25 nov. 2014

En brazos de la mujer psicótica 2: Bestias humanas

No apreciada como se merece, El carnaval de las bestias (Jacinto Molina, 1980) nos ofrece un retrato nada halagüeño de la naturaleza humana. La venganza y la imposibilidad de encontrar redención son el centro de esta historia llena de personajes ambiguos.
El carnaval de las bestias tiene varios puntos en común con Los ojos azules de la muñeca rota (Carlos Aured, 1973): Paul Naschy, que dirigió y escribió la película usando su auténtico nombre, interpreta de nuevo a un criminal que será atrapado en una casa en la que dos hermanas no del todo cuerdas le dedicarán sus atenciones. Además, El carnaval de las bestias se rodó en la misma casa en la que se rodó Los ojos azules de la muñeca rota.

Pero El carnaval de las bestias es un film mucho más redondo. Naschy concibió la película en una etapa en la que se encontraba decepcionado por cómo eran recibidas sus películas, en la que había sido objeto de traición y engaño en diversas ocasiones y en la que estos sentimientos contribuyeron a crear uno de los periodos artísticos más interesantes de esta leyenda del terror. Algo que queda perfectamente demostrado en esta fantástica película.
El experto en Naschy Mirek Lipinski escribe, en las notas que acompañaron a la edición en DVD de BCI de esta película, que este es un film que satisfará a los cínicos y desencantados. Una definición acertada del tono de El carnaval de las bestias, que queda ya indicado en la secuencia de títulos de crédito, en la que la cámara se pasea por el terriblemente majestuoso cuadro de Pieter Bruegel El triunfo de la Muerte.
 
El triunfo de la Muerte de Bruegel

Pero, para mí, el punto fuerte de la película es que el protagonista, Bruno Rivera (Naschy), es al mismo tiempo héroe y villano. Cuando arranca el film nos encontramos a Bruno, un mercenario que se vende al mejor postor, cerrando un trato con Mieko (Eiko Nagashima) para que ayude a su organización a robar unas joyas. Bruno se queda con Mieko y su hermano Taro (Kogi Maritugu) mientras se prepara el golpe. Tiempo durante el cual, además, Bruno y Mieko se enamoran. Sin embargo, cuando se lleva a cabo el golpe, Bruno los traiciona, mata a Taro y huye con las joyas. Perseguido por una Meiko determinada a vengar la muerte de su hermano, Bruno irá a parar a la casa de Don Simón (Lautaro Murúa), el cual curará sus heridas. Las hijas de Don Simón, Mónica (Silvia Aguilar) y Alicia (Azucena Hernández), se verán atraídas por Bruno, y harán lo posible por mantenerlo en la casa. Pero Bruno pronto empieza a sospechar que en esa casa pasa algo raro, al tiempo que empiezan a producirse una serie de asesinatos.

Como veis, en una de las tramas Bruno es el villano. Un traidor y asesino justamente perseguido por Meiko. En la otra, Bruno es el héroe. Acosado por los remordimientos de lo que le ha hecho a Meiko, es un hombre transformado por las heridas que ha sufrido y busca la redención a través de su relación con Alicia, mientras intenta desentrañar el misterio de lo que sucede en la casa de Don Simón. Por supuesto, las dos tramas chocan, en una casa cargada con una pesada atmósfera de locura y desesperación. Pero mientras que en Los ojos azules de la muñeca rota la locura se hacia evidente a través de las taras corporales, aquí es más sutil. Aquí la demencia es un cáncer que va devorando a una familia de manera tan silenciosa como implacable.

En esta película Naschy nos muestra una interesante evolución de los temas presentados en Los ojos azules de la muñeca rota, de una forma más interesante y madura. Un film que desde aquí humildemente reivindico y que espero pronto encuentre nuevos y satisfechos espectadores.


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