29 dic. 2010

Hedwig and the Angry Inch



La verdad es que no estaba preparado. No estaba preparado en absoluto.

Fue junio del 2004, cuando las primeras turistas aparecen vistiendo camisetas transparentes, paseando por el centro. La Facultat de Filologia de la Universitat de Barcelona se encuentra en la plaza Universitat, en una zona rodeada de bares y tiendas de fotocopias. Cerca, varios cines y librerías. Y bajando la calle Pelayo llegas al Fnac-El Triangle, una zona dedicada al consumo. Normalmente iba allí entre clase y clase o al acabar y antes de volver a casa para ver si encontraba algo interesante.

Era un hermoso día, que diría Lou Reed. Y sin ninguna preocupación en el mundo me fui al Fnac a ver si me compraba algo. Me encontré con Hedwig and the Angry Inch (John Cameron Mitchell, 2001). No había visto la película pero me sonaba la obra en que se basaba, se había representado no hacía mucho en Barcelona en la sala La Paloma. Me la compré siguiendo un impulso, siempre estoy atento a mis impulsos.

Así que llegué a casa. Le quité cuidadosamente el plástico a la película y lo guardé junto a la factura, por si acaso estaba defectuosa. Conecté el Home Cinema y puse la película. Y todo fue bien. Todo fue bien hasta que la película llegó al minuto 13, segundo 13.

Fue como si de repente la película se hubiese parado para hablarme directamente. Un impacto emocional que me golpeó con una fuerza de 20 megatones. Aniquilación total. Me sentí como la maldita Roberta Flack.

Oh, y lo estaba llevando tan bien.

Poco a poco me fui recuperando y pude seguir la película sin problemas. Desde entonces, Hedwig ha tenido una profunda resonancia emocional para mí. Por eso, aunque me gusta mucho, no la veo muy a menudo. Pero la veo, con un placer casi masoquista.

Siempre me gustaron los musicales por su surrealismo y absurdidad: un montón de gente que empieza a cantar a la vez, a expresarse a través de canciones. La música me emociona con mucha facilidad. La primera vez que vi The Wall también me dejó echo polvo. Y no es que me sintiera particularmente identificado con la historia de Hedwig pero sí con algunos sentimientos allí expresados.

Hedwig and the Angry Inch nace de la mezcla de la sensibilidad del teatro, proporcionada por John Cameron Mitchell, y la fuerza punk-rock, proporcionada por Stephen Trask. Mitchell escribió una obra inspirada en las historias que contaba una conocida suya, Trask escribió las canciones de la obra. Tuvo un rápido éxito en el Off Broadway, el circuito de teatros independientes. Su popularidad le abrió la posibilidad de ser convertida en película.

Escrita, dirigida y protagonizada por John Cameron Mitchell (repitiendo como Hedwig), con la música de Stephen Trask, la película es bastante diferente de la obra original. Mientras que la obra de teatro transcurre durante una actuación de Hedwig, la película adopta un estilo narrativo más cinematográfico con diferentes localizaciones y tiempos narrativos. La diferencia más significativa está en el final: mientras que en la obra de teatro se revela que Hedwig y Tommy Gnosis son la misma persona (spoiler); la película adopta en su tramo final un tono diferente del resto de la película, que sigue una narrativa más o menos convencional, para entrar en un terreno más simbólico y abierto a la interpretación del espectador.

Así, destaca el cambio súbito que se hace en cuanto a la narrativa, pero no resulta forzado ni extraño. El espectador se ve en la necesidad de interpretar las escenas simbólicas en lugar de ser testimonio pasivo de lo que sucede en pantalla. Algo que encuentro particularmente estimulante y placentero.

La música también es diferente en la película y la banda sonora de la misma. Mitchell y Trask acordaron que la música tuviera un tono más crudo y roquero en la película y más cercano al musical en la banda sonora. La popularidad de la obra y el culto formado a su alrededor hizo que, aparte de la banda sonora de la película y el disco con la música original de la obra, se editase un disco titulado Wig In A Box. Éste fue un disco benéfico en el cual varias bandas versionan canciones de la obra, de Rufus Wainwright a The Breeders, e incluye una canción nueva de Trask cantada por Mitchell.

28 dic. 2010

Inocentada sangrienta (April Fool's Day)



Fred Walton dirigió en 1986 este slasher odiado/amado por muchos. Se estrenó cuando el género estaba ya de capa caída. Esta película contribuyó a su decadencia.

Muffy (Deborah Foreman) invita nueve amigos a pasar un fin de semana de fiesta que coincide con el Día de los Inocentes (1 de abril en Estados Unidos). Muffy gasta toda una serie de bromas pesadas a sus invitados que van de lo irritante a lo impresentable. No pasa mucho tiempo que uno a uno, los invitados van siendo asesinados. Kit (Amy Steel) y Rob (Ken Olandt) van uniendo las pistas para averiguar quién es el asesino.

Como muchas otras personas desde 1986, acabé de ver la película con un serio cabreo. Walton asegura en una entrevista en el interesante documental Going to Pieces: The Rise and Fall of the Slasher Film (2006) que su intención era hacer una parodia de los slashers: se trataba de una comedia. Pero la productora la vendió como una película de terror seria. Así, echa la culpa del fracaso de la película y del enfado de los espectadores al marketing.

Es cierto que muchas películas se han visto arruinadas por una mala campaña publicitaria, que ofrecía una imagen equivocada o incorrecta de la película anunciada. No creo que sea el caso de esta película, creo que la culpa la tienen la dirección de Walton y el guion de Danilo Bach.

Lo creo así porque en toda la película no hay ningún indicio de ironía o de que se ha de interpretar todo tongue in cheek. Es cierto que la película tiene toques de humor y comedia, pero eso es diferente de la parodia. Aquí no sucede como en la fantástica Return to Horror High en la que se mezcla un tono paródico con el terrorífico. Pero supongamos que lo que dice Walton es cierto, y soy yo el que fue tan tonto que no captó que la película era una parodia. A pesar de ello, lo cierto es que los primeros 84 minutos de la película son bastante disfrutables y entretenidos, con una historia adecuadamente tontorrona que casa a la perfección con el género; son los últimos cinco minutos los que me estropearon la película y me hicieron sentir timado, como les pasó a los espectadores que originalmente la vieron en el cine.

El final es lo más importante en una película, con un buen final perdonas muchas cosas. Con un final malo... Éste es el principal problema de la película: no tiene un final que satisfaga al espectador. Por Internet corren diferentes finales alternativos que se consideraron para la película (en texto), uno de los cuales, bastante mejor que el de la película, fue incluido en la novelización que se puede encontrar en el blog de Vinnie Rattolle. El final fue filmado meses después de que se terminara el rodaje principal, con lo que imagino que ellos ya se imaginaban que tenían un problema.

Se hizo un remake de la película en el 2008. Titulada Abril sangriento (April Fool's Day, Mitchell Altieri, Phil Flores) fue rodada directamente en vídeo. No la he visto, y tampoco es que tenga muchas ganas, así que no puedo añadir mucho más.

La película original, como es bastante ligera y no muy sangrienta, se ha pasado a menudo por la noche en televisión en Estados Unidos, con lo que se ha ganado un grupo de fans. Personalmente no lo entiendo, pero es así. Pero, como siempre digo, juzgad por vosotros mismos, la película no es muy difícil de encontrar en DVD.

27 dic. 2010

Piratería y VO: Bonus Tracks

Debido al interesante debate generado en torno al tema, me he decidido a añadir unas cuantas cosas que dejé fuera en mi primer post sobre todo esto de la piratería y el doblaje, ya que no quería extenderme demasiado. Se trata de algunos cabos sueltos, me repetiré en algunos aspectos pero espero que la lectura os haga reflexionar un poco.

Oficialmente, si éste es el término adecuado, la piratería en el mundo de la música empezó en 1969 con la publicación de un doble disco pirata de un concierto de Bob Dylan. Ése fue el punto de partida de una industria, al final todo acaba siendo industria, que sigue a día de hoy.

En aquellos primeros tiempos se trataban normalmente de conciertos grabados en cinta por los propios fans. Luego, también se empezaron a grabar conciertos emitidos por la radio, con lo cual la calidad de estos discos piratas mejoró. Y, de vez en cuando, un técnico de sonido grababa una cinta directamente de la mesa de mezclas, con lo cual la calidad de esas grabaciones era cercana a la de los álbumes en directo oficiales.

En Estados Unidos a las grabaciones ilegales de material no puesto a la venta se las llama bootlegs. Son diferentes de lo que allí se llama "piratas": falsificaciones de álbumes existentes. Mientras que los bootlegs son vistos como algo "guay", no tanto las copias piratas que son consideradas timos, no sin cierta razón.

Sin embargo, las autoridades no veían diferencia entre las dos cosas e intentaban acabar con ambas industrias. Ya sabéis como ha resultado eso.

Hacía finales de los setenta, el nacimiento del punk dio un nuevo impulso a los bootlegs. Uno de los que se considera está entre los mejores álbumes del punk es, de hecho, un bootleg: una cinta de demos de los Sex Pistols llamada Spunk.

Más adelante, hacia los ochenta y noventa, la mayoría de los bootlegs provenían de Europa, Italia y Alemania mayoritariamente, y normalmente costaban mucho más que un disco "oficial" con una calidad de sonido mucho peor. Pero, claro, se trataba de material inédito que sólo se podía encontrar ahí. De todos modos, los fans hacía tiempo que habían empezado a intercambiar grabaciones caseras de sus grupos favoritos. Actualmente, grupos como Pearl Jam han editado todos sus conciertos a precios económicos para luchar contra este tipo de piratería.

El encanto del bootleg radicaba en que, en sus inicios, era algo que hacían los fans para distribuirlo entre otros fans y que se trataba de material inédito. La otra piratería es, simplemente, un robo. Hoy día, existen diversos blogs en los que se distribuyen, gratuitamente, bootlegs. Esto es, material inédito no publicado oficialmente. Donde un fan de Alice Cooper o The Doors puede encontrar conciertos de estos artistas y material diverso como maquetas o versiones alternativas.

En cuanto a la industria cinematográfica, ya expliqué como la venta de películas a nivel doméstico empezó con la distribución de copias ilegales a finales de los setenta. Un caso más significativo es el que tuvo lugar en Inglaterra durante los setenta y ochenta. Como sabéis, la censura en ese país es bastante estricta, o lo era entonces. Películas como La naranja mecánica (A Clockwork Orange, Stanley Kubrick, 1971) o La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, Tobe Hooper, 1974) fueron prohibidas en su momento.

En los ochenta, la llegada del vídeo a Inglaterra supuso que en 1984 se promulgara la llamada Video Recordings Act que imponía una censura más estricta en las películas distribuidas en vídeo que en cine. Muchos grupos religiosos comandados por Mary Whitehouse elaboraron una lista en la que calificaban a las películas de terror muy sangrientas o violentas como video nasties (videos repugnantes). El resultado fue más películas prohibidas.

En una entrevista, Fangoria nº 31 (edición española) de junio de 1994, el actor inglés Ian McCulloch relata su frustración al no poder ver las películas de terror italianas que había protagonizado ya que estaban dentro de la lista de los video nasties. Sin embargo, McCulloch podría haber visto alguna de las películas que protagonizó si hubiera buscado en el mercado negro. Poco después de que entrara en vigor la ley censora de 1984, se creó un mercado negro de copias pirata de las películas prohibidas. Películas que tenían una muy baja calidad pero que era la única manera que tenían los fans del terror de ver películas del género.

En agosto del 2009, sin embargo, se descubrió que la Video Recordings Act no era aplicable debido a un tecnicismo legal y fue retirada. Un poco antes de que se retirara ya habían empezado a editarse en DVD películas previamente prohibidas, como La matanza de Texas, y se han empezado a editar muchos títulos en excelentes ediciones desde entonces. Una de mis favoritas es la fantástica Baba Yaga, editada por primera vez completamente íntegra por el sello Shameless.

Muchas veces las ediciones piratas, ya sea musicales o de vídeo, no eran más baratas que las oficiales. En ocasiones eran hasta más caras que las oficiales. Hoy día esto ha cambiado debido a la distribución por Internet. El precio de las películas y los cds ha sido un argumento bastante utilizado a la hora de descargarse una película en lugar de comprarla.

En un intento por abaratar costes y aumentar las ganancias, las películas editadas en DVD en España no contienen todos los materiales extra de las ediciones originales, además de que la calidad de los discos DVD es mucho más baja. Pasó algo parecido con los vinilos durante los ochenta, que se empezó a utilizar material de menor calidad pero más barato a la hora de fabricar los discos. Por eso prefiero comprar las películas de importación por Internet: más calidad a menor precio.

¿Sabemos qué pagamos cuando compramos un disco? Cuando compramos un disco pagamos no sólo la fabricación del disco en sí, también la distribución, la publicidad y, sobretodo, el coste de producir el álbum: estudio, músicos, productor... El último disco de los Guns 'N' Roses, Chinese Democracy, resultó un fracaso no sólo porque el disco no es muy bueno, sino porque se había convertido en el disco más caro de la historia, a causa de los años que estuvo Axl Rose editando el disco, grabando y regrabando en un estudio. Las ventas no cubrieron los gastos. Cuando una banda explica en una entrevista que se ha ido a Londres o Nueva York para trabajar con un prestigioso productor, significa que la discográfica ha pagado los viajes y la estancia de la banda así como al prestigioso productor. La discográfica lo ve esto como una inversión, esperando que las ventas cubran los gastos y obtener pingües beneficios. Lo que puede resultar en fiascos, como el mencionado disco de los Guns 'N' Roses o el multimillonario contrato de exclusividad que firmó Michael Jackson con Sony por un disco, Invincible creo recordar, que fue un fracaso.

Lo mismo sucede con los DVD y Blu-ray. Producir los materiales extras y la remasterización de una película es caro, pero se ve como una inversión.

Cuando las ventas de un disco o DVD no cubren los gastos puede resultar en el cierre de la compañía cuando es pequeña. A mediados de año, la distribuidora de películas Code Red anunció el cierre debido precisamente a eso. Las compañías grandes pueden aguantar mejor estas pérdidas ya que normalmente forman parte de grandes conglomerados que venden discos como pueden estar vendiendo zapatos.

Así que ya sabéis que va incluido en el precio de un disco... la primera vez que se edita. A las compañías discográficas les interesa ganar dinero, así que muchas veces mantienen el precio de venta, aunque los gastos estén ya cubiertos, para mantener un nivel de beneficios. Otras veces, cuando ya ha pasado bastante tiempo desde que el disco se puso a la venta, se rebaja el precio. Algunas veces. Grupos como The Beatles o Pink Floyd no sólo mantienen los precios, a pesar de que hace tiempo que se amortizaron, sino que son mucho más caros. Aquí lo que se paga es que se trata de un disco de los Beatles, estás pagando la marca, igual que con unos Levi's. Las discográficas confían (y se aprovechan) en que los fans pagarán lo que sea por el disco de su mítico grupo, aunque se trate del enésimo refrito de material.

Así que se trata, en realidad, de cuánto te gusta algo y lo que estás dispuesto a pagar por ello. Y tienes que estar seguro de que te gusta porque no hay devoluciones. Y no sé vosotros, pero yo muchas veces me he sentido tentado de ir a la taquilla del cine para que me devuelvan el dinero ya que la película que he visto ha resultado un bodrio.

Para acabar, otro tema con el que me encanta provocar debatir: doblaje versus versión original.

El doblaje en España empezó poco después de que Mussolini impusiera el doblaje de las películas al italiano para proteger la lengua. Aquí se decidió lo mismo. Además de que era una herramienta perfecta para controlar y censurar las películas. Hasta entonces, como ya comento en el post sobre la versión hispana de Drácula, las grandes productoras americanas filmaban versiones en castellano de sus películas con actores de habla hispana. Con el doblaje, esto cambió.

Como ya he dicho, fue usado como herramienta de censura. Es muy famoso el caso de la película Mogambo (John Ford, 1953) en el que a la censura le pareció inadmisible que dos personajes fueran amantes y con el doblaje los convirtieron en hermanos, de paso transformando un adulterio en un incesto. Actualmente ya no se producen casos tan extremos, excepto en las comedias donde se cambian chistes para hacerlos más fáciles de entender y se alteran juegos de palabras.

En el audiocomentario que acompaña el DVD de Perdita Durango (1997), Álex de la Iglesia se lamenta del pobre doblaje de la película y lo señala como una de las causas de por qué la película no funcionó en España. Con el doblaje de Perdita Durango también se perdía la mezcla de inglés y castellano que caracteriza el habla de la zona cercana a la frontera entre Estados Unidos y México en la cual transcurre la película.

Narciso Ibáñez Serrador también se ha lamentado durante toda su vida de que en España se distribuyera doblada ¿Quién puede matar a un niño? (1976). El film está protagonizado por una pareja de turistas ingleses de vacaciones en España, la barrera lingüística es utilizada para enfatizar el aislamiento de la pareja. Con el doblaje se crean muchos diálogos de besugos, resultado de los pasajes en que en la versión original el marido le traduce a su esposa algo que le han dicho, ya que se van repitiendo frases de un personaje a otro de forma absurda.

De estos diálogos de besugos se crean muchos gracias al doblaje. Otro caso que me viene a la cabeza es Depredador (Predator, John McTiernan, 1987). Para evitar eso, muchas veces se cambia la nacionalidad de los personajes y el castellano original pasa a ser brasileño o cualquier otro idioma en la versión doblada.

Durante la época dorada de las coproducciones europeas, se rodaban películas sin sonido directo ya que intervenían actores de diferentes nacionalidades, cada uno hablando una lengua diferente. Eran películas pensadas para ser dobladas por cada país a su propio idioma a la hora de la distribución. En estos casos, es recomendable ver la película en el idioma de los actores principales: si son franceses, en francés; si son italianos, en italiano; si son ingleses, en inglés; etc. La razón es que los actores principales se suelen doblar a si mismos. Como hacía Clint Eastwood en sus spaghetti westerns.

Sin embargo, hay que destacar que también se cometían barbaridades en estas películas. Por ejemplo, en Suspiria (1977) de Dario Argento la versión en castellano arruina una de las tramas de la película: Al principio vemos como Suzy (Jessica Harper) llega a la escuela de danza en plena tormenta. Una chica sale de la escuela murmurando unas palabras. Durante la película, Suzy intentan recordar y descifrar esas palabras ininteligibles al principio, y cuando lo consigue se descubre una de las claves de la película. Pero en la versión doblada al castellano, se entiende desde el principio lo que dice la chica, con lo cual las escenas en las que se ve a Suzy intentando descifrar las palabras la hacen parecer idiota si se ve doblada, además de que el espectador va siendo bombardeado con las mismas palabras una y otra vez.

Si una persona prefiere ver las películas dobladas, perfecto. Está en su derecho. Pero ha de hacerlo de manera consciente, sabiendo que lo que verá no es la película sino una versión de la misma. Podríamos decir que la versión doblada es el equivalente a masturbarse con una fotografía de Scarlett Johansson y la versión original sería hacer el amor con Scarlet Johansson.

24 dic. 2010

Planetary



-Éste es un mundo extraño.
-Conservémoslo así.
Planetary, nº1

Planetary de Warren Ellis y John Cassady es una obra maestra. Y todo lo que viene a continuación es la explicación de por qué es una obra maestra. Lo mejor que podéis hacer es comprobarlo por vosotros mismos leyéndola.

Elijah Snow, Jakita Wagner y The Drummer son tres seres con poderes especiales que trabajan como arqueólogos de lo extraño para la organización Planetary. Se dedican a descubrir para el mundo la historia secreta del siglo XX que un grupo conocido como Los 4 se dedica a mantener en secreto para su propio beneficio.


Bajo esta aparentemente sencilla premisa, el guionista Warren Ellis nos sumerge en un ejercicio de metaliteratura y cinefagia, repasando todos los mitos del siglo XX referidos a superhéroes, cine de serie B, ciencia-ficción, mitos de Hollywood, literatura pulp y mucho más. El objetivo de Ellis al empezar esta serie era no sólo hacer un repaso de lo que han dado de si diferentes géneros en el cine, la literatura y los cómics, también analizar el origen de los superhéroes y por qué fascinan a la gente.

Sherlock Holmes, hormigas gigantes, las películas de John Woo, Marylin Monroe... cientos de referencias pero introducidas dentro de una trama entretenida e intrigante. No se trata de un simple paseo nostálgico, Ellis escribe una trama en la que introduce elementos de la ciencia-ficción moderna que van desde computadoras cuánticas hasta extraños ángeles y cultos de la muerte japoneses. Todo ello visto a través de los ojos de los tres protagonistas, los arqueólogos de lo oculto cuyos diálogos resultan tremendamente divertidos y consiguen que te encariñes con ellos.

A los geniales guiones de Warren Ellis se le ha de sumar el excelente trabajo de John Cassady a los pinceles. Sus líneas claras y estilo realista contribuyen a dotar a la serie de un aire cinematográfico que ayuda a enfatizar las referencias que introduce Ellis.

Norma editorial acaba de publicar el segundo (y último) volumen recopilatorio de la serie. En dos volúmenes tenéis reunida una de futuras obra clásica. Lo que no incluyen los volúmenes son los especiales publicados en su momento por Planeta DeAgostini. En uno de los especiales, Ellis junta Planetary con otra de sus más populares creaciones: The Authority. Pero particularmente interesante resulta el especial Planetary/Batman: Noche en la Tierra, en el cual los tres arqueólogos de lo imposible se van encontrando con diversas encarnaciones del justiciero de Gotham: desde el primer Batman de los años 30 armado con una pistola pasando por la época pop de los 60 hasta el Caballero Oscuro de Frank Miller.

Planetary es una obra maestra, os lo he dicho. Es la obra definitiva sobre la literatura y el cine de género del siglo XX.

23 dic. 2010

¡Quítame tus apestosas patas de encima, maldito simio apestoso!



El año que viene se estrenará Rise of the Apes, dirigida por Rupert Wyatt, en lo que será el retorno de los simios inteligentes a la gran pantalla. Y antes de ver ésta especie de híbrido entre secuela y remake, sería interesante repasar la saga original. O al menos intentar hacerlo interesante.

Pierre Boulle, autor de la novela en que se basó El puente sobre el río Kwai (The Bridge on the River Kwai, David Lean, 1957), publicó en 1963 El planeta de los simios (La Planète des Singes), una novela de ciencia-ficción sobre un astronauta que va a parar a un planeta habitado por simios inteligentes y en los que los seres humanos son cavernícolas. Si habéis leído la novela, sabréis que se trata de una entretenida historia de aventuras pero no va más allá de eso. Sin embargo, cuando la película es llevada al cine por Twentieth Century Fox, los guionistas Michael Wilson y, en especial, Rod Serling le añadieron una capa alegórica intelectual que contribuyó a convertirla en un clásico junto a la excelente dirección de Franklin J. Schaffner y la experimental banda sonora de Jerry Goldsmith.

Serling era muy popular en los sesenta tras haber creado la fantástica serie La dimensión desconocida (The Twilight Zone, 1959/64). En la serie, Serling se había especializado en utilizar la fantasía y la ciencia-ficción para tratar temas políticos, como la guerra de Vietnam, de manera que podía sortear la censura televisiva, del mismo modo que hacían otras series como La conquista del espacio (Star Trek, 1966/69) o la original Rumbo a lo desconocido (The Outer Limits, 1963/65) que también trataban temas sociales escudadas en la ciencia-ficción. Serling aplicó la misma fórmula al guion de la película, introduciendo una capa antibelicista que culmina en uno de los planos finales más famosos de la historia del cine.

Siempre me ha resultado fascinante como alguien tan conservador como Charlton Heston acabó participando en varias películas de ciencia-ficción de ideología progresista, pero tal vez esto es indicativo de lo buen actor que era. El caso es que Heston encarna al coronel George Taylor, jefe de una misión espacial que prueba una nave capaz de ir más rápida que la luz. Taylor se nos presenta como un misántropo, desengañado de la bondad de la especie humana y curioso por encontrar algo ahí fuera que sea mejor que el hombre.

Ya sabéis lo que se encuentra, ¿verdad?

Ahora el misántropo Taylor se ve obligado a defender la especie humana ante unos simios inteligentes que actúan, bueno, como humanos. Y aquí está la clave de la película, la inteligente alegoría que introdujo Serling: los simios somos nosotros. Conceptos ecológicos y humanitarios, racismo y diferencias de clase, la misma naturaleza humana se ve reflejada en cada una de las actitudes de los simios. Pero esto que parece bastante sencillo y que vosotros ya habíais visto, no resultó tan claro para los ejecutivos de la Fox ni el gran público que acudió en masa a ver El planeta de los simios (Planet of the Apes), lo único que vieron fue: ¡Mira, simios que hablan!

A pesar de lo obvio que se hace la alegoría en escenas como la del juicio o la asamblea de simios, la gente en realidad se quedó fascinada con el trabajo de John Chambers al frente del departamento de maquillaje. Tampoco es de extrañar, realmente el trabajo que Chambers hizo era de una gran calidad y todavía se mantiene hoy día.

Schaffner también realizó un excelente trabajo a la hora de traducir las ideas del guión a imágenes. Es interesante especialmente por la mezcla que hay del estilo moderno de la nouvelle vague con el estilo clásico de hacer películas del Hollywood de la época. Así, la película es una fábula moral presentada como una trepidante película de aventuras de ciencia-ficción.


Regreso al planeta de los simios (Beneath the Planet of the Apes, 1970): La primera secuela ya muestra que los ejecutivos no habían entendido bien la película pero sí porque la gente fue a verla. Ted Post dirige el guion que escribió Paul Dehn. La película carece de cualquier subtexto alegórico y es un película apocalíptica, en la cual aparecen unos mutantes telépatas que le dan un toque bizarro bastante divertido. Son estos toques por los que encuentro personalmente divertida esta entrega, con todos sus fallos y errores. Claramente fue hecha con la intención de ganar más dinero y en realidad no hay una historia propiamente dicha: James Franciscus es John Brent, un astronauta que, casualmente, sale en misión espacial tras la comandada por Taylor. Se repite el esquema con el astronauta perdido en un mundo desconocido y extraño. También me gustaría destacar, sin revelarlo por si no la habéis visto, el tremendo final de la película que intentaba superar el de la primera. Es de admirar el valor de una major por estrenar una película con un final tan deprimente. No veáis el tráiler si no habéis visto la primera antes.


Huida del planeta de los simios (Escape from the Planet of the Apes, 1971): Dirigida por Don Taylor, esta tercera entrega es bastante floja. Lo que más me molesta es que la premisa es completamente absurda y no tiene sentido tras haber visto las dos anteriores: Cornelius (Roddy McDowall), Zira (Kim Hunter) y Milo (Sal Mineo) son los tres simios buenos de las anteriores películas que se meten juntos en un cohete espacial y llegan a la Tierra, donde se invierte la situación y vemos a los simios inteligentes en un mundo de humanos. ¡Es completamente ridículo! Realmente me cabrea que los de la Fox ni siquiera se molestaran en crear una excusa plausible para la tercera entrega, es que ni siquiera disimulan que van a por la pasta. En fin, lo único bueno de esta parte es que abrió el camino a la interesante cuarta parte.


La rebelión de los simios (Conquest of the Planet of the Apes, 1972): Dirigida por el profesional J. Lee Thompson, esta cuarta entrega es bastante interesante, ya que nos encontramos de nuevo con una alegoría social.

Estamos en el futuro, utilizando técnicas científicas se ha creado una especie de simios evolucionados que son esclavos de los humanos. Es aquí que nos encontramos a César (Roddy McDowall), el hijo de Zira y Cornelius, que ha vivido en secreto haciéndose pasar por un simio como los demás protegido por Armando (Ricardo Montalban), su padre adoptivo. Provocado por los continuos abusos a los que son sometidos los simios, César iniciará una rebelión contra los humanos.

Estrenada en 1972, la película refleja las tensiones raciales de la época y se hace un paralelismo entre la lucha de simios y humanos y los problemas sociales de entonces. Este paralelismo se hace explícito en un momento que César apela a MacDonald (Hari Rhodes), afroamericano, para que los ayude tras los problemas por los que pasó su raza. También merece ser destacada la habilidad con la que Thompson rueda las escenas de batallas y revueltas, haciéndolas muy convincentes a pesar de contar con un presupuesto muy bajo para realizarlas. Esta película es la base de la nueva entrega que se estrenará el año que viene.


La conquista del planeta de los simios (Battle for the Planet of the Apes, 1973): De nuevo Thompson tras las cámaras, por desgracia los resultados no son tan buenos como en la anterior película. La Fox no invirtió mucho en ella, veía que ya habían exprimido todo lo que podían a los simios y esta entrega es la que contó con un menor presupuesto. Vuelven los mutantes, pero poca cosa que destacar más. La historia se sitúa diez años después de los eventos de la anterior película y vemos como César se prepara para la que ha de ser la batalla definitiva por el planeta. Sin mucho interés y sólo para fans completistas de la saga, como yo.


El planeta de los simios (Planet of the Apes, 1974): Serie de televisión en la que, antes que Taylor llegase, un par de astronautas se estrellan en el planeta de los simios. Sin mucho interés, la serie sigue el mismo esquema que la serie original de El fugitivo (The Fugitive, 1963/67), según el cual los dos astronautas y un simio amigo suyo huyen de las autoridades simias. Yendo de pueblo en pueblo, van teniendo típicas aventuras siguiendo tópicos guiones televisivos, aunque algunos episodios sí tienen su gracia. La serie no duró mucho, catorce episodios.


Planet Of The Apes série tv
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Return to the Planet of the Apes (1975/76): Serie de animación en la que de nuevo unos astronautas van a parar al planeta de simios. Al ser de animación, la serie está mejor ambientada que la anterior serie televisiva de imagen real. Me pareció bastante entretenida y la disfruté bastante a pesar de haber pasado hace tiempo la edad del público al que estaba dirigida. Lo interesante es que no son episodios independientes y siguen la tradición del cliffhanger. También me gustó la calidad de la animación, bastante buena para la época.


El planeta de los simios (Planet of the Apes, 2001): Película que fui a ver por doble razón completista: como seguidor de la saga El planeta de los simios y como seguidor de Tim Burton. Como todos sabéis, este remake fue saludado desde el momento de su estreno como la obra maestra que es... ¡ja, ja, jajota! No, es broma, me pareció un truño como a todo el mundo. El caso es que los responsables de este remake (porque es un remake, Tim, te pongas como te pongas) parece que no entendieron en absoluto el valor como fábula moral y alegoría de la película original. Para empezar, se empeñaron en hacer mucho más realistas a los simios, separándolos por especies, todo muy correcto y realista y absolutamente innecesario y prescindible. Luego, los humanos no solo hablan y son inteligentes, además mantienen una activa revolución contra los simios. Y aunque reconozco que la primera media hora de la película me gustó, al poco se acaba desmontando y perdiendo interés. La película degenera en la típica historia de superación individualista que tanto gusta a los americanos. Algo sorprendente es que, considerando los medios a su disposición, las escenas de acción y las batallas resultan tremendamente aburridas, más aún teniendo en cuenta que el editor de la película Chris Lebenzon estaba muy curtido en el campo de la acción. En fin, una decepción.

De momento, esto acaba aquí. Estoy curioso por ver como será la nueva película y espero que no resulte un bluf como la de Burton.

22 dic. 2010

Descargarse películas: la opinión que nadie me ha pedido

Ahora que la ley Sinde es cosa del pasado, me gustaría decir cuatro cosas sobre el tema de las descargas de películas por Internet.

Soy un apasionado del cine. Me obsesiona. Está bien claro en el nombre del blog: soy un cinéfago. Me obsesiona tanto que he faltado a clases y al trabajo sólo para ver una película en particular. Muchas veces me he gastado el dinero que tenía para comer en la universidad en comprarme una película. Prefería tener la película que comer. Estoy así de enfermo.

Por eso, por mi obsesión, mi enfermedad, quiero ver las películas tal y como el director tiene la intención que las vea. Eso quiere decir ver todas las películas en versión original. El doblaje es la manipulación de una obra de arte de modo que queda irreconocible. No es sólo que se cambie la voz a los actores, haciendo por tanto imposible juzgar su interpretación, se trata también que en el doblaje se cambian diálogos y se altera la película.

Si has visto una película doblada no la has visto. Muchas veces he puesto películas en versión original a personas que habían visto la película doblada y no les había gustado. En un 90% de ocasiones, la película en versión original les gustó, aunque no les hubiese gustado doblada. Esto se hace especialmente grave en las comedias, donde los traductores y dobladores cambian chistes y los alteran, muchas veces porque les parece que son más graciosos que la película.

Ved, por ejemplo, Austin Powers: La espía que me achuchó (Austin Powers: The Spy Who Shagged Me, Jay Roach, 1999) en versión original y doblada: son dos películas completamente distintas. Otro ejemplo: en Cataluña hacían un programa en televisión hace unos años llamado Malalts de tele (enfermos de tele); en ocasiones pasaban escenas de películas dobladas con los subtítulos que traducían la versión original y hacían chistes sobre las abismales diferencias entre las dos versiones.

Eso también se aplica a la imagen y el audio. Veo las películas en cine y las compro en DVD y Blu-ray para poder apreciar el diseño de sonido y la fotografía que un director ha decidido para su película. Es por eso que no veo películas descargadas de Internet: la calidad de audio e imagen es muy, muy inferior y no se puede apreciar realmente el trabajo de los artistas tras la cámara. ¿Y cómo lo sé? Luego lo explico. Aparte de para obtener la máxima calidad y poder saborear como se merece una película en particular, hay otro elemento de coleccionismo. Fijaos en algunas de las obras de arte que adornan las estanterías de casa:




Y aquí llegamos a la otra cara de la moneda.

La piratería se inició en los años setenta y dudo mucho que vaya a desaparecer, por muchas leyes que se quiera poner. Aunque cuando se inició la piratería se dedicaba a distribuir cosas que las grandes compañías no distribuían. ¿Sabíais que las grandes compañías a finales de los setenta y principios de los ochenta no distribuían sus películas en vídeo porque consideraban que no tenía ningún futuro ni interés? Fueron piratas los que empezaron a distribuir copias en vídeo de las películas que se proyectaban en el cine. Cuando las productoras vieron el negocio que estaban haciendo los piratas, empezaron entonces a distribuir ellos las películas en vídeo.

El montaje del director de Blade Runner existe porque apareció una versión pirata de la workprint  (el primer montaje que realiza un director, es una versión preliminar y sirve para ver qué partes cortar y qué efectos se han de trabajar) que hizo Scott antes de que los productores metieran mano. El éxito de esta versión pirata hizo que Scott pudiera estrenar un montaje del director y luego el Final Cut.

El regreso de los muertos vivientes (The Return of the Living Dead, Dan O'Bannon, 1985) es una de mis películas favoritas. Soy tan fan que me bajé de Internet la workprint pirata de la película, para ver que cambios realizó O'Bannon entre la versión preliminar y la que se estrenó. También me he comprado dos ediciones distintas de la película en DVD, ambas de importación, ya que la edición española no tenía ningún extra.

Y es así que llegamos a otro asunto que no se menciona cuando las autoridades hablan de la piratería en España. La distribución en España de DVD y ahora Blu-ray es pésima. La calidad de los discos es inferior y, lo peor, la mayoría de las veces no incluyen todos los extras de las ediciones originales (eso cuando los incluyen). Al ser yo mismo una persona creativa, me fascina todo el proceso artístico tras la creación de cualquier cosa, algo de lo que podemos ser testigos con una buena edición de DVD o Blu. Sin embargo, aquí una película de Blu te puede costar más cara que en el extranjero y, encima, sin ningún extra. Por eso, hace ya tiempo que dejé de comprar películas en centros comerciales (a excepción de alguna cosa editaba por las majors y que es igual que la original) y hago mis compras por Internet, comprando ediciones importadas de las películas que me interesan más baratas, con más calidad y con todos los extras.

Pero hay otro problema grave con la distribución en España: muchas películas, simplemente, no se distribuyen. Y cuando lo hacen, ahora corren el peligro de ser censuradas o que se estrenen en un solo cine durante una semana. No me refiero, por supuesto, a las películas que tienen poderosas empresas estadounidenses detrás, ésas no tienen problemas en encontrar sitio. Aunque, por ejemplo, la película El aviador (The Aviator, 2004) de Martin Scorsese estuvo a punto de no distribuirse en España ya que la rama española de la Warner (la compañía que la produjo en Estados Unidos) consideró que no tenía ningún interés. Claro que no, ¿la última superproducción de Martin Scorsese, protagonizada por Leonardo DiCaprio y Cate Blanchett, qué interés puede tener? De ahí que en España fuera distribuida por la rama española de la Fox.

Es por esta anormal distribución que tenemos en España que muchas veces me he visto obligado a ver una película descargada de Internet porque de otra manera no la podría haber visto, ya que no me voy a gastar el dinero comprando la versión en DVD o Blu de una película que no he visto y que luego es posible que no me guste. En estos casos lo que hago es ver la primera media hora. Si me gusta, paro y me la compro. Si no me gusta, la borro y listo.

Estoy también en contra de las tácticas mafiosas de la Sgae. Como autor me parece que la idea de una entidad que proteja mis derechos y mis obras fantástica, necesaria; pero muchas de las cosas que hace la Sgae tienen poco que ver con el arte y mucho con la avaricia.

En mi caso se reduce todo a una cuestión de amor y respeto por un arte que me ha proporcionado grandes momentos. Y también por mi respeto por la libertad de cada uno. Si por mi fuera todos los cines serían en versión original, pero entiendo que hay mucha gente que sólo va al cine para pasar el rato, como simple entretenimiento y dejaría de ir si sólo hubiera cines en versión original. Lo mismo con las descargas, ya os he dicho mi opinión personal, que cada cual haga lo que quiera mientras no perjudique a nadie.

Para acabar, os dejo con esta canción que no tiene nada que ver con el tema. Simplemente es un grupo que me gusta mucho.

21 dic. 2010

En el espacio nadie puede oírte gritar: la saga Alien



Tendría unos nueve años cuando vi Alien - El octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979) por primera vez en televisión. Estaba toda mi familia acurrucada en el sofá y recuerdo que mi madre me dijo: "si sale algo que te da miedo, tápate los ojos." La verdad es que no tuve tiempo de taparme los ojos a medida que cada aterradora imagen se me grababa en el cerebro. Nunca lo había pasado tan bien pasándolo tan mal, desde entonces fui un fan de los Alien.

A mediados de los setenta, Dan O'Bannon regresó a Estados Unidos después de que el proyecto de filmar Dune por parte de Alejandro Jodorowsky se desmontara al no encontrar financiación (todavía no se había estrenado La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977) y el espacio no estaba de moda). O'Bannon, arruinado y sin un lugar en el que quedarse, encontró alojamiento en casa de Ronald Shusett, un compañero guionista. Ambos empezaron a mirar proyectos en los que trabajar juntos. El primero fue una adaptación de un relato de Phillip K. Dick titulado We Can Remember It For You Wholesale (publicado por Ediciones B junto a El informe de la minoría en que se basó Steven Spielberg para rodar Minority Report (2002)) que sería retitulado Total Recall y convertido en película por Paul Verhoeven en 1990. Shusett y O'Bannon sabían que Total Recall sería un proyecto caro, así que O'Bannon se puso a trabajar en una historia que pensaba dirigir enfocada a ser una producción de serie B y, por tanto, más factible de ser hecha.

El guion, todavía sin título, trataba sobre unos astronautas que reciben una señal de socorro y cuando la van a investigar son atacados por una bestia extraterrestre. O'Bannon, encallado al principio, se lanzó a escribir un guion que reunía no sólo elementos de las películas de ciencia-ficción y el terror de los cincuenta y sesenta, sino también elementos sacados de los relatos de H. P. Lovecraft. El elemento que lo desencalló fue la sugerencia de Shusett de que O'Bannon utilizara la estructura de un relato anterior de O'Bannon titulado B-17, en el que un avión de vuelta de una misión durante la Segunda Guerra Mundial es atacado por unos gremlins. Si habéis leído el post, sabréis que este relato fue luego adaptado en la indispensable Heavy Metal (Gerald Potterton, 1981), cambiando los gremlins por zombis.

Poco más tarde, O'Bannon terminó un guion que decidió titular Alien (en inglés puede ser tanto un nombre como un adjetivo, es usado con significados relacionados a cosas o personas que no pertenecen a un lugar y son ajenos a éste, principalmente inmigrantes y extraños) ya que utilizó el término para referirse a la criatura extraterrestre que acaba con los astronautas en el guion. La historia mostraba influencias de muchas fuentes: desde The Black Destroyer de A. E. Van Vogt, un relato en el que una bestia extraterrestre ataca a unos astronautas; hasta infinidad de películas como The Night of the Blood Beast (Bernard L. Kowalski, 1958) en la cual aparece, creo que por primera vez, un humano usado como incubadora de estraterrestres; o It! The Terror Beyond Space (Edward L. Cahn, 1958) en la que de nuevo se repite el esquema de unos astronautas atrapados en una nave y una bestia extraterrestre que los va eliminando uno a uno. Se podría decir que Alien fue la epítome de este tipo de películas, la que incluía todo hecho de una manera única, por ello después de Alien, todas las películas que se estrenaron parecían copias de ésta. No es hasta 1987 que se estrena una película que consigue diferenciarse de Alien y ser única en su estilo: Depredador (Predator, John McTiernan).

El guion fue dando vueltas de productora en productora, siendo rechazado en todas. Es entonces que cae en manos de Brandywine, una productora propiedad de Walter Hill y David Giler. Estos no eran fans de la ciencia-ficción ni mucho menos y el guion les pareció malo salvo un par de escenas. Decidieron producirlo cuando la Twentieth Century-Fox buscaba más proyectos ambientados en el espacio tras el fenomenal éxito de Star Wars. O'Bannon recuerda como en una de las primeras reuniones, Walter Hill declaró que lo mejor que podía aportar al proyecto era que no le gustaba la ciencia-ficción ni sabía nada sobre el tema. Y se notaba.

Hill es bastante bueno en lo suyo: películas de acción. Pero cuando lo sacas de ahí tenemos problemas. Eso se notó especialmente en el intento de robar el guion que O'Bannon había escrito. Y habéis leído bien, he escrito robar. Primero empezó por cambiar el nombre de todos los personajes, convencido de que así constaría como autor. Luego, junto a Giler, empezó a reescribir el guion añadiendo los tópicos más sobados del cine de terror, por ejemplo: el gato y la escena en que en peligro de muerte Ripley (Sigourney Weaver) vuelve a por él. Un detalle tremendamente estúpido que deslustra una obra maestra. Pero Giler y Hill sí que hicieron una adición interesante: convertir a Ash (Ian Holm) en un robot. El caso es que Giler y Hill empezaron a hacer reescritura tras reescritura, pero lo único que consiguieron con ello fue destrozar el guion original y, finalmente, tuvo que volver a manos de O'Bannon cuando descubrió que el par pretendía quitarle su historia y empezó a trabajar para arreglar el desaguisado.

Es debido al incidente Alien y el intento de apropiarse del mérito de algo que no era suyo por parte de Walter Hill que mucha gente considera justicia poética cuando tras dirigir la película Supernova se peleó con el estudio por el montaje. Finalmente la película se estrenó en el año 2000, sin estar firmada por Hill que usó el pseudónimo Thomas Lee, y se dice que en el montaje final participaron Francis Ford Coppola y Jack Sholder.

O'Bannon, siguiendo el estilo de trabajo que había observado en Jodorowsky durante el fiasco Dune, había contactado con una serie de artistas para diseñar la película: Ron Cobb, Jean Giraud "Moebius" y H. R. Giger. Cuando le presentó los diseños de Giger a Ridley Scott (el director escogido por la productora, la intención original era que la dirigiera O'Bannon), Scott estuvo inmediatamente convencido que ése era el hombre adecuado para diseñar la criatura de su película.

Finalmente, todos los elementos estaban reunidos para rodar la que sería una de las películas clásicas del cine de terror y ciencia-ficción.


Alien da miedo. Scott, que gastó todo su genio entre esta película y Blade Runner (1982) y no ha hecho nada desde entonces que esté a la misma altura, crea una atmósfera de pesadilla. Se juega con elementos que a todo el mundo da miedo como la oscuridad o ahogarse, pero el diseño de Giger le añade toda una capa de miedos psicosexuales.

Básicamente, la criatura de Alien es un falo con dientes. La forma de la cabeza, los tubos en la espalda... son claramente fálicos. Su superficie negra y brillante, sin ojos, y sus enormes dientes en una boca cuya lengua tiene aún más dientes. Todo esto son elementos que conjugan miedos infantiles y adultos. Es una mezcla de símbolos sexuales en una criatura que parece asexuada. Por ello, no sólo da miedo, también nos incomoda a un nivel subconsciente. Personalmente, una de las escenas que más me impresionó fue cuando la criatura viola a Lambert, cosa que no vemos pero oímos. Otro elemento perturbador es la idea de algo creciendo dentro de tu cuerpo que es ajeno a él. Como un cáncer.

Scott también demuestra buena mano en la creación de la relación entre los personajes, que se aparta de la norma. Convencido de que en largos viajes espaciales se desaconsejarían relaciones sentimentales, que provocarían peligrosos conflictos, crea una relación lésbica entre Ripley y Lambert (Veronica Cartwright), insinuada más que explícita, ya que Scott visionaba un futuro donde las barreras entre heterosexualidad y homosexualidad se abrían borrado. De ahí que despierten todos juntos del hipersueño desnudos, hombres y mujeres.

Pero temáticamente hablando, para mí es muy interesante un detalle que se añadió en el montaje del director que se estrenó el 2003. Si no habéis visto esta versión, saltaos el párrafo. En esta versión se añade la escena al final en la cual Ripley descubre el nido que ha estado haciendo la criatura y es así como vemos que el Alien crea sus huevos a partir de los cuerpos de sus víctimas. Es decir, que vive a través de la muerte, como un parásito, sin necesidad de sexo ni reinas ni nada. Resulta tremendamente fascinante e inquietante, la criatura no simplemente te mata sino que te usa para crear más como él. Te hace pensar que habría sucedido con las secuelas que vinieron a continuación, ya que se revela que los Aliens no necesitan ningún tipo de reina para incubar los huevos de los que nace. Hay también una escena eliminada que no fue incluida en ninguna versión en la que vemos dentro de la nave que exploran Dallas (Tom Skerritt), Lambert y Kane (John Hurt) como se encuentran con una especie de jeroglífico en el que vemos el ciclo de reproducción del Alien. También se sugiere algún tipo de connotación religiosa.

Alien es una película impecable, un modelo a imitar en cuanto a cómo crear tensión y suspense, especialmente la versión del director, que es mucho más tensa. El éxito de la película hizo inevitable que se estrenaran continuaciones en un intento de ganar más dinero. El problema es que, como ya he mencionado antes, en Alien está todo y las secuelas cuentan la misma historia una y otra vez. Pero no por ello carecen de interés.



Aliens: El regreso (Aliens, 1986): Dirigida por James Cameron, esta continuación cambia el tono de la película, ya no es una claustrofóbica historia de terror, es más una aventura de acción y suspense. Cameron aprovechó material que había escrito para la segunda parte de Acorralado (First Blood, Ted Kotcheff, 1982) y que no fue usado por Stallone en su guion. Así, los comentarios respecto a que en esta película Ripley se convierte en una Rambo femenina no son casuales. Como es habitual en Cameron, puebla su película de personajes planos y tópicos y el argumento es predecible. De hecho, el final es el mismo que en Alien pero simplemente cambiando la escala de los eventos. Por otro lado, Cameron compensa sus deficiencias como narrador creando escenas de acción y tensión muy entretenidas haciendo que se te olvide que no estás viendo nada nuevo. El tipo de historia que maneja Cameron era más familiar para Giler y Hill, con lo cual no hubo problemas en ese aspecto. La versión del director resulta una película más redonda en lo que representa crear una subtrama según la cual Ripley pierde a su hija que muere de vieja mientras ella estaba congelada en el espacio. La maternidad es uno de los temas de la película, que también es una nada sutil metáfora sobre la guerra de Vietnam. Si bien cinematográficamente hablando, esta continuación no está a la altura de la primera, no puedo negar que resulta muy entretenida y te hace pasar un buen mal rato.



Alien³ (1992): Dirigida por David Fincher, recuerdo pensar cuando la vi en el cine que este director era bastante interesante. Como muchos ya sabréis, originalmente la película iba a ser dirigida por Vincent Ward, que había escrito un guion en el cual Ripley va a parar a una comunidad de monjes que vive en un planeta de madera que flota en el espacio. Al principio, no hubo ningún problema. No es hasta que se están construyendo los decorados que Giler, Hill y los ejecutivos de la Twentieth se echan atrás con lo del planeta de madera y deciden que no les gusta la idea. Ward se retira entonces del proyecto que pasa a manos de Fincher. Como ya he dicho, no es hasta que ya se había desperdiciado una buena cantidad de dinero en decorados que no se usaron, además de que Giler y Hill empiezan a reescribir el guion sobre la marcha. Y se nota. Fincher es un director ambicioso visualmente pero, debido a la estúpida manera de desperdiciar dinero de los estudios, tiene que abandonar muchos efectos, planos y escenas que había ideado. Luego, el estudio se apropia de la película y es obligado a estrenar una versión que no tiene nada que ver con su visión original. A pesar de todo, la película tiene algunas cosas interesantes. Lo peor es el guión de Giler y Hill, que escriben la típica historia de machotes que se les da tan bien, ambientando la película en una cárcel llena de personajes antipáticos. Sin embargo, en el año 2003, dentro del impresionante (hasta el pack en Blu-ray) pack Alien Quadrilogy viene incluido el primer montaje de Fincher. Uau. Aquí tenemos realmente una versión alternativa completamente diferente, una película cargada de tensión, nihilista y oscura. Con una duración de casi dos horas y media, esta versión es realmente una maravilla. A pesar de arrastrar los fallos del guion de Giler y Hill, como la muerte de Newt y Hicks o los personajes antipáticos, Fincher crea una auténtica pesadilla usando los espacios de la cárcel semiabandonada. El problema de la versión estrenada deriva de los intentos del estudio de estrenar una película menos amenazante y más digerible para el público. Recomiendo esta versión encarecidamente, especialmente si no os gustó la versión de Alien³ estrenada en cines.



Alien resurrección (Alien: Resurrection, 1997): Escrita por Joss Whedon y dirigida por Jean-Pierre Jeunet, la cuarta entrega de la serie es una entretenida película de aventuras espaciales y poco más. Ya conocéis la historia, los Aliens se desmandan en una nave espacial y se van cargando a los supervivientes uno a uno. Un detalle interesante que se añade es que Ripley tiene características del Alien que ha adquirido durante un proceso de clonación. Los toques de humor y unas escenas de acción bien dirigidas hacen que la película resulte aceptable, pero está a años luz de la de Scott, eso está claro. También existe una versión extendida, si bien Jeunet explica que la versión del director es la que se estrenó en cines y está muy contento con el resultado y esta versión extendida es simplemente una curiosidad para los fans. Ciertamente, las escenas añadidas no aportan gran cosa pero tienen su gracia. Sólo queda esperar que las dos precuelas que está preparando Ridley Scott devuelvan la saga a su estado de gloria. Las películas de Alien vs. Predator voy a fingir que no existen. Y os sugiero que hagáis lo mismo.

20 dic. 2010

Robot Chicken




Creada por Seth Green y Matthew Senreich, Robot Chicken parece una serie hecha expresamente para mí. Utilizando animación stop motion, es una retahíla de sketchs, que parodian multitud de series, películas, juguetes y videojuegos; con los que puedes poner a prueba tu nivel de frikismo identificando a qué hace referencia cierto gag. Aunque también tienen sketch que no hacen referencia a nada y son simplemente hilarantemente ofensivos.

El tipo de humor va del puro surrealismo a la más negra comedia, teniendo siempre presentes la violencia y el sexo a cascoporro, aprovechando la ventaja de una serie protagonizada por marionetas. En cierta manera es como ponerte a jugar de nuevo con los juguetes que tenías de pequeño, ya que muchas veces utilizan los mismos muñecos de la época.

Aunque tienen una serie de actores fijos poniendo voces, cuentan con una impresionante gama de actores invitados que demuestran tener bastante sentido del humor: desde el maestro Stan Lee hasta Sarah Michelle Gellar, Charlize Theron, Scarlet Johansson o Ethan Hawke. Aunque no es de extrañar que en ocasiones los famosos pasen de participar teniendo en cuenta el trato que reciben en los sketches.

Conocí la serie a través de unos especiales dedicados a Star Wars que me hicieron reír a carcajadas. Entonces sentí la imperiosa necesidad de hacerme con todas las temporadas. Y no decepciona, cada episodio dura unos once minutos en los que se descarga una furiosa colección de gags, que van de los dos minutos a los dos segundos. Cada episodio es como un disco de los Ramones, una ráfaga de imaginación y locura que se acaba antes de que te des cuenta, dejándote con ganas de más y más.

Aunque en este caso es mejor que juzguéis vosotros mismos con algunos ejemplos de la serie:




17 dic. 2010

Tron: Legacy



Ya sé que estáis pensando: ¡Eh! ¡Un momento! ¿Qué hace una película que por lo menos más de dos personas saben de qué va y que tiene mucho menos de 30, 40 o 50 años en el blog de El Cinéfago? Bueno, como seguramente ninguno de vosotros recordaréis, ya en el lejano post que hice sobre el clásico fantástico Tron mencionaba la anticipación con la que esperaba esta película. Supongo que será algo difícil de entender según la edad que tengáis, pero es como si llevase más de 20 años esperando a que se estrenase para vivir una nueva aventura en el universo de Tron.

Recuerdo ir hace poco al Fnac de L'Illa en Barcelona y ver que habían puesto un stand con un póster de Tron: Legacy y debajo un montón de DVDs de Tron por el cuál la gente pasaba sin hacer mucho caso. Me dieron ganas de ponerme a gritar: ¡Aquí podéis comprar magia! ¡Esto es MAGIA, gafapastas modernillos y cinéfilos esnobs, MAGIA! ¡Y Alejandro González Iñárritu es un pretencioso burgués de mierda! Pero me tuve que conformar con darle la brasa a la amiga que iba conmigo.

(Lo de González Iñárritu no tiene nada que ver con Tron pero es verdad y se tiene que decir)

El caso es que hoy por fin se ha estrenado Tron: Legacy. Dirigida por Joseph Kosinski (que parece que se va a poner al frente del remake de la curiosa El abismo negro (The Black Hole, Gary Nelson, 1979), otro producto de la etapa bizarra de la Disney) y con guion de Edward Kitsis y Adam Horowitz (guionistas de Lost). Aprovechando que en Barcelona tenemos la suerte de contar con un cine en versión original con 3D, no he querido esperar más para verla.  Por suerte, no he tenido que "ponerme enfermo" ni saltarme ninguna clase, como cuando fui a la primera sesión matinal de la cuarta entrega de Indiana Jones.

(Niños, está muy mal faltar a clase o al trabajo para ver una película, no lo hagáis... A no ser que tengáis un compañero que os coja los apuntes o seáis buenos mintiendo al jefe)

También he intentado bajar un poco las expectativas y controlar la emoción, no fuese que un exceso de anticipación me privase de disfrutar la película y juzgarla de manera justa. Así que, tras alcanzar un adecuado estado mental, me senté en mi butaca (siempre escojo la misma, tengo el lugar exacto escogido para disfrutar al máximo de imagen y sonido) y me puse las gafas 3D. Y empezó la película.

Si Olivia Wilde os parece espectacular, esperad a verla en 3D

La versión corta: Con la película he disfrutado tanto que casi me corro.


La versión larga:

Tron: Legacy retoma la historia de Tron justo después de que Flynn (Jeff Bridges) se hace presidente de Encom. Un día desaparece misteriosamente. 20 años después, su hijo Sam (Garrett Hedlund) recibe la visita de Alan Bradley (Bruce Boxleitner), y le dice que ha recibido un mensaje de su padre. Sam descubrirá entonces dónde ha estado su padre las últimas dos décadas.

La película ofrece varios homenajes a los fans de Tron: Sam repite la frase que Flynn dice cuando entra en Encom de forma no autorizada, los sonidos en el mundo digital se repiten también, el tren, la carrera de motos, la pelea de discos, la canción de Journey, el póster de la película de Tron (y también aparece un póster de la previamente mencionada El abismo negro)... La música de Daft Punk, además, tiene un agradable regusto ochentero que recuerda a las bandas sonoras de la época.


¿Pero para aquellas pobres almas que no conocen Tron esta película tiene algún interés? Bueno, primero de todo, vergüenza de no conocer tan fantástica película. Lo segundo es que sí, la película resulta interesante aunque en la vida hayas oído hablar de Tron. Ofrece una interesante reflexión sobre la corrupción de los ideales a través de un viaje por otro mundo que, como dijo alguien más listo, está en el nuestro. La corrupción de los ideales empresariales que estableció Flynn es paralela a la corrupción en el supuestamente utópico mundo digital. Resulta trepidante sin ser cansina, y la historia es lo suficientemente interesante para mantener nuestro interés en todo momento. Los guionistas de Lost introducen también algunos toques filosóficos/religiosos mezclados con la acción, igual que hacían en la serie, aderezado todo con unos toques de cyberpunk para darle sabor.

La película es también interesante en la forma que se presenta la evolución de la tecnología. El mundo digital del 2010 presenta una evolución respecto al de 1982 que diseñó originalmente Jean Giraud "Moebius", en el sentido que ahora se dispone de la tecnología para dotar de mayores texturas y capas al mundo digital y poblarlo realmente. Es nuevo pero al mismo tiempo muy reconocible. Es la evolución natural transcurrida en este mundo desde Tron a Tron: Legacy. El único fallo diría que recae en la versión joven de Jeff Bridges, que resulta poco natural.

En la película también hay algunos guiños a La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977) y uno bastante interesante a El mago de Oz (The Wizard of Oz, Victor Fleming, 1939): el principio es en 2D y cuando Sam entra en el mundo digital pasa a las 3D. Considerando todo, la película es una buena mezcla de aventuras y ciencia-ficción, la espera realmente ha valido la pena. Además, el actor Cillian Murphy hace un cameo como Edward Dillinger, el hijo del personaje que en Tron interpretaba David Warner. No aparece en los títulos de crédito, pero eso y otros detalles me ha hecho pensar que es posible que en un futuro próximo tengamos otra película ambientada en este universo si todo a bien, a no ser que fuese otro guiño.

En fin, ahora mismo acabo de ver la película y estoy muy excitado por lo bien que me lo he pasado por lo que no he hecho un análisis muy en profundidad, espero que lo comprendáis. Ojalá pudiera ir casa por casa y llevaros a verla, porque es toda una experiencia verla en el cine.

16 dic. 2010

Blood Feast


La sangre es el símbolo definitivo que todo el mundo entiende.
Herschell Gordon Lewis

Herschell Gordon Lewis define esta película comparándola con un poema de Walt Whitman: no muy buena, pero fue la primera.

En 1963, las audiencias de cines y drive-in observaban, algunos con horror, otros con cierta morbosidad; como se rompía un tabú en el cine. Por primera vez se mostraba violencia explícita y las consecuencias de esa violencia. No sólo se veía abundante sangre derramada, también se arrancaban lenguas y se destripaban personas. Gordon Lewis y su socio David F. Friedman fueron lo suficientemente avispados para ser los primeros en mostrar esta exhibición de crueldad humana, y así Gordon Lewis ha pasado a la historia como el inventor del cine gore.

Cuando a finales de los cincuenta se liberalizan las leyes de distribución en Estados Unidos, empiezan a surgir un montón de productores y distribuidores independientes que buscan competir con el cine que ofrecía Hollywood. Tenían muy claro, además, que si querían competir con las grandes y poderosas productoras tenían que ofrecer aquello que Hollywood no ofrecía. Muchos se especializaron en películas de terror, destinadas a proporcionar emociones baratas a precios bajos, pero la principal fuente de ingresos fue el sexo.

Fue aquí donde Gordon Lewis y Friedman hicieron sus primeros dólares en el mundo del cine: rodando nudies (más información sobre los nudies en mi post Nude on the Moon). Muy pronto el género se gastó, Lewis, que venía del mundo de la publicidad, se dio cuenta rápidamente que la novedad pasaría de moda rápido. Por tanto se decidió darle al espectador algo que no hubiese visto nunca y que no pudiese ver en otro sitio que su película: sangre. Y no sólo sangre, sino auténticas cascadas de hemoglobina.

De todas las películas de Gordon Lewis que he visto, Blood Feast no es la que más me gusta ni la mejor. Pero, como Lewis dice, fue la primera. Y como todas sus películas, resulta entretenida y divertida de principio a fin. Es fácil entender como en 1963, el año que se estrenó, la película podía resultar excesiva para unas sensibilidades que no estaban tan desgastadas como las nuestras. La gente salía del cine presa de náuseas... para volver a entrar rápidamente y no perderse ni un detalle. Obviamente, hubo los previsibles problemas con la censura y los grupos conservadores y la película tuvo sus recortes, pero ya se había abierto la veda.

Hoy día, sin embargo, la película tiene un atractivo más naïf que chocante: no tenían dinero para prótesis (ni sabían como hacerlas), así que usaron una cera cosmética, la misma cera que las casa funerarias usaba para arreglar cadáveres, para crear heridas y simplemente poner órganos de animales encima de la piel. Como ésa, se usaron otras técnicas primitivas para crear las ilusiones de mutilación y desmembramiento. A eso le sumamos una extraña banda sonora, unas interpretaciones que van del exceso al más puro hieratismo más un guión que no es ni normal,  y nos da como resultado un bocatto di cardinale para el gourmet del cine trash y la exploitation.

La historia fue ideada por Friedman y Gordon Lewis, luego le dio cuerpo de guión Allison Louise Downe (esto es, lo pasó a máquina y por eso tiene crédito como guionista, Downe era la secretaria-asistente de Lewis), y gira en torno al demente Fuad Ramses (Mal Arnold), un devoto de Ishtar que ofrece sacrificios humanos a su diosa. Localiza sus víctimas a través de su servicio de catering especializado en comida egipcia (Friedman y Gordon Lewis sabían que Ishtar era una diosa babilónica y no egipcia. Pero también sabían que a su audiencia no le importaría un detalle como ése). El detective Pete Thornton (William Kerwin alias Thomas Wood, un habitual en las películas de Gordon Lewis) va tras la pista del asesino pero sin mucha suerte. Por otro lado, se acerca el cumpleaños de la joven Suzette (Connie Mason), y su madre (Lyn Bolton) decide prepararle un festín egipcio a sugerencia de Fuad Ramses. Un festín que podría transformarse en... ¡Un festín sangriento! ¡Chan-chan-chán!


De entre el reparto destaca Mal Arnold, ofreciendo una interpretación tremendamente exagerada y sobreactuada como Fuad Ramses, siendo, por tanto, el más divertido de la película. Por otro lado tenemos a Connie Mason, cuyo único mérito para ser contratada fue ser la Playmate del número de junio de 1963 de Playboy. Como actriz no era muy buena pero siempre es agradable de ver y repetiría con Gordon Lewis al año siguiente en la clásica 2000 maníacos (2000 Maniacs).

Creo que ya lo comenté en otras películas de Gordon Lewis, el sello Something Weird ha ido editando gran parte de la filmografía de este histórico director en lujosas ediciones con comentarios del maestro en persona. Su importancia histórica la hace imprescindible para los aficionados al terror y la exploitation. En 1987, con guión de Michael Sonye y dirigida por Jackie Kong, se estrenó una pseudosecuela/parodia titulada Blood Diner. La película corre por mi casa en vídeo por algún lado, no tengo mucha más información aparte de que es un título bastante divertido. El propio Gordon Lewis dirigió en el 2002: Blood Feast 2: All U Can Eat. Una secuela que parece más una nueva versión y cuenta lo mismo, aunque con medios actuales. Os dejo aquí el tráiler, tan destacable como la película: