30 sept. 2011

Sacando la basura de las calles


Los sectores más políticamente correctos de la crítica cinematográfica (tanto profesional como amateur) parecen considerar el género de la justicia vigilante o de la venganza como un subproducto fascista. Jesús Palacios en su artículo "Mía es la venganza es mía. Vigilantes y vengadores" (dentro del libro El thriller USA de los 70 -gracias a Evil E. que me hizo saber de su existencia), ya hace una adecuada argumentación sobre lo absurda que resulta esta noción, así que no me detendré mucho en ello, os recomiendo directamente leer el artículo, pero sí me gustaría hablar sobre la manera en que, desde mi casi nunca humilde punto de vista, debe o debería ser visto este género. Para ello me centraré en el clásico del género El justiciero de la ciudad (Death Wish, Michael Winner, 1974).

No he oído nunca a nadie descalificar o considerar fascista películas como Raíces profundas (Shane, George Stevens, 1953) o El jinete pálido (Pale Rider, Clint Eastwood, 1985) cuyos argumentos giran en torno a hombres que deciden tomarse la justicia por su mano. Muchos títulos del western giran en torno a desconocidos que llegan a una ciudad sin ley para acabar con los malvados a tiro limpio. Sin embargo, cuando una película de argumento parecido se sitúa no en las grandes planicies del oeste americano sino en un entorno urbano, la cosa cambia. Uno podría argumentar que el Salvaje Oeste era una época sin civilizar, mientras que en la actualidad ya existen recursos y medios para implantar justicia.

Pero lo cierto es que tanto si se ambientan en el Far West como en la actual Nueva York, estas películas sirven un mismo propósito. Un propósito que es mitad fantasía y mitad catarsis. No son películas políticas, todo lo contrario, son películas que sirven para complacer y dar gusto a cierta hambre de escapismo, además del efecto catártico producto de vivir en grandes ciudades, en las que el ciudadano se siente desprotegido en ocasiones. Pero la gran diferencia entre los westerns y las películas de justicia vigilante es que normalmente al protagonista de las segundas se le retrata como a una persona mentalmente inestable, mientras que el protagonista de las primeras es retratado como un héroe.

Fijémonos en Paul Kersey, el arquitecto convertido en justiciero al que dio vida el pétreo Charles Bronson. Al inicio de El justiciero de la ciudad es representado como un hombre pacífico al que no le gustan las armas y que cree que la delincuencia es causa de la pobreza y la desigualdad social. La cosa cambia, claro, cuando su familia es atacada: su esposa es asesinada y su hija violada. Al ver que los culpables quedan libres, poco a poco alimentará la idea de encargarse él mismo de los culpables. De paso, empezará a limpiar la ciudad de criminales.

Hay varios detalles que hacen esta película más interesante de lo que aquellos que la critican (muchos apostaría que sin haberla visto) dan a entender. Primero de todo hay que ser consciente del momento en que esta película fue producida en Estados Unidos, en un periodo histórico donde los índices de criminalidad eran muy altos, especialmente en la ciudad de Nueva York, que parecía casi el infierno en la Tierra (algo que explotó muy bien John Carpenter en 1997: Rescate en Nueva York (Escape from New York, 1981)). Por lo tanto, se ha de entender que en aquel momento había una sensación generalizada de inseguridad que hizo que ésta película fuera un éxito, así como las imitaciones y secuelas oficiales que la siguieron.

Sin embargo, lo que creo resulta más interesante que el aspecto social del film es la manera en que se caracteriza a Kersey y el arco que experimenta su personaje. Presentado en un principio como un liberal contrario a las armas, realiza un viaje a Texas, representada de manera que parece que sigue anclada en el Salvaje Oeste, y allí se le empieza a educar en el amor a las armas. Así, en un principio inseguro, poco a poco se le ve seducido por el poder que parece transmitir el tener un arma en la mano. Esta seducción y la manera en que se ve atraído por el arma hacen que el ataque a su familia parezca más una excusa que el motivo real por el que se lanza en su afán justiciero. Kersey le empieza a coger el gusto a matar gente y empieza a provocar situaciones que le permitan disparar a quien se le ponga por delante.

Como haría más tarde la interesante Ángel de venganza (Ms. 45, Abel Ferrara, 1981), en El justiciero de la ciudad su protagonista es representado como un psicópata. Una persona que tras experimentar lo que es matar a un ser humano, simplemente no puede parar. Por suerte para el resto de mortales, el objetivo de Kersey son los criminales. Así, Kersey se gana la simpatía de los ciudadanos de Nueva York mientras la policía trata de detenerle. Pero, ¿se gana las simpatías del espectador?

La película dirigida por Michael Winner parece oscilar entre convertir a Kersey en un héroe y criticar lo que hace. Esto me hace pensar que a Winner le daba bastante igual una cosa u otra y lo único que le interesaba era hacer una película entretenida. Brian Garfield, el autor de la novela en que se basa la película, declaró que la había escrito como un alegato contra la pena de muerte y que quedó horrorizado por la adaptación cinematográfica.

Teniendo en cuenta estas dos perspectivas, he de decir que como espectador Kersey tiene mis simpatías, aunque eso no quiera decir que no me parezca un psicópata, y las tiene porque este film me parece divertido. No me gusta porque esté a favor de la pena de muerte (no lo estoy, me parece abominable que haya gobiernos que la apliquen) ni porque crea que todos los criminales son escoria (no lo creo), me gusta porque es divertida. Es una ficción inofensiva que me permite vivir durante 90 minutos en un mundo de fantasía en el que un pirado se va cargando criminales de manera impune. ¿Quiere eso decir que tengo un sentido del humor enfermizo? Posiblemente, ya que también disfruto con otras películas del estilo como El exterminador (The Exterminator, James Glickenhaus, 1980).

Moralmente hablando, me parece más reprobable un film como Pretty Woman (Garry Marshall, 1990), con su exaltación del materialismo y su idealización de la prostitución, que una fantasía catártica como El justiciero de la ciudad. Pero me encantaría saber vuestra opinión al respecto.

29 sept. 2011

No te compres el Blu-ray de Sucker Punch/El cine comercial es arte


Una advertencia para todas aquellas personas inteligentes y de buen gusto que pensaban comprarse la edición en Blu-ray de Sucker Punch, recientemente editada en España. Mi consejo es que no lo hagáis. ¿Por qué? Pues porque esta edición sólo incluye la versión cinematográfica y un par de extras, mientras que la edición americana en Blu-ray incluye la versión extendida de la película (unos 17 minutos más) y un exhaustivo Picture-in-Picture que analiza diversos aspectos del film con vídeos, comentarios, diseños... La edición es de zona libre, cuesta algo menos que la editada aquí y está completamente subtitulada en castellano.

La versión extendida me gustó mucho, y eso que la cinematográfica me había encantado. Entre las escenas incluidas, destacar el número musical de los títulos de crédito finales restaurado al momento de la película en que sucedía originalmente y una escena al final que hace que sea una película más redonda y satisfactoria en su conclusión. El resto de escenas añadidas son, por un lado, referencias sexuales que tuvieron que cortar para ser calificadas PG-13 en Estados Unidos y, por otro lado, las secuencias de acción son más largas e intensas. Eso sí, la intención fue siempre que fuera una película para mayores de 13 años, así que, aunque la versión extendida es para mayores de 18 en Estados Unidos, para los criterios de aquí sigue siendo una película para mayores de 13 años, no os esperéis un festival de sangre y sexo.

Aparte de esta advertencia, ver el comentario que hace Zack Snyder de la película me hizo reflexionar sobre algo que quería comentar desde hace tiempo: hasta que punto la opinión del director a de ser valorada respecto a lo que significa una película. Es decir, Snyder cuenta que de manera intencionada dejó varias cosas abiertas a la interpretación de modo que cada cual sacase su propia conclusión, algo que creo que molestó a mucha gente que prefiere que las películas tengan un mensaje claro y directo, pero de ese modo lo que Snyder cree sobre la película no es la palabra final, cada uno puede ver algo diferente sin que sea equivocado por no coincidir con lo que ve el director.

El hecho de que un director diga que su película trata sobre esto o aquello, no quiere decir que sea así o que sólo se pueda sacar ése significado. Creo que las películas, como todas las obras de arte, funcionan como espejos y aquello que nos gusta o no, que vemos o no, es un reflejo de nuestra personalidad y nuestros gustos. Por tanto, para nosotros una película puede significar algo, pero el hecho de que nuestra opinión coincida o no con la del director no tiene porque ser un factor a la hora de validar o no una interpretación.

Por supuesto, muchas veces la opinión coincide.

(Si no has visto El laberinto del fauno de Guillermo del Toro, sáltate este párrafo) Por ejemplo, recuerdo que cuando vi El laberinto del fauno interpreté que al final la niña viaja hasta el mundo de las hadas y escapa de nuestro mundo, mientras que todo el mundo me decía que no, que era una tontería y que la niña se muere al final. Luego, cuando salió en DVD, escuché como Del Toro explica, en el audiocomentario, que había dejado el final ambiguo y que dependiendo de cómo fuese cada uno, interpretaría una cosa diferente, pero que cómo el sí creía que la niña se va al mundo de las hadas, dejó un par de detalles que indican claramente que el elemento fantástico es real y no sólo una invención de la niña.

Además de estas reflexiones sobre lo que significan las películas, también pensé sobre lo estúpido o ignorante que me resulta la opinión de que todo el cine comercial es malo o, en todo caso, no tan bueno como el cine de autor.

Para empezar, las personas que piensan eso parecen olvidar que Casablanca, Ciudadano Kane o toda la filmografía de Alfred Hitchcock y otros muchos grandes clásicos fueron en su momento películas comerciales y consideradas sólo como eso. Hasta Stanley Kubrick estaba profundamente preocupado por cuánto recaudarían sus películas y si serían un éxito o no.

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de cine comercial? Desde mi punto de vista, todo el cine es comercial, ya que te hacen pagar entrada. Yo lo separo como cine de entretenimiento y cine artístico.

El cine artístico es aquel que, mediante el formato cinematográfico, quiere hacer reflexionar al espectador, desafiarle o contarle historias de un modo no convencional. Son películas, creo, pensadas para la gente como yo que son fanáticos del cine y cuyos gustos están más cultivados y pueden apreciar éste tipo de películas.

El cine de entretenimiento está pensado para el gran público y una de sus funciones, aunque no la única, es entretener. Dentro de este cine nos encontramos películas que están pensadas para el espectador casual, aquel que sólo quiere pasar un rato entretenido sin muchas complicaciones y nada más. Lo cual no me parece mal. Es decir, no todo el mundo es un fanático del cine, del mismo modo que yo, por ejemplo, no soy un fanático del fútbol. También dentro de este cine nos encontramos películas que, a pesar de ser pensadas para un gran público, alcanzan un nivel de excelencia que hacen que resulten también interesantes para los fanáticos. Me refiero a títulos como Origen de Christopher Nolan o La red social de David Fincher.

Creo que cuando hablamos de cine comercial, o de que una película es comercial, nos referimos a una mala película de entretenimiento. Una película que falla en sus objetivos, de la misma manera que si calificamos de pedante el cine de autor, es porque este autor ha fallado en sus objetivos.

Pero si os soy sincero, me da igual si una película es cine de entretenimiento o artístico. Como cinéfago, he dejado atrás todos estos estúpidos prejuicios y simplemente me dedico a ver el mayor número de películas que puedo. Igual que no tengo prejuicios contra un tipo u otro de cine, no tengo nada en contra de ningún género, ni contra los remakes, ni contra las secuelas (porque nunca estaré a favor de que no se hagan películas): valoro cada película individualmente sin importarme de dónde viene.

Por supuesto, cada cual es libre de hacer lo que quiera. Ésta es sólo mi opinión. Y ahora, si me disculpáis, me voy a mezclar un poco de Godard con Henenlotter.

28 sept. 2011

Jaula sin techo (The Baby)



Recuerdo que cuando vi por primera vez esta película, hará unos diez años, me dejó bastante estupefacto. Tremendamente extraña y retorcida dentro de una historia más o menos "normal", en todo este tiempo no ha perdido su capacidad de impacto.

Jaula sin techo (The Baby, Ted Post, 1973) cuenta la historia de Ann Gentry (Anjanette Comer), una trabajadora social que está muy interesada en el caso de la familia Wadsworth. Familia formada por la señora Wadsworth (Ruth Gordon), sus algo ligeras de cascos dos hijas Germaine y Alba (Marianna Hill y Susanne Zenor) y un bebé (David Manzy). Este bebé es lo que hace especial a la familia Wadsworth ya que es un bebé de 25 años.

Los problemas para Ann empiezan cuando se convence de que puede ser rehabilitado y empieza a investigar más a fondo. Este punto de la película transcurre por terrenos más o menos familiares, ya que como os podéis suponer a medida que Ann investiga descubrirá que anteriores trabajadores sociales que trabajaron con los Wadsworth tenían la costumbre de desparecer o aparecer asesinados. Pero no es esta trama de suspense la que hace memorable esta película, sino los detalles retorcidos o enfermizos con los que se adereza la historia.

Detalles que hacen que sea difícil comentar la película sin destriparla y arruinar las sorpresas, especialmente un final sorpresa que te deja de pasta de boniato. Baste decir que Baby, como le llaman, no es un bebé por voluntad propia o que la vida familiar de las Wadsworth no es precisamente de las más sanas. Post, director de la mejor película de la serie Harry, el sucio para mí, crea una atmósfera sórdida con facilidad, además de dosificar el suspense en lo que es una interesante película de terror psicológico. También es de destacar que aunque no hay sangre ni mucha violencia, la fiesta de cumpleaños de Baby es bastante memorable.

Resulta curioso, también, que la película fue clasificada en su momento como "para todos los públicos" pero actualmente creo que sería clasificada para mayores, lo que dice algo sobre como avanza la sociedad aunque no sé bien qué puede ser. Por lo menos, una edición que tengo la clasifica como para mayores de 18 años.

En fin, ahora que el estudio Severin ha recuperado esta pequeña joya (la primera edición que tuve la regalaron originalmente en una revista), sería un buen momento para que tod@s aquell@s que no la conozcan le echen un vistazo.

27 sept. 2011

¡Qué noche la de aquel mes!


Corría el año 2003 cuando mi buen amigo D. me recomendó que le echara un vistazo a un nuevo cómic de terror que acababa de salir. Se trataba, como ya habréis deducido, de 30 días de noche de Steve Niles (guion) y Ben Templesmith (dibujo). El cómic narraba la historia de un pueblo de Alaska, Barrow, que sufre el asedio de un grupo de vampiros durante un periodo de invierno en el que el sol permanece oculto durante un mes (los más avispados ya habrán intuido que de ahí sale el título del cómic).

Era una idea sencilla y tremendamente efectiva que me encantó. Al parecer no fui el único al que le gustó, ya que la primera miniserie (en España se han ido publicando recopilaciones en formato tomo aparecidas en Estados Unidos tras la publicación de las miniseries, primero por Devir y luego por Norma Editorial) fue seguida rápidamente de una continuación: 30 días de noche: Días oscuros. Ésta continuación fue seguida por otra y por otra... Así, 30 días de noche se publica de forma regular, pero no en una colección mensual sino a base de miniseries y especiales que van avanzando la historia y enriqueciéndola, como los excelentes tomos 30 días hasta la muerte de David Lapham, Nieve roja de Ben Templesmith o el curioso cross-over con Expediente X. La popularidad de la serie también ha generado una serie de entretenidas novelas, de las que Timun Mas ha publicado Rumores de los no muertos y Restos inmortales, ambas escritas por Steve Niles y Jeff Mariotte y ambas bastante entretenidas e interesantes para los que somos seguidores de la serie.

Podría estar hablando de tebeos y vampiros todo el día, sin embargo, siendo este un blog de cine y todo eso, vamos a hablar de la adaptación cinematográfica que se realizó en el 2007: 30 días de oscuridad (30 Days of Night, David Slade).

Sam Raimi y Robert Tapert, compañeros desde los días de Posesión infernal (The Evil Dead, Sam Raimi, 1981), eran fans del cómic así que decidieron llevarlo al cine a través de su compañía Ghost House Pictures. Escogieron al británico David Slade como director y, siendo ellos mismos seguidores, se propusieron mantenerse fieles al cómic siguiendo el estilo de Templesmith a la hora de enfocar el diseño de la película y contar con Steve Niles como uno de los guionistas de la película junto a Stuart Beattie y Brian Nelson (que había sido el guionista de la anterior y excelente película de Slade Hard Candy (2005)).



El resultado final es bastante fiel al cómic y los cambios y detalles que añade, como el idioma de los vampiros, son bastante acertados y funcionan bien. La única excepción sería el tópico de hacer que la pareja protagonista, Eben (Josh Hartnett) y Stella (Melissa George) estén peleados y separados al principio para unirlos de nuevo a medida que avanza la historia, cambio que elimina un conseguido efecto circular del cómic.

Slade crea una opresiva atmósfera, que funciona en equilibrio con las secuencias de acción y sangre. Destaca especialmente como se distribuye la sangre a lo largo del metraje, escogiendo momentos clave para impactar al espectador con el gore y dejando otros momentos en los que la violencia transcurre fuera de plano para que ésta no pierda impacto.

La primera parte de la película, la que lleva hasta que anochece, está dedicada al desarrollo de los personajes y a ir plantando poco a poco detalles inquietantes. Un desarrollo que siempre me ha gustado, ya que te da la oportunidad de familiarizarte con los personajes y establecer lazos de modo que, cuando empieza el terror, éste resulta más efectivo que si los personajes no te importan nada. A ello contribuye también lo curioso de la localización de la película y que sus protagonistas no sean los típicos adolescentes en peligro sino una variada gama de personajes.

La segunda mitad de la película se dedica, claro, al enfrentamiento con los vampiros. Y si hay algo que destaca es la caracterización de los vampiros que resulta realmente única e impactante. Ni una gota del pesado romanticismo gótico que Anne Rice puso de moda y que llegó a la náusea con la infumable saga Crepúsculo (de la que Slade ha dirigido una de las secuelas): los vampiros de este film son auténticas bestias de la noche, animales sedientos de sangre cuyo único objetivo es hacerte pedazos.

Esta combinación de terror atmosférico y sangriento, buenas interpretaciones, buen guion y unas cuantas dosis de acción es la que hace que 30 días de oscuridad sea un título muy recomendable y entretenido. Además, consigue ser fiel al cómic al tiempo que personaliza la película y crea su propio universo.


Cuando salió la secuela de 30 días de oscuridad, 30 días de oscuridad 2: Tinieblas (30 Days of Night: Dark Days, Ben Ketai, 2010), lo cierto es que no me llamó la atención. Pero luego supe que era el propio Steve Niles, junto al director Ketai, el encargado de adaptar la segunda miniserie que él mismo escribió, la anteriormente mencionada Días oscuros, ya me empecé a interesar más. Finalmente tomé nota de verla tras ver un vídeo vía BD-Live en el Blu-ray de Machete (Robert Rodriguez, 2010). Tras haberla visto he de decir que me sorprendió lo buena que es, teniendo en cuenta los medios que tenían y los recursos a su disposición.

De nuevo, la película se mantiene bastante fiel al cómic en que se basa, aunque por supuesto hay varios cambios. Algunos se hacen al eliminarse algunos personajes en la traslación del cómic a la pantalla en la anterior película, otros por ánimo de ofrecer algo nuevo y diferente a los fans sin perder la esencia del material, así como otras partes del cómic se trasladan tal cual a la pantalla.

La mezcla de acción y terror funciona bastante bien, ya que se mantiene el tono de la anterior película y se desarrollan los personajes principales para que resulten interesantes. Destaca Kiele Sanchez como la nueva Stella, una bella actriz de la que me enamoré en Perdidos, que sabe manejar al personaje tanto en las secuencias de acción como en las dramáticas. Hablando de Perdidos, otro actor de la serie aparece aquí: Harold Perrineau.

Es posible que algunos espectadores sientan un instintivo rechazo por una película filmada directamente para el mercado del DVD y el Blu-ray. Lo entendería hace diez o quince años, pero viendo el nivel de las actuales series televisivas americanas y lo que se hace hoy día en televisión, creo que estos prejuicios deberían formar parte del pasado. Por supuesto que se hacen un montón de malos telefilmes, y también se hace un montón de malas películas cinematográficas. En este caso, la película aprovecha todos los recursos a su disposición de manera que uno no tiene la sensación de estar viendo un telefilme o un filme u otra cosa que no sea una película llena de tensión y acción.

De hecho, me gustó tanto esta adaptación que me han entrado ganas de que sigan por este camino y adapten la tercera entrega de la serie: Regreso a Barrow. Y si es con Kiele Sanchez de nuevo, mejor que mejor.

26 sept. 2011

Mujeres encerradas


Prisionera: ¿Dónde quieres que te entierren, negrata?
Pam Grier (tras tumbar a la prisionera de una patada): Señora negrata para ti.
The Big Bird Cage (Jack Hill, 1972)

Recientemente me compré, dentro de la colección Roger Corman's Cult Classics, el pack Women in Cages editado por Shout! Factory. ¿Lo compré por qué soy un pervertido fetichista al que le gustan las pelis de mujeres encerradas? No, nada de eso. Es decir, sí que soy un pervertido fetichista, pero el género de las cárceles de mujeres, iniciado allá por los años 30, nunca me había interesado. No tengo nada en contra de este género, simplemente no había despertado mi interés. La única razón por la que compré este pack es el director Jack Hill, que dirigió dos de las películas incluidas. Así que os pido un poco de fe y que me acompañéis en este recorrido, os aseguro que es mejor de lo que parece a simple vista.

The Big Doll House (Jack Hill, 1971): Esta película, y The Big Bird Cage, la mencioné de pasada en mi pequeño homenaje a Pam Grier ya que fue su debut en la pantalla grande. Esta es la primera película que vi de Jack Hill e inmediatamente despertó mi interés por este original director, capaz de aportar su propia personalidad y elevar cualquier argumento que se ponga a dirigir, aunque es mejor cuando dirige sus propios guiones.

Originalmente fue James Gordon White quien escribió el guion de The Big Doll House y se lo mostró a Hill, a quien le pareció que estaba bastante bien. Hill se puso a trabajar en otros proyectos y el guion fue a parar a las manos de Roger Corman, el cual contrató a, por lo menos, dos guionistas (uno de los cuales, Don Spencer, es el acreditado como único autor) para que lo reescribieran. De modo que cuando Corman y Hill acordaron que éste la dirigiría, Hill leyó un guion que según sus palabras "era horrible". Por fortuna, la película se iba a rodar en Las Filipinas, en Manila, para recortar gastos, lo que le dio la oportunidad a Hill de reescribir a su gusto el guion y utilizar también partes del guion original. Así, el resultado final fue mejor de lo que se podía imaginar.

The Big Doll House no inventó el género de las mujeres encerradas pero como si lo hubiera hecho. Fue un éxito de taquilla tan grande que inmediatamente generó un montón de imitaciones que no eran ni la mitad de buenas de lo que es este clásico de culto. La película está ambientada en una ficticia república bananera y cuenta como Collier (Judy Brown) es encerrada en una cárcel de mujeres (duh!) por matar en defensa propia a un rico empresario. En la cárcel comparte celda con Bodine (Pat Woodell), Alcott (Roberta Collins), Grear (Pam Grier), Ferina (Gina Stuart) y Harrad (Brooke Mills). Tras sufrir las sádicas torturas de las carceleras y ver como mueren sus compañeras, las seis prisioneras planean escapar de la cárcel, con la involuntaria ayuda de Harry (Sid Haig) y Fred (Jerry Franks), dos repartidores de fruta.

Las razones por las que esta película es tan buena y se sale del género son dos: el humor que añadió Hill y la manera en que le dio la vuelta a la típica explotación femenina de estas películas para convertirla en una exaltación del poder femenino, factor que las actrices abrazaron entusiasmadas. Los personajes principales están muy bien definidos y construidos, gracias también al gran reparto que Hill consiguió reunir, de modo que cuando estalla la acción te sientes plenamente identificado con las protagonistas. No es de extrañar que fuera un gran éxito de taquilla, continuamente están pasando cosas y el ritmo es constante, consiguiendo que el espectador pase unos entretenidos 90 minutos siguiendo las vicisitudes de estas valientes prisioneras.

Y esa es la razón por la que la recomiendo: desde el minuto uno, en el que oímos a Pam Grier cantando Long Time Woman, hasta que los títulos de crédito empiezan a rodar, disfruté durante toda la película. Es mejor de lo que parece por el tráiler.


Women in Cages (Gerry de Leon, 1971): El arrollador éxito de The Big Doll House hizo que de forma inmediata Roger Corman pusiera en marcha otra película del género, escrita por David Ostrehaut y James H. Watkins aprovechando elementos que aparecían en el guion original de Big Doll House que escribió James Gordon White.

Esta es realmente la típica película de cárcel de mujeres. Jeff (Jennifer Gan) es engañada por su novio traficante Rudy (Charles Davis) y acaba cumpliendo condena por posesión de narcóticos. Comparte celda con Sandy (Judy Brown) y Stoke (Roberta Collins) bajo la violenta supervisión de Alabama (Pam Grier). Stoke es una yonqui a la que Rudy convence para que mate a Jeff a cambio de suministrarle regulares dosis de drogas y Sandy está cumpliendo condena injustamente y el policía Acosta (Bernard Bodine) la convence de que proteja a Jeff a cambio de revisar su sentencia.

Película sórdida y un pelín misógina, tiene suficiente acción y un argumento lo bastante enrevesado para que no resulte aburrida. Aunque los continuos fallos de Stoke por matar a Jeff aportan algo de humor involuntario, se encuentran a faltar los toques de humor que introdujo Hill en Big Doll House. No es que sea un título muy memorable, y seguramente no la habría visto si no la hubieran incluido en este pack, pero es medianamente entretenida.


The Big Bird Cage (Jack Hill, 1972): Roger Corman le pidió a Jack Hill que le hiciera otra película como The Big Doll House con la esperanza de repetir el gran éxito de ésta. Hill creyó que habían salido tantas imitaciones de su película, que el único camino que tenía era la parodia. Con este objetivo nació The Big Bird Cage, escrita y dirigida por Hill.

Terry (Anitra Ford) es cogida por unos revolucionarios (Django (Sid Haig, actor fetiche de Hill) y Blossom (Pam Grier)), oportunidad que las altas instancias aprovechan para encerrar a Terry, que se había convertido en una incomodidad para el gobierno por sus escarceos sexuales, cuando la sueltan los revolucionarios acusándola de traidora. Los revolucionarios, algo envidiosos de la relación entre Django y Blossom, le sugieren a este que podrían iniciar la revolución tomando la cárcel de mujeres cercana (donde está Terry encerrada) como hicieron en la Revolución Francesa. A Django le parece una buena idea e infiltrará a Blossom en la cárcel para preparar la fuga y que estalle la revolución.

Como decía, Hill creó una parodia del género, exagerando y llevando al absurdo los tópicos de este género, así como introduciendo varios personajes bastante divertidos. Este ánimo paródico se ve reflejado en momentos como el que presenta al malvado alcaide Zappa (Andy Centera), donde vemos como sale todo enfadado de su casa y va directo a patear un cachorro que pasa por allí. O cuando el guardia gay Rocco (Vic Diaz) vuelve a capturar a Terry, tras un infructuoso intento de fuga, cuando está a punto de ser violada por un grupo de hombres; tras mirar a los hombres que estaban a punto de propasarse con Terry dice: ¿por qué estas cosas no me pasan a mí? También destaca en la película Karen McKevic, más que nada porque esta actriz medía por lo menos dos metros y resalta sobre todo el reparto. De nuevo, Hill carga la película de acción y ritmo trepidante en su parte final, dándole la guinda perfecta al conjunto.

No es de extrañar que Hill sea uno de los directores favoritos de Quentin Tarantino, ya que tiene una habilidad innata para subvertir y transformar cualquier género que toca. Tremendamente recomendable y una gran culminación para esta sesión carcelaria que ofrece este estupendo pack, de módico precio.

23 sept. 2011

De nuevo en antena


Puede que a algunos os haya sorprendido la ausencia de actividad por mi parte en este blog que habitualmente actualizo cada día entre semana. La respuesta es que el martes me operaron, una doble intervención quirúrgica menor, que me ha dejado fuera de combate estos días. Hasta ayer no me animé a acercarme de nuevo al ordenador brevemente para ver que había pasado en mi ausencia, y tampoco tenía nada interesante que comentar. Hoy me encuentro prácticamente recuperado pero no he visto ninguna película en este intervalo, así que, en lugar del habitual comentario cinematográfico, he decidido hablaros de unos libros que me resultaron interesantes y espero que también lo sean para vosotros.

Blackout, Gianluca Morozzi, editorial Alba. El escritor italiano Gianluca Morozzi nos ofrece una tensa y satírica novela cargada de humor negro partiendo de una "divertida" premisa: un caluroso domingo de agosto en una desierta Bolonia tres personas se quedan atrapadas en un ascensor: una camarera, un joven estudiante y el propietario de un local nocturno. Y por si eso fuera poco, resulta que el propietario del local nocturno, Aldo Ferro, es un fanático de Elvis Presley y un peligroso psicópata asesino, lo cual hará que la tensión en el reducido espacio se incremente a pasos agigantados. Morozzi llena su novela de referencias pop al tiempo que realiza una ácida crítica social. A pesar de que el relato se inicie con Aldo explicándole a una de sus víctimas que le va a hacer lo mismo que le hacen a un pobre infortunado en Predicador (de hecho, Aldo le dice al desgraciado: ¿No has leído nunca Garth Ennis?) mientras se pone una máscara de Darth Maul; no está cargada de violencia y se hace más incidencia en la tensión psicológica, al tiempo que en ocasiones provoca alguna risa, en aquellos que disfrutéis con el humor negro, claro.

Las estrellas mueren de noche, Robert Leslie Bellem, editorial Valdemar. Este es un libro para los amantes del hardboiled y del cine, ya que reúne una serie de relatos protagonizados por Dan Turner, detective de Hollywood. Pulp sin adulterar, unas veces delirante, unas veces camp, siempre entretenido. Tipos duros y mujeres fatales envueltos del glamour hollywoodiense de los años 30, pura diversión tal vez más adecuada para el verano pero que puede resultar igualmente efectiva una tarde de otoño que queramos pasarla entre delincuentes, asesinos y un duro detective que llega hasta donde haga falta para resolver un caso.

1980, David Peace, editorial Alba. Ya comenté hace un tiempo el cuarteto Red Riding de David Peace cuando comenté la cinematográfica y soberbia adaptación televisiva Trilogía Red Riding. En el momento de hacer aquel comentario (y aprovecho de nuevo para recomendar esta excelente trilogía) solamente habían salido publicados los dos primeros libros del cuarteto en castellano: 1974 y 1977, ahora acaba de ser editado el tercer volumen: 1980. Por supuesto, se pueden leer de forma independiente pero es más recomendable entrar en 1980 estando familiarizado con el terrible universo creado por Peace. Éste utiliza un estilo directo y crudo, que en ocasiones roza la prosa poética, una primera persona en presente que nos mete de lleno en la cabeza del protagonista, el policía Peter Hunter, y nos hace acompañarle en su terrible odisea sin darnos respiro. Peace mezcla, como en las anteriores novelas, la realidad del caso del Destripador de Yorkshire con una ficción dedicada a denunciar la corrupción del distrito de Red Riding. Absorbente y adictiva, no es para todos los públicos. Es decir, si os gustan autores como James Ellroy, adelante, pero si lo que buscáis es algo ligero y entretenido ésta no es la mejor opción para ello.

Una peli porno, Terry Southern, editorial Valdemar. Después del obsesivo y oscuro David Peace, nada mejor para despejar la cabeza y echarse unas risas que esta divertida novela de Terry Southern. Ya comenté brevemente la génesis de la novela y su argumento en el artículo sobre Calígula, que también se cuenta en los apéndices incluidos en esta edición, que ayudan a entender mejor la novela y a su autor, que yo sólo conocía por ser el guionista de Dr. Strangelove de Stanley Kubrick. Poco más que añadir, aparte de repetir que es una novela muy divertida e interesante para los aficionados al cine y a la lectura.

19 sept. 2011

El fin de Hollywood - Zombis atómicos en Barcelona

1 El 2001 me compré la primera edición que salió de la trilogía de El Padrino en DVD. Desde entonces hasta ahora, todas las ediciones que salieron después no tenían ningún tipo de extra. Pensaba que pasaría los mismo con la edición en Blu-ray, pero salió un pack de la trilogía que incluía un Blu-ray con extras nuevos, además de los editados en aquella primera edición.

Uno de los nuevos extras es un documental titulado La obra maestra que casi no fue, dedicado a estudiar el crítico estado en que se encontraba Hollywood a finales de los 60. Se pinta un panorama apocalíptico, en el cual todas las grandes producciones parecen destinadas al fracaso y los grandes conglomerados empresariales empiezan a comprar estudios de cine por cuatro perras, siendo el inicio de la situación actual en la cual todos los grandes estudios son propiedad de conglomerados que tratan las películas como un producto más.

Pronto me di cuenta que todo lo que contaba este documental me resultaba familiar. Y luego caí: en este blog ya había hablado diversas veces sobre como, a finales de los 60, el cine de los grandes estudios era incapaz de asimilar los rápidos cambios que estaban teniendo lugar en la sociedad, cambios que el cine de serie B y los productores independientes sí reflejaban. Así, cuando explican en este documental que parecía que el cine iba a desaparecer, en realidad hablan sólo del cine de Hollywood, interpretado como el único cine que se hacía. Tampoco mencionan como los grandes estudios sobrevivieron gracias a adoptar los temas, géneros y estilos del cine independiente. Tenedlo en cuenta si veis este documental y pasaros por aquí para tener una perspectiva más amplia, que para eso estamos.

Por cierto, otra cosa curiosa de este documental es ver a George Lucas hablando de como querían hacer películas personales y artísticas sin tener en cuenta el hecho de que la gente fuera a verlas o no. ¡Ay, Lucas, cómo has cambiado! ¿Por qué no incluíste las versiones originales de la trilogía galáctica en el Blu-ray? ¿Las sacarás aparte? Espero que el lado oscuro no te haya devorado del todo y sigas el ejemplo de Steven Spielberg que sacará E.T. en Blu-ray en su versión original, desechando la versión políticamente correcta.


2 Éste sábado, la gente de El Buque Maldito tuvo a bien organizar un pase del clásico La invasión de los zombies atómicos (Incubo sulla città contaminata, 1980) con su director Umberto Lenzi como invitado. Fue un evento inolvidable y fantástico.

Por suerte, había sido previsor y llegué a la sala una hora antes, y me evité quedarme sin sitio como le pasó a mucha gente que vio la película sentada en el suelo. Ver esta película en una sala llena de gente aficionada al género fue como verla de nuevo. Las reacciones espontáneas hicieron aún más disfrutable este clásico de culto.

Entre estas reacciones destacaría: el súbito aplauso en una escena en la cual un doctor lanza cual ninja un bisturí a uno de los infectados atómicos; otro aplauso cuando la negada actriz Laura Trotter recibe una señora hostia exageradamente dada por el también negado actor Hugo Stiglitz; la entusiasta ovación ante la posible muerte de la Trotter seguida de un "oooh" al ver que sigue viva.

Umberto Lenzi
A pesar de las dificultades con el idioma, Lenzi ofreció un interesante coloquio y ofreció jugosa información a los aficionados, así como un montón de diversas y divertidas anécdotas. Ante todo, mostró su asombro ante lo llena que estaba la sala, ya que era la primera vez que veía una sala tan llena para ver esta película.

En referencia a Incubo... explicó que Quentin Tarantino le dijo que sus zombis eran mejores que los de Romero, ya que los suyos corren, son inteligentes y usan diversas armas. Pero a Lenzi no le acababa de gustar esa definición porque no consideraba a las criaturas zombis sino monstruos creados por la radiación. Así que, aunque sólo se mueran si se les dispara a la cabeza y se alimenten de carne humana, no son zombis: que quede claro. Lo primero que dijo es que la película se había mantenido bien, entretenida y llena de acción, a pesar de que la pareja protagonista no tenía ningún talento para la actuación. Hugo Stiglitz, del cual dijo que era "un [insertar palabra malsonante] sin talento", fue impuesto por los productores mejicanos y Laura Trotter, de la cual dijo que era "una [insertar referencia a una antigua profesión] sin talento", fue impuesta por un productor italiano que le aseguró que la Trotter sería una gran estrella. El resto del reparto, por suerte, está estupendo.

La película fue rodada en Madrid y Zaragoza, siendo los interiores rodados en Roma. En Zaragoza filmaron cerca de una base militar, "pendiente de ver si atacaban los comunistas", que estaba más que curiosa por ver que sucedía en el rodaje. Cuenta Lenzi que Paco Rabal, en cuya primera escena le vemos demostrando su poderío con Maria Rosaria Omaggio, algo borracho se dedicaba a entretener a los militares mientras Lenzi rodaba. También contó que una vez en Roma, se dedicó a rodar más insertos de efectos especiales porque no le había acabado de convencer el resultado obtenido en primer lugar. También explicó como ahora es una película política además de terror, teniendo en cuenta los recientes sucesos en Tokio y París, siendo los comentarios que se hacen al respecto más relevantes en la actualidad que cuando se estrenó la película.

Lenzi repasó, a petición de los asistentes, diversos títulos clásicos de su filmografía. Hubo varias preguntas que hacían referencia a Caníbal Ferox (Cannibal ferox, 1981). En una de éstas contó como un día alguien le felicitó por el enorme éxito que había tenido en Estados Unidos con Make Them Die Slowly (hacedles morir lentamente), pero Lenzi le dijo que él no había dirigido semejante película. Intrigado fue a ver al distribuidor italiano y le preguntó por el asunto. El distribuidor le dijo que no había vendido la película a Estados Unidos, pero que le había dejado una copia a un amigo. Al parecer, éste "amigo" decidió poner en los cines americanos esa copia con otro título y hacerse de oro.

Otro cambio de título sufrió la interesante Paranoia (1969). Cuando Lenzi acabó de rodar La brigada de los condenados (La legione dei dannati, 1969) volvió a Italia y descubrió que los distribuidores habían cambiado el título de Paranoia por Orgasmo. Este título facilitó que fuera un gran éxito pero hubo que retirarla a las tres semanas de estrenarla porque se celebraba la Pascua y no se consideró apropiado que semejante título estuviera expuesto por las calles.

Umberto Lenzi tuvo la gentileza de firmar mi copia en DVD de Incubo sulla città contaminata. Lo cierto es que se mostró muy amable y accesible con todos los fans que le pedimos que nos firmara fotos, pósteres o carátulas, como fue mi caso. Supongo que mi edición en DVD vale ahora miles de millones, por lo menos.

Personalmente me hizo bastante gracia cuando, hablando de diferentes técnicas de efectos y trucajes que forman parte del pasado, explicó como en La banda del gobbo (1978), el actor Tomas Milian interpretaba a una pareja de hermanos: uno de los hermanos llevaba barba y el otro no. Usando la pantalla partida, primero filmaron a Milian sin barba, luego le iban a poner una barba falsa para hacer la parte del otro hermano pero Milian se negó en rotundo a que le pusieran una barba falsa, se empeñó en salir con su barba. Así que hubo que esperar a que le creciera la barba para terminar la película.

Finalmente, Lenzi habló de como se había enamorado de muchas de sus actrices principales pero "siempre profesionalmente"; mencionó que cuando trabajaba en un género en particular no veía películas que fueran del mismo género para no influenciarse (cosa que me llamó la atención porque la mayoría de directores hace lo contrario) y explicó como conoció a Tarantino cuando éste era un desconocido, entre otras muchas cosas. Para acabar, contó que había tenido que dejar de rodar a principios de los 90 por razones de salud, problemas con el corazón, y que ahora se dedicaba a escribir, aunque cuando explicó que su quinta novela estaba a punto de publicarse dijo que la "acababa de rodar" en lugar de escribir, así que supongo que en cierta forma sigue activo.

En definitiva, una jornada para el recuerdo. Y si no habéis visto esta joya de culto, no sabéis lo que os perdéis.

16 sept. 2011

En el corazón de las tinieblas


 Este es el fin                    
Hermosa amiga
Este es el fin
Mi única amiga, el fin
De todos los planes que hicimos, el fin
De todo lo que hay, el fin
Ninguna seguridad o sorpresa, el fin
Nunca miraré en tus ojos de nuevo
Jim Morrison, The End

1
Después de ver por primera vez Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979) me sentí aturdido y entumecido. Tenía doce años, era verano, y era la primera vez que veía una película que iba más allá del entretenimiento o de un moderado sentido estético o artístico. La película de Coppola trataba temas de la experiencia humana en los cuales mi joven mente no había entrado jamás. A los doce años no piensas sobre la muerte porque eres inmortal. Cuando tienes doce años la muerte es algo que le pasa a los demás, cuando son viejos, muy viejos.

Tras acabar de ver la película me quedé completamente obsesionado con ella. Igual que con La cosa (The Thing, John Carpenter, 1982), empecé a acumular distintas ediciones de la película a medida que iban saliendo: la edición en vídeo (un estuche con dos cintas VHS), la primera edición en DVD que sacó la Paramount, la edición de la versión extendida que sacó Manga Films, la edición especial americana The Complete Dossier y la última edición en Blu-ray. Pero no os voy a aburrir con datos e historias que, si os interesa la película u os habéis comprado alguna de las distintas ediciones, ya sabéis. No os voy a aburrir hablando de como esta película es un gran alegato contra la guerra. Tiene un buen ritmo y se puede bailar, pero para mí Apocalypse Now es mucho más que un film antibélico. Apocalypse Now, para mí, trata sobre la locura y la muerte.

Antes de ver Apocalypse Now ya era un fan de los Doors. Mis padres tienen una considerable colección de discos de rock de cuando eran jóvenes, así que crecí escuchando rock and roll de los 60 y 70. Y los Doors me apasionaban, así que, cuando empecé a ver Apocalypse Now con The End sonando de fondo, ya me di cuenta de que la película se iba a embarcar por territorios desconocidos. Como escribían en los antiguos mapas, en las zonas sin explorar, "aquí hay monstruos".

Originalmente, Jim Morrison escribió la letra como una canción sobre romper con una chica, pero, a medida que la fueron interpretando en conciertos, empezó a evolucionar y crecer hasta convertirse en una canción sobre la muerte, sobre romper tabús, Edipo y mil cosas más que se pueden interpretar. De breve canción a épica de doce minutos (quince o veinte en las versiones en directo). Una evolución parecida a la que experimentaría la película: el planeado film de acción y aventuras evolucionó para convertirse en una épica, una de las mejores películas de la historia del cine.

2
Uno de los aspectos más interesantes que trata Apocalypse, para mí, es la locura. O, mejor dicho, lo seductora que puede ser la locura. Este tema ya aparece en la novela de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas, en la cual se basa la película.

En la novela, Marlow es el capitán de un barco de vapor al que le mandan ir río Congo arriba con una doble misión: recoger marfil y al encargado del marfil: Kurtz, que parece ser está enfermo. Cuando, finalmente, llega al campamento de Kurtz, descubre que éste se ha convertido en una especie de deidad para los africanos y ha sucumbido a la locura. Una locura que hace que haya adornado el exterior de su casa con cabezas cortadas clavadas en estacas.

La novela es una critica del colonialismo, pero también ilustra lo seductor que debe ser dejar de lado las constricciones de la civilización y dar rienda suelta a los más primitivos instintos. El contacto con los "salvajes" africanos hace que Kurtz acabe por dejar de lado cualquier rasgo civilizado que pudiera tener. Del mismo modo, Marlow se ve afectado por la presencia de Kurtz y, alejado de toda civilización, empieza a ver a Kurtz de la misma manera que lo ven los africanos. Las últimas palabras de Kurtz, "el horror, el horror", le dejaran marcado de por vida.

En su adaptación de la novela, John Milius sustituye África por Vietnam, pero los temas son los mismos. Milius incorpora además otra fuente para estructurar la película: La Odisea de Homero. Así, la escena de las conejitas de Playboy sería el equivalente a la parte en que Odiseo (Ulises) se ve atraído por las sirenas.

Pero lo interesante para mí de como Milius estructuró la película, y la forma en la que Coppola la filmó, es que fue pensada como un viaje hacia la locura partiendo de la cordura. Así, a medida que la película avanza y nos vamos acercando al coronel Kurtz (Marlon Brando), el tono se hace cada vez más extraño y surrealista, como una pesadilla de la que no podemos despertar. William Gibson, creo recordar que en Conde Cero, describe una sensación de manera perfectamente aplicable a lo que consiguen crear Coppola y Milius: "como un sueño en el que sabes que algo está mal".

A medida que subimos por el río, las cosas se vuelven más y más extrañas. Algo que queda más conseguido en el montaje del director, la versión Redux, que incorpora una escena en una plantación francesa que es casi como un viaje en el tiempo. Además de una interesante lección de historia, la escena sirve para enfatizar la sensación onírica que dominará el resto del metraje.

Pero no se es realmente consciente de lo extraño que es todo hasta que posteriormente, una vez acabada de ver la película, se compara el principio con el final. De esta manera queda patente la estructura circular de la película, porque lo cierto es que el principio de la película nos muestra a Willard (Martin Sheen) en pleno delirio etílico. Las imágenes que adornan el "estado alterado" de Willard son premonitorias de lo que veremos al final. Por contraste, las escenas posteriores resultan más sobrias y tranquilas.

La locura puede ser muy seductora, sobretodo en alguien como el coronel Kurtz. Pero especialmente cuando uno se ve rodeado de locura y muerte. ¿Está menos loco el coronel Kilgore (Robert Duvall) que Kurtz? En una atmósfera como la que presenta Coppola, lo único cuerdo parece ser volverse loco.

Es tal vez lo seductora que resulta la locura que hace que las tres horas y veinte que dura la película, en su versión extendida, se me pasan sin darme cuenta. Sonidos e imágenes conspiran para atraer toda mi atención y que no sea consciente de nada más. Como en una pesadilla, voy remontando río arriba, siguiendo mi destino, embarcado en mi última misión. Rio arriba, en busca del horror.

15 sept. 2011

Daredevil: El montaje del director


Aquí tenemos otro montaje del director. Notaréis que he escogido comentar películas resultado de producciones conflictivas y cuyos "montaje del director" resultan en películas diferentes y no son, esencialmente, la misma película pero más larga.

Daredevil (Mark Steven Johnson, 2003) es un caso interesante a estudiar. La película no fue un fracaso de taquilla pero en retrospectiva ha generado dos corrientes opuestas: una que la considera una película infravalorada que está muy bien; otra que considera que es una mala adaptación y que seguro espera encantada el reboot que se debería estrenar hacia el 2014.

Viendo la película está claro que el director y guionista Mark Steven Johnson es un fan del personaje, ya que adapta con bastante fidelidad la etapa de Frank Miller en la colección. La etapa de Miller es importante porque hasta entonces Daredevil era un personaje de segunda, una imitación de Batman en ciertos aspectos, y sus ventas se iban hundiendo progresivamente (y lo sé porque soy lector de Daredevil desde hace bastante tiempo). Miller, cuando aún tenía talento que mostrar, reinventó el personaje y lo introdujo en un ciclo de historias que elevarían tanto al personaje como a la colección al estatus que disfruta en la actualidad. Queda aún más claro que Johnson era fan del personaje viendo las otras dos mucho menos afortunadas adaptaciones de cómic en las que ha estado involucrado. Fue uno de los productores ejecutivos de Elektra (Rob Bowman, 2005), mediocre y previsible película, y fue el director y guionista de El motorista fantasma (Ghost Rider, 2007), película que deja patente que lo único que le interesaba al estudio y a Johnson era el personaje y su aspecto, porque es lo único reconocible en esa mediocre película. El contraste entre la fidelidad y el acierto con la adaptación de Daredevil y la carencia de ésas dos cualidades en las otras dos adaptaciones refleja que Johnson sentía una pasión y entendía Daredevil de una manera que no sentía por los otros dos personajes.

La Fox, por otro lado, no sentía ningún tipo de interés o familiaridad con el personaje. Lo que habían sentido es que Spider-man (Sam Raimi, 2002) había sido un monstruoso éxito de taquilla y querían su propia versión para ganar más dinero. Como su preocupación era hacer la máxima cantidad de dinero posible estuvieron interfiriendo en la producción de la película (con sugerencias realmente estúpidas) que complicaron la tarea de Johnson. Aún más, los pases previos obligaron a hacer cambios en el film y la censura americana les puso bastantes problemas para obtener una calificación PG-13, obligando al director a reeditar la película y añadir escenas al tiempo que quitaba otras.

A pesar de los problemas, la versión estrenada en cines me gustó bastante. Me pareció entretenida, me gustó que fuera algo más oscura que la casi infantil película de Raimi y que fuera fiel al personaje de los cómics así como al tono del mismo. Algo que no se puede decir de Spider-man. Es cierto que la película tiene algunos fallos y se toma algunas licencias, como los saltos entre edificios incorporados, de nuevo, tras el éxito de Spider-man, que resultan poco verosímiles, pero en general me gustó.

Cuando me puse a ver el montaje del director, aparecido en DVD el 2003, y observando el cambio de calificación en su país de origen, me esperaba una habitual "versión extendida sin censurar". Cuál fue mi sorpresa al descubrir una película diferente a la que había visto. Como he dicho, la versión estrenada en cines me gustó pero tenía sus fallos. Esta versión, en cambio, está libre de esos fallos. La película se centra en Daredevil (Ben Affleck) y deja un poco de lado el personaje de Elektra (Jennifer Garner), ya que elimina las escenas románticas rodadas a "sugerencia" del estudio. Además de contener luchas más largas y sangrientas, un tono en general más oscuro y duro, incorpora toda una subtrama relacionada con la investigación de un asesinato y presenta un argumento más complejo, así como un mayor desarrollo de los personajes. La media hora de material que se añade crea una película más redonda e interesante, eliminando los segmentos introducidos con el objetivo de hacer una película más digerible con un argumento más familiar.

Recomiendo, por tanto, este montaje del director a los que vieron Daredevil y les gustó, pero especialmente a todos aquellos que no les gustó la versión estrenada en cines.

14 sept. 2011

Basura épica


Hace poco tuve el placer de leer la divertida y satírica novela Una peli porno (Blue Movie, 1970) de Terry Southern. En la novela, el prestigioso director de cine Boris Adrian se lanza a realizar una película porno que sea también una obra maestra del cine y que sólo será proyectada en un país en concreto. Además de ser muy divertida, la novela parte de una interesante anécdota: poco después de terminar Lolita (1962), Stanley Kubrick se pone en contacto con Southern para que escriba el guion de lo que será ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú (Dr. Strangelove or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 1964). Un día, tras ver una película porno con unos amigos, Kubrick le comentó a Southern que alguien debería hacer una película porno con los recursos de un gran estudio. Southern le dijo que él era el hombre indicado para hacerlo pero, tras considerarlo brevemente, Kubrick desechó la idea y Southern la aprovechó para su novela.

Sin embargo, unos años más tarde, Bob Guccione, el editor de la revista Penthouse, se propuso hacer precisamente eso: una película porno como si fuera una gran superproducción. Aunque, eso sí, sin decírselo a los actores protagonistas.

Guccione contrató al prestigioso y premiado novelista y guionista Gore Vidal para que le escribiera el guion, contrató a actores de la talla de Malcolm McDowell, John Gielgud, Peter O'Toole y Helen Mirren para que la protagonizaran y puso al frente de todo a un experto en cine erótico: Tinto Brass. Y todo fue bien durante un tiempo.

Cuando en los títulos de crédito aparece bajo el título "editada por" no un nombre sino simplemente "la producción", uno ya puede darse cuenta que la película que va a ver no será precisamente Quo Vadis (Mervyn LeRoy, 1951). Y tras atravesar las dos y media que dura Calígula (Caligula, 1979), se puede confirmar la sospecha inicial: Calígula es una película realmente mala.

Eso no quiere decir que no sea entretenida ni mantenga cierto interés. Personalmente, me quedé viendo la película encantado ante el increíble nivel de torpeza que presentaba, lo absurdo de muchas escenas y la curiosidad de hasta dónde podían llegar los desmanes de la película.

El desastre que es la película tiene un único culpable: Bob Guccione, que sabrá mucho sobre editar revistas porno pero no tiene ni idea de cine. A medida que avanzaba el rodaje iba pidiendo más sexo y perversión, ya que creía que no había el suficiente, pero lo peor que hizo fue cuando una vez terminado el rodaje decidió filmar secuencias pornográficas protagonizadas por las modelos de su revista e insertarlas en la película, además de reeditar el film sin tener ni idea de lo que hace funcionar una historia o de lenguaje cinematográfico. Eso sin tener en cuenta las denuncias de actores y actrices por la inclusión de escenas pornográficas, ya que nadie les había informado de que la película acabaría siendo así.

Lo peor es que la inclusión de estas secuencias pornográficas hace que grandes porciones de la película resulten tremendamente tediosas. Guccione y Giancarlo Lui, los que filmaron y añadieron estos fragmentos, ni siquiera sabían filmar secuencias de sexo que resultaran excitantes.

Y, de nuevo, nos llega la salvación en forma de "montaje del director". Esto es, la versión que Tinto Brass dejó a punto para ser estrenada antes de que Guccione le metiera mano: sin escenas porno y con las escenas de la película ordenadas lógicamente, eliminando los clamorosos fallos de continuidad y dándole sentido a la historia.

No os diré que esta versión es una obra maestra, pero sí que resulta mucho más interesante y fácil de ver. Calígula es una película que encuentro entretenida y divertida, por todas las razones equivocadas, pero no la recomiendo ciegamente. Sin embargo, si compartís mi sentido del humor y torcida visión de lo que es arte, disfrutaréis con el sifilítico Tiberio de Peter O'Toole y el Calígula de McDowell que parece Alex en Roma o experimentaréis el perverso placer de ver a la prestigiosa Helen Mirren en actitudes poco prestigiosas.

Calígula no deja de ser una monumental y desmadrada exploitation, una película grindhouse cargada de sexo y violencia (me encanta la máquina corta-cabezas) echa con millones de dólares. Si habéis entrenado vuestro paladar con filmes parecidos, Calígula es ciertamente una película a disfrutar. Eso sí, si realmente os interesa la historia del Imperio Romano durante este periodo os recomiendo la fantástica y clásica serie británica Yo, Claudio (I, Claudius, 1976) que adapta la potente y absorbente novela de Robert Graves.

13 sept. 2011

Payback contra Payback: Straight Up - The Director's Cut


Ya que comentamos ayer sobre los conflictos entre versiones extendidas, montajes del director y demás, he pensado que sería interesante estudiar uno de los casos más significativos en cuanto a conflictos entre estudio y director, que resultó en dos películas distintas: Payback (Brian Helgeland, Paul Abascal, 1999) y Payback: Straight Up - The Director's Cut (Brian Helgeland, 2006).

Brian Helgeland se propuso dar el salto de guionista a director adaptando al cine la novela de Donald Westlake The Hunter. La novela fue escrita por Westlake bajo el pseudónimo Richard Stark, ya que se apartaba de las novelas habituales de intriga y policíacas del autor: era mucho más oscura y violenta, y acabó siendo el inicio de una larga serie de novelas protagonizadas por Parker, un criminal sin escrúpulos. Fue publicada en España con el título de A quemarropa (la edición que tengo, no he encontrado ediciones actuales), ya que era el título con el que la novela fue adaptada al cine por primera vez, a cargo de John Boorman: A quemarropa (Point Blank, 1967), con Lee Marvin interpretando al protagonista, aquí llamado Walker. Es de notar que en ninguna de las adaptaciones que se han hecho de las novelas protagonizadas por Parker el personaje se llama igual: Westlake conservó los derechos sobre el nombre, ya que prefería que el protagonista se llamara Parker sólo si el mismo actor protagonizaba una serie de películas interpretándolo. Recientemente, Astiberri publicó una adaptación al cómic de la novela, a cargo de Darwyn Cooke, con el título de El cazador, en lo que es el inicio de la serie Parker de la que próximamente se publicará el segundo volumen. La película de Ringo Lam Contacto total (Xia dao Gao Fei, 1992) también se inspiró en la novela de Westlake.

Helgeland quiso hacer homenaje al thriller de los 70, en una película que siguiera el estilo sucio, duro y contundente de entonces. Mel Gibson fue escogido como protagonista, ya que el actor había mostrado interés en interpretar un personaje alejado de los "buenos" que había interpretado hasta entonces y le apetecía hacer uno de los "malos". El rodaje transcurrió sin incidentes notables y empezó el proceso de posproducción. Y fue aquí donde empezaron los problemas.

El estudio empezó a exigir una serie de cambios que tenían como objetivo hacer a Porter (Gibson) más accesible al público y convertir la película en una cinta de acción más positiva. Básicamente, que fuera el mismo tipo de película que hasta entonces había protagonizado Gibson. Helgeland les dijo que no sabía hacer otra película que la que había hecho y que no tenía intención de hacer todos los cambios que el estudio exigía. Así, días después de que ganara el Oscar al mejor guion por L.A. Confidential (Curtis Hanson, 1997), Helgeland fue despedido por el estudio. Terry Hayes fue contratado para reescribir casi media película y Paul Abascal escogido para dirigir las nuevas escenas y reeditar la película. Aunque el nuevo rodaje se tuvo que retrasar un año ya que Gibson se había comprometido a protagonizar Arma letal 4 (Lethal Weapon 4, Richard Donner, 1998).

De este modo, en 1999 se estrenó Payback, que a pesar de estar atribuida a Helgeland, no tenía nada que ver con lo que éste había hecho.

Pasó el tiempo, estaciones vinieron y se fueron, y en el 2006 vio la luz Payback: Straight Up, o lo que es lo mismo: el montaje del director de Payback.

Payback (1999)
Payback: Straight Up - The Director's Cut (2006)

Tono, duración, aspecto, música... Son muchas y diversas las diferencias entre ambas películas. Entre los cambios que impuso el estudio nos encontramos:

1 Una secuencia que se añadió al principio de la película, explicando como Porter se recupera de sus heridas.

2 Una voz en off a cargo de Porter, que explica las motivaciones del personaje y aclara todas sus acciones.

3 Se elimina la secuencia en la cual Porter pega a su mujer Lynn (Deborah Kara Unger), la muerte del perro y toda la parte final de la película.

4 Se añade un tinte azul a la película que le da un aspecto más frío y moderno.

5 Kris Kristofferson interpreta a Bronson, el jefe de los criminales, que en la versión de Helgeland no es más que una voz femenina al teléfono.

Para su versión, Helgeland restauró todo el material que había rodado, eliminó todo lo añadido por el estudio (incluida voz en off, por supuesto, y varios toques de humor que él mismo había puesto en su momento), cambió el aspecto de la película por un look con colores brillantes y encargó una nueva banda sonora más acorde con el tono de la película. El resultado es unos diez minutos más corto que la versión que se estrenó en cines.

Se podría decir que la versión que se estrenó en cines es un neo-noir, una película que hace homenaje al cine negro más clásico, como la habitual escena de tortura al protagonista, y que está más orientada hacia la diversión. La versión de Helgeland tiene un tono que la acerca más al thriller de los años 70, con un tono más serio acompañado de un ambiguo final. Ambas películas me gustaron, aunque como ahora soy un aficionado al cine de los 70, cosa que no era en 1999, actualmente prefiero la versión de Helgeland, más acorde con el personaje original. Os invito a comparar ambas versiones en la edición especial en DVD/Blu-ray.

En cuanto a Parker en el cine, se está rodando una película, para estrenarse en el 2012, llamada simplemente Parker, inspirada en las novelas de Donald Westlake alias Richard Stark. Además de Payback y A quemarropa, estás son el resto de películas que se han hecho adaptando novelas protagonizadas por Parker: Made in U.S.A. (Jean-Luc Godard, 1966), aquí Parker se convierte en Paula Nelson (Anna Karina); Mise à sac (Alain Cavalier, 1967), aquí Parker se llama Georges (Michel Constantin); El reparto (The Split, Gordon Flemyng, 1968), aquí Parker se llama McCain (Jim Brown); The Outfit (John Flynn, 1973), aquí Parker se llama Macklin (Robert Duvall); y Slayground (Terry Bedford, 1983), aquí Parker se llama Stone (Peter Coyote).

El tráiler es de la versión estrenada en cines, no he encontrado ninguno de la versión de Helgeland.

12 sept. 2011

Montajes, extensiones, versiones


Recientemente, en mitad de la discusión sobre la naturaleza de Deckard en Blade Runner (Ridley Scott, 1982), vi un comentario sobre el tema por parte del bloguero Javi (creo que fue en otra película de mi blog) en el cual decía que para él la versión original, la que cuenta, era la que se estrenó en su momento en 1982 (aunque la versión europea, ligeramente más violenta, es diferente de la versión estrenada en Estados Unidos) y que en general consideraba que la versión que cuenta de una película es la originalmente estrenada en cines.

Es un comentario que me sorprendió porque tengo una visión distinta sobre este tema de que película es la que cuenta o la que hay que considerar al hablar de ella (cuando se producen distintos montajes de una misma película), que me gustaría ahora compartir con vosotros.

Eso sí, esto no se ha de considerar como una réplica a lo que escribió Javi, ni pretendo dar a entender que él se equivoca y yo tengo la razón absoluta. Se trata simplemente de que mi perspectiva es diferente y sólo eso, igual que cada uno tendrá su propia opinión, válida dentro de la manera que ve el cine.

1. Esto no es La decisión de Sophie

Es bastante común entre los escritores revisar y repasar novelas una vez ha pasado algún tiempo desde su publicación e introducir cambios si lo consideran oportuno, con lo cual los directores deberían tener la misma libertad y tener la opción de repasar y revisar sus películas.

Pero el cine es un arte en el cual los artistas no suelen ser los dueños de las obras que han creado. También se ha de considerar que en la creación de una película intervienen factores políticos, la relación con los estudios, que pueden perjudicar el proceso de terminar una película, además de otros factores que pueden afectar el producto final.

A lo largo de la historia del cine han sido varias las ocasiones en que han aparecido diferentes versiones de una misma película, especialmente a medida que los diferentes formatos de cine doméstico se iban perfeccionando. Y en particular a raíz de la aparición del DVD y el Blu-ray se ha convertido en algo común la aparición de versiones extendidas o los llamados "montaje del director".

Con todo esto quiero decir que para mí, no hay una versión original única a considerar en el caso de encontrarnos con diferentes versiones. Normalmente la versión que opto por ver con preferencia o en la que pienso cuando la analizo es el montaje del director, y hasta ahora consideraba que era la única opción a tener en cuenta, pero no siempre es el caso. Así que, en general, la versión que opto y considero para ver con preferencia es, básicamente, la que más me gusta.

Por cierto, en todo este asunto de las versiones hay que mencionar las llamadas "sin censura" que suelen provenir del cine americano. Aquí no hay discusión para mí: la versión sin censurar es la única versión a considerar ya que desprecio la censura en todas sus formas.

2. Esto es un montaje

Cuando E.T. El extraterrestre (E.T.: The Extra-Terrestrial, 1982) se editó en DVD, se comentó bastante la nueva edición que había hecho Steven Spielberg añadiendo un E.T. digital en unas escenas añadidas y sustituyendo las pistolas de la policía por walkie-talkies. En esta edición existía la opción de ver las dos versiones de la película: la estrenada originalmente y la nueva. Spielberg ha comentado en una entrevista reciente (en Ain't It Cool News) que para él única versión a tener en cuenta es la estrenada originalmente, lo otro era como un divertimento.

Lo menciono ya que hay cierta tendencia a identificar la versión extendida de una película como el montaje del director (y en ocasiones se identifica así en la carátula). Y eso no es cierto siempre. Robert Rodriguez con Sin City (2005) o Jean-Pierre Jeunet con Alien resurrección (Alien: Resurrection, 1997), por ejemplo, aclaran (en sus respectivas ediciones en DVD/Blu-ray) que las versiones estrenadas en cine son sus versiones, su montaje del director, y que las ediciones extendidas son simplemente curiosidades.

Por tanto, en ocasiones las versiones extendidas se crean simplemente para vender más discos, no porque el director sienta que la película estrenada no representa su visión y quiere tener la oportunidad de mostrar lo que quería decir en un principio. Así que hay que tener cuidado y no dejarse engañar y evitar casos como el de 1408 (Mikael Hafström, 2007).

En la carátula de la edición coleccionista de dos discos en DVD de 1408 se anuncia la inclusión de un montaje del director con final alternativo. Sin embargo, en el audiocomentario, Hafström aclara que no es el montaje del director, ése es el estrenado en cines, pero que estuvo considerando diferentes opciones de edición y diferentes finales, debido a la libertad que permitía la película en ese sentido. El problema es que en la edición en Blu-ray sólo se incluye esta versión extendida, que no funciona como sí lo hace la estrenada en cines, y cuyo final alternativo es decepcionante e infiel con la historia de Stephen King en que se basa la película.

Otro factor a considerar en las diferentes versiones es cuando nos encontramos con versiones diferentes dependiendo de dónde se estrena la película. Es decir, como en la mencionada Blade Runner, de la cual se estrenaron versiones diferentes en Estados Unidos y en Europa. Otro caso ya comentado en este blog es la versión europea de Dawn of the Dead (George A. Romero, 1978) que se tituló Zombi y fue editada por Dario Argento. Zombi es una película diferente de Dawn of the Dead, inferior, de ahí que sea preferible la versión de Romero, que es la que estrenó y no la versión extendida erróneamente llamada "montaje del director".

Estas diferencias entre versiones europeas y americanas se producen a veces cuando las películas caen en manos de distribuidores sin escrúpulos que reeditan y retitulan una película a su antojo (algo que han sufrido tanto películas americanas como europeas), independientemente del director o el estudio que la produjo. Así, gran parte de las películas de Lucio Fulci no se han podido ver como el director originalmente las concibió fuera de Italia, ya que al salir del país se manipulaban de manera atroz y ha sido décadas después (gracias al DVD y, ahora, al Blu-ray) que se han podido disfrutar tal y como se estrenaron en su país de origen.

Hay otros ejemplos de diferencias radicales entre la versión europea y la americana, también comentados en este blog, como El ejército de las tinieblas (Army of Darkness, Sam Raimi, 1992) o Legend (Ridley Scott, 1985) -de ésta última procede el celebérrimo unicornio de Blade Runner-.

Pero, por supuesto, los casos de versiones distintas de una película más habituales son aquellos en los que se produce un enfrentamiento entre el estudio que financia la película y el director que la dirige.


Como normalmente los cambios que introducen los estudios están destinados a homogeneizar una película, hacerla más apta para una mayor audiencia y, en general, quitarle cualquier cosa que pueda ser polémica, tengo tendencia, personalmente, ha inclinarme por considerar sólo el montaje del director, que normalmente es más interesante, como el montaje del director de Dark City (Alex Proyas, 1998), infinitamente superior a la versión estrenada en cines.

Normalmente, las versiones del director surgen en filmes cuya producción fue especialmente problemática (aunque no siempre, no conviene generalizar). Esto está claro en Blade Runner (la última vez que la menciono, en serio), donde las contradictorias voces que intervinieron en su producción acabaron provocando que, observada objetivamente, sea una película que en ocasiones se contradice a si misma haciendo que Deckard sea al mismo tiempo humano y replicante, siendo ambas opciones igualmente defendibles y sostenibles: la preferencia por una u otra se debe a los gustos del espectador.

En otros casos de producciones problemáticas, aquí por razones técnicas, se estrena la película sin que ésta esté terminada. Por ejemplo, Encuentros en la tercera fase (Close Encounters of the Third Kind, Steven Spielberg, 1977), estrenada antes de que Spielberg tuviera tiempo de poder terminar de editarla. Sin embargo, cuando Spielberg pidió que se le diera la oportunidad de terminarla, el estudio -ante el éxito de taquilla de la película- aceptó a condición de que se incluyera una secuencia dentro de la nave espacial que aparece al final. Esto a Spielberg no le hizo mucha gracia (con razón, estropea el misterio), y de ahí que existan tres versiones diferentes de Encuentros en la tercera fase.

Como decía en algún punto de esta larga diatriba, no conviene generalizar. La producción de una película y las circunstancias que rodean su creación son únicas de cada película. En ocasiones la versión estrenada representa la visión del director, en otras ocasiones no. En ocasiones el director tiene la oportunidad de mostrar su visión, en otras ocasiones no. En ocasiones el montaje del director resulta en una película superior a la estrenada en cines, en otras ocasiones no. Al final todo depende de los gustos de cada uno, de lo que sepa de la película en cuestión y de su visión del cine.

9 sept. 2011

Somos lo que hay


Un hombre de mediana edad deambula, enfermo, por un brillante y moderno centro comercial. Finalmente, cae y muere. Inmediatamente, un equipo de limpieza retira el cadáver y limpia el lugar. Como si no hubiera pasado nada, los compradores siguen con su rutina sin inmutarse.

Con esta ballardiana secuencia arranca Somos lo que hay (2010), una impresionante e intelectualmente provocativa película escrita y dirigida por Jorge Michel Grau. El film se centra sobre la familia del hombre que muere en la secuencia inicial: su desesperación ante el hecho de que su líder ha muerto y deben reorganizar su existencia para cumplir con lo que llaman "el rito". Este rito consiste en comerse a cualquier incauto que puedan cazar por la calle.

Cuando uno piensa en películas centradas en familias caníbales le vienen a la cabeza los excesos gore del género cargados de gótico americano, aquellas cintas que siguen la estela de la clásica familia texana que creara Tobe Hooper. Sin embargo, la película de Grau se aleja de este conocido esquema ofreciéndonos algo más fresco y original, sin utilizar ninguno de los clichés del género (ni tampoco mucha sangre).

Para ello, Grau convierte la cámara en una observadora imparcial de los eventos que se despliegan ante ella, como un científico observaría las trágicas existencias de unos insectos. Este enfoque resulta bastante efectivo sobre el espectador, dejando que la fuerza de los eventos y el momentum de la historia lleguen con toda su magnitud, ya que no se previene al espectador sobre lo que va a suceder utilizando los trucos habituales para crear suspense o inquietud.

A este efecto contribuye también la fuerza dramática presente en la cinta. De hecho, más que los crímenes, resulta fascinante observar la lucha familiar por el poder, casi como si fuera una cinta de mafiosos, y los juegos políticos alimentados por los rencores del pasado. Sí, resulta que las familias asesinas caníbales son tan disfuncionales como las familias "normales".


Esta familia la compone: Patricia (Carmen Beato), la matriarca que debe superar la súbita muerte del patriarca; Sabina (Paulina Gaitán) la pequeña que de forma inmediata se hace cargo de la situación e intenta controlar la familia utilizando a Alfredo (Francisco Barreiro), el mayor y sensible hijo mayor, y a Julián (Alan Chávez), el violento hermano mediano. Paralelamente a las vicisitudes de la familia, también se nos cuenta la historia de los policías que investigan "el caso de los caníbales", más interesados en la fama y el dinero que les puede proporcionar resolver el caso que en detener las muertes.

Las críticas horas que siguen a la muerte del padre resultan en un fascinante drama familiar, con los personajes enfrentándose a su pasado y entre sí. El añadido del canibalismo le da al film unas casi inevitables lecturas sociales, teniendo en cuenta el estado en que se encuentra el mundo ahora mismo, en plena crisis global. En este sentido destaca una divertida escena en la morgue, protagonizada por el forense que se encarga de la autopsia del padre muerto. Me recordó un documental sobre la sociedad mejicana que vi en la universidad hace un tiempo, en el cual aparecía un doctor que trabajaba como voluntario en la morgue y explicaba como podía saber el estado social de las cosas simplemente estudiando los cuerpos que le llegaban (y su estado).

En definitiva, esta fantástica producción mejicana es una de esas rara avis dentro del género que puede interesar tanto a los aficionados como, por sus valores dramáticos y cinematográficos, a aquellos que no verían jamás una película con la palabra "caníbales" en su argumento.