12 jun. 2010

Tarantula



Un hombre camina tambaleándose por el desierto. Cuando lo vemos de cerca nos damos cuenta de que ha sufrido unas terribles malformaciones. Da unos pasos titubeantes más y cae muerto. Así empieza Tarantula que Jack Arnold dirigió en 1955.

John Agar y Mara Corday en Tarantula
Los cincuenta fueron una época interesante en la ciencia-ficción americana en tanto que fue donde todas las fobias y terrores de una generación se vieron expresadas de forma contundente en la pantalla. Era una época de abundante y rápido progreso, tal vez demasiado rápido. Desde la creación de la bomba atómica se había desarrollado una relación ambivalente respecto a la comunidad científica. Por un lado capaces de grandes milagros, por otro lado de grandes monstruosidades.

Uno de los mejores ejemplos: Tarantula. Leo G. Carroll es el profesor Gerald Deemer, un científico cuyos experimentos están destinados a acabar con el hambre en el mundo. Para ello ha creado un nutriente superpoderoso capaz de hacer crecer a un conejo en días lo que normalmente tardaría meses. De esta forma altera el orden natural de las cosas. Y ya sabemos que pasa cuando se altera el orden natural de las cosas y se entra en los misterios divinos, ¿verdad? Desde Frankenstein que nos lo vienen diciendo. Después de la muerte del ayudante del profesor, el doctor Matt Hastings (John Agar) empezará a investigar que fue lo que le sucedió aunque como él deja bien claro sólo es "un vulgar médico rural". Es decir, un científico "de los buenos". Entre ambos está la adorable Mara Corday como Stephanie Clayton, una estudiante de biología que viene a trabajar con el profesor.
                                                                                                    Mara Corday sin araña gigante
Aquí tenemos otro detalle interesante de la ciencia-ficción de la época. De hecho, del cine fantástico en general. En estas películas, especialmente en los cincuenta, eran las únicas en las que las mujeres aparecían como algo más que amas de casa o novias del protagonista, en el caso que nos ocupa: una bióloga. En una época en la que se intentaba recortar la independencia que habían conseguido las mujeres durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial era en estas baratas producciones de serie B donde las mujeres aparecían desempeñando otras funciones que no fueran cuidar de los niños, mantener limpia la casa o buscar un buen marido. Un factor que sigue presente en el cine fantástico actual, donde casi es el único lugar donde las mujeres pueden interpretar papeles protagonistas con personajes fuertes e independientes.
                                                                                                                   
En cuanto a la tarántula gigante se refiere, Arnold maneja muy   bien el suspense y las apariciones de la tarántula para que    resulten inquietantes. Los efectos especiales están bien conseguidos para la época y el dinero que tenían. Por ello, la película se puede disfrutar hoy en día, además de contar una historia al contrario que con películas más actuales en las que todo es una excusa para ver al monstruo. Arnold construye un buen argumento sobre el que se apoya la tarántula gigante.

En pocas palabras, un clásico imprescindible para los amantes del género.

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