11 ago. 2010

Aparecidos



El debut en el largometraje del guionista de Sexykiller, Paco Cabezas, fue una interesante película de fantasmas que es un regalo para los fans. Es un regalo para los fans porque no consiste en una serie de aburridos sustos tras sustos enlazados por una historia sin interés y con insufribles personajes que uno desea matar o, en su defecto, ver como mueren sin tener ningún tipo de empatía. Básicamente, una película de terror mediocre es aquella producida por una gran productora cuyo concepto de película de terror es aquella que simplemente contiene sustos como una película porno contiene sexo. Estos productores parecen olvidar que a los fans no les gusta sólo el cine de terror sino también el cine de terror; esto significa que aspectos esenciales como el guión y la fotografía o un buen montaje también son apreciados. Es por eso que las mejores películas de terror suelen surgir de gente que entiende el género y le gusta porque es un fan él o ella mismo y cuando se ponen tras la cámara ofrecen algo diferente de los mismos refritos que hemos tenido que sufrir una y otra vez. Refritos que parece que sólo disfrutan los espectadores ocasionales de este género.

Stephen King tenía razón cuando comparaba al aficionado al cine de terror con un minero en busca de oro: tienes que tragar mucha mierda pero cuando encuentras una buena pepita de oro el esfuerzo vale la pena. Y, amig@s, Aparecidos es una señora pepita de oro.

La película cuenta la odisea que sufren Malena y Pablo (Ruth Díaz y Javier Pereira, ambos estupendos en la película), hermanos que viajan a Argentina ya que su padre está en coma y necesitan su autorización para desenchufarlo. En este estresante estado emocional los hermanos tropiezan con un horrible crimen que se comete una noche mientras descansan en un hotel. Y a la noche siguiente se vuelve a repetir. Malena y Pablo descubren que el crimen del que han sido testigos se produjo hace veinte años y las víctimas que intentan salvar ya están más allá de toda salvación.

La película añade a su historia de terror un interesante trasfondo social, relacionado con la dictadura argentina y supongo que motivo del cambio del título original: Noctámbula, no tan relevante para la trama. Además de una construcción temporal interesante, que se ve alterada a medida que Malena y Pablo van investigando los hechos acaecidos hace veinte años, la película mantiene el suspense y los elementos terroríficos sabiendo integrarlos dentro de la historia. La identidad del autor del diario que encuentra Pablo resulta bastante predecible pero creo que en realidad lo interesante no es que nosotros lo averigüemos sino ver como Pablo se niega a ver la realidad. Pablo es un soñador, lo que le ayuda a enfrentarse a sucesos sobrenaturales en contraste con Malena, más realista y de pies bien anclados en el suelo y por tanto le cuesta más enfrentarse a lo sobrenatural. La película empieza como una película de fantasmas pero luego se dirige a terrenos antes explorados por Richard Franklin en Patrick (1978) y Lucio Fulci en Aenigma (1987) en lo que es el angustiante tramo final de la película.

Los fantasmas en esta película son los fantasmas de un país que como el nuestro aún arrastra  producto de una terrible historia reciente. Y que en el caso de España sólo hay que ver las noticias de política para ver que no está superado del todo. Claro que si estuviera superado y los inocentes injustamente castigados hubieran obtenido satisfacción o sepultura o no hubiesen sido desaparecidos no habría "aparecidos". Es algo sobre lo que podéis reflexionar después de ver la película.

Paco Cabezas también mete varios homenajes y referencias a varias películas de terror que seguro reconoceréis sin problemas, así que no os privo del gusto de descubrirlos por vosotr@s mism@s. La película es muchísimo mejor que el tráiler.

1 comentarios:

Bea Cepeda dijo...

¡Anda! ¡Qué curioso! Esta película está escrita y dirigida por uno de mis guionistas favoritos. La verdad es que es un poco floja, aunque parte de una idea buena, pero, en mi opinión, se queda solamente en el intento de ser algo interesante.

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