26 dic. 2011

Nada dice Felices Fiestas como una buena dosis de sexo y muerte


El 26 de diciembre es festivo en Cataluña (es Sant Esteve). Cuando esto salga publicado, yo probablemente estaré tirado en la cama intentando coger fuerzas para someterme a otra pantagruélica comida familiar. Ánimo, yo del futuro, sólo te quedan tres mortales comidas festivas más y todo habrá terminado. Por lo menos hasta el año que viene, claro. Coge un poco de energía acabando de leer el Makoki integral mientras escuchas a los New York Dolls. Piensa que a mí, tu yo del pasado, todavía me quedan todas las monumentales comidas navideñas por delante.

Pasemos a la película de hoy, algo ligero y entretenido: la producción británica Little Deaths (Sean Hogan, Andrew Parkinson, Simon Rumley, 2011). El título proviene de la expresión francesa la petite mort, literalmente: la pequeña muerte, con la cual se alude metafóricamente al orgasmo. O, más bien, a ese microsegundo en que todo tu cuerpo se detiene (como si estuviera muerto) antes de la explosión placentera que inunda todo el cuerpo durante el orgasmo. Con este titulo se resume los temas principales que unen las tres historias que componen esta película: sexo y muerte. Eso sí, que el sexo sea una de las temáticas principales no quiere decir que la película sea erótica o particularmente explícita en cuanto a sexo en pantalla se refiere, pero está presente de una u otra forma.

House & Home, escrito y dirigido por Sean Hogan, es la historia más típica de las tres, usando temas y giros más habituales en el género. Está protagonizado por una pareja de clase alta, Richard y Victoria (Luke DeLacey y Siubhan Harrison), los cuales no tienen una relación precisamente apasionada y amorosa. Ambos hablan ominosamente de algo que tarde o temprano implicará a Sorrow (Holly Lucas), una sin techo. Aparte de alguna que otra crítica social, la historia sigue el esquema practicado por los EC Comics, colocando un -no tan- sorprendente e irónico giro al final. No es nada que no hayamos visto antes, pero está bien ejecutado.

Mutant Tool, escrito y dirigido por Andrew Parkinson, es el relato que más que me gustó de los tres y el único por el cual realmente recomendaría ver la película. Es, claro, la historia más bizarra y enfermiza de las tres, mezclando diferentes elementos que conforman una historia llena de humor negro y angustia, que me provocó un auténtico escalofrío al final. Está protagonizada por Jen (Jodie Jameson), una ex muchas cosas que intenta desengancharse de las drogas. Su novio Frank (Daniel Brockelbank) trabaja para el doctor Reece (Brendan Gregory) -supliendo incriminatorio material-, y por sus contactos Frank mete a Jen en un programa de desintoxicación experimental llevado a cabo por el doctor Reece. Jen empieza entonces a tomar unas pastillas que le provocarán una serie de extraños efectos secundarios. Paralelamente, conocemos el origen de las pastillas: las extrañas secreciones del aparato genital mutante del sujeto X (desarrollado por los nazis, nada menos), el cual es mantenido encadenado, suspendido y permanentemente despierto.

El tono y lo demencial de la historia hacen que este cuento resalte por encima de los demás. El drama de Jen, mezclado con el trabajo de Frank, los experimentos nazis y el día a día de los cuidadores del sujeto X hacen que sea en todo momento interesante.

Bitch, escrito y dirigido por Simon Rumley, es el cuento que cierra la antología. Por desgracia este fragmento resulta tremendamente decepcionante aunque tiene un inicio y desarrollo bastante interesante. Claire (Kate Braithwaite) y Pete (Tom Sawyer) son una típica pareja de veintimuchos-treintaypocos. Bueno, "típica" por los problemas y alegrías que tienen, porque sus gustos de alcoba son, como mínimo, inusuales. A medida que avanza la historia, vemos como se desarrolla su relación hasta llegar a la terrorífica conclusión.

En un principio me pareció interesante este relato por como, filmado en un estilo vérité que aporta mucho realismo, retrata el día a día de una pareja cuya única particularidad son sus gustos y el estilo de relación víctima-dominante alterna que tienen. Me parecía ingenioso el hecho de mostrar que por muy bizarra y extraña que pudiera ser la intimidad de una pareja, no dejaba de ser una pareja con sus típicos altibajos. Era una manera divertida de subvertir los típicos dramas o comedias románticas. Pero todo ello queda destruido por un final que se alarga demasiado, más cuando queda claro lo que va a pasar y sólo tienes ganas de que acabe de una vez tanto preparativo, y que resulta excesivamente moralista y, hasta cierto punto, misógino. Es una lástima, porque si no es por su conclusión podría haber sido el mejor y más interesante de los relatos.

Como suele ser el caso en las películas de antologías, el resultado es irregular. Historias interesantes junto a otras no tanto, pero creo que se merece por lo menos un visionado.

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