26 abr. 2011

Cuentos de hadas en el siglo XXI


Recuerdo el shock cuando me dijeron que la pareja protagonista de High School Musical (Kenny Ortega, 2006) ni siquiera se besa. Luego pensé que se debía a que era una película de la Disney, así que tampoco era tan raro. Pero de todos modos me resultaba extraño, como si fuésemos atrás en el tiempo.

¿Quién no recuerda la aparición de Olivia Newton-John al final de Grease (Randal Kleiser, 1978)? Con esos pantalones negros que parecían pintados sobre su piel, la chaqueta de cuero negra, la mirada que decía "vamos a ensuciarnos". Y, por supuesto, se besan. Claro que se besan. Y los otros personajes también tienen sus dosis de hanky-panky. Y luego tenemos una de mis películas favoritas, la absoluta obra maestra Rock 'n' Roll High School (Allan Arkush, 1978), en la cual los y las protagonistas tienen sólo dos preocupaciones: pillar cacho e ir al concierto de los Ramones. Es una actitud no muy diferente de la que tenía yo siendo un adolescente.

Y, según me dicen, es una actitud que sigo teniendo ahora. Pero resulta que ahora no es algo positivo.

El caso es que pensé que el conservadurismo y la mojigatería se debía a que era algo propio de la Disney. Dos estrenos recientes me han hecho reconsiderar esa postura, y ver que forman más bien de una corriente pudorosa y conservadora.

Una de ellas es otra producción Disney: Alicia en el País de las Maravillas (Alice in Wonderland, 2010) de Tim Burton. El problema con las películas de Tim Burton es que son tan buenas como lo sea el guionista que escribe el film en cuestión. Por ello, sus películas son visualmente y estéticamente consistentes, trabajando además con diseñadores de producción y artistas de gran talento como Rick Heinrichs, mientras que la calidad de sus películas en cuanto a narración y desarrollo de personajes es bastante irregular. Burton ha admitido que es un cineasta más bien superficial, interesado más en la imagen que el contenido.

En ocasiones, Burton tiene la suerte de encontrar guiones que se ajustan a sus gustos, como el guion que Scott Alexander y Larry Karaszewski escribieron sobre Ed Wood y que estuvo años dando vueltas por los estudios hasta que cayó en manos de Burton, o dar con guionistas de talento que le escriben las películas, como Jonathan Gems, que escribió Mars Attacks! (1996) por encargo de Burton que quería hacer una película basándose en una clásica colección de cromos, o Caroline Thompson, que escribió Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, 1990) después de que Burton se inventara el personaje.

Pero luego tenemos las películas en las cuales Burton se encuentra a la merced de un mal guion, como el del remake de El planeta de los simios (Planet of the Apes, Franklin J. Schaffner, 1968) o el de Alicia. El problema con el guion de Alicia que escribió Linda Woolverton es que traiciona la obra de Lewis Carroll y la convierte en algo que no es. Linda Woolverton es una guionista que trabaja habitualmente con la Disney, de ahí tal vez surgen los elementos que destruyen Alicia.

Si habéis leído Alicia en el País de las Maravillas, sabréis que Lewis Carroll no escribió un cuento en el sentido tradicional, sino que Alicia es una acumulación de anécdotas surrealistas y poéticas sin ningún orden en concreto que se van sumando mientras Alicia explora el extraño lugar al que ha llegado siguiendo un conejo. Es una anárquica celebración de lo extraño e ingenioso, diversión por pura diversión, sin ningún tipo de disculpa por ello ni enseñanza moral al final. Woolverton a la hora de crear una estructura que fuera filmable mezcló Alicia en el País de las Maravillas y A través del Espejo y lo que Alicia vio en él, del cual coge el poema Jabberwocky.

Hasta aquí todo bien, ya que resulta lógico que para crear un sólida estructura narrativa se cogieran elementos de los dos libros. El problema llega cuando, para empezar, se copia la idea de Hook (Steven Spielberg, 1991) de convertir Alicia en una adulta que ha olvidado completamente todo lo relacionado con la fantasía para sumergirla de nuevo en el mundo fantástico.

Supongo que lo hicieron ya que en Hook funcionó tan bien (esto, amig@s, es ironía).

Esta maniobra significa que tenemos una primera media hora en la cual se nos presentan una serie de personajes los cuales, predeciblemente, nos volveremos a encontrar al final con todo lo que Alicia ha aprendido de sus experiencias en el País de las Maravillas. Y he aquí el primer fallo: ya que si algo no contiene la Alicia de Carroll son enseñanzas morales, ahí radica su atractivo. Pero lo peor es que la película se transforma en el directo opuesto ideológico de Eduardo Manostijeras.

La película evoluciona, al poco de introducirnos en el País de las Maravillas, hacia la clásica historia de caballero contra el dragón, siendo aquí Alicia la encargada de matar al dragón y restablecer el orden, algo que el País de las Maravillas nunca tuvo. La Reina Blanca es bella, perfecta y pura, la Reina Roja es malvada, demente y cabezona. El objetivo es devolver el gobierno a la perfección y belleza que representa la Reina Blanca y apartar inmediatamente lo feo que representa la Reina Roja.

Es decir, se hace una correlación entre bello=bueno, feo=malo. Como decía, tras devolver el País de las Maravillas a la Reina Blanca y matar al dragón, Alicia vuelve siendo madura y habiendo aprendido una importante lección. Es decir, tras restablecer el orden y acabar con la diferencia se reincorpora a la sociedad.

Creo que lo que Lewis Carroll diría ante semejante despropósito es: ¡buuuu!

El otro despropósito es la recién estrena Caperucita roja (Red Ridding Hood, Catherine Hardwicke, 2011). Viniendo de la directora de Crepúsculo (Twilight,2008), uno ya sabe que tipo de producto esperar. Crepúsculo es una descafeinada película destinada a las adolescentes que juega con la fantasía del vampiro de una manera segura e inofensiva. Caperucita roja hace lo mismo plagiando descaradamente En compañía de lobos (The Company of Wolves, Neil Jordan, 1984). De hecho, le ofrecieron en primer lugar dirigir la película a Neil Jordan, que lo rechazó bastante cabreado. La verdad es que lo entiendo, ya que cuando vi las primeras fotos de Caperucita roja pensé que estaban haciendo un remake de En compañía de lobos.

Sarah Patterson en En compañía de lobos
Amanda Seyfried en Caperucita roja

El problema no es tanto el plagio, ya que esto pasa y seguirá pasando, sino que la actitud es diametralmente opuesta. Es decir, donde En compañía de lobos es poética, misteriosa y erótica; Caperucita roja es mundana, vulgar, mediocre.

En compañía de lobos utiliza la caperucita roja para explorar el descubrimiento de la propia sexualidad, tratando el soterrado tema sexual presente en el cuento de hadas original en el cual el lobo es una metáfora del sexo. Caperucita roja utiliza la misma ambientación e idea pero creando un producto casto e inofensivo, donde lo importante es no apartarse de la senda marcada y, como en la Alicia de Burton, el sexo y la diferencia son condenados.

¿Son estos casos aislados o nos enfrentamos a una ola de puritanismo semejante a la de los 90? La verdad es que no lo sé. Espero que se traten de casos aislados, pero viendo como muchos de los recientes productos (series, películas) dedicados a los adolescentes van en esta línea de cursilería y mojigatería, parece que los adolescentes actuales no se verán beneficiados con el desmadre y el descontrol del cual hacían galas las películas adolescentes de hace unos años, tanto las buenas como las malas. Incluso productos como La chica de rosa (Pretty in Pink, Howard Deutch, 1986) parecen arriesgados comparados con lo que tienen los adolescentes de ahora.

5 comentarios:

Dr. Gonzo dijo...

Totalmente de acuerdo. Vivimos rodeados de un publico tremendamente mojigato e infantiloide, que prefiere a Robert Pattison antes que ha Bruce Willis (por poner un ejemplo)

Hoy día existe una tendencia a edulcorarlo todo que ya tira para atrás, y los primeros en esto, Disney. Factoria que, quitando uno o dos títulos, me parece muy mediocre.

A este paso, dentro de un par de décadas, el cine estará invadido por una soseria e inocencia mojigata digna del viejo cine de terror de la Universal (que no soporto, por cierto)

PD: Caperucita Roja es, evidentemente y como se veia venir, un truño. Y yo un imbécil, por ir a verla al cine.

Raül Calvo dijo...

1 El cine de terror de la Universal me parece soberbio, sobretodo teniendo en cuenta que hace ya 70 años que se hicieron y muchas se mantienen absolutamente geniales, como La novia de Frankenstein, y hay que verlas en el contexto que fueron creadas.

2 Yo me refería específicamente al cine para adolescentes, del resto creo que hay un poco de todo, solo hay que buscarlo. Creo que hay una brecha entre cómo quieren que sean los adolescentes y cómo son en realidad (generalizando, claro), cosa que me parece no pasaba antes, como si les interesara propagar ciertas ideas conservadoras.

3 La Disney es como todas las productoras: hace buenas películas y hace malas. El problema es que se ha erigido en representante del cine familiar para todos los públicos. También es cierto que ha través de filiales ha producido cine independiente, como las películas de Quentin Tarantino.

4 ¿Quién te engañó para ver Caperucita roja en el cine? ¿No sabías quién era la directora? ¿No habías visto En compañía de lobos? En caso de que no mírate, el post que hice, que es un gran título.

Dr. Gonzo dijo...

1-No le quito ningún mérito ya que fueron unos pioneros, pero a mi, personalmente, es un tipo de cine de terror que no me da lo que busco o lo que me gusta.

2-Lo sé, pero igualmente, en lo que a cine comercial se refiere, todo es (salvo algunas excepciones), muy politicamente correcto. Y no sólo el cine comercial. En cuanto hay algún título mas gamberrete va directo a dvd.

3-Yo me refiero al Disney de siempre, el que todos conocemos. Ya sabes, muchas canciones y ñoñería. Sólo salvo El rey León y todos, o casi todos, los títulos de Pixar.

4-Es lo que tiene tener novia. Igual que ella me acompañó a ver Piraña, yo tuve que resignarme a ver Caperucita, ese bodriazo, incluso sabiendo a lo que iba jaja

Raül Calvo dijo...

1 A mí es que me gusta todo: del gore extremo japonés (como Tokyo Gore Police o la comentada Tokyo Snuff) al clásico b/n sin efectos especiales ni nada.

2 Tienes razón, lo políticamente correcto abunda. Aunque cuando se estrena alguna gamberrada como Machete o Furia Ciega (ambas me gustaron mucho) suele fracasar en taquilla. Supongo que algunos estamos destinados a pertenecer a una élite minoritaria queramos o no.

3 Desde finales de los 60 hasta los 90, Disney atravesó una etapa de decadencia bastante severa, sobreviviendo a base de reponer títulos y el dinero de las filiales. Pero también te digo que a mí, de vez en cuando, no me importa la ñoñería de películas como Blancanieves o La bella durmiente. Y Encantada - La historia de Giselle es una peli que me encanta, de ahí que le dedicase un generoso post.

4 Amigo, te entiendo perfectamente.

Dr. Gonzo dijo...

2-Totalmente de acuerdo. En cuanto la cosa se sale un poco de madre o se hace algo minimamente diferente, el público se asusta y/o pasa del tema.
Luego se quejan...

Por cierto, Machete y Furia Ciega no tienen desperdicio. Es grindhouse en estado puro jaja

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