25 ene. 2011

Scott Pilgrim contra el mundo (Scott Pilgrim vs. the World)




ADVERTENCIA: Raül Calvo, el talentoso, sexy y único redactor de este blog, tiene tendencia a hablar de las películas que le gustan mucho con el mismo entusiasmo que un niño de diez años con un subidón de azúcar. Este hecho provoca cierta tendencia hacia la hipérbole de la que los lectores deben estar precavidos. Teniendo en cuenta los niveles de histérica y entusiasta exageración, dignos de una colegiala en un concierto de algún grupo juvenil, que esta película y la obra Edgar Wright en general provocan en el redactor del blog, se ha considerado necesaria esta advertencia para que el lector esté avisado y lo tenga en cuenta para pasadas, presentes y futuras lecturas.


¡Por fin! ¡Por fin! ¡Por fin! Después de una larga y dolorosa espera he podido ver Scott Pilgrim contra el mundo (Scott Pilgrim vs. the World, 2010) de Edgar Wright. Y aún no he terminado con ella, porque me quedan por delante más de cinco horas y media de contenidos extra y varios audiocomentarios. Pero el caso, el asunto, lo principal es que después de esperar y esperar como Lawrence vagando por el desierto de Arabia, mi cerebro, mi mente y mi cabeza se han visto bendecidas con la gracia de una obra de arte cinemtográfica que ha superado de largo todas mis expectativas.

Una de las razones por las que esperaba ansioso que se estrenase la película, por lo menos en Estados Unidos, es que el último volumen de Scott Pilgrim de Brian Lee O'Malley no saldría a la venta hasta que se estrenase la película. Por aquellas cosas de la distribución pude disfrutar de la conclusión mucho antes de que se estrenase la película en España y me di prisa en leerlo ya que estaba ansioso por llegar al final, consciente de que el final del cómic y el de la película iban a ser diferentes.

Es posible que alguno de los que está leyendo esto no conozca el cómic de O'Malley a pesar de tratarse de una de las obras fundamentales de la literatura de todo el universo conocido y parte del desconocido. La épica saga de Scott Pilgrim está contenida en seis volúmenes:


Vol. 1 Scott Pilgrim: su vida y sus cosas (Scott Pilgrim's Precious Little Life)
Vol. 2 Scott Pilgrim contra el mundo (Scott Pilgrim vs. the World)
Vol. 3 Scott Pilgrim y la tristeza infinita (Scott Pilgrim & the Infinite Sadness)
Vol. 4 Scott Pilgrim se lo monta (Scott Pilgrim Gets It Together)
Vol. 5 Scott Pilgrim contra el universo (Scott Pilgrim vs. the Universe)
Vol. 6 Scott Pilgrim: La hora de la verdad (Scott Pilgrim's Finest Hour)

Todos ellos publicados por Random House Mondadori. Las razones por las que esta serie me atrajo sobremanera es que toca varios de mis puntos sensibles y por la manera en que mezcla y reconcilia diversos estilos estéticos. Por un lado tenemos la influencia del manga: el tamaño de los volúmenes, como libros de bolsillo, y el estilo de dibujo tienen una clara influencia del cómic japonés además del uso de exageradas y complicadas denominaciones de "lucha" e hiperbólicas demostraciones emocionales; por otro lado tenemos la temática sentimental y emocional propia del cómic independiente americano, un poco al estilo Strangers in Paradise de Terry Moore (Norma Editorial); narrado todo ello con toques de comedia y surrealismo haciendo continuas referencias a los videojuegos de finales de los ochenta y primeros noventa usándolos en algunos momentos como marcos narrativos.

En otras palabras, lo habían hecho pensando en mí como lector potencial, algo que estoy seguro hacen todos los diferentes artistas que sigo en diferentes campos.

Si había alguien que podía llevar a buen término una adaptación cinematográfica que hiciese justicia a esta maravilla del noveno arte se trataba sin duda de Edgar Wright. De hecho, se podría decir que la serie que hizo junto a Simon Pegg y Jessica Hynes, Spaced, es una prima lejana de Scott Pilgrim ya que trata la historia de dos no tan jóvenes amigos explicada desde un punto de vista contaminado por infinidad de videojuegos, cómics y películas (si no la conocéis, que vergüenza, tenéis el primer episodio subtitulado en el post que hice sobre la serie aquí), con lo cual tienen en común un estilo narrativo amalgamado de diversas fuentes.

Como iba diciendo, una vez leída de cabo a rabo la serie completa tan solo me quedaba esperar a que se estrenase su traducción a imágenes cinéticas. Pero la tragedia me aguardaba en el horizonte, ya que, cuando por fin llegó la fecha de estreno, resulta que no se estrenó en Barcelona NI UNA SOLA COPIA EN VERSIÓN ORIGINAL. Ni una. En fin, de nuevo me resigné a esperar todavía más a que saliese en Blu-ray, porque no iba a gastarme el dinero viendo la película de una manera que sabía que no la iba a disfrutar.

Y finalmente me la compré en Blu vía Amazon. He de decir que me compré de oferta un pack con las tres películas de Edgar Wright en Blu, así que aproveché para upgradear las que tenía en DVD. Y una de las maravillas del Blu es que todo el contenido de la edición de tres discos que tenía de Hot Fuzz (2007) cabía en un sólo disco Blu, incluyendo un hilarante documental que detalla el tour promocional que hicieron Edgar Wright, Simon Pegg y Nick Frost por Estados Unidos titulado The Fuzzball Rally.

Las películas llegaron la semana pasada, junto a otras varias que tenía pedidas, y este fin de semana por fin pude disfrutar de Scott Pilgrim vs. the World.

Fue como si después de mucho tiempo deseando lujuriosamente a una chica en la distancia, me la ligara y al fin pudiese comprobar que se ocultaba bajo aquella camiseta negra de tirantes. Con la ventaja que Scott Pilgrim vs. the World no te llamará cabreada porque no le has devuelto ninguna llamada ni contestado ningún mensaje porque estabas simplemente viendo una película.

¿Simplemente viendo una película? No hay nada simple en ver una película: te puede cambiar la vida o desear haber muerto, te puede llevar a cotas inimaginadas de placer o hundirte en la más absoluta miseria. Ver una película puede ser cuestión de vida o muerte.

                                                                         
Esta nueva obra maestra de Wright sumerge al espectador en el fantástico mundo de Scott Pilgrim (Michael Cera) y sus amigos a medida que intenta conquistar a la fabulosa Ramona Flowers (Mary Elizabeth Winstead) luchando contra sus malvados siete ex novios. El director introduce todos los elementos y estrategias narrativas de la obra original y le añade otros muy cinematográficos.

Uno de los elementos más interesantes que añade es el juego con el formato de la película, pasando de 16.9 a 2.35 cuando hay algún desafío o momento propio de un spaghetti western o una película de samuráis. También se cambia la influencia del manga a la del anime, ya que estamos en una película, reproduciendo las batallas épicas de series de animación japonesa de acción pero dándoles un giro demencial, como se ve en la fantástica pelea de bandas.

Pero hay un elemento que mejora en la traslación y es el musical. La película tiene una auténtica kick-ass soundtrack, hasta hay una breve referencia a los Pixies, mientras que las actuaciones musicales quedaban algo planas en el cómic, ya que era muy difícil transmitir su fuerza mediante dibujos. Este elemento musical compensa el hecho de que la película se ve obligada a comprimir toda la historia, lo cual es una lástima con personajes como Envy Adams (Brie Larson) que hacen simplemente una breve aparición. Pero es de admirar la fidelidad de Wright hacia el material y realmente consigue que aparezcan todos los personajes principales y casi todos los secundarios. Pero, bueno, todos ellos siguen en el cómic.

Mis vecinos deben odiarme, porque realmente puse la película a un volumen atronador, con lo cual sentía cada golpe del bajo de Scott Pilgrim resonar en mi pecho. Fue una experiencia alucinante. La película avanza al mismo ritmo con el que yo leía las páginas de la obra original, y reconocí muchas líneas de diálogo sacadas directamente del cómic. Un collage visual que me proporcionó risas y carcajadas, con su historia de comedia romántica explicada como si fuera El puño de la estrella del norte de Buronson y Tetsuo Hara.


Como muchas otras obras que optan por un estilo narrativo cercano al fantástico y el surrealismo, muchas metáforas se hacen literales, creando una reflexión muy interesante sobre las emociones, las relaciones y como nos enfrentamos al pasado. En la película, Scott Pilgrim literalmente se ha de enfrentar al pasado de Ramona luchando contra sus ex, en una muy estimulante visualmente alegoría de como a veces nos tenemos que enfrentar con el pasado (nuestro o de la pareja) en el momento de iniciar una relación. Es este corazón, el contenido emocional y alegórico del film, el que lo eleva por encima de otras comedias románticas o alocadas. Un contenido que ya se hallaba en la obra original, claro. Por ello, la película es algo más que un orgiástico festín visual de diálogos hilarantes difíciles de traducir.

En definitiva, Scott Pilgrim vs. the World es una de las experiencias cinematográficas más sublimes, placenteras y fantabulosas que he tenido el placer de disfrutar. Como dicen en la portada, una nueva película favorita.

2 comentarios:

Bertoff dijo...

A pesar de odiarte por ser mi rival en el concurso de ojetefilms que sepas que te amo por tener una etiqueta exclusivamente dedicada a Russ Meyer!!!! En cuanto tengo un poco de tiempo me leo todas tus reseñas de sus pelis, y también esta de Scott Pilgrim of kors!

Raül Calvo dijo...

Pues nada, bienvenido a pesar de que nuestra historia de amor sea imposible.

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