30 ago. 2012

Los Mercenarios 2 (The Expendables 2)


Los Mercenarios 2 (The Expendables 2, Simon West, 2012) empieza con una espectacular secuencia en la cual los protagonistas llevan a cabo una misión, siguiendo el estilo de la primera entrega. No voy a señalar la ironía y relevancia de un grupo de americanos y europeos rescatando a un millonario chino, esto no es una película de Christopher Nolan, así que podemos centrarnos en la diversión y la acción, objetivos principales de esta secuela. El tono del film queda rápidamente establecido en el inicio, un tono mucho más ligero y autorreferencial que el de la primera entrega.

Y esta es realmente mi única queja o por qué la primera me parece mejor: el tono (y la banda sonora). De la primera me gustaron los momentos de introspección y honestidad, como el brutal monólogo de Mickey Rourke (por supuesto, he visto las películas en VO, algo a tener en cuenta cuando hable de las interpretaciones y referencias), en lo que daba la sensación de ser una elegía por un tipo de cine que aparentemente estaba enterrado. El éxito de esta primera entrega hace que el tono de esta segunda esté llena de guiños y chistes dedicados a los seguidores, algo así como una screaminización de la franquicia, los seguidores que hicieron que una película independiente con un bajo presupuesto, según los cánones actuales del cine de acción, recaudara más que muchas producciones de Hollywood del momento. Si en la primera la sencilla historia permitía explorar a los personajes, aquí la sencilla historia de venganza por la muerte de un personaje que lleva "carne muerta" escrito en la frente sirve como excusa para llenar la pantalla de estrellas del cine de acción, el problema es que como son tantas muchas apariciones se reducen casi a cameos. Esto hace también que me pregunte a quién pondrán en la tercera entrega: ¿Clint Eastwood arrastrando el cadáver de John Wayne? ¿Cynthia Rothrock? De momento se ha confirmado que Nicolas Cage estará en la tercera (por favor, por favor, por favor, que sea el villano).

La parte positiva es que esto hace que ver la película sea una experiencia muy divertida y seguramente ha contribuido a que sea un gran éxito, a pesar de que se abuse de las autorreferencias: chistes sobre Terminator (The Termiantor, James Cameron, 1984) de Arnold Schwarzenegger, La jungla de cristal (Die Hard, John McTiernan, 1988) -irónicamente, una película que puso el primer clavo en el ataúd del cine de acción musculado de los 80 al plantear un héroe que es una persona normal- de Bruce Willis, McQuade, el lobo solitario (Lone Wolf McQuade, Steve Carver, 1983) y Los valientes visten de negro (Good Guys Wear Black, Ted Post, 1978) de Chuck Norris, el hecho que Dolph Lundgren realmente tenga un máster en ingeniería química, publicidad de una pluma diseñada por Stallone... Hasta hay un guiño al montaje del director de la primera entrega (que imagino no se habrá traducido demasiado bien). Este tono contribuye también a disimular los aspectos más cursis y flojos del guión (como el hecho de que el malo se llame Vilain [Jean-Claude Van Damme], que se parece bastante a como se pronuncia "villano" en inglés).

Todo esto podría hacer pensar que esta es una película que sólo puede ser disfrutada por fanáticos del cine de acción. Pero creo que el genio de este film se encuentra precisamente en que ha logrado llegar más allá de los fans del cine de acción, lo cual explica su éxito sostenido en EUA. Es algo en lo que pensé al fijarme en el público que había en la sala conmigo, ya que se esperaría (tal vez por prejuicios) un público mayoritariamente masculino y que pasase de los 25, debido a la naturaleza de sus protagonistas. Pero lo cierto es que estaba llena de un público muy heterogéneo, diferentes edades (de chavales a jubilados) y géneros. Especialmente me llamó la atención un grupo de cuatro amigas porque, además de chicas atractivas, eran muy jóvenes (legalmente jóvenes). Pero ellas, igual que todos, aplaudieron cuando aparece Chuck Norris y rieron con todas las referencias, además de soltar grititos asociados a actividades nocturnas cuando Van Damme se lía a dar patadas.

Si consideramos lo anterior y lo ponemos junto al estrepitoso fracaso del remake de Desafío total (Total Recall, Paul Verhoeven, 1990) y que gran parte de los estrenos de este verano tenían un tono muy serio y circunspecto, podemos llegar a la conclusión de que Los Mercenarios 2 ha sabido satisfacer una necesidad del público, tal vez cansado de espectáculos infográficos y necesitados de acción analógica, aunque en este film (igual que en el anterior) se utilicen también efectos CGI.

Eso y el indudable carisma del reparto. Otro acierto del guion es permitir que los actores interpreten sus propias nacionalidades, lo cual redunda en unas mejores interpretaciones. En este aspecto destaca Van Damme, el cual liberado de tener que disimular que es un personaje americano ofrece una interpretación más sólida al no tener que estar continuamente esforzándose en ocultar su acento. Comparad por ejemplo su trabajo en JCVD (Mabrouk El Mechri, 2008), en la cual puede actuar utilizando su lengua materna, con el de la mayoría de su trabajo en el mercado americano. En este film no tiene que preocuparse por disimular su acento, e incluso habla un poco de francés aquí y allá, y eso hace que su personaje sea lo mejor de la película. El resto del reparto está bastante bien y tras tres películas (cuatro contando esta) ya estoy bastante acostumbrado a la piel de pene venoso que tiene Stallone.

En resumidas cuentas, un film de entretenimiento veraniego cargado de acción y one-liners, que no decepciona y cumple sus promesas. Atención al vídeo debajo del tráiler oficial.



29 ago. 2012

El hombre que cayó a la Tierra (The Man Who Fell to Earth)


Nicolas Roeg no es un director muy conocido, pero tiene en su haber obras maestras como la soberbia y fantástica Amenaza en la sombra (Don't Look Now, 1973), que fue seguida de otra fantástica película, El hombre que cayó a la Tierra (The Man Who Fell to Earth, 1976). Ambas tienen dos cosas en común: la habilidad de Roeg para elevar el material que trata consiguiendo crear films inolvidables partiendo de historias bastante comunes y la manera de editar las explícitas (para la época) escenas de sexo, intercalando las acciones de cama con otros momentos de la historia y los personajes consiguiendo que sean mucho más que simples escenas de sexo y contribuyan realmente al desarrollo de los personajes.

Adaptación de la novela de Walter Tevis de mismo título, el argumento utiliza la historia del visitante de otra galaxia para hacer un retrato incisivo de nuestra sociedad siguiendo la estela de otras novelas y películas como Forastero en tierra extraña de Robert A. Heinlein o El ser del planeta X (The Man from Planet X, Edgar G. Ulmer, 1951). Roeg nos pone en el punto de vista del extraterrestre, de modo que nuestro mundo es visto de forma alienígena, convirtiéndonos a nosotros mismos en extraterrestres. Tal vez esta perspectiva se vea reforzada por el hecho de que se sus responsables eran británicos retratando la sociedad americana, así que realmente se trata de forasteros en tierra extraña.

David Bowie es el hombre que cayó a la Tierra y hace un trabajo fantástico, cosa que no se puede decir de otros trabajos suyos como actor. Aunque tal vez no esté interpretando y Bowie sea realmente un extraterrestre, cosa que llevo años sospechando. Del resto del reparto destacaría Candy Clark como Mary-Lou, que ofrece una interpretación estupenda en un papel más difícil de lo que parece a simple vista.

El film trata diversos temas pero realmente el motivo por el que lo recomiendo es el fantástico espectáculo visual que Roeg nos ofrece. Combina técnicas propias del avant-garde con otras propias del cine clásico de un modo realmente único. Especialmente interesante es la forma en que edita e intercala escenas, comprimiendo el tiempo de forma increíble por lo creíble que resulta. Sin embargo, los momentos que más llaman la atención son las derivaciones surrealistas y extrañas que Roeg incluye en la películas, como los flashbacks del personaje que encarna Bowie. Son estos momentos llenos de extravagancia los que han hecho que El hombre que cayó a la Tierra se haya convertido en un film de culto, supongo, pero es un film mucho más interesante en conjunto que por sólo unos momentos de delirio.

Es curioso notar como el tráiler intenta vender la película usando la presencia de David Bowie y presentando un argumento más común o similar al de otras cintas de ciencia ficción, sacando escenas de contexto y creando argumentos que hacen pensar en un film mucho más convencional. Supongo que no querían asustar a la audiencia. El hombre... no es un film convencional pero no por su argumento sino por la forma en que Roeg nos lo presenta, consiguiendo que hoy día siga siendo un film fascinante.


27 ago. 2012

El por qué de El Cinéfago: Las películas que me cambiaron la vida


Parece que fue ayer cuando celebraba el post 500 con artículo especial y ya estamos en el post 666, casi 167 artículos más. Para el 666 había pensado hacer algo especial relacionado con tan satánico número, pero luego me di cuenta que ya había comentado todas las películas que uno podría relacionar con este número, así que he pensado hacer otra cosa, algo realmente especial: un recorrido por las películas que me marcaron. No es una lista de mis películas favoritas, ni una lista de las que creo son las mejores películas de la historia, sino un recorrido por aquellas películas que acabaron por configurar mis gustos, manías y preferencias para bien y para mal. De casi todas ya he escrito largos artículos que podéis leer clicando en el título, aquí solo haré referencia a aspectos emocionales o personales.


King Kong (Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsak, 1933): Esta es la primera película que recuerdo haber visto y me marcó para toda la vida. Pura magia, es en esencia lo que busco todavía hoy cuando voy al cine. Esa magia que descubrí en la Isla de la Calavera. Me marcó Fay Wray, me marcaron los monstruos de la isla y no es que me marcara, es que me rompió el corazón ver a Kong caer. ¡Malditos aviones!




El doctor Frankenstein (Frankenstein, James Whale, 1931): Debería tener unos cinco o seis años cuando vi esta película. La vi en VO, ya que mi padre la grabó de La 2, que durante un tiempo emitió películas en VO. No pillé mucho, pero se me quedó grabado el monstruo. Parecía tan triste.




Planeta prohibido (Forbidden Planet, Fred M. Wilcox, 1956): Una fantasía a todo color que no me cansaba de ver. De pequeño me pareció espectacular, sobretodo el monstruo invisible cuando de repente ¡se hace visible! Y es enorme. E-nor-me. Durante mucho tiempo pensé que Robby el Robot era un robot de verdad.




El experimento del Dr. Quatermass (The Quatermass Xperiment, Val Guest, 1955): Me llenó de terror ver como un humano se transforma en una cosa. De alguna manera se quedó grabado en mi subconsciente y es un motivo que he repetido muchas veces en los cuentos que he escrito. También hizo que desde un principio me atrajera el cine de David Cronenberg, del cual tenéis toda la filmografía comentada en el blog.



Estas cuatro películas me marcaron profundamente porque las vi entre una edad indeterminada y los 7 años. Las siguientes las vi a partir de los 7 años, me impactaron pero no de la misma manera casi traumática.


Alarma: catástrofe (The Medusa Touch, Jack Gold, 1978): La mirada enloquecida de Morlar (entonces no sabía que estaba interpretado por Richard Burton) me persiguió durante mucho tiempo. No sé si mi madre buscaba traumatizarme cuando me grabó esta peli, pero casi lo consigue. Hasta mucho más tarde no supe como se llamaba, pero su aterrador final estuvo mucho tiempo presente en mi cabeza y no pude evitar recordarlo cuando las Torres Gemelas cayeron. Puede que Carrie se cargara a unas cuantas personas, pero es que Morlar podía acabar ¡con todo el planeta!




Gremlins (1984, Joe Dante): Seguro que nadie ha oído hablar de esta peli. En todo caso, monstruos verdes causando caos y destrucción. Lo que se quedó conmigo, sin embargo, es el tono, esa mezcla de terror y comedia que también aplico en los cuentos que escribo.




Una pandilla alucinante (The Monster Squad, Fred Dekker, 1987): Un grupo de chavales enfrentados a los monstruos clásicos de la Universal, es como si alguien hubiera hecho una peli de mí. Esta peli también me enseñó una cosa: yo no era raro, había más gente como yo en el mundo. Ya no se hacen pelis tan maravillosamente irresponsables e incorrectas.




Videodrome (David Cronenberg, 1983): La primera vez que la vi no entendí muchas cosas de esta peli, debería tener unos 11 o 12 años. Pero a pesar de no entender muchas cosas, me fascinó, no se parecía a nada que hubiese visto antes. Fue el primer paso hacia una manera más madura de ver el cine, en lugar de simplemente ver de forma pasiva la historia que se cuenta.




Suspiria (Dario Argento, 1977): Uau. Una película que más que verla, la experimentabas. Cuando la pillé en el videoclub pensé que sería la típica cinta de terror pero me encontré con algo mucho más potente. Uau.




Phantasma (Phantasm, Don Coscarelli, 1979): Esta peli la vi más tarde que el resto de pelis referidas aquí, cuando ya era un "adulto" de 14 años. Me pareció surrealista e inquietante, pura atmósfera. Era otra peli que se salía de la norma y que me acabó enganchando a estas pelis que se salen de lo común, que no siguen territorios familiares. Que son más raras que un perro verde, vamos.




La cosa (The Thing, John Carpenter, 1982): Cuando todo el mundo babeaba con ET, yo estaba aterrorizado por la criatura metamórfica que Carpenter desató en las pantallas de cine. Aterradora, inquietante, fantástica. Una obra maestra que ha estado conmigo casi toda mi vida. Me dio mucho miedo cuando la vi de niño y me fascinó al mismo tiempo. Esa sensación de paranoia que consigue crear Carpenter, esos personajes inolvidables, esa música de Morricone... Al final todo se reduce a que cuando la vi de niño me dio mucho, mucho miedo.

24 ago. 2012

Domino


Este lunes todos amanecimos con el suicidio del director de cine Tony Scott. La noticia resultó tan terrible como sorprendente, ya que Scott tenía varios de proyectos, tanto de TV como de cine, en marcha. Al parecer, los primeros indicios apuntan a que la causa fue que se le había descubierto un tumor inoperable en el cerebro, aunque no se ha confirmado. Mi primer impuslo fue escribir un post-homenaje al director, pero viendo que todo el mundo ya lo había hecho y que yo no podía hacer nada que no fuera repetir lo ya dicho, preferí dejar pasar unos días para hacer algo un poco más sólido. También quería volver a repasar Domino (2005), una de las películas de Scott que más me gustan y que (casi) todo el mundo parece odiar, ausente en todos los artículos que se le habían dedicado.

Como ya dije en el comentario sobre la opera prima de Scott El ansia  (The Hunger, 1983), uno de los aspectos más interesantes de este director es la forma en que había polarizado a los aficionados y expertos. Unos decían que era un director comercial sin interés, otros que de los dos hermanos Scott el que realmente tenía talento era Tony. Sin embargo, Domino contaba con el desprecio incluso de algunos defensores de Scott. Algo que nunca entendí, ya que desde el primer momento a mí me encantó (en VO). Tenía la sensación de que era la única persona en el universo a la que le gustaba esta película, hasta que escuché el audiocomentario de Edgar Wright y Quentin Tarantino en la edición especial del film de Wright Hot Fuzz (2007). Ambos se ponen hablar de Tony Scott en una secuencia del film en la que Wright muestra la influencia que había tenido en él (si habéis visto Hot Fuzz supongo que ya sabéis a que secuencia me refiero), haciendo patente su admiración por Domino, e incluso ellos admiten que su opinión se haya en minoría.

El film había sido escrito por Richard Kelly, director y escritor de películas que me encantan y que a la mayoría de la gente les parecen horribles (sólo tenéis que clicar en la etiqueta "Richard Kelly" para ver su filmografía). Scott llevaba casi una década desarrollando el proyecto sin tener un guion que le satisficiera y escogió a Kelly tras leer el guion de Southland Tales (Richard Kelly, 2006), cosa que menciono porque explica la aparición de elementos comunes en ambos films, a pesar de ser muy diferentes entre si: ambos surgieron de la misma cabeza.

Domino se basa en la vida de Domino Harvey, una modelo que se convirtió en cazarrecompensas. Pero por mucho que se base en la realidad (y esta película apenas lo hace) y aparezcan personajes basados en personas reales, la película es ficción. Y eso va por todas las películas biográficas o "basadas en hechos reales". El cine es ficción, aunque cuente una historia real.

El acierto de Kelly fue meter las porciones biográficas dentro de una historia que es puro cine negro o criminal. De ahí que la película no sea un bio-pic y sí un neo noir cargado de acción que adopta un tono que no carece de momentos de humor esperpéntico y satírico. La única pega que le encuentro es que en ocasiones los diálogos son un poco demasiado cinematográficos y elaborados (los de la VO, los de la versión doblada son horribles).

Pero la razón por la cual Domino es tan denostada no es por su guion sino por el estilo que Scott adoptó para contar la historia. Un estilo que mezclaba diferentes tipos de cámara y una edición ultrarápida, un estilo que, siendo sincero, en manos de otra persona yo lo habría odiado. Porque hay muchas cosas del aspecto visual de Domino que vistas en otras películas o hechas por otros directores (como el Ed Wood del siglo XXI, Michael Bay) me habrían parecido (y me parecen) horribles. Pero en manos de Scott funciona.

En manos de otro director, Domino habría durado como 3 o 4 o 5 horas, en lugar de solo un par de adrenalíticas horas. Es como si el director te cogiese y te arrastrara corriendo señalando "aquí pasa esto, aquí esto y aquí esto". Y no sé por qué, en este film no es algo que me moleste.

Porque lo que me intriga de esta película es que, como he dicho, tiene un montón de elementos visuales que normalmente no soporto, pero de los cuales disfruto en este film. Lo que me lleva a la conclusión de que tal vez lo que me molesta en esos otros films no es tanto el estilo como la manera que tienen otros directores de aplicarlo. El genio de Scott consiste, para mí, en que logra que algo que resultaría aburrido o mediocre o insoportable en manos de otros, él lograba que funcionara.

Así que esta es mi recomendación Tony Scott. En VO y a todo volumen.


22 ago. 2012

El verano en que todo cambió


Hace poco estuve repasando la clásica Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975), debido a su reciente edición en Blu-ray. Hacía mucho tiempo que no la veía y diferentes aspectos me llamaron la atención, aspectos que me gustaría analizar en profundidad (no demasiada, nunca se sabe) a continuación. Aunque lo que realmente me llamó la atención al verla en Blu es lo increíblemente clara y prístina que es la imagen, más si la comparamos con las antiguas ediciones en DVD. ¡Nunca se había visto tanto de la primera víctima!

Es increíble, pero Tiburón es una película calificada para todos los públicos. Sólo la escena del principio, en la que se ve a un grupo de jóvenes fumando marihuana, ya la habría calificado para mayores de 18 años en la actualidad en Estados Unidos. No sólo eso, es una película bastante sangrienta y muy intensa. Sin embargo, en 1975 fue calificada PG (el "para todo los públicos" de aquí) en Estados Unidos, lo único que tuvieron que recortar es cuando una pierna mutilada llega al fondo del mar, simplemente quitaron algunos rebotes que hacía en el fondo. Y automáticamente pasó de R (menores de 17 años acompañados de un adulto) a PG. Por supuesto, el hecho de que se tratara de una gran producción de Hollywood facilitó mucho las cosas. Me pregunto que habría pasado si se hubiera tratado de una producción independiente.

En todo caso, su calificación contribuyó a que se convirtiera, en su momento, en la película más taquillera de la historia. Tiburón fue todo un fenómeno, una moda. Ahora, es una película comercial, de puro entretenimiento, que se ha convertido en un clásico del cine. Gracias principalmente a sus actores y a la dirección de Steven Spielberg, que en aquel entonces tenía las agallas de convertir un niño en una fuente de sangre.

El gran éxito de taquilla que obtuvo hace que se considere Tiburón como la iniciadora del blockbuster veraniego, la película-concepto (su argumento se puede resumir en unas pocas palabras) destinada a arrasar en taquilla durante los meses del verano, algo con lo que nosotros estamos muy familiarizados. Hay quien critica con amargura Spielberg y George Lucas por ello, que sus películas de entretenimiento de fácil digestión acabaron con la edad dorada del cine americano en los 70, década en la que el director era la estrella.

Y parte de razón tienen estos críticos, pero yo no le echaría la culpa a Spielberg y Lucas, sino a los ejecutivos de Hollywood con los ojos más puestos en los beneficios que en la calidad. Al fin y al cabo, las películas de estos directores que se estrenaron entonces se han convertido en clásicos que se mantienen por más tiempo que pase. Algo que un producto comercial de baja calidad no lograría. Es cierto que durante el verano se estrenan películas de calidad discutible, pero también otras muy buenas, igual que el resto del año. Pero ya sabéis que yo disfruto por igual con el cine de autor o personal y con el cine de entretenimiento o comercial, creo que ambas vertientes son necesarias y que ambas vertientes nos ofrecen grandes películas (y grandes bodrios).

Para mí, uno de los aspectos más interesantes de Tiburón es que fue una de las primeras producciones de serie B hechas con millones de dólares. El pionero, claro, fue Alfred Hitchcock con Psicosis (Psycho, 1960) y Los pájaros (The Birds, 1963). De hecho, Hitchcock realizó Psicosis con el propósito expreso de hacer una película con un argumento de serie B pero con un nivel de producción (y talento) de serie A, cosa que se le ocurrió tras ver un film de William Castle. Los pájaros es otro gran ejemplo: una monster movie realizada como una prestigiosa producción de estudio.

Tiburón fue calificada como "una película de Roger Corman pero con presupuesto" en una de sus primeras críticas. Y es cierto: Tiburón es una monster movie, una película de terror que cuenta un argumento que normalmente se podía ver sólo en producciones de bajo presupuesto pero hecho con la clase y el estilo que daban millones de dólares. Por supuesto, el talento de los actores fue algo fundamental. De hecho, una de mis escenas favoritas (o LA escena favorita) de Tiburón es cuando Robert Shaw, Richard Dreyfuss y Roy Scheider están pasando la noche bebiendo en el barco y Shaw hace su monólogo sobre su experiencia en el USS Indianapolis.

Tras Tiburón llegarían otros títulos de serie B lanzados con todo el poderío de los estudios como La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977) y Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979). El resto es historia. Ahora todas las grandes producciones hollywoodienses veraniegas son argumentos de serie B realizados con centenares de millones de dólares.

Tiburón es un clásico por méritos propios, no por haber recaudado miles de millones. El film cuenta una historia universal con toques míticos y alguna idea prestada de Moby Dick. Spielberg logra crear una perfecta máquina de generar suspense, igual que el tiburón es una perfecta máquina de matar. Gran parte de su magia y efectividad radica en que no vemos al monstruo hasta la parte final de la película, gracias a que el tiburón mecánico no funcionaba y lo único que se ve es las veces que lograron que funcionara.

La música o la idea de los barriles contribuyen a hacer presente al animal aunque no se le vea, logrando así que el suspense sea más efectivo y se cree una mayor tensión. Es algo que también sucede en Alien, muestra muy poco de la criatura hasta el final (en el caso del film de Ridley Scott, porque éste no quería que la gente se diera cuenta que no era más que un tío en un traje de monstruo). El defecto de la mayoría de películas hechas desde entonces (como muchas de las imitaciones de Tiburón) es que muestran demasiado de la criatura, de modo que se vuelve familiar, reconocible, y deja de dar miedo.

Tiburón es una gran película de terror, un clásico del suspense. Me impactó cuando la vi de niño (no fui nunca muy fan de E.T.) y me sigue atrapando en la actualidad. Diría que hace que no me adentre mucho a nadar cuando voy a la playa, pero no voy nunca a la playa. O me relaciono con otras personas. O salgo de casa. Si lo hiciera, desde luego este film haría que me lo pensase dos veces antes de poner un pie en el mar. Recomiendo a todo el mundo que se haga con esta edición en Blu-ray (bueno, yo pillé la edición libro), ya que supongo que todo el mundo conoce la película.
 

17 ago. 2012

Morir todavía (Dead Again)


Tras debutar en la dirección con Enrique V (Henry V, 1989), Kenneth Branagh dirige Morir todavía (Dead Again, 1991), una película de suspense que gira en torno a vidas pasadas y asesinatos futuros.

Esta es una película que me gustó bastante cuando la vi en su momento y cuando la compré en DVD me preguntaba cómo habría envejecido. Una amiga, a la cual le gustó en el pasado Morir todavía, me dijo que vista en el presente ya no le había gustado, pero a mí me sigue pareciendo una estupenda película de suspense.

Branagh utiliza un estilo exuberante y vistoso, nada tímido con los movimientos de cámara, subrayado por la banda sonora de Patrick Doyle. Con influencias de Alfred Hitchcock y Dario Argento, el director combina la historia de misterio y vidas pasados con unas gotas de neo noir para darle sabor. Para aquellos que no la conozcan, la historia arranca cuando el detective Mike Church (Branagh) ayuda a una mujer amnésica (Emma Thompson) a recordar su identidad. La misteriosa mujer tiene una serie de recurrentes pesadillas que remiten a una vida pasada y a un crimen del pasado: el asesinato de Margaret Strauss a manos de su marido, Roman. ¿Se repetirá el asesinato o esta vez se salvará Margaret?

Combinando el blanco y negro y el color, la película va viajando del pasado al presente mientras se desarrollan ambas historias. Originalmente se hicieron las escenas ambientadas en 1948 con la idea de que todos los personajes del pasado fueran interpretados por los mismos actores que aparecen en el presente, una idea interesante que luego fue más o menos desechada, pero se pueden ver algunos actores interpretando a distintos personajes en el presente y el pasado, además de Branagh y Thompson, claro. Aparte de esta idea abandonada, el argumento de la película está muy bien atado y si se ve una segunda vez se descubren todas las pistas que llevan al final. El desarrollo está bien dosificado, de modo que se mantiene el interés del espectador (o por lo menos el interés del espectador que esto escribe) a medida que la historia se va descubriendo. Hay varios actores secundarios bastante buenos, pero destacaría Robin Williams, que interpreta un rol serio, algo que se le da particularmente bien a este cómico.

El siguiente film de Branagh sería Los amigos de Peter (Peter's Friends, 1992), una soberbia mezcla de comedia y drama que, siendo un film superior a este, le hizo algo de sombra. De todos modos, Morir todavía es una entretenida cinta de suspense que nos ofrece el lado más grandilocuente de Branagh en un film que funciona, ya que es un aspecto de la dirección de Branagh que no ha dado películas muy acertadas (las excepciones serían Hamlet [1996] y Thor [2011]), haciendo películas mucho más redondas cuando adopta el modo "peteriano". En fin, algo entretenido y ligero para el fin de semana.


16 ago. 2012

TerrorVision

TerrorVision (1986) es una comedia escrita y dirigida por Ted Nicolaou para la Empire de Charles Band. Mezcla de incorrección política (más por pura inconsciencia que por intencionalidad) e ingenuidad, la película parece una versión punk de E.T. El extraterrestre (E.T.: The Extra-Terrestrial, 1982) en la cual E.T. en lugar de irse a casa se acaba comiendo a Elliott.

El film no es una joya a descubrir o un gran film de culto, pero te hace reír. La verdad es que cuando originalmente la alquilé en el videoclub pensé que era una película de terror por su título, la carátula y el hecho de que estaba en la sección Terror entre Zombi 3 (Lucio Fulci/Claudio Fragasso/Bruno Mattei, 1988) y Con la bestia dentro (The Beast Within, Philippe Mora, 1982) (me acuerdo porque las alquilé las tres y la grabé juntas en la misma cinta de video). Pero lejos del terror, el film es una comedia con más elementos de ciencia ficción que otra cosa, aunque hay homenajes a ambos géneros.

El punto fuerte de la película no es su criatura mutante devoradora ni la sangre y las babas sino la familia Putterman, compuesta por Stanley y Raquel Putterman (Gerrit Graham y Mary Woronov), sus hijos Suzy y Sherman (Diane Franklin y Chad Allen) y el abuelo (Bert Remsen). Los momentos más divertidos del film los proporciona esta familia disfuncional y demente, antecedente de Los Simpsons. Graham y Woronov están geniales y todas sus escenas provocan alguna risa debido a su habilidad para la comedia, aunque la escena sea normalita. Stanley y Raquel son swingers y tienen toda la casa llena de arte erótico, una casa realmente pasada de vueltas, pero le tapan los ojos al niño Sherman cuando accidentalmente sintonizan un canal porno en la tele (como si hubiera algo que no pudiera ver simplemente mirando la pared de cualquier habitación). Suzy está entre una punk y Cindy Lauper y la aparición de su novio, Sobredosis (Jon Gries), me hizo reír mucho. Luego están el abuelo y Sherman, obsesionados con los comunistas y el fin del mundo, pasan el tiempo preparando su refugio atómico lleno de armas.

A la troupe Putterman se le añade Medusa (Jennifer Richards), una especie de parodia de Elvira cuyos grandes atributos la convierten en una presencia continua a lo largo de TerrorVision, apareciendo en la pantalla de los televisores de la familia a menudo.

Mientras los momentos Putterman resultan muy divertidos, especialmente Graham cuando se pone en modo swinger con una camisa abierta hasta el ombligo y collares de oro, la trama que implica la criatura mutante no es nada del otro mundo. Tras un error, un vertedero espacial acaba lanzando a una peligrosa criatura mutante a la Tierra y se libera a través de la televisión. La criatura devora todo a su paso y puede imitar a la gente que se come. La criatura es una creación de John Carl Buechler, bastante bien hecha y efectiva, encajando bien con el tono del film.

El film dura poco más de hora y veinte, así que se pasa rápido. El estilo de humor me hizo mucha gracia, pero contiene muchas tonterías que no sé si a alguien más le pueden hacer gracia. Es la típica película que cuando la pongo a otra gente que no soy yo, no les hace ninguna gracia, pero creo que es ideal para distraerse sin pensar demasiado, más ahora que apreta el calor.


14 ago. 2012

Rock of Ages


Antes de hablar de Rock of Ages (Adam Shankman, 2012): Dentro de nada llegaré al post 666, si alguien tiene alguna sugerencia sobre qué película tratar en tan destacado número que la deje en los comentarios.

He estado dándole vueltas a cómo hacer una crítica de esta película. Dándole vueltas sobre la edición, la dirección y demás para justificar el hecho de que me lo pasé teta viéndola y me encantó. Pero no puedo, esta película me gustó por cuestiones descaradamente subjetivas, me llenó de nostalgia y alegría, y son cosas difíciles de racionalizar. Fue como si alguien hubiera cogido mis casetes y discos (um, menos Bon Jovi) y hecho una cinta de los mejores momentos y luego la hubiese proyectado (de alguna mágica manera) en una pantalla gigante. Algo que yo hacía a menudo en mi adolescencia (excepto la parte de la proyección mágica en una pantalla).

Normalmente soy bastante más exigente con los musicales que utilizan canciones pre-existentes que con los que son completamente originales, pero solo empezar la película con los acordes de Paradise City me di cuenta de que Rock of Ages me iba a gustar (sí, a veces soy una zorra con estas cosas). Para cuando llega Cum on Feel the Noize me di cuenta de que habían pasado dos horas como un huracán (¡ja! ¿lo pilláis? ¡como un huracán!), sacudiendo la cabeza y moviendo los pies en mi asiento. Hasta había momentos que me daban ganas de cantar a coro con la peli.

La pareja protagonista son la típica chica mona, Julianne Hough, y el típico chico guapo, Diego Boneta, pero el resto del reparto es realmente glorioso. Y muy divertido. Paul Giamatti, Alec Baldwin, Russell Brand, Malin Ackerman, Bryan Cranston... Todos de alguna manera logran hacerme reír. Hasta el cameo de cinco segundos de Eli Roth resulta carcajeante. De entre todos destacaría Catherine Zeta-Jones, una actriz que nunca me ha gustado mucho pero aquí resulta bastante efectiva como fanática anti-rock, y especialmente se merece un aparte Tom Cruise como Stacee Jaxx, que desde su primera aparición resulta brillante como un roquero sonado, evocador de Jimmi Page encerrado en su casa rodeado de velas o Axl Rose (más) pasado de vueltas. Por este reparto creo que es una imbecilidad ir a verla doblada.

Es cierto, es cierto, el guion, la historia, no es nada del otro mundo: pareja enamorada separada por un malentendido, club mítico en peligro de ser cerrado por un rollo de impuestos como el orfanato de los Blues Brothers. Sin embargo, el objetivo de Rock of Ages no es epatar con una historia superoriginal, sino hacer un homenaje a una época y un momento particulares del rock con una película-concierto irresistible. Además, aunque la historia no sea nada que no hayamos visto antes, la comedia funciona en todo momento y los números musicales te llenan de energía como solo el ROCK puede hacerlo.

Hay también una parte de la película que, en cierto modo, resulta algo triste. La historia del ficticio The Bourbon Room recuerda a la del real CBGB de Nueva York, donde vieron la luz The Ramones, Talking Heads y Blondie por mencionar unos pocos, sólo que CBGB acabó siendo cerrado el 2006 (aunque hay planes para reabrirlo con un festival, si no me equivoco). Además, la película hace una reivindicación del rock y su autenticidad salvaje, mientras se burla de las infectas boys band y del pop prefabricado. Algo que también me gustaría que pasase en la vida real: que los "artistas" prefabricados que hacen conciertos en playback y que son a la música lo que el papel de pared es al arte, fueran objeto de burla y escarnio, que no fueran promocionados con programas de televisión e ignorados como la basura que son. Por suerte, todavía se sigue haciendo buena música y, como dice la canción, el rock nunca morirá.

En definitiva, esta película me ha encantado, es muy divertida y la música es fantástica. El reparto está en estado de gracia y no hay ningún momento aburrido. Genial, en una palabra. Pero, ¿qué se yo? Rock 'n' Roll High School (Allan Arkush, 1979) es una de mis películas favoritas. Una última cosa, la historia que venden en el tráiler es distinta a la que aparece en la película.


13 ago. 2012

El moderno Prometeo: Creadores y creados


Si empezáis a leer esto buscando respuestas, me temo que os decepcionaré. El objetivo de este artículo es reflexionar sobre algunas cuestiones puestas de nuevo de actualidad por el film de Ridley Scott Prometheus (2012), aunque son temas que nunca nos han abandonado.

En mi breve comentario sobre el film escribí que no era una película profunda, pero intentaba serlo. Esta opinión se basa en el hecho de que plantea de forma directa y verbalizada sus temas y preguntas a través de los personajes que la protagonizan. En cambio, por coger una película que ha tenido mucha influencia en este film, en 2001: Una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968) no se nos plantea de forma directa o verbal ninguna cuestión, todos los temas e incógnitas surgen de forma natural a través de la historia que se nos cuenta. Eso no quiere decir que Prometheus ande escaso de ideas. Me gustaría centrarme en dos de las principales (otra manera de decir que son las que más me han interesado).

Prometeo, en la mitología griega, es el Titán que devolvió el fuego a la humanidad. Es decir, tras un primer engaño para que los dioses se quedaran la parte más insignificante de los sacrificios, Zeus como castigo decidió robarle el fuego a la humanidad y Prometeo lo recuperó. La venganza por esta segunda afrenta no se hizo esperar: primero Zeus envió a Pandora con una vasija llena con todas las desgracias existentes para que se casara con Epimeteo, el hermano de Prometeo. Pandora acaba abriendo la caja haciendo que las desgracias se liberen por el mundo. Después Zeus hizo que encadenaran a Prometeo en el Cáucaso donde un águila le devora el hígado, que le crece de nuevo por la noche al ser Prometeo inmortal.

Hay dos cosas que resultan de interés en este mito en relación con el film de Scott. Al igual que Prometeo, los protagonistas obtienen un conocimiento que esperan sea beneficioso para la humanidad y acaban provocando su posible destrucción. Esto es algo que aparece de forma repetida en la ciencia ficción y que se resume de la siguiente manera: "la ignorancia es la felicidad". Ya en la mitología cristiana la humanidad es expulsada del paraíso por comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. El conocimiento, se nos repite una y otra vez desde distintas religiones, es más perjudicial que beneficioso.

Está claro que es más fácil controlar a una población ignorante a través de la religión que a una informada. Pero dejando de lado la política, la ciencia ficción está llena de cuentos morales sobre el uso equivocado de un conocimiento recientemente adquirido. Sin embargo, en estos relatos (e incluyo en ellos Prometheus) no es que el conocimiento sea malo, parece que se trata más bien del uso que se hace de ese conocimiento y de la madurez y capacidad de control que se tiene para no darle mal uso.

Es posible que, antes de la II Guerra Mundial, se considerase que querer desentrañar los secretos de la vida fuera entrar en terrenos de Dios, por ello se recibe un castigo. Después de la II Guerra Mundial, con la creación de las bombas atómicas, parece ser más bien que el enemigo no es tanto la ciencia como el uso que se hace de ella. En todas las películas de la saga Alien siempre está presente la constante amenaza del intento de una monstruosa compañía de convertir a los Aliens en armas biológicas.

Tarántulas gigantes, hormigas gigantes, Godzilla... ¿Son estos los monstruos que crea el sueño de la razón? Parece ser que sí. Tras la II Guerra Mundial el miedo a la ciencia descontrolada parece descontrolarse.

¿Esto no dice más sobre la opinión que se tiene de la especie humana que sobre las maldades de la ciencia? Es posible que todas estas películas y cuentos y novelas sobre los peligros del conocimiento no sean más que otra manera de decir que somos una especie peligrosa, con una habilidad asombrosa para transformar cualquier beneficio en un perjuicio.

Lo que me lleva a preguntarme si los Ingenieros no son más que un reflejo distorsionado de nosotros mismos.

Volviendo al mito griego, hay otro detalle interesante: Pandora es creada por Zeus a partir de arcilla. Adán, tanto en la mitología cristiana como en la judía y la musulmana, también es creado a partir de arcilla. Mientras que a Zeus las cosas le salen bastante bien, en lo que a Pandora se refiere, parece ser a Dios no le salen tan bien: la Biblia está llena de parábolas y cuentos donde Dios castiga de diversas formas a su díscola creación. El mito judio del Golem nos presenta un hombre creado de arcilla para proteger los guetos judíos de Praga; el Golem luego se descontrola y empieza a atacar a aquellos que se supone debe proteger, así que es destruido.

La creación díscola más famosa es, claro, el monstruo de Frankenstein que Mary Shelley presentó en la clásica novela Frankenstein o el moderno Prometeo. La introducción de Frankenstein en el cine llevaría, con el tiempo, a crear la figura del mad doctor que en cientos de películas lleva a cabo algún experimento loco que se descontrola y acaba significando su propia destrucción.

Siempre he pensado que la presencia de tantas criaturas rebeldes que acaban destruyendo a sus creadores era una manera de representar el miedo generacional, el miedo a las generaciones futuras. Lo nuevo acabando con lo viejo. En la novela de Shelley es interesante notar que el monstruo empieza siendo bondadoso, pero tras ser abandonado por su creador, su padre, y verse sometido a diversas penurias por una sociedad que no le comprende, la criatura decide vengarse atacando de forma implacable a su creador.

El monstruo de Frankenstein es, básicamente, un adolescente que alcanza la madurez.

Lo interesante en Prometheus es que en esta ocasión somos nosotros el monstruo que sufre y no entiende por qué su creador le odia. Es una manera de tratar el tema del enfrentamiento entre creadores y creados bastante original. La búsqueda de respuestas parece llevar a resultados insatisfactorios. Lo que a su vez genera nuevas preguntas y nuevos viajes.

Tal vez lo que importa no son las respuestas. Tal vez lo que importa son las preguntas, hacerse preguntas, cuestionarse uno mismo. No quedar satisfecho simplemente con una respuesta. La búsqueda es lo importante. Por eso es mejor el cine que no ofrece respuestas, sino que hace preguntas. Las respuestas que nos ofrece el cine, como el origen de la Fuerza en la saga galáctica de George Lucas, son casi siempre insatisfactorias. Mientras que las preguntas mantienen vivo el intelecto y la obra que las ha planteado.


11 ago. 2012

Waxwork: Museo de cera (Waxwork)


Algunas veces ocurre que estás viendo una película y de repente: "Oh, no ¿Por qué has hecho eso, peli? Ahora no puedo recomendarte a mis amigos". Con Waxwork: Museo de cera (Waxwork, Anthony Hickox, 1988) me pasó. Es un film que tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. La primera vez que la vi en el programa Noche de Lobos no me gustó demasiado, pero en siguientes visionados me gustó algo más. Ahora dejo que las cosas buenas pesen más que las malas.

Entre las cosas buenas del debut de Hickox tras las cámaras se encuentra una historia, más o menos original, que le da la vuelta a un lugar común como es el museo de cera misterioso. En este caso, las escenas recreadas en cera son una especie de portales, las víctimas quedan atrapadas dentro y, una vez muertas, pasan a formar parte de la exhibición. Esto le sirve a Hickox como medio para hacer un homenaje a varios clásicos del terror: Vampiros, momias, marcianos, zombis, plantas carnívoras, monstruos... Todos tienen su representación. Y en el caso de los zombis, la escena transcurre en blanco y negro, un detalle con clase.

La película mezcla comedia y terror de forma algo irregular. En algunos casos acierta y hace gracia, en otros no. También es cierto que en el último tercio de película la comedia se abandona, aunque es el tercio más problemático del film.

Tal vez porque era su debut, el guion de Hickox resulta algo torpe en la forma que presenta la historia, dejando elementos bastante importantes para el final que deberían haber sido introducidos mucho antes para que no pareciese un simple deus ex machina. Los personajes principales no resultan muy interesantes ni simpáticos. El protagonista, Mark (Zach Galligan) es un pijo que hace que una criada le haga los trabajos de la universidad. Un capullo, vamos. Más logrados son los personajes femeninos Sarah (Deborah Foreman) y China (Michelle Johnson), pero el guion no les da mucho que hacer. Los personajes secundarios que interpretan David Warner y Patrick Macnee son bastante mejores, pero se trata de actores con mucha experiencia. Por otro lado, creo que originalmente los protagonistas deberían ser chicos de instituto y lo cambiaron por universitarios al ver que intentar hacer pasar el reparto por adolescentes sería pedirle demasiado al espectador, porque se comportan como chavales de instituto.

A pesar de todo, las recreaciones están muy logradas y son bastante entretenidas y sangrientas. Lo que hace que la película resulte entretenida de ver. Mi favorita es la de los vampiros, pero todas tienen sus puntos fuertes. Por ello creo que puede resultar curiosa de ver. No la recomiendo como gran película (aunque es bastante popular y en el 92 se hizo una secuela) por los fallos de guion, pero los homenajes y los efectos pueden hacer pasar un buen rato al espectador que no esté de humor para algo más exigente.


9 ago. 2012

Trampa para turistas (Tourist Trap)


-¡Esto no está pasando! ¡ESTO NO ESTÁ PASANDO!
-Oh, pero está pasando, Molly, está pasando.
Diálogo de Trampa para turistas (Tourist Trap, David Schmoeller, 1978)

Viviendo en una ciudad con un gran afluyente de turistas como es Barcelona, el concepto de "trampa para turistas" me es bastante familiar. Por supuesto, en esta joya de 1978 estrenada en 1979, la trampa para turistas es tanto literal como figurada y no sólo atrapa a los sufridos protagonistas, también atrapa al espectador, que rápidamente se ve sumergido en una muy lograda atmósfera de miedo y terror. Con la ayuda de una estupenda banda sonora de Pino Donaggio, el director y guionista David Schmoeller logra crear con pocos medios una absorbente cinta de terror construida sobre la base de una sencilla premisa. Al igual que La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, Tobe Hooper, 1974), esta sencilla premisa le permite a Tourist Trap muy logradas secuencias llenas de inquietud y suspense. Pero mientras el clásico de Hooper lo hace usando la visceralidad y el realismo como armas, en el caso de este film es justo lo opuesto y se introduce al espectador en una onírica pesadilla en la cual aquellos que conserven la cordura serán condenados.

La primera vez que oí hablar de esta película fue cuando cursaba 8º de EGB. Por aquel entonces ya era un fanático de Stephen King y convencí a mi madre de que me comprara un ejemplar de Danse Macabre (entonces no traducida al castellano) como herramienta para mejorar mi inglés. Algo completamente educativo, por supuesto. Fue en las páginas del tratado de King sobre el género que tantos placeres nos ha proporcionado que descubrí Trampa para turistas. King habla de la atmósfera y el poder que ejerce en el espectador, en una sección dedicada a hablar de las joyas que se pueden descubrir rebuscando entre montones de malas películas, de esas películas desconocidas cuya existencia se transmite entre los fans con el boca oreja. En esa sección habla también de otras joyas desconocidas para el gran público dirigidas por directores de los que nadie había oído hablar o empezaban a ser conocidos como John Carpenter y David Cronenberg (el libro se escribió originalmente en 1981).

En todo caso, los comentarios de Stephen King despertaron la curiosidad de mi yo de 13 años e hice lo posible por verla. Lo que significaba rebuscar por los videoclubs del barrio (era un época en que había videoclubs por todas partes). Tardé un tiempo pero finalmente conseguí localizarla (ahora lo tenéis más fácil para hacerlo).

La película se inicia como muchas de la época: una secuencia de asesinato seguida de la introducción de los protagonistas. Pero ya desde el principio se nos indica que esto va a ser diferente, ya que el asesinato en cuestión no lo ejecuta un misterioso enmascarado con un machete (aunque hay un misterioso enmascarado más loco que una cabra en Tourist Trap, por eso no os preocupéis) sino que la víctima es ejecutada por una habitación que parece cobrar vida. Y entonces se introduce el grupo de amigos que será eliminado uno a uno.

Como ya he dicho, el argumento es bastante simple y conocido: un grupo de amigos va a parar a una "trampa para turistas", el museo de cera de Slausen, y allí serán asesinados a pesar de las advertencias que les hacen. El punto original de la película, uno de los primeros slasher, es que su asesino no utiliza un machete para matar sino sus poderes telequinéticos. Esta curiosa elección permite a Schmoeller construir una atmósfera surrealista y pesadillesca llena de homenajes a otras películas. Personalmente encontré particularmente inquietante la escena en la cual Becky (Tanya Roberts) se pasea por una habitación llena de maniquís y estos la siguen con la mirada sin que ella se de cuenta. El asesino usa otros recursos para volver locas a sus víctimas: en una secuencia Molly (Jocelyn Jones) es acosada por unas voces que le van diciendo "únete a nosotros", de forma muy parecida a las voces que más tarde aparecen en la clásica Posesión infernal (The Evil Dead, Sam Raimi, 1981).

Otra de las cosas sorprendentes de esta película es que en Estados Unidos fue calificada PG, el equivalente al "apta para todos los públicos" que tenemos aquí. Y no es que el film sea tímido con la sangre, además de ser bastante intenso y perturbador, así que no lo entiendo. Pero bueno, es un PG de los 70, como Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975).

En definitiva, esta película es una joya que con el tiempo se ha ganado un estatus de film de culto. Intensa e inquietante, es un film muy recomendable para los aficionados al género.


8 ago. 2012

El íncubo (Incubus)


Llegó la hora de volver a los orígenes. De volver a las raíces. Últimamente, entre estrenos y clásicos y demás, he dejado de lado la razón por la que empecé este blog: hablar de las películas que nadie más comentaba (en castellano). Inicié esta andadura en Internet frustado por no encontrar ningún blog que comentara The Pit (Lew Lehman, 1981), y como ya me había pasado con otras pelis decidí ponerme a hacer los comentarios yo mismo. Por desgracia, son el tipo de películas que no generan miles de visitas ni comentarios (tengo la impresión de que la gente prefiere leer sobre lo que ya conoce) pero mi principal interés es dar a conocoer títulos como The Pit, The Acid Eaters (Byron Mabe, 1968) o La niña (The Child, Robert Voskanian, 1977), algunos de los cuales ni siquiera se habían estrenado en España cuando los comenté. Por ello hoy os ofrezco El íncubo (Incubus, John Hough, 1981).

A primera vista, esta producción canadiense no parece nada del otro mundo. Dirigida por John Hough, el director de la clásica La leyenda de la mansión del infierno (The Legend of Hell House, 1973), la road movie La indecente Mary y Larry el loco (Dirty Mary Crazy Larry, 1974) y varios títulos de la Disney (sigue activo hoy día); basada en un best seller de Ray Russell y protagonizada por actores sólidos como John Cassavetes y John Ireland, uno podría esperarse la típica película de terror hollywoodiense. Pero no lo es. Oh, no, no lo es en absoluto. Canadá, en plena fiebre slasher, tiene en su haber un currículum de pelis de terror salidas de madre que hoy son clásicas como San Valentín sangriento (My Bloody Valentine, George Mihalka, 1981) y Cumpleaños mortal (Happy Birthday to Me, J. Lee Thompson, 1981), la cual coincide con Incubus en tener un director más o menos prestigioso y un actor clásico metidos en una peli cruel y sangrienta. Eso sin olvidar que David Cronenberg es canadiense. Por tanto, Incubus es muchas cosas, pero desde luego no es "normal" o "típica".

Parte de la demencia de este film surge del best seller en que se basó. Russell había trabajado en Playboy y también con Roger Corman, dos factores que desde luego influyeron en el argumento y el estilo de la novela. De hecho, el argumento de la novela tiene bastante en común con la producción de Roger Corman Humanoides del abismo (Humanoids from the Deep, Barbara Peeters/Jimmy T. Murakami, 1980) (aunque al lado de Incubus, Humanoides parece sutil y elegante).

Los primeros minutos de la película dan la impresión de ser el típico slasher, pero muy pronto el film revela su naturaleza sobrenatural y, más avanzado el metraje, sus características demenciales. La trama gira en torno a una serie de violaciones y asesinatos que tienen una naturaleza claramente sobrenatural. La acción transcurre en Galen, un tranquilo pueblo en el que nunca pasa nada. Muy pronto van a pasar muchas, muchas cosas, casi ninguna de ellas buena.

Lo que más me gusta de esta película es que llega un punto en que, simplemente, se vuelve loca. Los actores (no los personajes) empiezan a actuar de forma histérica, como contagiados por la banda sonora de Stanley Myers, las muertes se hacen cada vez más sangrientas y brutales, hay una actuación delirante de Samson y los momentos más extraños se producen durante escenas supuestamente dramáticas, especialmente por parte de Cassavetes, el cual había aceptado el papel para financiar su carrera como director, lo que puede que explica su extraña interpretación y aspecto. El film, además, está lleno de detalles perturbadores, como cuando vemos a las víctimas cubiertas con una sábana blanca completamente ensangrentada en la zona de la entrepierna, además de discusiones sobre esperma rojo sobrenatural y un primer plano al final que parece sacado de la más oscura exploitation.

Y esta es la mejor manera de describir la película: exploitation con un presupuesto. No muy alto, eso sí, pero lo bastante para darle una pátina respetable a un film pasado de vueltas. Pasado de vueltas, pero bien hecho, como demuestra una de las mejores escenas de la película (la masacre de una familia) hecha con grandes dosis de estilo en cuanto a montaje, ángulos y encuadre, un estilo que sirve para mostar una masacre (pies reventados, semidecapitaciones, ensangrentadas víctimas) propia de una serie B. Además, tiene una banda sonora bastante buena, desde la algo hortera música de Myers a las canciones del álbum de FM City of Fear usadas en el film.

En fin, una película estupenda de esas que esperaban pacientemente que alguien las alquilara en el rincón más oscuro del videoclub.




7 ago. 2012

Toro salvaje (Raging Bull)

 
Espero que nadie se moleste si digo que el boxeo no me parece un deporte serio. Me parece que consiste en dos hombres dándose de hostias y eso no creo que sea un deporte, por tanto me es difícil tomármelo en serio (ya de paso, las corridas de toros me parecen crueles espectáculos que consisten en ver a un animal torturado hasta matarlo). Digo esto porque las películas que tratan sobre el mundo del boxeo, por mucho que pueda ser leído en un contexto ficticio como una alegoría de la vida real, normalmente no me interesan. Me aburren. Las excepciones son películas ambientadas en el mundo del boxeo pero cuyo interés principal recae en el drama alrededor de los personajes como Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004), Rocky (John G. Avildsen, 1976) y, por supuesto, Toro Salvaje (Raging Bull, Martin Scorsese, 1980).

Toro salvaje no es una película sobre boxeo, sino que cuenta la vida del boxeador Jake LaMotta, encarnado por Robert De Niro. Lo que hace interesante a LaMotta es que todo aquello que lo convierte en un campeón en el ring hace que sea un perdedor en la vida, gracias a su carácter agresivo y una rampante paranoia, pero llegará un punto en que esta naturaleza autodestructiva acabará también por afectarle en el ring.

Lo cierto es que la suya no deja de ser la habitual historia de "más dura será la caída". Pero la manera en que Martin Scorsese y Robert De Niro (los autores del guion definitivo aunque no aparezca en los títulos de crédito) nos presentan esta biografía es la que mantiene al espectador pegado a la pantalla. Rompen los clichés de las películas biográficas lineales (aunque varias imitaciones ya han hecho su rompedor estilo más habitual) ya en los primeros minutos del film, en el cual vemos a un viejo y orondo Jake LaMotta ensayando el texto que luego recitará en el escenario y luego salta al joven LaMotta golpeando en un ring.

Pero voy a ser sincero: LaMotta no resulta tan interesante como personaje, ni lo que le pasa me interesa demasiado. Lo que me fascina es la manera en que Scorsese encuadra, mueve la cámara y crea las escenas. A ese estilo del mejor Scorsese le sumamos la fabulosa fotografía en blanco y negro de Michael Chapman y el resultado es casi imposiblemente bello. Mucha gente destaca la manera de rodar los combates, brutales y estilizados a la vez, pero incluso escenas como la de la piscina al principio rozan la perfección de una manera que es casi orgásmica.

Supongo que todos los amantes del cine ya la han visto, así que ya sabréis a que me refiero. Y sí, las interpretaciones de De Niro y Joe Pesci son geniales, y De Niro engordó para completar el papel, y etc. Pero, para mí, el atractivo de este film se haya únicamente en la sublime dirección de Scorsese.


3 ago. 2012

Prometheus


Hoy vengo a hablaros de una película de la que estoy seguro nadie ha oído hablar: Prometheus (Ridley Scott, 2012). Es decir, no ha oído hablar de ella si ha estado viviendo en otro planeta durante los últimos dos años. Ya desde que se anunció el proyecto y se empezó a escribir, hemos estado sometidos a una marabunta de noticias, imágenes, clips, spots y tráilers relacionados con esta precuela-de-Alien-que-se-transformó-en-otra-cosa-pero-transcurre-en-el-mismo-universo.

La verdad es que me alegro, igual que con El caballero oscuro: La leyenda renace (The Dark Knight Rises, Christopher Nolan, 2012), de haber ignorado todas las notícias, rumores, imágenes y vídeos con los que nos han bombardeado para que la película fuera toda una sorpresa. También para mantener las expectativas bajo control, Ridley Scott es uno de esos directores visuales en los que la calidad de sus películas depende del material que estén rodando. Así que todo dependía del guion de Jon Spaihts y Damon Perdidos Lindelof. Con un título como Prometheus me podía imaginar por donde irían los tiros (eso y cientos de pelis de ciencia ficción), lo que había que ver era como Spaihts y Lindelof trataban el material.

Y he de decir que lo han tratado bastante bien.

Cierto es que Prometheus y Alien son dos tipos distintos de película, Alien es una película de terror con una ambientación de ciencia ficción y Prometheus es una película de ciencia ficción clásica, pero el nuevo film de Ridley Scott hace diversas referencias al clásico de 1979: la aparición del título es igual, podemos oír una versión del tema principal de la banda sonora que compuso Jerry Goldsmith, desambigua sospechas sobre la compañía mencionadas en Alien y se utilizan elementos del guion original de Dan O'Bannon (la pirámide y los murales) que no hubo ni tiempo ni dinero para hacer cuando se rodó la primera entrega.

Hay otro aspecto que ambos films tienen en común: los dos tratan temas desarrollados repetidas veces en el pasado pero con un estilo que los hace parecer diferentes. Tal vez aquí se encuentra el único fallo realmente importante de Prometheus, en la forma que se da importancia a si misma como si estuviera abordando profundos temas filosóficos cuando en realidad no hace más que insinuarlos de la manera más poco sutil posible. Mejor dejar estas cosas a los entendidos, como Stanley Kubrick.

Pero cuando no intenta parecer más profunda de lo que en realidad es, Prometheus es un film de ciencia ficción bastante entretenido. El aspecto visual está muy cuidado (los Ingenieros me recuerdan a los dibujos de Moebius), los efectos no te sacan de la película y hay muy logrados momentos de tensión. Especialmente me gustó la escena de la cesárea, la cual juega muy bien con las expectativas de los fans como yo de la saga y resulta tan absurda y exagerada como alguno de los mejores momentos del spaghetti terror.

Por cierto, resulta muy sorprendente que teniendo en cuenta la intensidad y lo que se ve en algunas escenas esta película haya sido calificada para ¡menores de siete años! En Estados Unidos ha sido calificada R, menores de 17 años acompañados de un tutor adulto, aunque no es tan sangrienta como las películas de la saga (Tras escribir esto he visto que en la Guía del Ocio la ponen para mayores de 18 años y en algunos diarios para mayores de 12 años, aquí pasa algo que nadie nos dice).

Tal vez porque me he mantenido alejado de clips, tráilers y demás, el film ha resultado un gran festín visual y aunque la trama me resultaba muy clásica y familiar, su ejecución me ha mantenido intrigado y en tensión, por ello la recomiendo especialmente a los aficionados a la ciencia ficción. Es un film que para mí funciona aunque no trate nada nuevo (igual que Alien), ya que logra que dos horas se te pasen en un suspiro. En este aspecto hay que mencionar también el estupendo reparto que hace creíble los que vemos en pantalla. En fin, una estupenda película. Por cierto, ya se ha anunciado Prometheus 2, lo cual no veo como puede funcionar.

2 ago. 2012

George A. Romero, señor de los muertos vivientes. Parte 2


Acabamos la primera parte cuando George A. Romero alcanza un momento cumbre creativo con la fantástica El día de los muertos vivientes (Day of the Dead, 1985). Tras el fracaso de taquilla de la excelente El día, Romero dirige un producto de estudio, el film Atracción diabólica (Monkey Shines, 1988), producto alimenticio que acabó siendo un nuevo fracaso de taquilla, tras ser reeditado por el estudio. Tras Atracción diabólica, Romero se reúne de nuevo con Dario Argento para llevar a cabo un proyecto conjunto que acabaría siendo el film Los ojos del diablo (Two Evil Eyes/Due occhi diabolici, 1990), en el cual Romero y Argento adaptan cada uno un relato de Edgar Allan Poe. Mientras que el segmento El gato negro de Argento es muy efectivo e interesante, el segmento de Romero resulta muy decepcionante, convirtiendo el relato de Poe La verdad sobre el caso del señor Valdemar en una típica historia de venganza de ultratumba al estilo EC, pero sin gracia ni ironia. Romero argumenta en una entrevista sobre el film que no acabó de adaptarse al formato, una historia de 45-50 minutos, de ahí el pobre resultado artístico. Algo que suena más a excusa que a otra cosa, ya que Romero había trabajado el relato corto y trabajado como guionista en la serie Historias del más allá (Tales from the Darkside, 1983-1988), producida a raíz del éxito de Creepshow (1982). Romero parece recuperar la forma en La mitad oscura (The Dark Half, 1993), excelente adaptación de una novela de Stephen King. Tras un largo periodo sin estrenar un film, Romero estrena El rostro de la venganza (Bruiser, 2000), un film de nuevo independiente que pasa sin pena ni gloria por el mercado del directo a video, que además te hace añorar al Romero de antaño.

Entre medio de estos proyectos se quedó por el camino la adaptación del videojuego Resident Evil, para la cual Romero escribió un épico y fantástico guion. Sin embargo los productores prefirieron optar por algo menos ambicioso con el guion Paul W. S. Anderson. Tras el resultado menos que brillante del film de Anderson, el guion de Romero para Resident Evil empezó a circular por Internet, tras leerlo uno se pregunta cómo es posible que alguien no quisiera llevar a la pantalla ese fantástico descenso a los infiernos.

En el 2004 se estrena Amanecer de los muertos (Dawn of the Dead, Zack Snyder), lo que vuelve a despertar interés por la obra de Romero, desde hace un tiempo desaparecido. Y en el 2005 el director estrena La tierra de los muertos vivientes (Land of the Dead), nueva adición a la trilogía que pasa a ser una cuatrilogía. El film, a pesar de ser de bajo presupuesto según el estándar hollywoodiense, cuesta más dinero que las tres películas originales juntas. Universal quedó tan satisfecha con la película que decidió adelantar su estreno, decisión que, viniendo de algo positivo, perjudicó tremendamente la recepción del film ya que lo puso al lado de grandes blockbusters veraniegos como el tercer episodio de la saga galáctica de George Lucas, la infumable primera entrega de los Cuatro Fantásticos y una peliculita llamada Batman Begins (Christopher Nolan).

En la primera parte de este artículo comentaba como Romero tuvo que cambiar el guion de El día de los muertos por la reducción del presupuesto. Entre las cosas que eliminó estaban un grupo de gente viviendo sobre la instalación científica, donde los poderosos crean una sociedad degenerada, un grupo de mercenarios y diversas escenas de acción como un tiroteo en un puerto. Todo ello son elementos reciclados y usados en La tierra de los muertos, una actualización y puesta al día de lo eliminado en el guion de El día junto a nuevo material. Por supuesto, Romero no dice esto en ninguna entrevista, simplemente es algo que he deducido viendo el film y conociendo el guion original de El día.

Entre los puntos flojos se encuentra la premisa de que Kaufman (Dennis Hopper) mantiene su yugo sobre el resto de la población porque tiene cantidades ingentes de dinero. Yo diría que en un apocalipsis zombi como el que representa la película el dinero habría dejado de tener importancia hace mucho, lo que hace que la sátira social parezca forzada, en lugar de algo natural como en los anteriores films. A pesar de ello, la caracterización de Hopper es bastante divertida (siempre me hace reír con su zombies, man), y la crítica a la política de la administración Bush bastante acertada. Entre los puntos fuertes está el tono cercano al de la clásica Zombi (Dawn of the Dead, 1978), lo que hace que sea una película bastante divertida y entretenida de ver. No dura mucho más de 90 minutos, así que va bastante directa al grano.

Finalmente, Romero culmina la evolución del zombi haciendo que acaben formando un grupo cohesionado, una nueva sociedad. Esto hace que si bien no es que fuera necesaria, por lo menos avanza y concluye lo iniciado anteriormente.

Por eso, a pesar de sus errores, es un film que encuentro divertido aunque no esté al mismo nivel de las anteriores. Puede que no sea un gran film, pero desde luego es el mejor de los últimos dirigidos por Romero. Y sale Asia Argento.



Tras Land, Romero regresa a sus raíces independientes con El diario de los muertos (Diary of the Dead, 2007). Concluida la saga original, decide iniciar una nueva serie con un film que es un fracaso a todos los niveles.

En cuanto a argumento e historia, Romero no hace más que reciclar lo que ya ha contado antes. Inicia una nueva serie pero con ideas viejas, no hay ninguna aportación nueva, nada que no sea más de lo mismo. Incluso la sátira y el comentario social están introducidos de forma torpe a través de forzados diálogos y motivos ya usados anteriormente.

Además, Romero comete el error de coger un estilo narrativo, el falso documental, que no domina para nada y no sabe utilizar. Si es un estilo que se caracteriza por la visceralidad y la inmediatez, aquí hay una sorprendente carencia de un mínimo de tensión o verismo. Romero parece demasiado dependiente de las técnicas cinematográficas clásicas como para hacer un falso documental realmente efectivo, la adición de una voz en off narradora le quita también efectividad, igual que el uso de una banda sonora. Uno de los fuertes de Romero como es la edición ágil de su films, aquí resulta torpe e inefectiva al trabajar un lenguaje que parece desconocer completamente. A eso le añadimos que tanto las interpretaciones como los diálogos resultan muy teatrales y nada naturales, quitando cualquier vestigio de realidad que pudiera tener. Lo que resulta sorprendente, teniendo en cuenta que los cinco primeros minutos de Zombi o la propia La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968) parecen antecedentes de este estilo. Es más, esos cinco primeros minutos de Zombi están cargados de una tensión ausente en todo el metraje de Diario.

De todos modos, no creo que si Romero hubiese adoptado un estilo tradicional de narración la película hubiera sido mejor, ya que el principal problema es que Romero no tiene nada nuevo que decir, nada que añadir a todo lo que ha hecho anteriormente.

El resultado final es un film que no funciona como falso documental, ya que resulta demasiado "cinematográfico" para ser creíble en ese aspecto, ni como film de terror zombi, ya que no aporta nada que no hayamos visto antes.



Tras Diary, Romero estrena La supervivencia de los muertos (Survival of the Dead, 2009). Este film es algo mejor que Diary, pero sufre de algunos de sus mismos problemas: nada nuevo.

Si bien la idea de convertir la película de zombis en un conflicto familiar a lo Puerto Hurraco no deja de tener su gracia, de nuevo nos encontramos con un caso de "nada nuevo que contar". Lo interesante de los anteriores films de zombis de este director era que le añadía distintas capas de lecturas e interpretaciones. Pero en este caso, el mensaje brilla por su ausencia, ya que el conflicto entre mantener a los zombis vivos para curarlos o encontrarles otra utilidad y exterminarlos ya había sido tratado de forma más brillante en El día. Otro factor a tener en cuenta es que entre La noche y Zombi transcurrieron diez años, entre Zombi y El día transcurrieron siete años y entre El día y Land transcurrieron casi veinte años. Entre estos periodos de tiempo sucedieron suficientes cambios sociales y políticos como para que fueran reflejados de forma interesante en los distintos films. Pero estos últimos films son tan seguidos que no dejan lugar a ello.

Personalmente, la mezcla de temas propios del western con una película de zombis (en lugar de familias enfrentadas por el ganado es por los zombis) me hizo gracia y este es un film que me gustó más que Diary. Dicho esto, esta es una película muy inferior a lo que nos había ofrecido hasta ahora Romero dentro del género. El director rechazó dirigir unos episodios de la serie The Walking Dead (serie que he de decir me aburre mortalmente y la dejé a mitad de la segunda temporada) ya que argumentaba que sus zombis son más políticos, el objetivo no es simplemente presentar una historia de gente enfrentándose a muertos vivientes sino usarlos como excusa para comentar o satirizar algún aspecto de nuestra sociedad. Sin embargo, los últimos films de Romero fracasan precisamente en ese aspecto por lo mencionado en el párrafo anterior.

La razón por la que me aficioné a los zombis de Romero es que sus films eran personales y distintos, igual que los zombis de Lucio Fulci. Estas dos últimas películas carecen de personalidad. Es como un viejo roquero que sigue cantando los mismos éxitos una y otra vez sobre el escenario sin nada nuevo que aportar.

Pero soy un tipo fundamentalmente optimista. Romero dijo que la continuidad de esta nueva serie dependía del éxito o no de Survival, así que espero que la deje de lado y se dedique a nuevos proyectos. Uno de los que se rumorea que podría llevar a cabo es una versión cinematográfica de The Zombie Autopsies: Secret Notebooks from the Apocalypse, con la intención de convertirlo en algo noir y relacionarlo con la crisis económica actual y los tejemanejes de Wall Street. Lo que podría ser divertido si finalmente se lleva a cabo. Pero también sería interesante ver un proyecto de Romero que no tuviera nada que ver con zombis.