9 sept. 2014

Shocker, 100.000 voltios de terror (Shocker)

La verdad es que no sabría deciros si Shocker, 100.000 voltios de terror (Shocker, Wes Craven, 1989) es una buena o una mala película. La primera vez que la vi me pareció que estaba muy bien, pero por aquel entonces tenía como 12 años, así que no cuenta. Las siguientes ha ido alternando entre mediocre, mala y entretenidilla, dependiendo del humor en que me encontrara.

Jonathan Parker (Peter Berg) empieza a soñar con los asesinatos que está llevando a cabo el Asesino de Familias. Esto permite a la policía identificarlo como Horace Pinker (Mitch Pileggi), pero no antes de que mate a la familia adoptiva de Parker. Pinker es condenado a la silla eléctrica, pero eso solo lo convierte en un asesino más poderoso de lo que ha sido jamás.

Entre las cosas negativas se encuentra el hecho de que Craven se autoplagia en diversas ocasiones, intentando crear un nuevo icono del terror a lo Freddy Krueger. Como es habitual con este director, parte de un concepto interesante pero no parece tener las reglas claras, no queda claro lo que puede y no puede hacer Pinker. Además, se transmite información al espectador de forma bastante torpe, utilizando la prensa y los informativos pero con cosas que nunca aparecerían en la prensa y solo lo hacen porque resulta conveniente. Lo peor es que el intento de sátira sobre la televisión falla, añadiendo unos toques de humor que no funcionan y alargando un final completamente ridículo. En varias ocasiones la cojera del personaje aparece y desaparece. Y en diversas ocasiones los personajes reaccionan de manera muy inverosímil, como cuando el protagonista le cuenta a sus compañeros de equipo la situación y todos le creen de forma inmediata.

Entre las cosas positivas es que es bastante rara. Lo que normalmente sería el prólogo ocupa media película, hasta pasados casi 50 minutos de metraje no arranca la historia que aparece en la sinopsis, el póster y el tráiler. Esto le da una estructura que se aparta de lo que sería normal en este tipo de películas. Las interpretaciones y la banda sonora de rock duro están bastante bien. Y resulta bastante entretenida aunque muchas veces no tenga sentido y aparecen poderes en personajes que luego no vuelven a aparecer, dando la sensación de que muchas cosas pasan porque sí.

Tal vez lo peor sea que no queda claro en qué se transforma exactamente Horace Pinker. Primero salta de cuerpo en cuerpo (algo muy de moda por aquel entonces), luego pasa a la electricidad y luego a las emisiones televisivas. Craven parece irse inventando las reglas a medida que avanza, apareciendo un nuevo poder según le resulta conveniente al guion. También es cierto que esa misma torpeza/rareza es la que hace que el film resulte entretenido o mediocre según sea el humor de uno.

Como ya he dicho, Shocker es un film que a veces me parece entretenido y otras un pestiño. Ya me diréis vosotros si es una cosa u otra.


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