19 feb. 2010

La carrera de la muerte del año 2000 (Death Race 2000)


Como muchas otras obras maestras surgidas de la factoría de Roger Corman, La carrera de la muerte del año 2000 (Death Race 2000) surgió como intento de aprovecharse del éxito de la fantástica Rollerball (Norman Jewison, 1975). El mismo año de su estreno, a la vista del éxito que estaba cosechando el film de Jewison, Corman encarga hacer una película que trate el mismo tema: sociedad futura distópica en la que un deporte mortal mantiene la sociedad anestesiada. El proyecto cayó en manos de Paul Bartel, un malogrado genio, que convirtió la película en una acelerada sátira social cargada de sádico humor negro, influencias de la serie de dibujos Los autos locos (donde salían Pierre Nodoyuna y su perro Patán), gore y una saludable dosis de desnudos.

En el reparto nos encontramos a la imprescindible Mary Woronov, es una película de Paul Bartel al fin y al cabo, David Carradine encarnando al piloto campeón Frankenstein y, en un papel secundario, un Sylvester Stallone pre-Rocky. El resto del reparto está poblado por habituales de las películas producidas por Corman y bellas actrices como Simone Griffeth o Roberta Collins.

Vista hoy día sorprende como la película se mantiene completamente actual en el retrato que hace de la sociedad, desde los programas de televisión a la situación  política. Lo que no dice mucho de nosotros. Pero si el análisis social no os interesa, tenéis en Death Race 2000 diversión asegurada. Gags como el hospital que deja a los viejos en mitad de la carretera para ser atropellados por los automóviles o como echan al personaje de Roberta Collins de la carretera, usando una treta digna del Coyote y el Correcaminos.

El 2008 se hizo un remake de la película, escrito y dirigido por P.W. Anderson, titulado simplemente La carrera de la muerte (Death Race). En la nueva versión se elimina la sátira y el humor negro y se cambia el circuito intercontinental de la original por un circuito cerrado en una cárcel futurista. Si bien el remake no es ni de lejos tan buena como el original, resulta bastante entretenido y divertido, si no te lo tomas en serio, sobretodo gracias al trabajo del siempre efectivo Jason Statham. También resulta sorprendente ver a una actriz de prestigio como Joan Allen metida en semejante descerebre de serie B. Ambas se pueden encontrar de forma relativamente fácil en dvd. La original recomendada sin reservas. El remake para cinéfagos sin prejuicios que le pueden encontrar alguna gracia.


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