30 dic. 2011

Sé lo que estás pensando y esta película no es así


Para acabar el año con alegría he decidido descubrir a aquellos que no la conocían La cárcel caliente (Caged Heat!, 1974), el debut en la dirección de Jonathan Demme. Seguramente le habréis echado un vistazo al póster, visto el título y pensado: "Bueno, esta película no es para mí" o "me encantan este tipo de pelis". Os equivocáis de ambos modos, ya que esta película no es como aparenta ser o la vende el tráiler... o es mucho más que sólo eso.

Os voy a ser sincero: no me gustan las películas de cárcel de mujeres. Me aburren, son demasiado repetitivas y previsibles. Lo mismo le sucedía a Roger Corman, que aunque este género le resultaba rentable económicamente no le acababa de gustar el resultado artístico de las mismas. Mientras, Jonathan Demme había empezado a trabajar en la New World de Corman, escalando posiciones como era la costumbre en la empresa de Corman: primero en el departamento de publicidad, luego guionista y productor, director de segunda unidad y finalmente le tocaba estrenarse como director. Demme había escrito, producido y dirigido la segunda unidad de The Hot Box (Joe Viola, 1972), tras lo cual le pidió a Corman dirigir su primera película y le presentó el guion de Caged Heat! A Corman no le gustaba el género de cárcel de mujeres, como ya he dicho, pero le atrajo el hecho de que Demme había añadido detalles personales muy interesantes, así como un sentido del humor que casi parodiaba el género (lo mismo sucedió con las dos películas de cárcel de mujeres que Corman había encargado a Jack Hill). De esta forma nació esta joya destinada a convertirse en una gran película de culto.

Algo que inmediatamente separa este film de otros del mismo género, además del tono y argumento, es el estilo que adopta Demme a la hora de presentarnos la historia que quiere contar en imágenes. Cuando la vi por primera vez, sabiendo que era la primera película del director, tuve la impresión que era como un niño jugando con un juguete nuevo, explotando todo lo que puede hacer al máximo. Se notaba que Demme había pasado tiempo ideando elaborados movimientos de cámara y planeando secuencias sin tener en cuenta las dificultades que podían traer considerando el presupuesto y el calendario que tenía para rodar. Una impresión que me confirmó el propio director, en el audicomentario que acompaña la edición en DVD de la película, declarando que quería experimentar y jugar con el lenguaje cinematográfico. Así surgen las distintas y curiosas escenas oníricas, las transiciones jugando con la luz, diferentes homenajes cinematográficos, el equilibrio de diferentes subtramas y todo aquello que hace que esta película se disfrute tanto.

El argumento presenta una mezcla de tramas vistas anteriormente en el género, con un giro personal de Demme, así como motivos que luego serían explorados en películas posteriores "más serias" como Alguien voló sobre el nido del cuco (One Flew Over the Cuckoo's Nest, Milos Forman, 1975). Todo empieza cuando Jacqueline Wilson (Erica Gavin) es detenida y encerrada. En la cárcel conocerá a diversas prisioneras con las que mantendrá una relación tensa. Intentos de fuga y experimentos a cargo del psiquiatra de la cárcel van enriqueciendo la trama de la película, cargada de acción y los habituales ingredientes de una buena exploitation. Y además todo ello en apenas 80 minutos de metraje, la película avanza demasiado deprisa para resultar aburrida en ningún momento.


Demme reunió un fantástico reparto para su película. Las protagonistas son rostros familiares en este blog: Erica Gavin (aquí y aquí), Roberta Collins (aquí y aquí), Barbara Steele (aquí, aquí, aquí y aquí), Juanita Brown (aquí), a Linda Gold alias Crystin Sinclaire la tenía vista de Trampa mortal (Eaten Alive, Tobe Hooper, 1977) y a Cheryl "Rainbeaux" Smith la había visto en The Swinging Cheerleaders (Jack Hill, 1974). Todas ellas eran actrices atractivas y hermosas, obviamente, pero las cuales también tenían un gran talento interpretativo, cosa que no se les reconoce. Gavin era capaz de ofrece personajes completamente distintos en cada película que hacía: su personaje en Vixen! (Russ Meyer, 1968) no tiene nada que ver con el que interpreta en El valle de los placeres (Beyond the Valley of the Dolls, Russ Meyer, 1970) que no tiene nada que ver con el que interpreta en Caged Heat! Barbara Steele era otra estupenda actriz que combinaba belleza y talento. En esta película interpreta a la paralítica alcaide de la cárcel, que en una secuencia onírica interpreta un delirante número de cabaret mientras que en su día a día es una mujer tremendamente reprimida y mojigata.

Mención aparte merecen Roberta Collins (1944-2008) y Cheryl Rainbeaux Smith (1957-2002). Collins era una roba-escenas profesional, cargada de una gran y fuerte personalidad que la hacía resaltar hiciera lo que hiciera, y que durante un tiempo fue una gran estrella de la factoría Corman. Por desgracia, murió hace unos años de sobredosis. Rainbeaux Smith, por otro lado, tuvo una vida que parecía sacada de una de sus películas, cargada de misterio. Tenía un indudable talento interpretativo pero también su carrera se vio abruptamente interrumpida por las drogas, la hepatitis que la mató la contrajo debido a que consumía heroína. Esta película era su favorita de las que hizo (también lo es de Erica Gavin).

A riesgo de parecer sentimental, estos hechos hacen que ver estas películas sea en ocasiones una experiencia agridulce. Disfruto viendo a Collins y Rainbeaux Smith, así como otras de destino parecido como Claudia Jennings y Sharon Tate, en plena forma en las películas pero me entristece saber como acabaron.

Caged Heat! es divertida, excitante, entretenida e interesante. 80 minutos de fantasía cinematográfica, mucho mejor de lo que parece a simple vista o por lo que podáis pensar por el tráiler.

29 dic. 2011

La celda de la violación (Jackson County Jail)


¿No odiáis esos días en los que todo parece ponerse en tu contra? Esos típicos malos días en los que te peleas con tu jefe y te largas a buscar otro trabajo, tu pareja te pone los cuernos, te roban el coche con todas tus pertenencias y entonces la policía te mete en la cárcel por vagancia. El típico mal día. Por desgracia para nuestra protagonista, Dinah Hunter (Yvette Mimieux, la Weena de El tiempo en sus manos [Time Machine, George Pal, 1960]), las cosas aún pueden empeorar a partir de ahí.

La celda de la violación (Jackson County Jail, Michael Miller, 1976) es una poderosa mezcla de drama y cinta de acción. La escena de la violación a la que alude el sutil título castellano es realmente desagradable y deja muy mal cuerpo, es una "buena" escena de violación: no busca excitar ni provocar morbo, resulta terriblemente realista. Especialmente cuando ha terminado y ves las reacciones de la víctima y el violador. Mimieux se queda con una cara de shock que te transmite todo el dolor de lo que le ha pasado así como explica su reacción posterior.

Tras este trauma, Dinah se ve arrastrada en la fuga de la cárcel por Coley Blake, carismático criminal interpretado por Tommy Lee Jones, en uno de sus primeros papeles importantes. Jones nos ofrece una gran interpretación, atrayendo nuestra atención casi sin esfuerzo. El centro de la película es la relación que se establece entre Dinah y Coley, cada uno con su visión personal sobre la vida, como parten de lugares distintos e intentan encontrar un terreno común. Así, es esencial que los actores puedan cargar con el peso de la carga dramática para que la película funcione. Y estos dos cargan con ese peso sin problemas.

El cinismo y la amargura de Coley sirve de contraste con la inocencia de Dinah. Él cree que no hay nada malo en ser un criminal porque todo el mundo es corrupto, ella cree que todavía queda gente honesta en el mundo. El conflicto entre ambos se ve aderezado con diversas escenas de acción que tienen lugar mientras la policía les persigue.

Tal vez no cuenta una historia particularmente original, pero las interpretaciones y la dirección la convierten en una cinta interesante. El principio, con el encadenado de desgracias que sufre Dinah, parece algo ridículo pero el tono y el estilo que adquiere la película después de que Dinah sea atracada y metida en la cárcel la salvan.

28 dic. 2011

Lady Frankenstein (La figlia di Frankenstein)


No sé si a Mary Wollstonecraft Shelley le hubiera hecho mucha gracia, como pionera del movimiento sufragista y la lucha por los derechos de la mujer, esta versión femenina de su creación Frankenstein o el moderno Prometeo, siendo como es uno de los temas centrales la, digamos, envidia masculina por el poder de crear vida de la mujer. O puede que le hubiera echado un vistazo a este spaghetti terror y se hubiera reído a carcajadas.

Lady Frankenstein aka La figlia di Frankenstein (Mel Welles, Aureliano Luppi, 1971), sigue la "ilustre" tradición de filmes como El Dr. Jekyll i la seva germana Hyde (Dr Jekyll & Sister Hyde, Roy Ward Baker, 1971) y La condesa Drácula (Countess Dracula, Peter Sasdy, 1971), todas estrenadas el mismo año, de darle un toque femenino a un clásico del terror. Pero mientras que la película de Baker ofrece un curioso e interesante giro sobre el clásico de Robert Louis Stevenson El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde y el film de Sasdy se adentra en la leyenda de la condesa e infame asesina de masas Erzsébet Bathory, Lady Frankenstein poco aporta a la leyenda de Frankenstein y su criatura.

Póster americano de la película, en el cual Rosalba Neri se transforma en Sarah Bay siguiendo la tradición de americanizar los nombres que pudiesen sonar vagamente europeos para hacerla pasar por una producción americana. En la promoción americana del film (ver tráiler) se enfatizaron los elementos morbosos y eróticos para atraer a los espectadores. Sólo el monstruo que ella había hecho podía satisfacer sus extraños deseos afirma el póster. Bueno, teniendo en cuenta el indudable atractivo de Rosalba Neri, sus deseos y los que provoca son bastante normales y naturales, la verdad.

El doctor Frankenstein (Joseph Cotten) está terminando de crear el primer humano artificial con la ayuda del doctor Charles Marshall (Paul Müller). Coincide el experimento con la llegada al castillo de la hija del doctor, Tania Frankenstein (Rosalba Neri), la cual llega recién obtenido su título de cirujana. Tania quiere ayudar a su padre en su trabajo, a pesar de que a él no le haga mucha gracia por los problemas legales a los que se puede enfrentar. Cuando la criatura es "despertada" a la vida, mata al buen doctor y se dedica a cometer atrocidades por el campo. Mientras, la doctora Frankenstein está determinada a tener éxito donde su padre ha fracasado.

Se podría tener la tentación de calificar el film de misógino por el retrato que hace de Tania Frankenstein, pero lo cierto es que recibe el mismo trato que sus contrapartidas masculinas. Aunque sus motivaciones son distintas de las de su padre: ella quiere poner el cerebro de un hombre que respeta por su intelecto en el cuerpo de un hombre que la pone burra. Aparte de eso, es exactamente igual a cualquier otra película de Frankenstein que hayáis visto, turba enfurecida sosteniendo antorchas incluida.

Pero aunque sea la misma historia de siempre, excluyendo la simpatía hacia el monstruo, representado como una máquina de matar, y la inclusión de Tania Frankenstein, no deja de ser una película entretenida de ver y bastante divertida; gracias sobretodo a la gran cantidad de sangre y violencia que tuvieron a bien de añadir los italianos, así como unas bienvenidas gotas de erotismo. Además, la película proporciona algunos momentos de inintencionada comedia.

El tráiler asegura que "no ha habido nunca una película como Lady Frankenstein", pero lo cierto es que sí las ha habido. A pesar de todo, resulta una divertida euro-exploitation que puede proporcionar un buen rato mientras se ve. Eso sí, aseguraos que sea la versión europea original (94 minutos), ya que los distribuidores americanos recortaron alrededor de unos diez minutos de película.

27 dic. 2011

The Velvet Vampire


Tan cierto como que no hay que juzgar un libro por su portada es que, en ocasiones, no hay que juzgar una película por su póster. Tomad como ejemplo The Velvet Vampire (Stephanie Rothman, 1971), cuyo póster parece promocionar una sangrienta película de terror al puro estilo exploitation aunque en realidad el film no tiene nada que ver con lo que vende el póster.

Tras los títulos de crédito vemos a Diane LeFanu -referencia al escritor Sheridan LeFanu-, interpretada por Celeste Yarnall (a la que recordaréis por su papel en el episodio clásico de Star Trek La manzana), pasear tranquilamente por la calle. Es entonces atacada por un motorista que intenta violarla. Diane lo mata sin problemas, se lava la sangre de las manos y sigue tranquilamente su paseo. En la galería de arte de Carl Stoker (Gene Shane) -referencia al escritor Bram Stoker- están los amigos de éste Lee y Susan Ritter (Michael Blodgett -al que recordaréis, espero, por su papel en El valle de los placeres [Beyond the Valley of the Dolls, Russ Meyer, 1970]- y Sherry Miles). Allí conocen a Diane, la cual los invita a su casa en el desierto. Ambos aceptan, pensando pasar un entretenido fin de semana, sin saber que Diane es una vampiresa (de las sobrenaturales, no de las de sábado por la noche) que planea un mortal juego de seducción con ambos de protagonistas.

The Velvet Vampire es una de esas raras mezclas entre arte y exploitation que vieron la luz durante la década de los setenta. El film huye del estilo gótico y sobrecargado del cine de vampiros de la época, que en aquel momento empezaba ya a declinar peligrosamente hacia la autoparodia mientras la Hammer daba ya sus últimos coletazos. Es este el inicio de las películas de vampiresas lesbianas, como la estupenda Las amantes del vampiro (The Vampire Lovers, Roy Ward Baker, 1970), cuando ya las películas de Drácula habían perdido todo interés, sólo hay que ver Las cicatrices de Drácula (Scars of Dracula, Roy Ward Baker, 1970) o Drácula 73 (Dracula A. D. 1972, Alan Gibson, 1972), y se intenta darle nueva sangre al género.

Este film de Stephanie Rothman destaca por darle un aire contemporáneo y moderno a la historia, introduciendo elementos que luego se harían bastante populares en las películas y novelas recientes de vampiros (excluyendo las biografías de Anne Rice y el romanticismo teen de Stephenie Meyer). Diane es una vampiresa sin colmillos que se pasea tranquilamente bajo el duro sol del desierto, cuyo vampirismo parece tener una base más biológica que sobrenatural. Eso no quita que Diane conserve rasgos del vampiro clásico sobrenatural como sus tremendos poderes hipnóticos y de persuasión.

Si hoy en día no son habituales las directoras de cine, más raro aún lo era en los setenta. La mayoría de estas directoras, además, tuvieron su primera oportunidad en las producciones de Roger Corman, el cual no se puede negar que tenía ojo para detectar talento, como es el caso de Rothman. Ésta aprovecha al máximo los limitados recursos que tenía a su disposición, haciendo gala de una gran economía narrativa (ahorrándole al espectador todo aquello que resulta redundante o que no necesita saber) mezclada con un tremendo ojo a la hora de componer imágenes. Resulta especialmente interesante como se cuenta la historia siguiendo dos planos: el plano real, donde vemos que les sucede a los personajes y como algunos van mordiendo el polvo, y el onírico. Como salidas de la portada de un disco de Pink Floyd, se nos presentan diversas secuencias oníricas que reflejan, comentan y predicen lo que les va pasando a los personajes principales. Son los sueños que tienen y comparten Lee y Susan bajo la influencia de Diane.

Teniendo en cuenta que se trata de una producción del legendario Roger Corman, sorprende la clase y el estilo con el que está hecha (normalmente Corman se guardaba la clase y el estilo para las películas que él mismo dirigía). Las escenas de desnudos están hechas con bastante elegancia y también se muestra cierta contención a la hora de mostrar sangre. Celeste Yarnall borda el papel de Diane, muy misteriosa y atractiva, así como Blodgett sigue su línea de chulerío simpático. Sherry Miles es la pata que cojea, siendo bastante irritante y ofreciendo una pobre interpretación a pesar de que tenía a su drama coach presente en el set durante todo el rodaje.

Curiosa e interesante película. Por cierto, agradecería que si alguien sabe donde se puede encontrar la banda sonora de The Velvet Vampire me lo diga.


26 dic. 2011

Nada dice Felices Fiestas como una buena dosis de sexo y muerte


El 26 de diciembre es festivo en Cataluña (es Sant Esteve). Cuando esto salga publicado, yo probablemente estaré tirado en la cama intentando coger fuerzas para someterme a otra pantagruélica comida familiar. Ánimo, yo del futuro, sólo te quedan tres mortales comidas festivas más y todo habrá terminado. Por lo menos hasta el año que viene, claro. Coge un poco de energía acabando de leer el Makoki integral mientras escuchas a los New York Dolls. Piensa que a mí, tu yo del pasado, todavía me quedan todas las monumentales comidas navideñas por delante.

Pasemos a la película de hoy, algo ligero y entretenido: la producción británica Little Deaths (Sean Hogan, Andrew Parkinson, Simon Rumley, 2011). El título proviene de la expresión francesa la petite mort, literalmente: la pequeña muerte, con la cual se alude metafóricamente al orgasmo. O, más bien, a ese microsegundo en que todo tu cuerpo se detiene (como si estuviera muerto) antes de la explosión placentera que inunda todo el cuerpo durante el orgasmo. Con este titulo se resume los temas principales que unen las tres historias que componen esta película: sexo y muerte. Eso sí, que el sexo sea una de las temáticas principales no quiere decir que la película sea erótica o particularmente explícita en cuanto a sexo en pantalla se refiere, pero está presente de una u otra forma.

House & Home, escrito y dirigido por Sean Hogan, es la historia más típica de las tres, usando temas y giros más habituales en el género. Está protagonizado por una pareja de clase alta, Richard y Victoria (Luke DeLacey y Siubhan Harrison), los cuales no tienen una relación precisamente apasionada y amorosa. Ambos hablan ominosamente de algo que tarde o temprano implicará a Sorrow (Holly Lucas), una sin techo. Aparte de alguna que otra crítica social, la historia sigue el esquema practicado por los EC Comics, colocando un -no tan- sorprendente e irónico giro al final. No es nada que no hayamos visto antes, pero está bien ejecutado.

Mutant Tool, escrito y dirigido por Andrew Parkinson, es el relato que más que me gustó de los tres y el único por el cual realmente recomendaría ver la película. Es, claro, la historia más bizarra y enfermiza de las tres, mezclando diferentes elementos que conforman una historia llena de humor negro y angustia, que me provocó un auténtico escalofrío al final. Está protagonizada por Jen (Jodie Jameson), una ex muchas cosas que intenta desengancharse de las drogas. Su novio Frank (Daniel Brockelbank) trabaja para el doctor Reece (Brendan Gregory) -supliendo incriminatorio material-, y por sus contactos Frank mete a Jen en un programa de desintoxicación experimental llevado a cabo por el doctor Reece. Jen empieza entonces a tomar unas pastillas que le provocarán una serie de extraños efectos secundarios. Paralelamente, conocemos el origen de las pastillas: las extrañas secreciones del aparato genital mutante del sujeto X (desarrollado por los nazis, nada menos), el cual es mantenido encadenado, suspendido y permanentemente despierto.

El tono y lo demencial de la historia hacen que este cuento resalte por encima de los demás. El drama de Jen, mezclado con el trabajo de Frank, los experimentos nazis y el día a día de los cuidadores del sujeto X hacen que sea en todo momento interesante.

Bitch, escrito y dirigido por Simon Rumley, es el cuento que cierra la antología. Por desgracia este fragmento resulta tremendamente decepcionante aunque tiene un inicio y desarrollo bastante interesante. Claire (Kate Braithwaite) y Pete (Tom Sawyer) son una típica pareja de veintimuchos-treintaypocos. Bueno, "típica" por los problemas y alegrías que tienen, porque sus gustos de alcoba son, como mínimo, inusuales. A medida que avanza la historia, vemos como se desarrolla su relación hasta llegar a la terrorífica conclusión.

En un principio me pareció interesante este relato por como, filmado en un estilo vérité que aporta mucho realismo, retrata el día a día de una pareja cuya única particularidad son sus gustos y el estilo de relación víctima-dominante alterna que tienen. Me parecía ingenioso el hecho de mostrar que por muy bizarra y extraña que pudiera ser la intimidad de una pareja, no dejaba de ser una pareja con sus típicos altibajos. Era una manera divertida de subvertir los típicos dramas o comedias románticas. Pero todo ello queda destruido por un final que se alarga demasiado, más cuando queda claro lo que va a pasar y sólo tienes ganas de que acabe de una vez tanto preparativo, y que resulta excesivamente moralista y, hasta cierto punto, misógino. Es una lástima, porque si no es por su conclusión podría haber sido el mejor y más interesante de los relatos.

Como suele ser el caso en las películas de antologías, el resultado es irregular. Historias interesantes junto a otras no tanto, pero creo que se merece por lo menos un visionado.

23 dic. 2011

Navidades El Cinéfago Style


Supongo que tarde o temprano tenía que comentar alguna película navideña. Fiel a mi estilo me he decidido por la infame saga de Noche de paz, noche de muerte. Esta saga sobre un psicópata vestido de Santa Claus es diferente de la mayoría de franquicias: las primeras son bastante malas y va mejorando a medida que pasa el tiempo. Así que, si tenéis un poco de paciencia, finalmente llegaremos a cosas bastante interesantes (la cuarta entrega, en caso de que no tengáis paciencia).

Noche de paz, noche de muerte (Silent Night, Deadly Night, Charles E. Sellier Jr, 1984) debe su fama a motivos completamente extracinematográficos, ya que como película (o slasher) no es demasiado buena. La historia arranca en 1971, cuando el pequeño Billy (Jonathan Best) acompaña a sus padres y su recién nacido hermano a visitar al abuelo. El abuelo (Will Hare) parece estar catatónico, ni habla ni responde a estímulos, sin embargo, cuando dejan solo a Billy con él, de repente le coge el brazo y le crea un trauma al chaval al hablar sobre las terribles torturas y castigos a los que somete a los niños malos Santa Claus. Este abuelete cabrón, que vuelve a hacerse el catatónico cuando entran los padres de Billy, diría que es lo mejor de toda la película. Y Linnea Quigley, por motivos completamente diferentes.

El caso es que esa misma noche, de vuelta a casa y con Billy seriamente acojonado por la visita al abuelo, un hombre vestido de Santa Claus mata a su padre y a su madre intenta violarla y también la mata. La mala suerte de Billy no acaba ahí. En 1974 nos lo encontramos en un orfanato con su hermano al cuidado de unas monjas. La madre superiora se encargará de agudizar los traumas de Billy (interpretado ahora por Danny Wagner). Pasan diez años, Billy (interpretado por un 3º actor: Robert Brian Wilson), trabaja en una tienda de juguetes. La mala suerte de Billy quiere que lo pongan a trabajar de Santa Claus para recibir a los niños (esto nos da otra inintencionadamente divertida escena en la que Billy va pasando su trauma a los niños que se sientan en su regazo). Esa misma noche se emborracha y, tras ver a la chica que le gusta enrollarse con otro, se lanza a matar gente con un hacha. A Billy intentarán detenerlo algunos de los policías más torpes de la historia del cine (uno de ellos mata a un cura vestido de Santa Claus frente a un grupo de niños: más traumas infantiles).

El principal problema de este film es que no tiene un personaje que se enfrente a Billy, una final girl o algo parecido, ninguna intriga ni suspense. Simplemente se siguen las tropelías de Billy hasta que es detenido. Tampoco hay un gran clímax ni una escena que te deje boquiabierto, a pesar de lo competentes que son los efectos de maquillaje. Porque la película es sangrienta, al menos la versión no censurada, eso se lo concedo, y sale Linnea Quigley, no se puede negar.

Sorprende que esta película fuera dirigida por un cristiano fervoroso. Charles E. Sellier Jr se ha ganado la vida desde entonces grabando documentales religiosos sobre el fin del mundo y la llegada de Jesús (que ya es mala suerte que coincidan las dos cosas, como cuando dan dos programas que quieres ver y no tienes nada para grabar). Más que nada por lo mal paradas que salen las monjas y la ridícula cantidad de traumas infantiles que se van generando en la película.

Y hablando de traumas infantiles, vamos a tratar la razón por la que es realmente famosa esta película. Como es costumbre, la productora empezó a promocionar esta "maravilla" cuando faltaba poco para estrenarla. Y como es costumbre, parte de esta promoción implicaba anuncios en televisión. Anuncios como este:



Este anuncio enfureció a un montón de padres. No sólo porque mostrara un Santa Claus asesino sino porque además se iba a estrenar en Navidad. Muchos padres iniciaron protestas asegurando que ver el tráiler en televisión había traumatizado a sus hijos e intentaron que la película fuera prohibida. Supongo que explicarles a sus hijos la diferencia entre realidad y ficción era demasiado trabajo.

Y en cierto modo lo consiguieron. La película se retiró... para ser reestrenada al año siguiente, en mayo, aprovechando la polémica como una bienvenida campaña publicitaria gratuita. "¡La película que escandalizó América! ¡La película que intentaron prohibir!" anunciaba el póster con alegría:


Seguramente, de no ser por toda la polémica y los noticiarios llenos de padres protestando en los cines,  habría pasado bastante desapercibida. Pero estas tácticas dignas de los mejores exploiters dieron resultado y el film fue un relativo gran éxito. Por lo menos, lo suficiente para generar una de las peores secuelas de la historia del cine.

Noche de paz, noche de muerte Parte 2 (Silent Night, Deadly Night Part 2, Lee Harry, 1987) dura 88 minutos. De esos 88 minutos, 38 están dedicados a ofrecer una versión resumida de la primera entrega. Ricky (Eric Freeman) le cuenta a un psiquiatra (James Newman) por qué está encerrado en un manicomio empezando por explicar toda la primera película mediante flashbacks, en los cuales vemos prácticamente toda la primera entrega de nuevo. Los 50 minutos restantes son más flashbacks de la vida de Ricky (interpretado por varios actores que no se parecen entre sí e incluso les cambia el color del pelo) hasta que pasa lo que os imagináis que pasa. Y si bien la masacre y la pobre interpretación de Eric Freeman resultan divertidas, para cuando llegan uno está demasiado aburrido y cansado como para que hagan gracia. Pocas veces he visto semejante desfachatez a la hora de timar al público. Ni siquiera se merece el calificativo de "película". Fijaos atentamente, hasta en el tráiler de la secuela hay más metraje de la primera que de la segunda entrega.





Pero tras estas menos que afortunadas películas, las tres continuaciones que se hicieron directamente en vídeo son bastante interesantes y curiosas de ver. Debo mencionar que estas tres secuelas fueron estrenadas en España con títulos que hacían pensar que se trataban de películas independientes, nada que ver con las anteriores, así que cuando las alquilé en su momento lo hice porque me pareció curioso el argumento o atraído por el hecho de que participaba en algunas Brian Yuzna.

Posesión alucinante (Silent Night, Deadly Night III: Better Watch Out, Monte Hellman, 1989): Esta tercera entrega es un auténtico slasher: tenemos asesino y tenemos final girl. El argumento resulta bastante interesante: Ricky (ahora interpretado por Bill Moseley) está en coma, tras los eventos del anterior film. El doctor Newbury (Richard Beymer) decide utilizarlo en un experimento para penetrar en la mente de un sujeto en coma: le afeita la cabeza y le pone una especie de pecera llena de agua ensangrentada y unos cables. Esto permite que Laura (Samantha Scully), una chica ciega con habilidades psíquicas, conecte con la mente del psicópata comatoso. El doctor, sin embargo, no le ha contado todos los detalles a Laura, la cual tiene una serie de alucinaciones sangrientas que no sabe de donde surgen. Cuando Laura vaya con su hermano y la novia de éste (Eric DaRe y Laura Harring) a casa de su abuela para celebrar la navidad, Ricky sale del coma y empieza a matar gente mientras va a reunirse con Laura. Ambos están conectados psíquicamente y van recibiendo impresiones uno del otro. Robert Culp interpreta al policía empeñado en atrapar a Ricky antes de que mate a Laura.

A pesar de lo interesante del argumento (bueno, a los diez años me pareció una pasada) y la solvencia contrastada del director Monte Hellman, esta tercera entrega se queda en eso: una premisa interesante. Si bien tiene algún momento divertido y a Laura Harring, tras el prometedor y onírico principio cae en un rutinario y predecible desarrollo. Claro que comparada con las anteriores es una película claramente superior.

Por cierto, una curiosidad lynchiana: Richard Beymer y Eric DaRe coincidirían tras participar en este film en la serie Twin Peaks. Laura Harring (que aparece aquí sin pechos siliconados y todavía con acento hispano) sería la coprotagonista de Mulholland Drive (Mulholland Dr., David Lynch, 2001).



Los responsables de la saga, es decir: los que tenían los derechos de la misma, le encargaron a Brian Yuzna dos secuelas. El único requisito: estar ambientadas en época navideña. Ritos satánicos (Initiation: Silent Night, Deadly Night 4, 1990) fue la primera de estas secuelas.

De las cinco películas aquí comentadas, esta es la única que realmente creo que es lo suficientemente buena como para recomendarla. La película no guarda ninguna conexión con las anteriores (excepto un momento en que uno de los personajes, Ricky (Clint Howard), ve una de las entregas por televisión) y se centra en los orígenes paganos de la Navidad. Está protagonizada por Kim (Neith Hunter), una reportera que investiga la misteriosa muerte de una mujer que cayó desde la azotea de un edificio y estalló en llamas. Durante la investigación conoce a Fima (Maud Adams), la misteriosa dueña de una librería que empieza a introducirla en el mundo de las religiones paganas. Kim muy pronto verá como su vida se convierte en una pesadilla.

A pesar de su título castellano, poco tiene que ver el satanismo con esta película que está plagada de momentos perturbadores, inquietantes y pesadillescos. La casa de Kim no tarda en verse primero infestada de insectos y luego de un bicho gigantesco que parece acecharla por todas partes. Hay otros momentos, como cuando sus manos empiezan a retorcerse o sus piernas se pegan convirtiéndola en un gusano humano, tremendamente efectivos a pesar de lo limitado del presupuesto. De hecho, en algunos momentos recuerda al Cronenberg más gore y gráfico, ya que la película se cuenta desde la perspectiva de Kim, cuyo mundo rápidamente se convierte en una pesadilla non-stop.

Teniendo en cuenta que las villanas son una secta que aboga por "la fuerza de la diosa", se podría argumentar que la película es algo misógina. Pero lo cierto es que los hombres están representados como machistas que o ignoran a Kim en el puesto de trabajo por ser mujer o creen que el lugar de la mujer es la cocina. Para mí que una de dos: o parodian la guerra de sexos tan recurrente en el cine o era algo que no consideraron. Es decir, cogieron esa secta porque resultaba interesante visualmente y utilizaron el machismo como forma de motivar a la protagonista.

Sea como sea, es una estupenda película de terror cortesía de Brian Yuzna.



Juegos diabólicos (Silent Night, Deadly Night 5: The Toy Maker, Martin Kitrosser, 1991) es la última entrega de la saga, de momento. En esta ocasión, Yuzna se limitó a producir y escribir la película junto a Martin Kitrosser, dejándole la dirección a este último. En esta ocasión la película gira en torno a unos juguetes mortales que tienen la fea costumbre de matar a sus dueños. Todo apunta a que el juguetero Joe Petto (Mickey Rooney) y su hijo Pino (Brian Bremer) (para los que estudiaron en la ESO: esto es una referencia al Pinocho de Carlo Collodi) puede que sean los responsables de todo.

La película la protagoniza Derek (William Thorne) un niño que recibe un misterioso regalo que mata a su padre (Van Quattro) antes de los títulos de crédito. Derek se pasa el resto de la película traumatizado por el hecho, a pesar de los esfuerzos de su madre, Sarah (Jane Higginson), para que lo supere. Además, un hombre misterioso (Tracy Fraim) los espía e investiga los juguetes de Petto.

Aparte de las referencias a Pinocho, tanto en la trama como por parte de los personajes (la canguro se lo lee a Derek), y referencias a otras películas de Yuzna (se puede ver a un extra con una camiseta de cierta película que cuenta las andanzas del doctor Herbert West), hay también referencias a la anterior película de la serie: Neith Hunter, Clint Howard y Lonnie Yuzna aparecen de nuevo interpretando personajes con el mismo nombre, dejando algo ambiguo si se trata de los mismos o no (hay un momento que el personaje de Hunter, Kim, dice: "no te creerías las cosas que me han pasado"); esta película no resulta particularmente destacable. La trama es curiosa, pero ya muy vista. Aunque sigue siendo una mejora comparada con las tres primeras.

Los momentos en que los juguetes atacan están bastante bien, pero aparte de eso el film no ofrece mucho más, las escenas que me resultaron curiosas no sé si lo son bastante para interesar a alguien más. Aparte de ser el final de esta saga es también donde se acaba este post. Espero que paséis unas felices fiestas, si en caso contrario las pasáis con la familia, espero que sobreviváis.

22 dic. 2011

Time Walker


La máxima sorpresa que ofrece el argumento de Time Walker (Tom Kennedy, 1982) queda revelada en el póster de la película. No es que el espectador no sea capaz de interpretar lo que sucede rápidamente (bastante antes que los protagonistas), pero de todos modos te hace preguntarte en qué demonios estaba pensando el departamento de arte cuando lo hizo.

La idea base de la película sería mejor aprovechada en futuras producciones, pero hay que reconocerle el mérito de avanzarse unos cuantos años al resto. Lástima que no desarrolle esta idea de forma más interesante.

En ocasiones parecida a un episodio descartado de Expediente X, Time Walker maneja diferentes tipo de historia como son las clásicas películas de momias y las invasiones de hongos extraterrestres. Todo empieza con el descubrimiento que hace el profesor Douglas McCadden (Ben Murphy) de una tumba oculta en una estancia secreta en el sepulcro funerario de Tutankamón. De vuelta a Estados Unidos con la misteriosa momia, descubren que está cubierta por una especie de hongo mortal que devora la carne humana. Paralelamente, el estudiante Peter Sharpe (Kevin Brophy) roba unos cristales al creer que son joyas valiosas del sarcófago. La momia se levantará e irá cargándose gente a medida que recupera los cristales.

Lo escaso del presupuesto no es justificación para el televisivo aspecto que tiene el film, creo más bien que es culpa del director Tom Kennedy a la hora de no saber explotar sus recursos ni crear unas buenas escenas de suspense. Ésta es la única película en la que trabajó como director, lo que indica que tal vez descubrió que no era lo suyo. Un director con más talento podría haberle sacado el jugo a la historia a pesar de lo limitado del presupuesto, buscando por lo menos algún ángulo interesante desde el cual mostrar la acción en pantalla.

De todos modos, he de reconocer que Time Walker resulta lo suficientemente entretenida como para verla entera. Más que nada por la curiosidad por ver cómo acabará, aunque al ser una película sin sangre, ni gore, ni desnudos es difícil que uno mantenga viva esa curiosidad a lo largo del metraje. Supongo que tiene cierto valor paracinematográfico, teniendo en cuenta lo ridículo de sus efectos especiales, y algún encanto nostálgico ganado con el paso de los años.

Como es habitual con las producciones salidas de la New World de Roger Corman (cuando él estaba al mando), el tráiler de Time Walker es mucho mejor que la película que anuncia, prometiendo mucho más de lo que el film ofrece.

21 dic. 2011

Grotesque


No sé hasta que punto el hecho de interpretar a una niña poseída por el demonio ha marcado la vida de Linda Blair pero estoy convencido que su carrera como actriz ha tenido una definitiva influencia satánica, sólo hay que ver la colección de bizarras y delirantes películas en que ha participado. Entre las más increíbles (por difícil de creer que alguien pensara que podía ser una buena película, no por espectacular) está Grotesque (Joe Tornatore, 1988), una película que ciertamente hace honor a su título.

Grotesque no es una buena película, pero resulta tan desastrosa y a la vez entretenida que no deja de ser un título curioso. En apenas 90 minutos, cambia tantas veces de género y tiene tantos finales sorpresas que uno tiene la sensación de que ha visto trozos de varias películas más que una película entera.

El film arranca con un pesado y monótono monólogo que oímos mientras van desfilando los títulos de crédito sobre la imagen de una casa iluminada por truenos, para luego pasar al interior donde una mujer mayor empieza a desvariar y aparece también un monstruo. Este principio resulta bastante aterrador, más que nada porque te da miedo que toda la película vaya a ser así. Pero, para nuestro alivio, se trata simplemente de la última "obra maestra" de Orville Kruger (Guy Stockwell), un famoso director de cine. De ahí la acción pasa a un restaurante donde nos encontramos a la hija de Kruger, Lisa (Linda Blair), comiendo con su amiga Kathy (Donna Wilkes). Aquí queda claro que la película se rodó en los 80: Linda Blair aparece peinada de manera, digamos, harto curiosa y lleva una chaqueta con hombreras sobre una blusa con hombreras (en serio) que le da aspecto de jugador de rugby.

Lisa va a llevar a su amiga Kathy de fin de semana a la cabaña de sus padres. Antes de llegar, se cruzan con una banda de malhechores punkarras (no auténticos punks, sino punks al estilo Hollywood) que planean robar la casa de los Kruger ya que creen que esconde mucho dinero o droga o ambos. Estos punks son los más sobreactuados y delirantes que he tenido el placer o la desgracia de ver. Encabezados por Scratch (Brad Wilson), el cual parece que va a explotar cada vez que abre la boca para decir algo. Creo que se supone que van drogados y por eso actúan así, ya que más adelante (tras unos cuantos giros argumentales) parece una persona normal (pero consistente con su terrible/descacharrante actuación), pero nunca se aclara o se menciona. Sea como sea, las hiperactuadas megactuaciones de los punks contrastan con las del resto del reparto que parece esperar aburrido a recibir su cheque y largarse.

Tras un buen rato de agradable vida familiar, por fin los punks irrumpen en la casa y empiezan a perpetrar maldades. Muy bien, la película será una home invasion, un género que no me entusiasma pero que puede ofrecer algún título interesante.

¡Un momento! ¿Todavía queda más de media película y la que se supone que es la estrella acaba de morir? ¿Y acaba de aparecer un monstruo que se está cargando a los punks? Cuando parecía clara la intención de la película, nos sorprende con una serie de giros inesperados... hechos de forma bastante torpe y abrupta pero no por ello menos entretenidos.

Pero cuando crees que ya te haces una idea de que va la cinta, hace acto de presencia el que parece será el protagonista, Rod Kruger (Tab Hunter), el hermano de Orville. A partir de aquí la película parece derivar hacia el terreno de la revenge movie. Ok, o sea que vamos a ver como el tío Rod se venga por la muerte de su familia. Y entonces la película hace un nuevo giro y se convierte en lo que parece un episodio de Cuentos de la cripta no muy bueno. Finalmente, la película hace un doble salto mortal en un final que, desde luego, te deja descolocado y hace que te preguntes exactamente en qué demonios estaban pensando los responsables de esta película.

Los aficionados a las películas tan-malas-que-son-buenas puede que les haga gracia, a mi me pareció bastante entretenida (especialmente los punks, que me hicieron reír bastante). El resto, recomiendo la abstención.



Saboread un poco de la espectacular interpretación de los punks. Da igual que no entendáis lo que dicen, fijaos cómo sueltan cada frase (y en el vestuario de la Blair).

20 dic. 2011

The Artist - Misión Imposible: Protocolo Fantasma


Lectores y lectoras, a lo mejor ya os habéis dado cuenta de que a mí me gusta el cine como a un yonqui la heroína. Tras este maratoniano fin de semana, decidí ayer ir a ver un par de estrenos al cine: The Artist (Michel Hazanavicius, 2011) y Misión Imposible: Protocolo Fantasma (Mission: Impossible - Ghost Protocol, Brad Bird, 2011), dos películas de estilos bastante diferentes.

Empezaremos por The Artist, que es la primera que vi. Como ya sabréis, en este film francés muy poco francés, el director Michel Hazanavicius rinde un sentido homenaje al cine mudo americano. La película está rodada en el mismo formato que se usaba entonces, el 1.37: 1, en blanco y negro y es (casi) muda. Hazanavicius ha comentado en una entrevista (aparecida en El Periódico de Catalunya del 16 de diciembre) que él proviene del mundo del arte, donde es costumbre producir una obra siendo consciente y estudiando lo que se ha hecho antes y no es tan ingenuo para creer que se puede crear algo nuevo. Y es precisamente esta actitud la que le ha permitido crear un film bastante original.

Original en el sentido de que hace más que simplemente recrear una película muda. El sonido y su ausencia son utilizados para desarrollar y ponernos en el punto de vista de su protagonista, el actor George Valentin (Jean Dujardin) que súbitamente ve su estrella declinar ante la llegada del cine sonoro. De modo que se utilizan técnicas, efectos digitales y se juega con el sonido de una manera que era imposible en la época que retrata el director.

En los inicios del cine, el hecho de que una película fuera muda no era una opción: es lo que la tecnología de entonces permitía. Esta ausencia de sonido se intentaba suplir en los teatros con pianistas y orquestas que tocaban música que acompañaba a las imágenes. También se hacían continuamente experimentos para conseguir imágenes en color, tintando los negativos o coloreando a mano los fotogramas. Sin embargo, en la actualidad, cualquier manipulación de la imagen y el sonido tiene una intención, un propósito. En este film, como ya he dicho, está el factor principal que es homenajear el cine de esa época, pero también hay una deliberada manipulación del espectador al usar sonido en ciertas secuencias, sin tener en cuenta la música que suena a lo largo de la película.

Este uso de técnicas y recursos actuales, como utilizar efectos digitales para integrar al ficticio George Valentin en auténticas películas mudas, parecería entrar en contradicción con la intención de homenajear una época en que el cine era más sencillo, más inocente (pero desde mi punto de vista eso no quiere decir que fuera mejor o peor). Pero lo cierto es que encaja bastante con uno de los temas principales de The Artist, el conflicto entre el progreso e intentar que no cambie nada.

Pero basta ya de hablar de cómo cuenta su historia y veamos qué cuenta. Se han trazado paralelismos entre el argumento de este film y el de Cantando bajo la lluvia (Singin' in the Rain, Stanley Donen, Gene Kelly, 1952), paralelismos que ciertamente existen. Pero lo cierto es que si se cuenta una historia protagonizada por una estrella del cine mudo, es casi inevitable, dramáticamente hablando, situarla en el momento de la llegada del cine sonoro (talkies, como se denominaban entonces) y cómo se enfrenta el protagonista a la situación.

Así, el film se centra en como George Valentin vive la llegada del sonoro y que su fama se diluya, mientras vemos paralelamente como la nueva actriz Peppy Miller (Bérénice Bejo) se convierte en una estrella. Hazanavicius nos cuenta esta historia que combina romance, comedia y drama utilizando también recursos argumentales de la época que recrea. Momentos que te hacen sonreír no tanto porque sean graciosos sino más bien por la inocencia con que son contados. Pero esta sencillez formal permite introducir diversos temas que son bastante relevantes actualmente. Es inevitable que, en el momento que se refleja el crack del 29, uno haga paralelismos con la situación actual, así como la obsesión por lo nuevo y el continuo consumo de celebridades.

Cuando empecé a ver The Artist temí que me pasara lo mismo que con el film de Mel Brooks La última locura (Silent Movie, 1976). El film de Brooks hubo momentos en que se me hizo algo pesado, pero creo que es porque el slapstick no me hace suficiente gracia como para ver toda una película dedicada a ello, son los buenos diálogos los que me hacen reír. Sin embargo, al tener un mayor elemento dramático (o estar mejor contada) esto no me ha pasado con este film, aunque sí eché de menos en algún momento la voz de Malcolm McDowell o John Goodman ya que son actores con una voz tremendamente característica y personal. De todos modos, disfruté bastante de esta "inocente" celebración cinematográfica. Una de esas películas que no solo resultan interesantes formalmente y por contenido, también te hace sentir bien cuando acabas de verla.




Tras la austeridad formal de The Artist, fui con un par de amigas a disfrutar de la orgía sensorial que es Misión Imposible: Protocolo fantasma (sólo hice un cambio de salas porque las ponían las dos en el mismo cine de VO). Nada más empezar la película, estas amigas se quedaron un momento sin aliento y luego susurraron excitadas: "Es el Sawyer, es el Sawyer". Efectivamente, Josh Holloway hace una breve aparición al principio de la película, a mí me costó reconocerlo un poco al verlo afeitado y limpio.

Como creo mencioné en alguna ocasión, tras la desastrosa segunda entrega de John Woo esta franquicia parecía más muerta que el laser-disc. Sin embargo, J. J. Abrams consiguió hacer una entretenida y trepidante tercera entrega, haciendo que la película se pareciera más a la serie en que se supone que se basa. Esta vez Abrams ejerce de mero productor y la dirección está en manos de Brad Bird, el director de maravillas como El gigante de hierro (The Iron Giant, 1999) y Los increíbles (The Incredibles, 2004).

Me gustan las películas de la serie Bourne como al que más y las del agente Harry Palmer en los sesenta, pero lo cierto es que siempre sentí debilidad por la sublime absurdidad de las películas de espías al estilo James Bond: trastos increíbles, aparatosas secuencias de acción, fantasía y bellas espías. Como muchos otros niños, siempre deseé ser, además de astronauta, un espía internacional metido en ligeramente delirantes aventuras para salvar el mundo y seduciendo bellas y mortales espías rusas (o en el caso de esta cuarta Misión Imposible, la bella asesina francesa Sabine Moreau, a la que encarna Léa Seydoux).

Así, son los aspectos de imposible high-tech y trepidante acción los que me han hecho disfrutar más de esta película. Especialmente me ha gustado como han combinado momentos espectaculares hechos con CGI con otros igualmente espectaculares hechos sin utilizar ordenador. De la misma manera, la película combina elementos clásicos del cine de espías (la tensión EEUU - Rusia) con otros más modernos. La película fue escrita por Josh Appelbaum y André Nemec, dos guionistas que habían trabajado con Abrams en la serie Alias (2001-2006), una de las primeras series de televisión que creó Abrams y que precisamente era un homenaje a la serie Misión Imposible (Mission: Impossible, 1966-1973) que creó Bruce Geller.

De modo que el equipo liderado por Ethan Hunt (Tom Cruise) se va metiendo en situaciones, pues eso, imposibles cargadas de tensión como le sucedía a Sydney Bristow (Jennifer Garner) cada semana. La gracia está, por supuesto, en ver cómo se las arreglan para salir del embrollo, más aún teniendo en cuenta que en esta ocasión carecen del soporte de la FMI.

La película combina estos momentos de acción con otros dramáticos (lo justo) y humorísticos. En este último departamento destaca Simon Pegg, el cual hace un buen papel como alivio cómico. Esto claro en la VO, porque lo divertido no es tanto lo que dice sino cómo lo dice.

El argumento es bastante sencillo: el equipo ha de salvar al mundo de un holocausto nuclear. Esta premisa les permite crear una estupenda película de acción, que tiene regusto a blockbuster veraniego. Un oasis en los normalmente cursis estrenos navideños, cine de entretenimiento en el mejor sentido de la definición. Os recomiendo aceptar esta misión.

19 dic. 2011

La gran Pottada


Hace nada me compré una edición limitada en Blu-ray de la saga Harry Potter (la 440 de 1100, exactamente). Como ya comenté cuando hablaba de los libros aquí, todas las películas de la serie forman una única y monumental historia. Teniendo esto en cuenta, pensé que sería interesante y divertido ver todas las películas de la saga seguidas, como una única (y bastante larga) película. Aunque como las películas duran una media de 150 minutos, lo dividí en dos días, más que nada para poder disfrutar al máximo del sistema de sonido del Home Cinema, cosa que, por deferencia a los vecinos, no podía hacer a partir de las doce, más o menos.

Por cierto, si algunas de las personas que está leyendo esto es una de esas personas a las que le solté cualquier excusa para no estar disponible este fin de semana: te mentí.

Mentí más que nada para ahorrarme dar explicaciones y porque no quería negar a nadie una invitación si se quisiera apuntar. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que mucha gente se apunta enseguida a una maratón (de Perdidos, pelis de terror, lo que sea) pero al cabo de unas pocas horas se cansan, se aburren y quieren dejarlo e intentan arrastrarte contigo. Por tanto, no se lo dije a nadie porque sabía que nadie lo aguantaría como yo. Lo siento, pero es verdad. Además, me preparé bien: comida y bebida a punto para no perder tiempo levantándome ni cocinando nada. Las visitas al lavabo, entre películas.

El caso es que viéndolas todas en contexto, como parte de una historia mayor, pude apreciar que alguna más floja, como la sexta entrega, funciona mejor que si se ve de forma independiente. También pude apreciar la cantidad de alegorías y los diversos temas que se tratan en la saga, dejando de lado el comentario anterior que hice sobre los paralelismos entre el alzamiento nazi y Voldemort. Eso sí, tampoco voy a entrar en temas esotéricos porque no me parece que tengan mucho sentido.

Es decir, han surgido varias lecturas que otorgan una serie de significados paganos y ven una serie de referencias ocultistas y satánicas en diversos detalles (nombres principalmente) de la historia de Harry Potter. A mí todo esto me parecen tonterías monumentales, pero los que estén interesados en este tipo de temas, pues ya lo saben.

Hay dos cosas que me llaman la atención de la creación de J. K. Rowling: la capacidad para crear personajes que no son perfectos, que se equivocan y, por ello, se hacen más humanos, y como ideó toda una saga a partir de ideas ya creadas y desarrolladas en el pasado (me refiero, claro, a los personajes mitológicos, los detalles sacados del folclore, cosas como la escuela de magia ya aparece en la serie de libros de Jill Murphy The Worst Witch y otros, el bien contra el mal, etc.; no que se haya plagiado ni nada semejante) que parece original y tiene personalidad propia.

En resumen, la saga Harry Potter ofrece entretenimiento y emociones, al tiempo que introduce y trata temas que le dan cierta entidad y personalidad a esta serie, como el racismo, que, como digo, es en realidad una sola historia. La máxima diferencia entre los libros y las películas creo que radica en que los libros se van haciendo más complejos a medida que Potter se va haciendo mayor y eso es algo difícil de trasladar a la pantalla, aunque lo reflejan en el tono progresivamente más serio y "oscuro" que van adoptando los filmes.

Eso sí, por muy buena y entretenida que sea, creo que ahora me voy a tomar un descanso y pasará un tiempo hasta que vuelva a ver ninguna película de la saga. Lo entendéis, ¿no?

16 dic. 2011

Juego de niños: La saga Muñeco diabólico


La primera vez que vi Muñeco diabólico (Child's Play, Tom Holland, 1988), con no más de doce años, me dio realmente miedo. Y aunque hoy día ya no me causa el mismo efecto, sigue siendo una película tremendamente efectiva a la hora de crear suspense. Eso sí, la escena de las pilas me sigue dando miedo.

Son pocas las franquicias cinematográficas a las que claramente se les puede atribuir una única fuerza creadora. Con algunas excepciones, por supuesto, las franquicias normalmente son creadas por los estudios con el único objetivo de ganar dinero fácilmente apostando por algo que ha probado ser exitoso. Sin embargo, la saga protagonizada por el muñeco asesino Chucky tiene dos claros autores: el productor David Kirschner, proveniente del mundo de la animación, el cual creó el aspecto y el diseño de Chucky, y el guionista Don Mancini, creador del personaje y guionista de todas las entregas (además de dirigir también La semilla de Chucky [Seed of Chucky, 2004]). Además, tanto Kirschner como Mancini trabajan en un remake/reboot de Muñeco diabólico. Y tampoco podemos olvidar al gran actor de carácter Brad Dourif, la voz de Chucky en todas las entregas y responsable de la tremenda personalidad del personaje.

La idea de Muñeco diabólico, según comenta Mancini en la edición 20 aniversario de la película en Blu-ray/DVD, surge, por un lado, con la intención de satirizar el comercio y las figuras destinadas a niños y, por otro lado, sigue una gran tradición de muñecos asesinos que, de tanto en tanto, aparecen en pantalla. Tanto Mancini como Kirschner citan como grandes influencias el famoso episodio de La Dimensión Desconocida de la quinta temporada Living Doll, en la que la dulce muñeca Tina Habladora le dice a Telly Savalas que le odia y que le va a matar, y la clásica producción televisiva Trilogy of Terror (Dan Curtis, 1975), telefilm que cuenta tres historias: una de ellas adapta un cuento de Richard Matheson en el cual una muñeca intenta matar a Karen Black.

Existen otras muchas memorables muñecas asesinas. Por ejemplo, los muñecos que un enloquecido Herbert Lom crea como herramienta de venganza en Refugio macabro (Asylum, Roy Ward Baker, 1972), el cabroncete payaso de Poltergeist (Tobe Hooper, 1982) o las muñecas del cuento moral para adultos Dolls (Stuart Gordon, 1987). El éxito de Muñeco diabólico hizo que la Empire de los hermanos Band creara Puppet Master - La venganza de los muñecos (Puppet Master, David Schmoeller, 1989). Esta película a su vez generaría una larga saga de filmes (10 secuelas hasta la fecha) de calidad decreciente. Un aviso, ya que menciono Puppet Master, hay cierta confusión entre los títulos de las secuelas entre las versiones originales y las españolas: Puppet Master II (Dave Allen, 1991) se llamó Muñecos asesinos; Puppet Master III: Toulon's Revenge (Dave DeCoteau, 1991) se llamó La venganza de los muñecos 2; y Puppet Master 4 (Jeff Burr, 1993) se llamó La venganza de los muñecos 3.

Muñeco diabólico es, hasta ahora, la mejor película de que se ha hecho sobre un muñeco asesino, por lo menos para mí. A pesar de que Tom Holland y John Lafia suavizaron el guion original de Mancini, mucho más oscuro y cargado de sátira, la película está cargada de suspense y tiene un acertado tono realista que consigue que Chucky resulte amenazador. Holland, que todavía no había caído en barrena artística, pudo crear una serie de muy logradas secuencias de suspense. Eso sí, al parecer Holland no quedó muy contento con el montaje final de la película, el cual supervisaron Kirschner y Mancini, lo cual explicaría su ausencia en los documentales y entrevistas sobre la película.

Creo que el hecho de que la película sea bastante corta lo que hace que sea efectiva: termina antes de que te des cuenta de lo absurdo que son algunas de las situaciones. Pero es principalmente el tono lo que creo que hace que la película siga funcionando, especialmente porque no se muestra mucho a Chucky, el cual sale relativamente poco. En las siguientes entregas iría ganando protagonismo, lo que haría que el tono fuese cada vez más orientado hacia la comedia. También resulta interesante la progresiva evolución (diseñada por Kirschner) de muñeco normal a diabólico que se desarrolla en la película, cambiando la cara de Chucky a medida que el espíritu de Charles Lee Ray (Dourif) se va adaptando al muñeco.

Y si bien no me acaba de gustar que se prescindiera del personaje de Catherine Hicks y decidieran encerrarla en un manicomio en Muñeco diabólico 2 (Child's Play 2, 1990), esta secuela dirigida por John Lafia y escrita por Mancini es bastante aceptable. Teniendo en cuenta que básicamente repite la historia de la primera parte, con Chucky intentando convertirse en humano poseyendo al pobre Andy Barclay (Alex Vincent), resulta entretenida por lo menos. No se puede decir lo mismo de la desastrosa Muñeco diabólico 3 (Child's Play 3, Jack Bender, 1991), en la cual Mancini es incapaz de crear una historia que tenga un mínimo interés, tal vez porque la película se produjo de forma inmediata tras la segunda entrega.

El periodo de descanso entre la tercera y la cuarta entrega probó ser beneficioso. La novia de Chucky (Bride of Chucky, Ronny Yu, 1998) es una continuación bastante entretenida y divertida, gracias también a la energética dirección de Yu. Esta cuarta parte se apunta a la moda de las referencias al género y el tono oscila entre el terror y la comedia, inclinándose más hacia la segunda, como podemos ver ya en el póster que parodia los de la serie Scream.

Pero lo que funcionaba en la cuarta, en la quinta se llevó, creo, demasiado lejos. La semilla de Chucky (Seed of Chucky, Don Mancini, 2004) es abiertamente una comedia, que aunque tiene momentos divertidos y a la apetecible Jennifer Tilly autoparodiándose, no acaba de cuajar como lo hace en la cuarta. Mancini ya ha declarado que el remake seá un retorno al tono más serio de la primera entrega, dejando de lado chistes referenciales y demás. Esperemos que sea cierto, ya que me gustaría ver si Chucky puede dar miedo de nuevo.






15 dic. 2011

Dust Devil


Aquellos que hayan leído la monumental, increíble, compleja y soberbia novela de David Foster Wallace La broma infinita seguramente tendrán algún problema en resumirla en unas pocas líneas sin dar una imagen equivocada de esta obra. La editorial Mondadori parece haber tirado la toalla y simplemente destaca algunos elementos en el espacio dedicado a la sinopsis de la contraportada, dando una imagen bastante alejada de lo que es la novela en realidad.

Con esta película de Richard Stanley, conocido principalmente por Hardware: Programado para matar (Hardware, 1990), sucede algo parecido: si os cuento el argumento de Dust Devil (1992) es posible que os hagáis una idea equivocada de cómo es. Si me centro en el estilo con el que está hecha, lo mismo. Así que os digo ahora que, en el caso de que no la hayáis visto, la descubráis por vosotros mismos sin saber nada. Si queréis saber algo más, haré lo posible por hacerle justicia.

El principio de Dust Devil me recordó por igual al clásico de culto Carretera al infierno (The Hitcher, Robert Harmon, 1986) y a Clive Barker. La iconografía, la atmósfera onírica y la manera en que muestra cosas horribles de forma poética convierte este film, sobre un demonio de polvo (John Burke) que vaga por las carreteras de Namibia asesinando a aquellos que comenten la imprudencia de recogerlo, en un espectáculo visualmente fascinante. Mientras seguimos la investigación del policía Ben Mukurob (Zakes Mokae) sobre los asesinatos cometidos por este demonio, paralelamente se nos cuenta la historia de Wendy (Chelsea Field), que acaba de abandonar a su marido y realiza un viaje sin destino en el cual empezará una relación con este demonio al que se encuentra en la carretera.

Es posible que los aspectos más fantásticos, poéticos y oníricos despisten un poco a aquel que busque un simple entretenimiento terrorífico (no es que eso tenga nada de malo, ojo), lo que posiblemente explique que en Estados Unidos se eliminasen de la película unos veinte minutos de esta coproducción entre Inglaterra y Sudáfrica. Pero es precisamente el peculiar estilo de Stanley a la hora de narrar una historia sencilla lo que la hace especial. Y si Stanley puede convertir esta historia en algo especial es precisamente porque es sencilla y recoge elementos folclóricos africanos que, personalmente, me resultaron fascinantes al no conocerlos.

Pero no penséis que toda la película es estilo, sueños y asesinatos. También se alude a la complicada convivencia entre blancos y negros en Sudáfrica y la investigación sigue un desarrollo habitual que ya hemos visto en películas parecidas, así como otros detalles dramáticos (como el marido de Wendy (Rufus Swart) siguiéndola para hacerla volver a casa) familiares para el espectador.

Así, es esta combinación de realismo y fantasía, de elementos conocidos y desconocidos los que hacen que la película sea realmente interesante y curiosa de ver (y disfrutar). Por tanto, la recomiendo a todo el mundo, ya que creo que es suficientemente peculiar como para gustar a aquellos que normalmente no ven películas de terror, porque equivocadamente creen que son todas iguales, y también para aquellos aficionados al género que estén cansados de remakes, reboots y reciclajes varios.

14 dic. 2011

Dead-End Drive-In


Adolescentes encerrados en un autocine del que no pueden salir y en el que les dan comida basura todo el tiempo, drogas recreativas, anticonceptivos y cada noche ven películas de acción y terror. No se trata de un nuevo reality show, sino de otra alegoría satírica futurista cortesía de Brian Trenchard-Smith.

Aunque cuando Dead-End Drive-In se estrenó en 1986 lo hacía como película ambientada en un lejano futuro, se parece tanto a nuestro presente que da miedo. No sólo los rótulos que aparecen al principio del film, contando los problemas que explican el estado de esta sociedad futura, se parecen bastante a los que nos ofrece el informativo cada noche, es que hasta cosas como el precio de una entrada de cine tras años de inflación es el mismo que cuesta una entrada de cine ahora.Vista esta cinta hoy día, parece más un presente (esperemos) alternativo que algo ambientado en el futuro.

Sin abandonar nunca cierto tono de comedia y añadiendo unas buenas dosis de acción, Trenchard-Smith ofrece un comentario sobre ciertas actitudes y lacras sociales muy inteligente y bien construido. La acción arranca cuando el joven Jimmy alias "Ladilla" (Ned Manning) lleva a su novia Carmen (Natalie McCurry) a un autocine atraído por los rumores que corren sobre este sitio, tras coger prestado el coche de su hermano mayor. Jimmy comete un grave error: se hace pasar por desempleado para pagar menos por las entradas, cosa que sellará su destino.

Uno de los aciertos del film es hacer de este sitio una "prisión feliz". A los jóvenes que están encerrados ahí no les importa no ser libres mientras les vayan suministrando más drogas y más comida basura. El único que no se conforma con la situación es Jimmy, que busca cualquier medio por el que salir, lo que le provoca continuos enfrentamientos con algunos residentes y cierta tensión entre él y Carmen. De hecho, Carmen se hace a la idea de no salir de allí bastante rápido y se adapta enseguida, bastante feliz con la situación, y no entiende por qué Jimmy no deja de provocar problemas.

Durante la primera parte de la película el tono es bastante desenfadado, casi de comedia kafkiana mientras Jimmy no se da cuenta de la situación e inocentemente intenta salir con el coche una y otra vez, surgiendo cada una de estas veces un nuevo problema administrativo. Pero se produce un cambio de tono al introducirse un nuevo elemento: después de los adolescentes problemáticos, el gobierno decide deshacerse también de los inmigrantes, así que lleva coches de desguace para que vivan los inmigrantes que se descargan en camiones (tanto los inmigrantes como los coches). Ese es el único instante en que los apáticos adolescentes parecen molestarse y empiezan a formar sociedades de blancos para "proteger a las mujeres y mantener el orden". Trenchard-Smith utilizó el nombre de un grupo racista real australiano que surgió para poner coto a los inmigrantes asiáticos como el nombre que escogen estos jóvenes del futuro para ellos, cosa que no acabó de gustar en su Australia natal.

De modo que si a Jimmy se le hacía difícil la vida en el autocine, aún será peor cuando se niegue a formar parte de ningún grupo racista y decida ponerse de parte de los inmigrantes. Es interesante en este sentido una escena entre Jimmy y Carmen, al día siguiente de que llegue un camión lleno de asiáticos. La pareja está desayunando y Carmen por primera vez muestra cierta preocupación: tiene miedo de que un grupo de asiáticos la viole o los ataque. Jimmiy se burla de esas preocupaciones y responde que le debería preocupar el auténtico enemigo: el sistema que los mantiene atrapados en el autocine. Carmen lo mira como si se hubiera vuelto loco, sin entender lo que Jimmy quiere decir por prisión.

La relación entre Jimmy y Carmen tiene un desarrollo bastante interesante que llegará a una significativa conclusión. Es uno de los muchos aspectos que pone esta película por encima de otras del mismo estilo.

Dead-End Drive-In instruye deleitando. No sólo esta alegoría del autocine como sociedad es bastante acertada y se construye de manera tremendamente efectiva, también ofrece suficiente acción y entretenimiento para que aquellos que no estén interesados en los temas que trata (y que posiblemente serían bastante felices en este autocine) disfruten del film.

13 dic. 2011

Attack the Block


Cuando estaba ya por comprarme Attack the Block (Joe Cornish, 2011) en Blu-ray, se anunció que por fin se estrenaría en nuestro país. Que, bueno, al final la compraré igualmente, aunque más barata que cuando salió como novedad, pero sumándole el precio de la entrada (con descuento) pues queda más o menos por lo mismo.

Antes de empezar la película nos pusieron el avance de Immortals de Tarsem Singh, que confieso me dejó bastante indiferente y no me despertó ningún interés. Lo que sí me interesó tremendamente es el avance de Los hombres que no amaban a las mujeres versión David Fincher. Las adaptaciones de la trilogía Millenium suecas me decepcionaron y creo que no hacían justicia a los libros, así que espero que la versión Fincher esté mejor. Para acabar nos pusieron el avance de la cuarta entrega de Misión: Imposible, franquicia que creía muerta tras la desastrosa segunda parte de John Woo pero que J. J. Abrams ha resucitado de forma tremenda. Por desgracia, el tráiler es de esos que destripa la película y estaba doblado, con lo que me horroricé ante lo mucho que pierde Simon Pegg doblado (quiero decir, sin su voz original).

Pero si estáis leyendo esto es para saber qué tal Attack the Block o buscabais porno y habéis acabado aquí por error. Lo siento, nada de porno aquí. Bueno, casi nada. En cuanto a la opera prima de Joe Cornish he de decir que me gustó mucho y me pareció bastante entretenida.

Teniendo en cuenta el retraso con el que la película se ha estrenado aquí, me sorprendió el rebombori que se ha generado, por lo menos en Cataluña: espacios destacados en los periódicos, comentarios en radio e informativos, etc. Eso sí, también he visto tremendamente repetido el comentario entre diferentes periodistas: "es como la versión gamberra de Super 8", cosa que demuestra bastante ignorancia y limitación referencial por parte de quienes han hecho el comentario, ya que la película de Abrams y Cornish tienen poco en común aparte de aparecer extraterrestres. Si os encontráis a alguien que lo haga le dais una colleja de mi parte, ya que si nos hemos de poner a hacer los chulos haciendo ver lo mucho que sabemos quedaría mejor decir: "es una mezcla entre District 9 y Asalto a la comisaría del distrito 13".

Attack the Block se encaja dentro de la fórmula establecida firmemente en 1958 (premio para el que sepa por qué en este año) y que muchos críticos se piensan que se inventó en la primera Alien. En otras palabras: un grupo de personajes enfrontados a una amenaza (extraterrestres, zombis, diablos) y que van mordiendo el polvo a medida que avanza la película.

En este tipo de películas son esenciales dos cosas: que los personajes resulten interesantes y despierten cierta simpatía/empatía en el espectador y que los ataques de las criaturas estén bien filmados. En este caso, ambos aspectos están muy bien conseguidos. Cornish ambienta la historia en un barrio del sur de Londres, y sus protagonistas son los habitantes de un humilde bloque de pisos. Es en este aspecto donde la versión original es fundamental: el acento y la manera de hablar es muy característica de la zona y vital para dotar de personalidad a los personajes. Mucho me temo que, con la habilidad de los traductores, la versión doblada de esta película parezca un episodio de Al salir de clase, Compañeros o Física o química. Especialmente perjudicado en este aspecto es el gran Nick Frost, que en cada película que aparece interpreta personajes completamente diferentes y únicos, cosa que no se puede decir de su versión doblada.

Cornish consigue que un grupo de muchachos que si los ves por la calle te cambias de acera en el acto te acaben resultando simpáticos. De este modo, uno se interesa en lo que les sucede y se implica más en la acción de la pantalla, que recuerda a la progresión de filmes como Asalto a la comisaría del distrito 13 (Assault on Precinct 13, John Carpenter, 1976), en los cuales los protagonistas se van viendo arrinconados en espacios cada vez más reducidos.

En definitiva, es un film entretenido, palomitero y divertido (por lo menos un 70% menos en versión doblada), que en ningún momento insulta la inteligencia del espectador y se ve beneficiado al estar protagonizada por un reparto diferente y más o menos original.

12 dic. 2011

El asesino de Rosemary (The Prowler aka Rosemary's Killer)


Aquellos que sean seguidores del blues o del mejor grupo de la historia del punk-rock: The Ramones, entenderán que el hecho de que se trabaje dentro de los confines de una fórmula no quiere decir que el producto resultante sea mediocre. Fijaos, por ejemplo, en John Lee Hooker.

El slasher es un género que se basa en una fórmula muy simple: un asesino enmascarado mata a una serie de adolescentes en un espacio confinado (bosque, universidad, mansión, etc.) hasta que al final sólo queda uno (normalmente una chica) que acaba con él. Esta simple premisa permite diversas variaciones e interpretaciones y lo que separa un buen slasher de uno malo es hasta que punto aplica la fórmula de manera que resulte original, entretenida y con ciertas dosis de suspense. Los malos o mediocres simplemente siguen las pautas marcadas por otras películas de manera rutinaria, sin ninguna innovación o aspecto interesante.

El asesino de Rosemary (The Prowler en USA, Rosemary's Killer en el resto del planeta), dirigida por Joseph Zito y estrenada en 1981, en plena curva ascendente de la fiebre slasher, es una buena muestra del género. A pesar de ser concebida siguiendo una lista de eventos y motivos que tenían que aparecer (literalmente), el guion y la dirección de Zito hacen que el producto resultante sea lo bastante entretenido para que se te olvide su naturaleza formulaica.

De hecho, la película resulta bastante disfrutable por el buen uso que se hace de la anticipación, uno se imagina más o menos lo que va a suceder, jugando con ella y en algunos momentos incluso sorprendiendo al espectador. En otras palabras, es predecible pero no de forma negativa sino en el sentido aristotélico del "placer del reconocimiento".

Y acabo de citar a Aristóteles haciendo un comentario sobre El asesino de Rosemary. ¡Ja! Intentad superar eso.

La trama en sí resulta hasta cierto punto familiar: En 1945, cuando los soldados vuelven al acabar la IIª Guerra Mundial, un despechado soldado asesina a su ex novia (la Rosemary del título) y a su nuevo amante la noche en que se celebra la graduación de los estudiantes universitarios. El asesino nunca es capturado, por supuesto. Salto al presente: 1981, cuando se celebra de nuevo una fiesta de graduación desde el lejano asesinato de Rosemary. Por supuesto, los asesinatos empiezan de nuevo, justo cuando el sheriff (Farley Granger) se va de vacaciones y sólo queda su joven ayudante Mark London (Christopher Goutman) al frente de la comisaría. Por suerte, su novia estudiante de periodismo Pam (Vicky Dawson) conoce al dedillo toda la historia de Rosemary y le ayudará en la investigación.

Como veis, el argumento no es nada del otro mundo, pero lo que importa en una película de estas características no es tanto el argumento como su ejecución. Afortunadamente, Zito es un director experto en ofrecer entretenidas piezas de género y maneja las escenas de suspense bastante bien, creando grandes momentos de tensión así como algunos aciertos visuales bastante conseguidos. Por ejemplo, se intercala un montaje de las chicas preparándose para la graduación con el asesino poniendo a punto su uniforme para cargarse a quién se le ponga por delante. El buen hacer de Zito en este filme hizo que los productores de la serie Viernes 13 lo contrataran para dirigir la estupenda Viernes 13: Último capítulo (Friday the 13th: The Final Chapter, 1984), su siguiente film como director.


Las estrellas de la película no son los actores (más o menos correctos), eso está claro, sino los fantásticos efectos especiales de maquillaje de Tom Savini. Savini ya ha comentado en alguna ocasión que algunos de sus mejores trabajos se encuentran en esta película, lo cual es decir mucho. Teniendo en cuenta el presupuesto, es realmente increíble el trabajo de este maestro del maquillaje: muy efectivo y realista, con la sangrienta contundencia de los efectos prácticos. Especialmente un memorable momento del clímax de la película, difícil de superar.

Aquí no hay subtextos que valgan ni oscuros significados ocultos. Esto es pura diversión ochentera sin adulterar. Sustos, sangre y unas gotas de sexo para hacerlo interesante y como resultado tenemos este slasher que, a pesar de nacer sin ninguna pretensión de posteridad, ha sobrevivido hasta hoy sin perder un ápice de interés o efectividad. No sólo eso, después de décadas de pésimas copias videocluberas o de infumables ediciones en DVD, Blue Underground ha editado este slasher de culto en Blu-ray (zona libre, subtítulos en castellano) con una grandiosa calidad de imagen, teniendo en cuenta la base de la que partía, y añadiendo un audiocomentario en el cual Zito y Savini cuentan todas las circunstancias que rodearon a la creación de la película, así como interesantes anécdotas (por ejemplo, Savini accidentalmente tiñó la piel de la actriz Cindy Weintraub -la chica del póster europeo- de rojo mientras se filmaba su "muerte" y estuvo así tres días).

Recomendada a todos los fans del género, aunque imagino que la mayoría ya la habrá visto.