, la película empezó como un proyecto original pero le cambiaron el título para convertirla en una especie de remake de Los crímenes del museo de cera aunque no tienen prácticamente nada en común (aparte de las figuras de cera, claro).

La película me sorprendió por su mezcla de elementos típicos del cine de terror para adolescentes con toques realmente imaginativos visualmente, surgidos de la mano de Collet-Serra que exigió libertad creativa si los productores querían que dirigiese la película. Así, mientras el primer tramo de la película resulta un inicio bastante típico, se redime en un tremendo tramo final. La ambientación también me pareció muy conseguida, creando una gran ciudad fantasma llena de figuras de cera.

Es cierto que una de las actrices protagonistas es Paris Hilton, que al parecer había sido contratada antes de que Collet-Serra se pusiese al frente y como compensación supongo que le dieron la libertad antes exigida. Supongo que el director no estaba muy contento con tenerla allí, ya que le reservó la muerte más brutal de la película. Muerte que cuando llega no puedes evitar aplaudir, ya que mientras que en Repo! The Genetic Opera (Darren Lynn Bousman, 2008) Paris Hilton ofrece una actuación aceptable, en cierta manera se interpretaba a ella misma, aquí es bastante insufrible. Supongo que será una de las excepciones en las cuales el doblaje es beneficioso.

Paris Hilton aparte, la película es bastante divertida y entretenida. Pasé un buen rato viéndola, a pesar de que la gente tuerza el gesto y me diga: "¿realmente te gustó esa película?" cuando lo afirmo. Sí, me gustó. Es una montaña rusa que sólo pretende entretenerte durante hora y media, cosa que creo consigue.

2 mar 2011

This Is Spinal Tap


La primera vez que supe de Spinal Tap fue en un antiguo episodio de Los Simpson, creo que todavía lo daban por la 2. El caso es que la banda me llamó la atención, ya que realmente me gustaron. Sin embargo, en aquellos días previos a tener Internet en casa, conseguir información sobre cualquier cosa era especialmente difícil. Más teniendo en cuenta que, debido a la aparición en Los Simpson, pensaba que Spinal Tap era una banda real.

Sin embargo, un par de años más tarde, entre principios y mediados de los 90, me encontré con la película This Is Spinal Tap (Rob Reiner, 1984) en un formato mágico conocido como VHS. La encontré en Gorgon Video, una tienda dedicada al cine bizarro, de terror, serie B, rarezas e importación que se encontraba por la zona de la calle Tallers. Para los que no vivan en Barcelona, la calle Tallers es conocida por ser una zona donde se agrupan tiendas de música, general y alternativa, tiendas dedicadas a lo gótico y siniestro, ropa fuera de las grandes cadenas y tiendas curiosas en general. Por desgracia, Gorgon Video hace tiempo que dejó de existir y ahora ocupa su lugar una tienda dedicada a la música electrónica y los vinilos para DJs.

El caso es que encontré la película en vídeo y me dije: "así que esto es Spinal Tap".

This Is Spinal Tap es una hilarante, descacharrante y, en definitiva, divertidísima comedia de Rob Reiner en la cual somos testigos de las peripecias de la banda inglesa Spinal Tap en un tour por Estados Unidos promocionando el lanzamiento de su disco Smell The Glove. La película está rodada en forma de falso documental. Rob Reiner encarna a Marty DiBergi, director de documentales que se dedica a seguir a Spinal Tap allí por donde les lleva la música. Spinal Tap son: David St. Hubbins (Michael McKean), Nigel Tufnel (Christopher Guest), Derek Smalls (Harry Shearer) con Viv Savage (David Kaff) en los teclados y Mick Shrimpton (R. J. Parnell) a la batería.

Actualmente es difícil creer que el documental es real por la cantidad de caras conocidas que aparecen, pero en su momento el efecto estaba muy logrado. Obviamente, en cuanto el grupo abre la boca en la primera entrevista ya te das cuenta de que se trata de una comedia. De todas formas, parte del motivo por el que resulta tan divertida es porque tampoco está muy alejada de la realidad y muchas de las situaciones que aparecen reflejadas están inspiradas en anécdotas reales sucedidas a diferentes grupos de rock.

No es de extrañar que Spinal Tap sea la banda más ruidosa (y puntual) del mundo: sus amplificadores suben hasta 11

Tenéis que tener en cuenta que, a principios de los 80, el rock duro había degenerado prácticamente en la autoparodia. Una decadencia que luego seguiría con la moda del Hair Metal y que por suerte se empezaría a corregir hacia finales de los 80. Parte de la culpa de esta decadencia la tienen bandas como Deep Purple o Led Zeppelin, que cayeron en una espiral de épicas musicales egomaníacas en un intento de igualar los brillantes trabajos de sus inicios. Esta actitud se fue contagiando a otras bandas, que muy pronto creaban sus propias canciones de 25 minutos. Por otro lado, imitadores del gran Alice Cooper y de los geniales Black Sabbath empezaron a llenar sus actuaciones de ridículas perfomance. Por ello el movimiento punk, encabezado por la mejor banda de punk rock de la historia: The Ramones, fue un necesario revulsivo. La genialidad de The Ramones, The Cramps y otras bandas del estilo fue volver a los orígenes del rock, a su sentido lúdico y salvaje, la sencillez de una guitarra, un bajo y una batería y unas letras con las que un joven adolescente se podía sentir identificado, en lugar de espesas recreaciones del trabajo de escritores de fantasía épica.

Pero no me malinterpretéis, a mi me gusta el estilo musical. Mucho del material de aquella época lo sigo escuchando, así como el rock psicodélico de los setenta. Además, parte del atractivo de Spinal Tap son sus canciones. Michael McKean, Christopher Guest y Harry Shearer son excelentes músicos, autores de la banda sonora, y supieron captar la esencia del género para parodiarla. Parodia que uno encuentra en las letras, que tienen el punto justo de exageración y ridiculez, acompañadas de melodías muy trabajadas. Algo que han seguido desarrollando en posteriores discos y conciertos de Spinal Tap, surgidos por la popularidad que alcanzó el ficticio grupo.

En uno de los documentales que acompaña la edición en DVD y Blu-ray se menciona el grupo Saxon como inspirador de Spinal Tap, pero realmente es una amalgama de muchos grupos y cantantes como Led Zeppelin, Whitesnake o Dokken.

Por cierto, me llamó la atención encontrar entre los extras una entrevista a Reg Presley de The Troggs, en referencia a las infames Trogg Tapes como otra fuente de inspiración para la película. Y me llamó la atención porque me gustan The Troggs y durante mucho tiempo he estado buscando esa grabación pirata, hasta ahora sin suerte.

Volviendo a la película, una de las cosas que me sorprendió de volverla a ver tras un tiempo sin hacerlo es que es tremendamente moderna. A pesar de que han pasado 27 años desde que se estrenó originalmente, la película sigue siendo tan divertida como la primera vez que la vi. Y parece aún más moderna actualmente que en el momento que se estrenó, ya que te das cuenta de la cantidad de influencia que ha tenido en series y películas más actuales. No sólo en series como The Office, también en el Wayne Garth de Mike Myers, en Tenacious D o en The Flight of the Conchords, así como en otros cineastas. Por ejemplo, en el audiocomentario que hace Cameron Crowe en Untitled, la versión del director que hizo Crowe de su película Casi famosos (Almost Famous, 2000), comenta como algunos momentos de su película son sus "escenas Spinal Tap".

En definitiva, This Is Spinal Tap es lo que consigues cuando reúnes a un grupo de actores y cómicos llenos de talento y se les deja trabajar con libertad. En libertad porque la productora de la película no acababa de entender exactamente lo que pretendía Reiner y simplemente le dejó hacer a su gusto. Entre el grupo de actores mención aparte merece June Chadwick. La actriz que muchos recordaréis por sus peleas viperinas con Diana (Jane Badler) en V y que me derritió el cerebro en Forbidden World (Allan Holzman, 1982), realiza un excelente papel como Jeanine Pettibone, la "Yoko" de Spinal Tap.

No, June Chadwick no aparece de esta guisa en la película, pero nunca sobra una foto de más de Chadwick.

Esta es una película que invita, e incluso exige, diversos visionados, ya que su estilo sutil de comedia puede hacer que te pierdas alguna gran frase porque te estás riendo a carcajadas y no puedes oír la maravilla que sucede a continuación. Y seguramente todos (menos Einer) ahora estaréis pensando: "Necesito ver esta película pero ya, maldita sea, ¿cómo la consigo? ¿cómo?". Bueno, las ediciones que existen en Blu-ray y DVD de la película son todas de importación, ya que no es un título muy conocido en España. De hecho, el único pase cinematográfico que recuerdo fue sólo en Barcelona hará unos cinco o seis años. Aprovechad que aún estáis a tiempo de conseguir la edición limitada inglesa que incluye la banda sonora original y un miniamplificador.

1 mar 2011

Amer



El cine de arte y ensayo y el giallo se dan la mano en esta increíble película francesa escrita y dirigida por Hélène Cattet y Bruno Forzani.

Amer (2009) nos cuenta la historia de Ana, una historia llena de oscuros deseos y tremendo erotismo, mostrando tres momentos de su vida: de niña, de adolescente y como mujer adulta. El fragmento que transcurre durante su infancia está cargado de elementos mágicos y sobrenaturales, para contar la perplejidad y el miedo que pueden provocar el sexo en un infante; el fragmento que transcurre durante su adolescencia bulle de erotismo y cada momento está cargado de una potente sensualidad que parece a punto de explotar en cualquier momento; el fragmento que transcurre durante su etapa adulta muestra el resultado de sus frustraciones y miedos y lo que provocan sus traumas.

Sin embargo, lo que hace destacar Amer por encima de otras películas de temática parecida es que nos cuenta su historia usando las claves visuales del giallo, formando así una pieza que homenajea este género al mismo tiempo que subvierte sus tópicos. Varios de los títulos a los cuales Amer hace referencia visual o musical (la banda sonora está compuesta por varios temas sacados de las bandas sonoras de diversos gialli -plural de giallo-) los podéis encontrar comentados bajo la etiqueta "giallo" a vuestra derecha.


No es ningún secreto que soy un apasionado de la exploitation de los setenta. Especialmente de las coproducciones europeas que se hicieron durante esa década, producidas entre Inglaterra, Francia, Italia, Alemania y España, a veces sólo dos de estos países, a veces tres, a veces todos. Y sobretodo de los gialli que se produjeron en los setenta. La razón es bien sencilla, como explica el propio Bruno Forzani en una entrevista: es durante esta década que los directores se dedican a experimentar con la forma narrativa, creando espectáculos visuales arrebatadores, a veces a costa de unas tramas excesivamente enrevesadas o no demasiado lógicas, creando una mezcla perfecta entre el cine de entretenimiento y el cine artístico. Aunque los primeros ejemplos del género tienen lugar en los sesenta, cortesía de Mario Bava, en realidad el género tal y como se entiende en la actualidad nace visualmente en la primera película (y primera obra maestra) de Dario Argento El pájaro de las plumas de cristal (L'uccello dalle piume di cristallo, 1970).

El impacto del film de Argento provoca que desde 1970 y hasta, aproximadamente, 1977 se produjeran una serie de películas que si bien su argumento las enclavaba dentro de lo que sería el cine policial o de intriga, su estilo visual barroco, tratando cada plano como si fuera único, las elevan por encima del género. Cuando hablamos de giallo no lo hacemos simplemente de una película de intriga. Hablamos de la representación plástica de un asesinato como si fuera una obra de arte, de la unión de sexo y muerte, de asesinos vestidos con gabardina y guantes de cuero negro. Y hablamos de voyeurismo.

El giallo es el género voyeurístico por antonomasia. El ojo se convierte en objeto de fetichista adoración, al tiempo que convierte al espectador en observador y partícipe de los crímenes en pantalla por su uso continuado de la cámara en primera persona. Así, abundan los primeros planos de ojos, de personas espiadas por ojos hambrientos y de voyeurs que son a su vez observados por el espectador. Otro elemento tratado de forma fetichista es el arma del asesino, normalmente cuchillos o una navaja de afeitar, añadiéndole un trasfondo freudiano a las películas. Además del ya mencionado cuidado a la hora de crear planos, el uso del color, que prácticamente salta de la pantalla, y los zooms, son también elementos propios del giallo. Otro elemento clave del giallo es su música, que contribuye a la temática del género mezclando sonidos sensuales con sonidos casi cacofónicos, muchas veces compuesta por maestros como Ennio Morricone o Stelvio Cipriani.

Amer recrea todos estos elementos del giallo y los utiliza de manera que crea una pieza artística única que va más allá de un recreación nostálgica o un homenaje. De este modo, la primera parte de la película toma elementos de Mario Bava y Dario Argento para crear el mundo de la niña Ana (Cassandra Forêt) tiñendo la pantalla de rojo o azul en ocasiones para ejemplificar un estado mental. La parte de la infancia es la que está llena de elementos mágicos en correspondencia a la mirada de la niña Ana.


En la segunda parte, los elementos del giallo se utilizan para ejemplificar el mundo ultrasensual de la adolescente Ana (Charlotte Eugène Guibeaud). El despertar sexual hace que cada gesto y cada mirada esté cargada eróticamente. De ahí que un simple paseo por el pueblo se convierta en una odisea sensorial. También se ejemplifica el enfrentamiento entre madre e hija en una competición entre el floreciente cuerpo de Ana y el decadente cuerpo de su madre (Bianca Maria D'Amato).

La sobredosis sensorial de la adolescencia nos lleva a la desilusión de la etapa adulta. Ana (Marie Bos) es una mujer adulta algo frustrada y presa de traumas privados. Lo que no impide que actos como coger el autobús estén a un paso de la orgía. Y que acabará conduciendo hacia terribles actos como no podía ser de otra manera.

La película utiliza su apabullante estilo visual para contar su historia, usando las imágenes de manera casi exclusiva, ya que los diálogos son mínimos y la mayor parte de la película es muda en ese sentido. La edición en Blu-ray de Anchor Bay viene acompañada de cuatro cortometrajes de los autores de Amer en los cuales exploraron por primera vez la utilización de la estética giallo como manera de jugar y experimentar con el lenguaje cinematográfico y que les sirvieron como preparación a lo que sería ésta película: Catharsis, Chambre Jaune, L'étrange Portrait de la Dame en Jaune y La Fin de Notre Amour.

Recomiendo encarecidamente esta película a los fans del giallo, a los amantes del cine experimental y a todos aquellos interesados en vivir una experiencia sensorial diferente a lo que les puede ofrecer la cartelera actual.