28 oct. 2010

A punto para Halloween 3: La semilla del diablo




Estrenada en 1968, el clásico de Roman Polanski La semilla del diablo (Rosemary's Baby) es una de esas raras ocasiones en que si has visto la película no tienes por qué leerte el libro y viceversa, ya que Polanski, tal vez porque se trataba de la primera vez que adaptaba una novela y trabajaba material que no era suyo, hizo una traslación de la novela a la pantalla casi palabra por palabra. Fue la manera más inteligente de actuar ya que la novela de Ira Levin tiene una cuidada estructura y una delicada manera de construir el suspense, cosas que quedan intactas en la película. Por ejemplo, el diálogo que mantienen las monjas del primer sueño que tiene Rosemary (Mia Farrow) en su nueva casa adquiere una nueva importancia y significado cuando se llega a la parte final de la película, en la que todos los cabos se atan.

Polanski no repetiría esta fidelidad, cosa que habría hecho más interesante El quimérico inquilino (The Tenant, 1976) ya que eliminó la ambigüedad que hacía destacar la novela original de Roland Topor. En el film Polanski lo plantea todo indicando que el protagonista (interpretado  por él mismo) se está volviendo loco, mientras si leéis la novela podréis ver como Topor deja abierta la posibilidad de que sean realmente los vecinos los que estén atormentando al desdichado protagonista.

Volviendo a Rosemary's Baby, esta película se puede resumir en una palabra: paranoia. Rosemary descubre que hay una conspiración en su contra y que no se puede fiar de nadie ya que parece que todo el mundo está metido en ella. Aunque yo no incluiría al doctor Hill (Charles Grodin) ya que actúa pensando que Rosemary delira y no como si fuera parte del cónclave.

Ahí la importancia de mantener intacta la estructura de la novela de Levin. Los elementos que van planteando que una amenaza pesa sobre Rosemary son en un principio planteados para ser captados por el espectador. Diversas pistas como la conversación del primer sueño ya mencionada, la conversación en torno a la visita del Papa o el final de la conversación entre Guy (John Cassavettes) y Roman Castevet (Sidney Blackmer) que captamos brevemente en la primera cena entre los Woodhouse y los Castevet; son ofrecidas al espectador para que se ponga alerta. Luego, el resto de incidentes son planteados para que sea Rosemary la que se de cuenta de que algo huele a podrido en Dinamarca. Otra cosa que se traslada de la novela a la pantalla es la meticulosa documentación sobre ritos satánicos y cosas relacionadas para dotar de realismo a la historia.

Esta película es lo que los americanos denominan un slow burn, una película que se cuece a fuego lento, tejiendo una ominosa red de amenaza y angustia sobre la protagonista y los espectadores. Para que ello funcione es necesario tener un o una protagonista con el que sentirse identificado. En el caso de Rosemary, a pesar de ser encarnada por Mia Farrow, funciona ya que presenta una mujer que por un lado es moderna e independiente con un toque de ingenuidad e inocencia haciendo que sea fácil sentir empatía por ella, además de añadir los restos de educación católica que la convierten en la víctima perfecta para el cónclave.

Otro elemento interesante de la película es el humor negro, casi satírico, con el que Polanski nos presenta a los villanos de la función. Especialmente resalta como utiliza la comedia en la escena final para subrayar el horror y el absurdo de la situación. Me refiero a detalles como el japonés haciendo fotos como si fuera un turista en la Sagrada Familia o los diversos diálogos que escuchamos entre los asistentes, que podríamos contrastar con los de la fiesta para "sus amigos jóvenes" que celebran Rosemary y Guy.

Mención aparte merece el productor de la película, William Castle, el rey de los gimmicks en el cine y director de los clásicos con Vincent Price House on Haunted Hill (1959) y la memorable y gritona The Tingler (1959), entre otros. Realmente contrasta el estilo de Polanski en Rosemary's Baby con el de Castle, mucho más grandguiñolesco. También mencionar la música de Krzysztof Kameda, muy acorde con la película, especialmente una inquietante canción de cuna en la que canta Mia Farrow.

En definitiva, un imperecedero clásico del cine de terror y del cine en general.

2 comentarios:

Bea Cepeda dijo...

Solo he visto esta película una vez, y fue hace bastante tiempo. Me gustó, pero tampoco me pareció lo más. No obstante, se merece una segunda oportunidad, porque ahora ya no veo las películas con los mismos ojos que las veía hace cinco años, y creo que en un segundo intento, me gustará mucho más.

Antoine Doinel dijo...

La peli es buenísima, junto con Cul de Sac el mejor Polanski. Supongo que abra visto ud el documental El chico que conquistó Hollywood?? donde se narra la vida del productor de la Paramount Robert Evans (El Padrino, Chinatown...) y en un momento de la cinta se detiene más concrétamente en La semilla del diablo y sus entresijos. Si no la ha visto le aseguro que es muy recomendable.

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