10 jul. 2010

La casa de las ventanas que ríen (La casa dalle finestre che ridono)


En su artículo "Del gore, de la pintura. Notas para una historia sangrienta de la pintura" Federico S. Palacios habla de como desde el inicio del arte, los pintores se han visto impulsados a plasmar escenas de horror y muerte en sus obras. Desde Goya a Otto Dix, son diversos los autores que dentro de diferentes movimientos artísticos han convertido en arte los actos más inenarrables llevados a cabo por el ser humano. En el cine, los italianos a través del giallo y el cine de terror han convertido también la muerte en un arte. Como prueba la película de este post: La casa de las ventanas que ríen (La casa dalle finestre che ridono, Pupi Avati, 1976)

Escrita por Avati, Antonio Avati, Gianni Cavina y Maurizio Costanzo; cuenta la historia de Stefano (Lino Capolicchio), un restaurador al cual le encargan reparar un fresco que muestra el martirio de San Sebastián descubierto en la iglesia de un remoto pueblo italiano. Stefano descubre que el fresco fue obra de un artista local, Legnani, que era llamado "el pintor de la agonía" por su obsesión a la hora de pintar gente que se estaba muriendo. A medida que Stefano va dejando la obra al descubierto, se va obsesionando más con ella y su autor a pesar de recibir llamadas amenazadoras para que deje estar su trabajo y abandone el pueblo. Sin embargo, después de que un amigo suyo sea asesinado antes de poder llevarle a una casa especial, "una casa donde las ventanas se ríen", Stefano se verá atrapado por la red de secretos que encierra el pueblo.

Gótica, absorbente y poseedora de una atmósfera inquietante, Avati nos atrapa en esta historia que habla no solo de la fascinación por la muerte a través del arte, también del peso del pasado (abundan las referencias a la guerra) y a la vida cerrada de los pueblos. Me sorprendió saber que la película había sido filmada con muy poco dinero usando un equipo de doce personas. El arte de Avati al ir descubriendo poco a poco la historia y el misterio que esconde el pueblo me dejó completamente absorbido y en ningún momento se hizo patente la escasez de medios con que fue hecha.

La película empieza con una nota inquietante mostrándonos escenas de un hombre torturado por manos misteriosas al tiempo que oímos una voz, perteneciente a alguien perturbado sin duda, que habla de su sangre como de "sus colores". La secuencia tiene un tono sepia que sugiere que transcurre en el pasado, cuyo significado es descubierto más adelante en la película. Toda la película está llena de alusiones y referencias que sólo conocen las gentes del pueblo y que a nosotros, al igual que al protagonista, nos van llenando de miedo e inquietud.

La película deja de lado el efectismo en busca de unos resultados más psicológicos, preparándonos para un tramo final tremendamente impactante que se queda contigo mucho después de haber visto la película. No os la perdáis.

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