9 sept. 2010

Fast Company



Prácticamente todos los textos críticos sobre David Cronenberg, especialmente aquellos que consideraban Cronenberg un cineasta de segunda por hacer películas de terror y después de Inseparables (Dead Ringers, 1988) le consideraron un genio y dijeron que siempre lo habían considerado un genio, califican Fast Company (1979) como una producción que se sale de la filmografía de Cronenberg, una película que no encaja y que fue simplemente un producto alimenticio.

A primera vista puede parecer que este drama con toques de comedia y acción, sobre un conductor de coches de competición, Lonnie Johnson (William Smith), a punto de retirarse que se enfrenta a otro malvado conductor y al traidor agente Phil Adamson que encarna a la perfección habitual John Saxon, es efectivamente una película que no encaja del todo dentro del trabajo de Cronenberg como director. Pero eso no es del todo cierto. Aparte de ser un fanático de los coches y la conducción, Cronenberg también siente fascinación en retratar sociedades subterráneas que se mueven de forma paralela a la sociedad que todos conocemos. Es un tema que ha tratado en Scanners (1981), Crash (1996), eXistenZ (1999) y Promesas del Este (Eastern Promises, 2007). Cronenberg retrata a la gente que se mueve en este mundo de coches veloces de competición como una sociedad aparte con sus propias normas y sus propios códigos.

Ciertamente el tono sí que se diferencia radicalmente del resto de su filmografía. Esto tiene su origen en que después de filmar dos exitosas películas de terror, le apetecía hacer un cambio, salir del género para no sentirse encasillado. Aunque el humor, especialmente la ironía y un humor negro muy seco, siempre han estado presentes en todas sus películas, algo que muchos de los estudiosos de Cronenberg pasan por alto, más centrados en los misterios de la Nueva Carne.

Esta película interesará a los fans de Cronenberg, ya que aquí pueden ver una cara diferente del director canadiense. Para el resto es una curiosa y entretenida película que sirve para pasar un buen rato con un mítico enfrentamiento entre buenos y malos. La edición en DVD a cargo de Blue Underground está bastante bien. Incluye un comentario muy interesante del propio David Cronenberg que tiene un momento tremendamente divertido en el cual Cronenberg empieza hablar de una escena que fue eliminada para que la película fuera apta para todos los públicos, una escena en la cual unas chicas desnudas son cubiertas de aceite de motor por un piloto como previo paso a hacer un trío (momento que también encaja bastante en la filmografía de Cronenberg), y de repente ve extasiado que la escena ha sido de nuevo incluida, y mientras la pantalla la ocupan los pechos cubiertos de aceite de una de las actrices dice: "sin duda, éste es un momento histórico en la historia del cine" y sigue hablando de lo contento que está de que hayan vuelta a incluir la escena. Hay una edición de dos discos de esta película que incluye los primeros mediometrajes que hizo Cronenberg, pero si no fuisteis rápidos en su momento no sé si todavía se puede encontrar (a un precio razonable).

Aparte de su condición de curiosidad dentro del corpus fílmico de Cronenberg, Fast Company fue también la última película que protagonizó Claudia Jennings antes de su prematura muerte en un accidente de coche. Jennings fue de las pocas Playmates, sería mejor decir la única, que tuvo una carrera continuada en cine y televisión principalmente no sólo porque era una atípica belleza sino también porque tenía talento para actuar. En camino de convertirse en una reina del género en el cine, murió justo cuando había vuelto a encarrilar su vida. Había superado sus problemas con el alcohol y dado fin a su tumultuosa relación con el empresario inmobiliario Stan Herman mientras éste seguía casado con Linda Evans. También resulta curioso que después de protagonizar una película con abundantes accidentes de coche muriera precisamente en un accidente de coche. Personalmente, mi fascinación por Claudia Jennings radica como he dicho antes en su atípica belleza, no era la rubiaza vixen habitual en la factoría Playboy, que tenía un toque de tristeza y melancolía. Como si ya supiese lo que le aguardaba el futuro.

1 comentarios:

Paulina dijo...

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