5 mar. 2012

Hitler, vivo o muerto (Hitler - Dead or Alive)


Quentin Tarantino cita Hitler, vivo o muerto (Hitler - Dead or Alive, Nick Grinde, 1942) como una de las principales influencias de Malditos bastardos (Inglorious Basterds, 2009). Pero mientras ambas comparten algunos giros argumentales, están a años luz de distancia en cuanto a calidad.

Hitler, vivo o muerto fue uno más de los varios films propagandísticos que se estrenaron en Estados Unidos, tras involucrarse el país en la Segunda Guerra Mundial en 1941. La película fue hecha con cuatro duros y contando con un guion demencial, factores que hacen que vista hoy día resulte muy divertida de puro absurda.

El argumento gira en torno a tres gánsteres, Steve (Ward Bond), Dutch (Warren Hymer) y Joey (Paul Fix), que deciden hacerse con el millón de dólares que un millonario (Russell Hicks) ha decidido dar a quién le traiga Hitler, vivo o muerto. Tras diversas peripecias llegan a Alemania y se les une el piloto Johnny Stevens (Bruce Edwards) y reciben la ayuda de una famosa artista alemana que resulta ser una agente doble, la condesa Else von Brandt (Dorothy Tree), ésta les hace pasar por músicos y los cuela en un evento al cual asistirá Hitler (Bob Watson), allí intentarán llevar a cabo su misión.

La película empieza con diversos toques cómicos típicos de la época. Cuando les preguntan a los gánsteres como se lo harán para infiltrarse en Alemania, ya que todo el mundo habla alemán, responde Steve: "ningún problema, llevamos un negocio de cerveza en Milwaukee"(?), aunque no hay motivo de preocupación porque en la Alemania de esta película todos hablan inglés, incluso cuando hablan con otros alemanes. También hay otro momento impagable en el cual Steve derriba un avión con una metralleta, que no tengo bien claro si está hecho en serio o en broma. Sin embargo, el tono cambia cuando son hechos prisioneros y enviados al campo de concentración de Dachau... que no tiene nada que ver con el real, sino que se representa como una cárcel de guerra típica ya que todavía no se había hecho público lo que sucedía en los campos de concentración nazis. Visto hoy resulta tremendo, pero no se puede culpar a los realizadores ya que, repito, seguramente desconocían lo que sucedía en esos campos.

De todos modos, los toques absurdos hacen también que la seriedad que adopta hacia el final de la película resulte igualmente ridícula, a pesar de que resulta encomiable que intente concienciar a los espectadores de entonces.

Si disfrutasteis y os reísteis con films como Plan 9 from Outer Space (Edward D. Wood Jr., 1959), esta demencial y extraña película seguro que os hace pasar un buen rato.

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